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Jóvenes hacen su propia biblioteca en la Bogotá rural
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Biblioteca de la Creatividad

Ana Puentes. EL TIEMPO

Jóvenes hacen su propia biblioteca en la Bogotá rural

Han levantado ladrillo a ladrillo la Biblioteca de la Creatividad en Quiba, Ciudad Bolívar.

‘Seis dedos’ se echa, agotado, sobre el camino de lozas. Como si él hubiera trabajado desde hace cuatro años para levantar esta biblioteca en la ruralidad de Ciudad Bolívar. Pero él y otros amigos ya hicieron su aporte y con eso les basta: cuando pusieron las lozas, con la mezcla fresca, ellos dejaron su huella. La futura Biblioteca de la Creatividad tiene un camino lleno de huellitas de perro.

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Biblioteca de la Creatividad

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Ana Puentes / EL TIEMPO

Esta es apenas una de las anécdotas que ha dejado este proyecto: el de construir una biblioteca y un centro de formación de la industria 4.0 en la vereda Quiba Alta, en el extremo sur de Bogotá.

“Duramos todo un día fabricando unas 50 tabletas. Mezclando, moldeando, poniéndoles color. Las ubicamos en la noche y nos fuimos contentos. Al día siguiente vimos que estaban llenas de huellitas de perro. Al principio nos dio tristeza porque pensamos que habíamos perdido el trabajo, luego dijimos: ‘no, es parte del proyecto y es parte de la comunidad. Tenemos que aceptarlo’. Y así empezamos a convivir con los retos que se nos han presentado”, cuenta, riendo, Iván Triana, cofundador de la Biblioteca de la Creatividad, un proyecto que comenzó hace 11 años y que suma en su bitácora todo tipo de ‘quijotadas’. Han armado sedes de estudio en Quiba Guabal y Quiba Baja para los niños y jóvenes del sector, han recolectado fondos para irse a España a hacer el Camino de Santiago en bicicleta, han hecho proyectos de turismo comunitario en esta cara desconocida de Bogotá y han sacado adelante aproximadamente 20 emprendimientos de los chicos para desarrollar el campo capitalino. Ahora, como la antigua sede en arriendo, ‘se les quedó chiquita’ para el tamaño de sus sueños, ahora se les ocurrió construir una biblioteca con sus propias manos.

(Para seguir leyendo: De Ciudad Bolívar al Camino de Santiago, un duro recorrido en 'bici')

Una nueva aventura

“Los niños empezaron a darse cuenta de que la biblioteca jugaba un papel clave en la comunidad y que se necesitaba que hubiera mejores espacios y mejores condiciones”, cuenta Triana.

Entonces, profes y alumnos comenzaron a caminar por Quiba buscando el terreno. Un día se detuvieron en una loma sobre la vía Mochuelo-Quiba y lo vieron: un terreno inclinado de 2.800 metros cuadrados. Estaba en venta.

Por fortuna, ya habían iniciado la gestión de los 70 millones de pesos que les pedían. Vendieron ladrillitos tipo lego a ciudadanos, empresarios e inversores a quienes les contaron de su sueño y de lo que, hasta ahora, habían logrado un grupo de ‘pelados’.

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Iván Triana, Yuly Triana y el maestro de la obra.

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Milton Díaz / EL TIEMPO

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Jeisson Vargas, Annie Montes y Ánderson López. Integrantes de la Biblioteca de la Creatividad.

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Milton Díaz / EL TIEMPO

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Integrantes de la Biblioteca de la Creatividad.

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Milton Díaz / EL TIEMPO

Ellos son un equipo que no solo se las arregló en 2018 para reunir fondos para conquistar el Camino de Santiago en bicicleta, sino que ha hecho proyectos para crear una escuela deportiva, para proteger a los perros abandonados en la localidad, para reforestar la montaña, para crear huertas verticales y hasta para registrarlo todo en un documental que, en 2020, fue uno de los ganadores de Smartfilms. Con semejante trabajo encima, y con un storytelling que aprendieron de sus profesores, se ganaron la confianza de los inversores, completaron el dinero y compraron el terreno.

“Lo primero que hicimos fue tumbar el letrero de ‘Se vende’ ”, recuerda, entre risas, Jeisson Vargas, uno de los integrantes de la Biblioteca, y agrega, “y luego nos imaginamos lo que podía pasar aquí. Los profes nos dijeron que propusiéramos ideas y se nos ocurrió de todo: una cancha de fútbol, un espacio de tecnología y hasta un helipuerto”. Jeisson tiene 21 años y lleva seis con la biblioteca que, en estos años, lo ha guiado para crear Ultreia Producciones, su propia productora audiovisual. Puede que, al final, no haya un helipuerto, pero sí tendrá dónde podrá aterrizar su dron.

“Con nuestras ideas, los arquitectos plasmaron nuestras ideas. Ahora la mayoría de cosas van a estar acá, para la comunidad”, dice Jeisson.

(Lea: La Bogotá rural vista desde la biblioteca de la creatividad)

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Milton Díaz / EL TIEMPO

Los planos muestran que en el terreno habrá un centro deportivo al aire libre con su gradería, tres módulos (uno de ellos para la biblioteca y el centro de formación en tecnología y otro para un centro de aprendizaje de habilidades socioemocionales) y un espacio libre al fondo. Allí, sueñan con montar un hostal para que lleguen visitantes nacionales e internacionales a conocer la Bogotá rural, esa que ocupa el 70 por ciento del territorio capitalino y que pocos han pisado.

