La carta de víctima de El Nogal sobre crímenes contra desmovilizados

La carta de víctima de El Nogal sobre crímenes contra desmovilizados

Bertha Lucía Fríes escribió esta nota, que tituló 'Quisiera pensar que fue una pesadilla'.

Sepelio de hijo de ex combatientes

Así fue el sepelio del hijo de los excombatienes en San José de Oriente en la Guajira, rodeado de otros niños y el féretro revestido con la bandera del partido Farc.

Foto:

Eliana Mejía Ospino

Por: Bertha Lucía Fries* 
02 de mayo 2019 , 07:11 p.m.

Quisiera despertarme y pensar que fue una pesadilla el asesinato de Samuel David, de siete meses. Su pecado fue tener padres excombatientes farianos que creyeron en la Paz, entregaron las armas y decidieron firmar el acuerdo. Lo cierto es que Samuel David no pidió que lo trajeran a este mundo cargado de tanto odio y
sed de venganza.

Dejo claro que no acepto la violencia, venga de quien sea, en atentados y actos de guerra que afecten la dignidad humana. A pesar de que el carro bomba de las Farc al club El Nogal me dejó cicatrices, creo en la paz y en la reconciliación, no quiero que ningún ser humano viva lo que viví durante ocho años de incapacidad. Por eso
soy defensora del acuerdo de paz y de su sistema integral de verdad, justicia, reparación y no repetición.

Nuevamente, no quisiera despertarme y encontrarme con otra pesadilla, Dimar Torres, exguerrillero de las Farc, a quien asesinan y torturan bajo la disculpa de que fue en defensa propia de un militar. La única parte de esta pesadilla que me reconfortó en medio de la brutalidad fue la responsabilidad que asumieron algunos congresistas que fueron hasta el Catatumbo a verificar los hechos para buscar la verdad y lograr el perdón valiente del general Villegas. No podremos devolverle la vida a Dimar, pero sí deberíamos hacer justicia.

Siento mucho que Dimar no haya culminado con sus sueños de construcción de un territorio de paz. Dejó una comunidad acongojada y desconfiada, una viuda y un bebé de la paz en camino. No entiendo esta muerte, ni la de Samuel David y la de más de 300 farianos que se acogieron a la paz. ¿Será un acto de provocación para
que vuelvan a empuñar las armas?

Me despierto y me encuentro con el diario vivir: recibir invitación para las exequias de otro líder asesinado, otro que pecó por ayudar a su comunidad. Aquellos que no desean que la verdad se conozca, o que están en contra de los derechos adquiridos por la comunidad, optan por el camino de la violencia.

Quisiera despertarme y pensar que fue una pesadilla. Ahora tenemos que marchar en Europa por más de los 400 líderes muertos. Sentimos que el mundo y la Corte Penal Internacional deben conocer los atropellos que se están cometiendo en Colombia. 

Marché con dos mil colombianos de La Haya hacia la CPI para denunciar el exterminio de cientos de líderes sociales. La CPI tendrá que estudiar la sistematicidad y responsabilidad de las amenazas, los asesinatos y las torturas de líderes, así como la persecución de colectividades, ya que hacer esto le quedó grande a nuestro gobierno. La CPI tendrá que llamar al orden al Estado colombiano.

Seguiré levantando mis banderas de la reconciliación a pesar del odio que más de uno profesa en la tierra del Sagrado Corazón

La parte amable de la pesadilla fue una invitación para compartir con cientos de colombianos los avances en temas de verdad, perdón y reconciliación entre víctimas y victimarios. Felicito a la Diplomacia Ciudadana Europea por su capacidad de convocar a los colombianos en el exterior sin importar su color político, para marchar en La Haya hacia la CPI y cumplir nuestra misión.

Nuevamente no quisiera despertarme, pues ahora cientos de líderes sociales -cuya integridad física está en peligro- marcharon hacia Bogotá, crearon el refugio humanitario por la vida, y están denunciando ante las embajadas de Noruega y Suecia el ataque sistemático contra esa población que defiende a otros. Tienen que
acudir a entidades extranjeras ya que las nacionales son incapaces de resolver su problemática.

Ya sé que continuaré despertando en medio de pesadillas. Seguiré levantando mis banderas de la reconciliación a pesar del odio que más de uno profesa en la tierra del Sagrado Corazón, donde nos enseñaron a no matar, a perdonar y a no odiar, pero parece que algunos colombianos perdieron la materia. Y otros se están rajando por ineficientes, pues todavía no encuentran a los que amenazan, desaparecen, torturan y
asesinan a seres humanos inocentes que trabajan para mejorar la vida de otros y de la naturaleza.

Sin embargo, confieso que no pierdo la confianza ni la esperanza de que la paz sí sea posible en nuestro país.

BERTHA LUCÍA FRÍES
Víctima del atentado Farc al Club El Nogal

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