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Las grietas que ponen a una alcaldía local en el ojo del huracán
La edificación de la sede de la alcaldía de Teusaquillo tiene 12 pisos y 3 sótanos.

La edificación de la sede de la alcaldía de Teusaquillo tiene 12 pisos y 3 sótanos.

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Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Las grietas que ponen a una alcaldía local en el ojo del huracán

La próxima sede de la alcaldía de Teusaquillo ha causado graves deterioros en algunas viviendas.

Carlos Beltrán nunca había presenciado el viacrucis que sufre hoy día, en lo que ha sido su vivienda desde que era niño. Hace más de 40 años vive junto con su madre, María Plazas, en un apartamento del edificio Hernández Jiménez, además de su esposa, Derly Bonilla, quien se pasó a vivir allí hace más de 15 años. Aquel predio de cuatro pisos está ubicado en la esquina de la avenida NQS con calle 40a del barrio La Soledad, localidad de Teusaquillo, en Bogotá.

Pero desde 2017, su hogar solo le ha traído dolores de cabeza. Es una situación que no solo vive Carlos y su familia, también la pasan sus vecinos en el edificio y de otras viviendas aledañas a donde vive, pensando que en algún momento sus hogares podrían caerse a pedazos. Pero ¿qué sucede en aquella cuadra para que las personas vivan una pesadilla en carne propia?

El 12 de enero de aquel año inició la construcción del edificio que será la nueva sede de la alcaldía local de Teusaquillo, al lado del edificio Hernández Jiménez. A simple vista resalta sobre todas las edificaciones a sus alrededores, al ser una estructura de 12 pisos y tres sótanos bajo tierra. Sin embargo, durante la obra de aquella sede ha habido muchas señales de alarma por parte de los vecinos, que se muestran angustiados con las consecuencias que ha traído la construcción.

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El edificio Herández Jiménez (derecha) se ha visto gravemente afectado por la construcción de la próxima sede de la alcaldía local de Teusaquillo (izquierda).

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Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

“Seis meses después de empezar la construcción vimos las afectaciones. Nosotros traíamos a las personas de las obras a mostrarles pequeñas fisuras. Ya en mayo de 2018 comenzó a colapsar el techo, pero nos decían que era normal”, cuenta la esposa de Carlos como abrebocas de los dramáticos sucesos que han vivido.

Y es que al visitar los predios aledaños se evidencian los horrores de vivir allí. Paredes que presentan grietas de hasta más de un centímetro, separación e inclinaciones críticas de los edificios, pisos donde se comienzan a sentir desniveles al caminar, o quebrados, ventanales rotos, techos que dan la impresión de que fueran a venirse abajo son algunas de las imágenes que evidencian que algo en este sector no está bien.

María Vargas y Carlos Beltrán (foto) pasan un martirio desde 2017 con su hogar.

María Vargas y Carlos Beltrán (foto) pasan un martirio desde 2017 con su hogar.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Ventanales rotos y paredes agrietadas son las principales características de este drama.

Ventanales rotos y paredes agrietadas son las principales características de este drama.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Los vecinos cuentan que nunca antes les había pasado esto, ni siquiera con una megaobra como la fase II de TransMilenio sobre la NQS, al frente de sus hogares. “Este edificio tiene más de 50 años, e incluso cuando se construyó TransMilenio jamás le pasó nada. Te puedo asegurar que no”, asegura Blanca Plazas, administradora y también residente en el edificio Hernández Jiménez.

Inclusive, varios estudios que ha realizado la Sociedad Colombiana de Ingenieros (contratados por la propia alcaldía de Teusaquillo) han mostrado que las anomalías y daños que han sufrido las edificaciones del sector son producto de las obras que allí se adelantan.

“Previo al inicio de las actividades para la construcción de las obras, el contratista debió realizar la revisión de la totalidad de los estudios y diseños que le fueron entregados por la Alcaldía Local de Teusaquillo, situación que no ocurrió debido a que paralelamente se fueron ejecutando actividades propias de la obra”, dice un fragmento de uno de los estudios técnicos.

Desde la alcaldía local también han manifestado que la firma contratista de la obra, Consorcio JR Sede, es el presunto responsable de las afectaciones, y se le ha pedido que realicen reparaciones. Además, manifiestan que ya se han adelantado las investigaciones para esclarecer la situación. Sin embargo, los residentes insisten en que, por más enchapes y arreglos a fisuras que se hagan, las grietas siguen empeorándose.

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Ya en mayo de 2018 comenzó a colapsar el techo, pero nos decían que era normal

No obstante, Elber Goyeneche, abogado de algunos de los afectados, cuenta que la administración local no ha tenido un suficiente apoyo jurídico, es decir, un asesoramiento para determinar lo que sucederá con las personas afectadas. “Estas personas que residen allí están desde hace más de tres años solicitándole a la administración que les ayude, y ellos no han hecho nada para solucionarlo”.

La situación es tan crítica que en 2018 Idiger pidió que dos pisos en el edificio donde vive Carlos evacuaran. Hoy, esos apartamentos están en abandono al ser inhabitables, además de que son los que más evidencian las fallas. Por si fuera poco, en esta semana también pidieron a la familia de Carlos y de Blanca que evacuaran el lugar, pero ahora su preocupación es no saber a dónde se irán, o qué pasará con el dinero que durante años invirtieron en sus hogares.

Se ha hablado de otorgarles 630.000 pesos en un mes, pero Goyeneche explica que es necesario un pago por los perjuicios, que se podría realizar con una demanda de reparación directa a la alcaldía local, Mayor y el consorcio. “Como es una propiedad de la Alcaldía Mayor de Bogotá, que le giró los recursos a la alcaldía local que hizo el contrato, entonces este causó el perjuicio al edificio. Hay que iniciar la demanda ante la Procuraduría General de la Nación para tomar la vía de la conciliación”, agrega el abogado.

Sumado a esto, la salud mental también ha sido puesta en juego con estas vivencias. Carlos asegura que desde cuando comenzó la obra, su madre ha padecido depresiones por el miedo a que se caiga su vivienda, hecho que le ha pasado factura.

“Cuando comenzó la obra, ella era una persona normal; incluso, se la pasaba hablando con las personas de la obra. Por esta afectación, lleva año y medio con un problema psicológico. Dejó de comer, no habla, la medicaron psiquiátricamente y le dieron pastillas para dormir, por el terror de estar acá, de decir que nos vamos a caer”.

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