Hoy, por el frente de la biblioteca, pasa de cuando en cuando algo de ganado, algún campesino enruanado, uno que otro ciclista y la ruta 10-12 del SITP, que conecta a Mochuelo Bajo con Quiba y el barrio El Paraíso.

Cuando estábamos sacando tierra de aquí arriba para nivelar allí abajo... nos emocionamos. Terminamos haciendo unos huecos gigantes. Luego nos tocó volver a llenarlos

¡A cargar bultos!

“La biblioteca la estamos armando entre todos. Aprendimos a sacar la tierra para nivelar el terreno y armar la cancha, a hacer mezcla, a hacer las tabletas del camino. A veces hacemos competencias con las carretillas, se nos vuelcan, nos reímos... nos gozamos esto”, cuenta Annie Montes, de 20 años y líder de Love Sports, un proyecto que busca que los niños de la vereda aprovechen mejor el tiempo libre y no se pierdan entre el remolino de líos que circula entre la ciudad y el campo.

“Cuando estábamos sacando tierra de aquí arriba para nivelar allí abajo... nos emocionamos. Terminamos haciendo unos huecos gigantes. Luego nos tocó volver a llenarlos”, dice con picardía, sentada en el lote. A su lado se ven los cráteres, los rastros de un grupo de obreros adolescentes.

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Jeisson Vargas / Ultreia Producciones

“Me ha gustado que las niñas que participamos en esto quitamos el estigma de que las mujeres no hacemos lo mismo que los hombres porque nos falta fuerza. Aquí estamos como iguales. Si tengo que traer un bulto, lo traigo; si tengo que hacer la mezcla, la hago”, dice con orgullo y resalta que sintió especial compromiso por adelantar parte de la cancha. Sabe que será para su proyecto de deportes.

A su lado pasa Ánderson Aldana, tiene 15 años y apoya un proyecto de muralismo y arte en Quiba. Va a despastar la zona de arriba. Camina sobre las tabletas de colores recién instaladas (y ya secas con las huellas de los perros).

Allí va a quedar la parte principal, donde tendremos el club de estudio. Solo nos falta que tenga electricidad e internet para poder venir”, dice y cuenta que su sueño es ser ingeniero aeroespacial.

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Milton Díaz / EL TIEMPO

Espera que ese anhelo tome vuelo en ese módulo, que ya tiene su ‘cascarón’ levantado con ladrillos ecológicos, hechos con plástico reciclado triturado.

“La esencia de la construcción de la biblioteca es ser un ejemplo de sostenibilidad. La idea es que los demás módulos también los podamos construir de manera sostenible”, explica Triana e indica que, además, el frente de la biblioteca tendrá huertas verticales y que en el interior plantarán especies atractivas para las aves.

Pero, por ahora, sus energías están concentradas en sacar adelante el módulo principal lo más rápido posible.

“Originalmente está pensado como un laboratorio. Pero queremos terminarlo antes para habilitarlo como centro de estudios. Si bien ya se habla de alternancia en los colegios, los muchachos no están dentro del listado para comenzar clases presenciales y se han visto muy afectados; en la casa no tienen el espacio idóneo para estudiar”, explica. Ya en 2020, la biblioteca había emprendido una campaña para dotar a niños de Quiba y Mochuelo con 40 kits escolares que incluían un computador y apoyo para la conectividad. “Los financiamos hasta diciembre. Pero seguir así es insostenible. Además, muchos, incluso con la conexión, no lo lograban: tenían distractores alrededor... no siempre la casa es lugar para estudiar. Por eso buscamos hacer una sola conexión acá para que vengan y nosotros los podamos acompañar”, agrega Triana.

(Además: Niños del campo bogotano buscan apoyo para reducir la brecha digital)

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Ana Puentes / EL TIEMPO

Por lo pronto, él y sus muchachos trabajan en el lote por turnos, aprovechando que aún no hay presencialidad. Llegan a las 8 a. m. y terminan hacia las 5:30 p. m., cuando el frío arrecia.

Arriban como pueden: en bici, caminando o, como hace la profe Yuly Triana, manejando desde las 6:30 a. m. partiendo desde el norte de Bogotá.

Es ingeniera industrial y trabajaba para grandes empresas. Pero su corazón se quedó en esta montaña hace cinco años. Invierte, da clases y ayuda a levantar, ladrillo a ladrillo, la nueva biblioteca.

“Creo que la solución más importante para el mundo es la educación y es clave que entendamos que esto va a ser el primer centro de innovación y tecnología sostenible en el sur de Bogotá. Este camino, estas tabletas de colores son hechas por ellos y el esfuerzo es gigante. Si así de bello es el camino, imagina cómo será la vida de ellos”, dice la profe y agarra una escoba para sacar la tierra del módulo. Aquí todos ponen.

(Otra crónica: El Castillo: de club nocturno vinculado con la mafia a centro cultural)

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Ana Puentes / EL TIEMPO

Usted también puede apoyar la construcción de la nueva Biblioteca de la Creatividad. Puede donar recursos o su trabajo como voluntario (como empresa o como persona individual). Puede ponerse en contacto a través del correo Ivan.triana@biblioseo.com o al número 3112974359. 

O, también, puede hacer su donación aquí. 

ANA PUENTES
En Twitter: @soypuentes

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