‘Scooters’ eléctricas y bicis compartidas esperan regulación

‘Scooters’ eléctricas y bicis compartidas esperan regulación

En Bogotá, estas alternativas ganan terreno en la denominada micromovilidad. Conozca los beneficios.

Patinetas eléctricas y bicicletas en Bogotá

En los próximos años, las patinetas y ciclas eléctricas ganarán más usuarios, por lo que expertos reclaman regulación para su buen funcionamiento en las calles.

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO.

Por: Felipe Motoa Franco
23 de marzo 2019 , 07:17 p.m.

La micromovilidad ya se ve en acción por las calles de Bogotá, aunque muchos no sepan qué se define con ese nombre: trayectos de hasta cinco kilómetros que se realizan en bicicletas privadas o públicas, a pie o en patinetas eléctricas ('scooters') caben en este concepto.

Hoy, las ciudades más avanzadas en términos de sostenibilidad urbana (París, Singapur, Washington) les apuestan a reducir los impactos en la calidad del aire generados por las fuentes móviles. En el Distrito, según los datos de las secretarías de Movilidad y Ambiente, el transporte aporta el 53 % del material particulado, 22,48 % del cual proviene de las motos, los automóviles particulares, camperos y camionetas, de los cuales se estima que podrían pasarse más fácilmente a las opciones de la micromovilidad.

Según Lime–S, multinacional de las patinetas eléctricas compartidas, por cada tres desplazamientos en estos vehículos no contaminante se deja de hacer uno en carro privado, taxi o plataformas como Uber y Cabify. Andrew Savage, vocero internacional de Lime, destaca que esa disminución se traduce en menor polución, menos congestión en el tráfico y mejor salud pública.

Sin embargo, hay voces que critican la aparición de las scooters en lo citadino. En un conversatorio convocado por Invest in Bogotá, Álvaro Rodríguez –profesor de la Universidad de los Andes y experto en ingeniería del transporte– advirtió: “El aumento de estas patinetas afecta a los peatones. Para el peatón no es satisfactorio compartir el espacio –andén– con las ciclas, mucho menos con las scooters. Esto afecta su seguridad”.

Al respecto, Movilidad emitió la circular 006 en diciembre del 2018, en la que tomando como base la resolución 160 del 2017 del Ministerio de Transporte, determinó que las scooters no pueden circular por la acera; en cambio, deben hacerlo por las ciclorrutas (a máximo 20 kilómetros por hora) o por la calzada, en caso de que no haya disponibilidad de los carriles exclusivos. También, el documento insta –no obliga– a usar casco.

A la discusión se suma Martín Rivera, cofundador del Combo 2600, organización que analiza dinámicas sociales y urbanas de Bogotá. Desde su punto de vista, la llegada de scooters y bicis eléctricas –ya hay tres empresas que las ofrecen, usando aplicaciones de celular, entre Usaquén y Chapinero– se debe ver con buenos ojos, pero antes se debe ser más exigente y claro con las regulaciones para su operación: “Por ejemplo, los menores de edad deben tener restricciones para su uso, porque no son juguetes; se debe tener responsabilidad y conciencia a la hora de moverse en estas”.

Una tercera voz la da Juan Pablo Orjuela, de la Mesa Técnica Ciudadana por la Calidad del Aire, quien señaló que diversos estudios internacionales demuestran que la accidentalidad relacionada con los vehículos que participan en la micromovilidad “causa un impacto muchísimo menor que el de las emisiones contaminantes que se generarían si fueran con vehículos motorizados (de combustión). Es mayor la afectación y los costos cuando estos dañan la calidad del aire que se respira en la ciudad”.

En un artículo publicado por EL TIEMPO, el experto danés Morten Kabell, exalcalde de Copenhague para diseño urbano, advirtió que dentro de la ciudad mover a una persona en bicicleta (por kilómetro) les ahorra unos 2.400 pesos a las arcas públicas (menor índice de accidentalidad, efectos positivos por actividad física, etc.), mientras que mover un vehículo en esos mismos 1.000 metros cuesta unos 2.700 pesos (mantenimiento de vías, impacto en calidad del aire, lesiones y fatalidades por siniestros viales, costos por demoras generadas por la congestión vehicular).

Los menores de edad deben tener restricciones para su uso, porque no son juguetes; se debe tener responsabilidad y conciencia a la hora de moverse en estas patinetas

Pagos y espacio público

Según el concejal Jorge Torres (Alianza Verde), en la actualidad se está trabajando en la construcción de un proyecto de acuerdo para la micromovilidad, el cual será la hoja de ruta para regular esta tendencia y garantizar que se lleve a cabo una correcta implementación que más tarde genere una masificación de esta tendencia. Para ello abrieron mesas de discusión con participación de distintos sectores: privados, ciudadanos, administración, Concejo.

Otra inquietud planteada en esas reuniones tiene que ver con el uso del espacio público por quienes ofrecen bicis o patinetas de uso colectivo, pues es necesario que estos vehículos se dejen en ciertos puntos para que el usuario los tome y los deje antes o después de su viaje.

Entre las alternativas que se contemplan para compensar a la ciudad se incluye: que el Distrito reciba una fracción de lo que se paga por cada desplazamiento, que la empresa pague un cierto alquiler por algunos espacios e, incluso, que parte de ese pago sea a través de 'big data', grandes volúmenes de información de movilidad que le ayudarían a la Administración a tomar mejores decisiones y acciones que ayuden a optimizar la micromovilidad.

Grin, una de las empresas que ya ofrece las patinetas eléctricas por alquiler en el Distrito, precisó que en su modelo de operación ha generado alianzas con más de 300 establecimientos comerciales para convertirlos en estaciones de parqueo: "Esto buscando que se mantenga el orden en la ciudad". No obstante, a veces se pueden encontrar algunos de sus vehículos en zonas públicas.

Patinetas eléctricas se mueven en Bogotá

Cada vez hay más usuarios de patinetas eléctricas.

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO.

Felipe Daud, jefe de relaciones gubernamentales para Latinoamérica de Lime–S, advierte que “la mayor flexibilidad siempre debe ser para el usuario; hay que permitirle que pueda tomar o dejar la scooter (o bici) lo más cerca posible a su destino, y que luego la empresa (que las alquila) organice lo demás (reacomode en puntos ordenados las patinetas)”.

En São Paulo (Brasil), la Alcaldía empezará a alquilar el espacio público para estas plataformas; Santiago de Chile espera lo mismo para su centro histórico.
Lo que en Bogotá siguen esperando los ciudadanos es que más opciones de movilidad eficiente lleguen a auxiliarlos. EL TIEMPO conoció que, entre y abril y junio próximos, una flota de al menos 10.000 scooters de origen privado (para alquiler) llegarán al Distrito: veremos si para entonces ya está lista y en funcionamiento la regulación pertinente.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redacción Bogotá
EL TIEMPO
En Twitter: @felipemotoa

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