El reto de un buen Plan de Desarrollo

El reto de un buen Plan de Desarrollo

El presidente del Concejo de Bogotá, Carlos Fernando Galán, analiza hoja de ruta de Claudia López.

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Proyectos como la ampliación de la Autopista Norte son algunos de los puntos del Plan de Desarrollo destacados por el presidente del Concejo de Bogotá Carlos F. Galán.

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César Melgarejo. EL TIEMPO

Por: Carlos Fernando Galán
19 de mayo 2020 , 11:17 p.m.

Tal vez una de las tareas más exigentes para los gobiernos locales sea la elaboración del Plan de Desarrollo. Cada cuatro años, los gobiernos, recién posesionados, deben incluir todo aquello a lo que se comprometieron en campaña, esa es la base inicial.

También deben dar respuesta a la presión de las expectativas de la ciudadanía, que son múltiples, diversas y hasta contradictorias. Y mientras hacen todo esto, deben gobernar. La discusión no es fácil.

Se trata de dar una respuesta responsable a la pregunta sobre ‘cómo’ y ‘en qué’ vamos a invertir una suma de dinero que para Bogotá será de más de 100 billones de pesos.

A la alcaldesa Claudia López le tocó enfrentar un reto aún mayor. Nunca imaginamos en la campaña del año pasado que quien ganara tendría que liderar la ciudad en el contexto de una pandemia.

Nadie estaba preparado para esto. Por eso he acompañado a la alcaldesa en la mayoría de las medidas que ha adoptado; porque lo que se necesita en los tiempos difíciles es poner a la ciudad por encima de nuestras diferencias.

Esto no implica que no debamos hacer control político; en varias ocasiones he llamado la atención al gobierno distrital. Esa ha sido mi posición como concejal y mi actitud como presidente del Concejo: apoyar lo bueno y cuestionar lo malo, con datos en la mano y sin incurrir en ataques personales. Y de esta misma manera he venido adelantando el estudio del proyecto de Plan de Desarrollo presentado por Claudia López.

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Lo primero que hay que advertir es que hay grandes diferencias entre el borrador que presentó al Consejo Territorial de Planeación en febrero y el proyecto de acuerdo que radicó ante el Concejo hace un par de semanas; esto, en buena medida, debido a la necesidad de atender los impactos socioeconómicos de la pandemia.

Algunas cosas que prometió en campaña no fueron incluidas, ni siquiera en la versión inicial (antes de la pandemia), y otras a las que se opuso con vehemencia finalmente están siendo contempladas por la Administración.

El plan tiene apuestas muy interesantes, pero también temas que generan dudas. A continuación comparto con ustedes algunas de ellas, las más relevantes, y algunas propuestas que considero se podrían tener en cuenta pensando en nuestros retos como ciudad.

Apoyar lo bueno y cuestionar lo malo, con datos en la mano y sin incurrir en ataques personales

Cosas buenas del plan

1. Reconoce la dimensión regional. Desde hace varias décadas, la ciudad ha venido creciendo más allá de sus límites, en parte por la dificultad para generar una oferta de vivienda atractiva en su interior. En buena hora este plan de desarrollo reconoce la dimensión regional e intenta ponerse al día con los retos para la planeación en contextos de conurbación y metropolización.

2. Ingresos para quienes más lo necesitan. La pandemia dejó en evidencia la fragilidad de las clases medias y el reto, aún sin resolver, de la pobreza en la ciudad. La alcaldía junto con el Gobierno Nacional han venido implementando un programa de transferencias monetarias para las familias con más necesidades. Este plan de desarrollo se propone extender el programa para los cuatro años, lo cual constituye un gran avance en el marco de la discusión sobre el ingreso mínimo universal.

3. Equidad de género. El plan contempla una serie de acciones en diferentes sectores que buscan avanzar en materia de equidad de género. El gobierno distrital busca atacar puntualmente asuntos como la feminización de la pobreza y las nefastas consecuencias del machismo. Sin duda es un avance en una tarea urgente que tenemos pendiente como sociedad.

4. Analítica de datos. Sin duda, un manejo adecuado y estratégico de los datos y la información con la que cuenta el Distrito podría servir para mejorar la calidad de nuestras políticas. No estoy muy seguro de si la creación de la Agencia de Analítica de Datos pueda incluirse en el plan; sin embargo, la iniciativa para que el Distrito utilice esta herramienta es de gran importancia, así como la formulación e implementación de agendas de transformación digital para cada sector administrativo, aunque no se ponen metas de ciudad a las que deban apuntar las agendas y se requiere crear el sector de transformación digital para institucionalizar estos cambios.

5. Infraestructura vial: es positivo que la Administración se comprometa con el corredor ecológico de la carrera 7.ª, que propusimos en campaña como ‘ecoséptima’, y con la continuidad a obras que vienen de la administración anterior, y que son muy importantes, como la ampliación de la autopista Norte, la ALO Sur (aunque seguiré insistiendo en la necesidad de completar toda la ALO con diseños que respeten la estructura ecológica principal, como varios líderes ambientalistas han indicado), y la Circunvalar de Oriente, que también promoví en campaña, entre otras.

Críticas al plan

1. Debilidad metodológica. Es un proyecto difícil de entender. Su estructura es confusa y puede resultar particularmente poco amable para la ciudadanía. La formulación de las metas de los programas no es uniforme, se presentan como anexo al articulado y, en general, hay poca claridad sobre el grado de avance que se propone el gobierno distrital con respecto a la situación actual.

