Campesina becada, sin trabajo ni plata para seguir sus estudios

Campesina becada, sin trabajo ni plata para seguir sus estudios

Como empleada de servicios en unas cabañas en Choachí, Marta Martínez completaba lo del semestre. 

campesina

Martínez elabora yogures de hortalizas que vende semanalmente a residentes de la zona.

Foto:

Archivo particular

Por: María Paula Garzón 
13 de junio 2020 , 10:51 a.m.

Con mucha dificultad y dedicación, Marta Martínez, una campesina de 44 años, ha superado seis semestres de estudios en Administración en Recursos Humanos y Laborales en la Universidad CEIPA. Con un computador viejo y con internet intermitente ha presentado cada una de las tareas y parciales que le han asignado durante ese tiempo.

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Sus ganas de salir adelante la llevaron a aplicar hace tres años a una de las cinco becas que estaba ofreciendo la CEIPA Business School para estudiar con el 90 % de la matrícula a campesinos de Choachí.

Yo les escribí que quería estudiar y quería aprovechar una de las cinco becas; entonces, la universidad me contactó al siguiente día y a los ocho días yo ya había enviado papeles y todos los documentos requeridos para empezar”, dice Martínez.

Ese computador fue casi un regalo. Yo se lo pague jornaleando, sembrando maíz y plantas de jardín, durante varios días en la finca

Para poder estudiar de forma virtual, le compró a uno de sus vecinos un computador “viejito” en 300.000 pesos. “Ese computador fue casi un regalo. Yo se lo pague jornaleando, sembrando maíz y plantas de jardín, durante varios días en la finca”, recuerda Martínez.

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Su hermano, Luis Martínez, quien le ha regalado durante estos años el plan de internet, la describe como una persona sin maldad y con ansias de comerse el mundo. “Ella es el reflejo de cualquier joven campesino colombiano que no dispone de recursos para surgir y ser alguien más en la vida”.

Esta mujer, que toda la vida se ha dedicado a cuidar a sus padres de 75 y 80 años en una finca a la salida de Choachí, en el oriente de Cundinamarca, se desempeñaba como empleada de servicios varios en unas cabañas turísticas cercanas al pueblo y con esto pagaba los 256.000 pesos del semestre, pero con la llegada del covid-19 y la implementación de la cuarentena nacional se quedó sin empleo.

La falta de dinero ha jugado en contra de sus ganas de seguir formándose. Desde hace más de dos meses se quedó sin trabajo y aunque sus hermanos son los que le llevan la comida a la finca, le va a ser imposible asumir el 10 % de la matrícula del siguiente semestre. “Es muy triste que tenga que dejar mis estudios por no contar con 256.000 pesos, ya solo me hace falta un año para graduarme”, dice la estudiante.

Ante su preocupación por no poder estudiar el próximo semestre, se comunicó con su universidad, pero la respuesta que recibió es que seguirá contando con el apoyo del 90 % en la matrícula y que ella debe asumir el porcentaje restante.

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En un día normal, Martínez iba a su trabajo y regresaba antes de las 6 de la tarde para empezar a estudiar, pero ahora, sin trabajo, se ha dedicado a cuidar a sus padres, que sufren de diabetes, a sembrar plantas de jardín y a desarrollar su empresa de yogures de guatila, sábila, zanahoria, yacón, entre otros, que vende semanalmente a residentes de la zona o que cambia por otros productos.

“Ella siempre ha sido dedicada al tema de la casa y al campo, pero ahora se le siente la superación, se expresa mejor y tiene un concepto global más claro de todas las cosas. Si no fuera por el estudio, creo que se estaría volviendo loca en medio de la cuarentena”, dice su hermano.

Con sus vecinos han adoptado el trueque en la región para apoyarse. “Nosotros producimos yogures en mi finca, pero mis vecinos preparan cuajada o panes. Ahorita esa es la forma en la que todos nos estamos ayudando”.

Martínez, que aún no tiene certeza alguna de poder estudiar el año que le falta,va a desarrollar una página web y tarjetas virtuales para poder promover su emprendimiento llamado ‘Lácteos de mi finca’, a fin de que tengan mayor alcance. “Mi idea es seguir estudiando, porque yo sueño con tener una microempresa de yogures de verduras y hortalizas que me ayude a tener una estabilidad económica cuando llegue a mi tercera edad”.

Si usted está interesado en conocer más acerca de la historia de Marta, comuníquese al numero de celular- 3103122517 

María Paula Garzón Olaya
Especial para EL TIEMPO
pauola@eltiempo.com

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