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Capitán Solano, el asesinato de un caballero que enlutó al país
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Los últimos instantes de vida del capitán SolanoLos últimos instantes de vida del capitán Solano
Jesús Alberto Beltrán

Archivo particular.

Crónica

Capitán Solano, el asesinato de un caballero que enlutó al país

Una turba que robaba un cajero automático en Soacha no le perdonó que los hubiera grabado.

Corrió por un kilómetro, sin detenerse. Detrás de él, una jauría de al menos 10 insensatos lo perseguía. Le arrojaban piedras y palos, porque no lo iban a alcanzar. Era rápido, un deportista nato. Le gustaba el basquetbol y el fútbol, y era de esos oficiales tan destacados que incluso sobresalía por su capacidad física.

El día que lo dejaron moribundo, la noche del pasado miércoles 28 de abril, estaba liderando en Soacha a un equipo de tres investigadores de la Sijín que recolectaba información sobre ataques vandálicos en el municipio, como el que estaba ocurriendo en un cajero automático sobre el que recibió información del Puesto de Mando Unificado (PMU) a eso de las 7 de la noche.

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El capitán Jesús Alberto Solano Beltrán se dirigió con sus hombres, en dos motocicletas, hasta el sitio indicado. Como todos los integrantes de la seccional de investigación, iban de civil. Estaban más cerca que las unidades del Esmad y que los del cuadrante, así que decidieron llegar primero para reunir información. A una cuadra del caos, el oficial y sus compañeros empezaron a grabar videos. Uno de los vándalos que se convirtió en asesino ese día los delató: “Son policías, cójanlos”, gritó generando una orden que cumplieron de inmediato.

Solano y sus compañeros no tuvieron tiempo de empotrar sus motos, tuvieron que correr. Todos tomaron caminos diferentes, se dividieron por su vida. Los otros tres se escabulleron por las cuadras de los barrios, pero por alguna razón, los delincuentes decidieron seguir al oficial, quien corrió a la variante. Era el único armado, y pese a eso, no disparó sino hasta que su vida estuvo en un riesgo crítico. Y lo hizo en dirección al suelo, respetando la vida de aquellos que deshicieron la suya.

Todo esto fue determinado por las autoridades después de analizar, en cinco días, más de 420 horas de grabación sobre lo ocurrido esa noche. En las imágenes también lograron determinar que el capitán Solano fue derribado con una pedrada en la cabeza, que cuando se vio alcanzado se arrodilló y rogó por su vida, que a los asesinos no les importó eso, que lo golpearon con sevicia, que lo apuñalaron, que le quitaron su pantalón, su arma, su celular y lo arrastraron por tres cuadras hasta que un grupo de vecinos de la calle 22 con carrera 4, de Soacha, salieron a rescatar su dignidad.

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A las 7:50 de la noche, se informó sobre la presencia de un hombre tendido en una vía pública del barrio Chicó. Unidades del Esmad llegaron al lugar y se encontraron con el oficial. Lo auxiliaron y llevaron rápidamente hasta la clínica cardiovascular de Soacha, en donde luchó por su vida durante 48 horas. Pero las heridas, entre ellas seis puñaladas, fueron infames y contundentes. Falleció el 30 de abril, dejando a una esposa sin con qué explicarle a su hija que su papá no volverá a casa.

Era un oficial joven, 34 años, pero con un camino que lo proyectaba en la Institución. Algunos de sus amigos cercanos dicen que todo indicaba que iba a ser General, de los significativos. Sensible, siempre escuchaba a sus subalternos, con una sincera vocación de servicio.

“Era un hombre de buenos hábitos, con impecables valores y principios, un hombre ético y justo, siempre sincero, nunca una mala palabra. Recuerdo mucho que le gustaba jugar baloncesto, montar bicicleta y jugar fútbol, dedicaba tiempo para tener buenas conversaciones y siempre estaba dispuesto a ofrecer un buen consejo”, le contó a EL TIEMPO un oficial que ingresó con él a la escuela General Santander en el 2007.

