Homicidios aumentan en Ciudad Bolívar y jóvenes son los más afectados

Homicidios aumentan en Ciudad Bolívar y jóvenes son los más afectados

La Policía de Bogotá explica que el microtráfico es el principal dinamizador de los asesinatos.

Parque Mirador Illimaní - Ciudad Bolívar

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Milton Díaz / EL TIEMPO

Por: Óscar Murillo
17 de enero 2021 , 10:00 p. m.

Un hombre de mediana estatura, contextura gruesa, tez morena y quien, aparentemente, vestía una chaqueta blanca ingresó armado la noche del pasado martes 22 de diciembre a una vivienda del barrio Potosí, en la localidad de Ciudad Bolívar.

En el lugar había tres personas. Una joven pareja, un hombre de 26 y una mujer de 21 años que llevaban pocas semanas en el lugar –antes vivían en Soacha–, fue asesinada. La tercera persona cayó gravemente herida tras la incursión criminal de este sujeto, que huyó de inmediato y a quien aún buscan las autoridades.

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Todo indica, por la manera como ocurrió el doble asesinato y con las primeras pistas, que se trató de un ajuste de cuentas por el control de líneas de microtráfico. Esta es la razón que suelen dar las autoridades cuando ocurren muertes violentas en esta zona de la ciudad, aunque para este caso todavía no hay respuestas.

Dos niños, hijos de la pareja que falleció, quedaron huérfanos, y aunque la Fiscalía y la Policía finalmente esclarezcan quiénes mataron a sus padres, estos pequeños crecerán en barrios donde el abandono estatal y los tentáculos del narcotráfico los harán más vulnerables que en cualquier otra zona de la capital del país.

El 2020 terminó con unas cifras destacadas en términos de reducción de delitos en la ciudad. De hecho, se celebró que hace 59 años Bogotá no presentaba una tasa de homicidios tan baja. “En general, los delitos de alto impacto bajaron en 2020 frente al comportamiento del 2019, así: los homicidios bajaron 22 casos, al pasar de 1.052 a 1.030 el año pasado”, explicaron en la Secretaría de Seguridad.

No obstante, al contrario de las estadísticas generales de Bogotá, la localidad de Ciudad Bolívar presentó un aumento en el número de muertes violentas, principalmente de jóvenes. Mientras que en el 2019 hubo 195 casos, en el 2020 se reportaron 210. Llama la atención lo ocurrido en febrero del año pasado, antes de las cuarentenas por la pandemia del covid-19, ya que hubo 25 hechos, 16 más que en el mismo mes del 2019.

Pero ¿por qué ni siquiera la coyuntura sanitaria llevó a que bajaran los asesinatos en Ciudad Bolívar? Para algunos es por la combinación de varias razones, entre las que se destaca el poder del narcotráfico en la localidad. La Defensoría del Pueblo ha advertido en diversas y recientes alertas tempranas que hay grupos criminales de alcance nacional delinquiendo en ese territorio, y que serían los dinamizadores de la violencia y del control de diferentes rentas criminales.

Pese a esto, la razón de la Policía Metropolitana de Bogotá, expresada en la voz del coronel Nelson Quiñónez Manchola, comandante operativo de Seguridad Ciudadana, es que no hay motivos lo suficientemente poderosos como para considerar que este tipo de estructuras criminales estén allí. “El tema de los homicidios especialmente es por estupefacientes, que es un dinamizador del homicidio; también casos de intolerancia, en un hecho reciente un hijastro mata a su padrastro, estaba alicorado, y luego huye; los casos los tenemos identificados, y no corresponde a organizaciones delincuenciales que estén en la jurisdicción”, sostuvo el oficial.

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El sacerdote Luis Velandia lleva desde el 2019 en una misión en esta localidad del sur de la ciudad. Trabaja con jóvenes en riesgo de caer en la criminalidad, y con algunos que ya lo hicieron, ayudando con alternativas académicas y deportivas. Habla sin pelos en la lengua, pero con prevención, sobre lo que ha visto en la zona y lo que, para él, está ocurriendo.

“Detrás de la muerte de muchos jóvenes creo está el microtráfico sobre todo, pero eso no está nunca desligado del gran movimiento del narcotráfico, siempre a la sombra del fantasma del paramilitarismo que continúa vivo, y puede ser paramilitarismo o no, pero así se identifica, de este modo hablan los jóvenes, de los ‘paracos’, hoy este fenómeno continúa”, dice Velandia.

Este testimonio está más en sintonía con lo expresado en las alertas tempranas, que indican, entre otras, “que la presencia de los Grupos Armados Ilegales (GAI) en el sur de Bogotá ha respondido a la evolución del conflicto armado interno y a la transformación de las estructuras armadas ilegales que tienen interés en controlar las zonas de la capital colombiana con conexión al oriente y al sur del país”.

En el mismo sentido se expresó el director del Idiprón, Carlos Enrique Marín Cala, quien sostuvo que “muchos jóvenes son asesinados por el consumo, por culebras, por peleas entre ellos y enemistades, y empiezan con esas cuentas de cobro; pero no solo eso, hay alertas tempranas que hablaron de grupos delincuenciales que estaban reclutando”.

Pero la coyuntura hoy está marcada por la pandemia y las restricciones que se han tomado en la ciudad para tratar de contener la velocidad del contagio, las cuales han tenido efectos negativos severos en zonas socialmente vulnerables, como Ciudad Bolívar.

Poco después de que llegó el covid-19 al país, la Defensoría del Pueblo emitió una alerta de inminencia en la que advirtió de los riesgos, durante la cuarentena, de zonas donde hay presencia de grupos de crimen organizado, e identificó a los habitantes de sectores urbanos asentados en localidades periféricas (como Ciudad Bolívar) en situación de vulnerabilidad y desprotección social.Justamente esto es lo que pide Andrey Téllez, líder comunitario de esta localidad: inversión social.

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“La visión que han tenido estas últimas alcaldías es la de que todo se resuelve con la Fuerza Pública, pero sabemos de primera mano que los problemas de la localidad se resuelven con inversión social, sobre todo en la juventud, con arte, deporte, recreación, estudio y trabajo. Esas son las soluciones para evitar que sigan pasando este tipo de cosas”, expresó Téllez.

Y aunque la administración distrital ha hecho inversiones de este tipo, para el sacerdote Velandia hay muchos trámites y requisitos para acceder a la mayoría de las ayudas que se ofrecen para la comunidad más vulnerable y aislada socialmente.

“Es malo que las entidades pongan tantos obstáculos para que las ayudas lleguen a las personas. Están buscando no caer en problemas con la Contraloría, la Personería y no comprenden bien la situación de la comunidad. Accede otro tipo de población, pero donde más debería estar no se llega porque están esos obstáculos y eso es lo que aprovecha ese mundo oscuro donde no hay aparentemente obstáculos”, advirtió.

Y es aún más difícil el acceso a servicios y subsidios para los ciudadanos venezolanos, quienes en muchos casos ni siquiera tienen documentos. Requisito que no exigen las bandas delincuenciales para integrarlos a sus redes. “No contamos con las herramientas jurídicas, o puntos de orientación de las autoridades para vincular a esa población migrante, y ellos están a lo que salga, a lo que aparezca, ‘yo hago lo que sea’, esas son frases peligrosas”, manifestó Velandia.

ÓSCAR MURILLO

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