2. Pide muchas facultades especiales. Es cierto que en situaciones excepcionales se requieren medidas excepcionales, pero en una democracia, incluso estas medidas deben tener límites, y este proyecto nos propone traspasar algunos de ellos. La alcaldesa solicita facultades especiales para crear entidades, cambiar funciones en algunas de ellas y saltarse al Concejo de Bogotá en algunas discusiones presupuestales.


3. Contratación directa. La alcaldesa solicita a través de este proyecto que se le autorice contratar de manera directa (a dedo) lo que debería ser mediante licitación. Primero, esta es una decisión que corresponde al fuero de la Alcaldía Mayor, y no le corresponde al Concejo tomar decisiones en esta materia; y, segundo, ¿cómo garantizar la idoneidad de las firmas contratadas por la alcaldesa? y ¿cómo proteger los recursos públicos? Hace falta más que la buena voluntad de la alcaldesa.

4. Poca claridad frente a la “red de metros”. Aunque una de las banderas de la alcaldesa ha sido lo que ella denomina “red de metro regional”, los compromisos en esta materia son ambiguos. Queda claro que se trata de proyectos que dependen más de la Gobernación de Cundinamarca que del Distrito Capital y que hasta el momento hay muy poco sustento técnico sobre su capacidad y alcance. Esto es preocupante porque, por ejemplo, se está tomando la decisión de descartar la troncal de la calle 13, por un tren de baja capacidad sin suficiente evidencia que avale dicha decisión.

5. Más de lo mismo en seguridad. Si bien la cuarentena ha permitido bajar la cantidad de hurtos, esto se trata de una coyuntura especial. Los mercados criminales siguen funcionando, y se requiere una verdadera política contra la violencia y el delito en la ciudad. Sin embargo, vemos que no hay grandes apuestas en esta materia. No se contempla ninguna de las 5 URI prometidas en campaña ni la instalación de cámaras adicionales. La gran apuesta tiene que ver con aumentar en 2.000 el número de policías, pero no es claro cómo lo van a hacer, ya que depende en gran medida del Gobierno Nacional.

Propuestas al plan

1. Incluir una meta clara de movilidad activa. La pandemia dejó claro algo en lo que se ha venido insistiendo desde hace algún tiempo: nuestro estilo de vida debe cambiar. Muchas ciudades del mundo han comenzado a construir ciclorrutas y a mejorar sus andenes. En Bogotá empezamos esta transformación hace décadas, pero es necesario un impulso adicional y ponernos la meta de duplicar la cantidad de viajes que hacemos en bicicleta, y llegar mínimo a un 15 % del total de viajes. Se deberían incluir proyectos como el de poner en funcionamiento un sistema público de bicicletas o la subvención de la compra de bicicletas eléctricas. Y, claro, ¡más seguridad para los ciclistas!

2. Metas concretas y específicas en andenes y baños públicos. Bogotá necesita un plan ambicioso en materia de espacio público pensado en el peatón, que contemple una amplia red de senderos seguros y accesibles, y al mismo tiempo mejorar la oferta de baños públicos.

La pandemia ha puesto en evidencia nuestras precarias condiciones sanitarias en el espacio público. Se requieren baterías sanitarias completas, especialmente en las áreas cercanas a las estaciones de TransMilenio.

3. Meta de reducción de homicidios por localidad. Durante las últimas décadas, Bogotá ha avanzado positivamente en la reducción de homicidios, y estamos muy cerca de alcanzar la meta de menos de 10 homicidios por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, este indicador ha invisibilizado una realidad a la que hay que dar la cara: en localidades como Ciudad Bolívar se registran tasas hasta cinco veces mayores que el promedio de la ciudad.

De hecho, aunque como consecuencia de la cuarentena los homicidios han disminuido, en localidades como Kennedy se han mantenido en la misma magnitud. Ninguna localidad debería tener una tasa de homicidios superior a 15 homicidios por 100.000 habitantes. Ese debería ser nuestro siguiente paso como sociedad.

Bogotá necesita un plan ambicioso en materia de espacio público pensado en el peatón

4. Un millón de árboles. La OMS recomienda al menos un árbol por cada tres habitantes. Para llegar a ese ideal, en Bogotá necesitamos cerca de un millón de árboles, y el plan debería contemplar un avance sustancial en esta materia. Deberíamos avanzar en justicia ambiental en zonas de la ciudad, especialmente del sur-occidente, en las que el déficit de áreas verdes es mayor que en el resto de la ciudad.

5. Acompañamiento a la educación superior. Aunque la meta de crear 20.000 cupos en educación superior es positiva, está lejos de la promesa de campaña de garantizar “universidad pública y gratuita universal”. No basta con “crear” cupos. Se debe implementar un programa de acompañamiento y apoyo al sostenimiento de estudiantes para evitar su deserción. Debe haber un compromiso mucho más explícito con la Universidad Distrital; no basta con ir a hablar fuerte al Consejo Superior, se requieren esfuerzos en infraestructura, por ejemplo.

También debemos plantearnos una meta de tránsito del colegio a la educación superior; actualmente, cerca del 40 % de los jóvenes de colegios oficiales pasan a la educación superior, deberíamos ponernos el reto de llegar a un 50 %. Que accedan y permanezcan.

CARLOS FERNANDO GALÁN
Presidente del Concejo de Bogotá
Especial para EL TIEMPO

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