Su hoja de vida truncada dice que fue administrador policial, profesional en criminalística, con más de 20 cursos en los que se destacaban algunos en Derechos Humanos y prevención de accidentalidad; era técnico en explotaciones agropecuarias.

Fue subteniente en la escuela de Carabineros, luego fue al grupo de remonta y veterinarias, pero su vocación era la investigación criminal por lo que luego llegó a dirigir esta especialidad en el Distrito de Facatativá, que incluye municipios como Sibaté, Funza, Mosquera, Sosiego, Madrid, entre otros.

Este año fue asignado como jefe de la seccional de investigación criminal de Soacha, a la que le entregó su vida, literalmente. Otro de sus amigos, con quien compartió dormitorio en la general Santander, lo describió como un hombre noble que nunca se quejó de un comandante, de un trasladado, de nada. “Era alguien que recibía las cosas como Dios se las iba poniendo”.

“Era un Lord en todo el sentido de la palabra, caballeroso, no peleaba, no generaba conflictos, que si te decía que podía hacer las cosas, las hacía, si no, te lo decía de frente para no llenarte de expectativa. Muy cauteloso y prudente”, lo describió su compañero, quien aún no asimila esta pérdida.

Solano, oriundo de Ubalá (Cundinamarca) durante los últimos 13 años que hizo parte de la Policía obtuvo 10 condecoraciones y 132 felicitaciones. “Aportó grandes reconocimientos para la Policía Nacional por intermedio de las diferentes investigaciones científicas que lideró y dirigió así como la categorización del grupo de investigación ante Minciencias y sus posgrados para consolidar un mejor servicio al servicio del país”, mencionó un oficial cercano a él.

Captura a los responsables

De la manada de vándalos que asesinó a Solano, la Policía capturó a tres, quienes habrían sido los principales responsables de su deceso. Estos son Jesús Antonio Castillo Londoño, quien persiguió y lo lesionó con un arma corto punzante; Juan Sebastián Mesa Vélez, quien en medio de la persecución lo atrapó por el cuello y en el forcejeo recibió tres impactos con el arma de dotación del capitán, y Maicol Mesa Vélez, la segunda persona que se abalanzó sobre el oficial y lo agredió con una piedra.

Ninguno de ellos aceptó los cargos por homicidio agravado, hurto calificado y porte, tráfico y comercialización de armas de fuego (al momento de los hechos al parecer iban armados) y ahora deberán enfrentar un juicio en su contra. La familia de Solano no ha tenido fuerzas para pronunciarse sobre esta repentina partida, pero sus amigos han querido expresarle al país lo que significó su partida.

“A pesar del entrenamiento, cualidades y habilidades nunca estamos preparados totalmente para afrontar situaciones que en un momento determinado puedan a llegar a afectar nuestra integridad (…) como le arrebataron la vida a mi compañero considero que es el reflejo de una sociedad intolerante con ausencia de respeto por las instituciones del Estado y que no tienen conciencia”, lloró la ausencia de Solano uno de sus más cercanos amigos.

La abogada, una vieja amiga

La abogada de la familia, de hecho, será una vieja amiga. “Lo conocí en 2007, cuando él y mi hermano entraron a la General Santander. Era muy dedicado a su trabajo, había logrado el registro de alta para el programa de auxiliares... apostaba por la formación de la Policía”, cuenta Andrea Suárez, a quien la familia Solano le entregó la vocería del caso: aún no se reponen del dolor y, además, temen ser atacados. Suárez compartió su teléfono para donaciones de sangre cuando el capitán estaba entre la vida y la muerte en el hospital y recibió todo tipo de mensajes. “Así como recibí mensajes de apoyo, también recibí voces deseándonos lo peor, me amenazaban, me insultaban”, dice.

Solano era profesional en criminalística, fue uno de los primeros investigadores categorizados en esa área por Colciencias y logró una beca para su doctorado.

Óscar Murillo Mojica
EL TIEMPO
Twitter: @oscarmurillom

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