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Así fue como me suplantaron en un banco
Suplantación

El periodista dice que no tiene ningún tipo de servicio con la entidad financiera ante la cual fue suplantado.

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Archivo EL TIEMPO.

Así fue como me suplantaron en un banco

Periodista cuenta cómo usaron su nombre para sacar cuenta, tarjeta de crédito y crédito.

Aunque no he tenido relación alguna con un banco, y a pesar de todos los requisitos que exigen cuando una persona se acerca a una de sus oficinas para abrir una cuenta de ahorros o solicitar una tarjeta de crédito o, peor aún, un préstamo, en mi caso parece que nada de eso ocurrió y fallaron los controles.

Sin saberlo, terminé con una cuenta de ahorros, una tarjeta de crédito y un crédito de libre inversión, y reportado ante las centrales de riesgo. No me enteré por el banco sino por la Dian.

Así sucedieron los hechos. En la noche del pasado martes 11 de agosto, revisando la información que debo anexar en la declaración de renta, un trámite que por esta época muchos colombianos debemos hacer, encontré con sorpresa: esa entidad financiera había reportado que al 31 de diciembre de 2019 yo registraba movimientos financieros con ellos.

Por un lado, aparezco con una tarjeta de crédito con una deuda de 10’000.000 de pesos, solicitada el 29 de julio de 2019; una cuenta de ahorros con 10’000.182 pesos abierta al parecer el 10 de octubre del año pasado, y un crédito de libre inversión por 10’000.000 de pesos, tramitado el 18 de octubre en la oficina del Centro Comercial Andino de Bogotá.

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Por supuesto, por mi mente aparecieron todo tipo de preguntas: ¿A qué horas ocurrió todo eso? ¿Cómo abrieron cuenta, sacaron tarjeta de crédito y obtuvieron un crédito a mi nombre? ¿Por qué con una entidad financiera con la cual no tengo ni he tenido ninguna relación? ¿Por qué ese banco nunca me buscó?¿Acaso los bancos no tienen acceso a los datos de todas las personas que están bancarizadas?

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¿Por qué con una entidad financiera con la cual no tengo ni he tenido ninguna relación? ¿Por qué ese banco nunca me buscó?

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De inmediato, esa misma noche empecé a buscar con angustia cómo contactaba a alguien de esa entidad. Intenté en un número telefónico que encontré en internet, pero mi frustración fue mayor cuando el sistema me pedía una clave para acceder a un asesor. ¿Cuál clave, si no tengo cuenta?, me preguntaba.

Finalmente, esa búsqueda dio resultados. Di con el servicio de chat. Después de escribirle lo que había descubierto y suministrar datos como nombre, apellidos, números de cédula y celular, el operador me confirmó: “En efecto me registra productos con nosotros”, y luego escribió: “sería necesario generar un estudio de suplantación de identidad”.

A renglón seguido me pide que debo acercarme a una de las oficinas del banco con la denuncia ante la Fiscalía y otros documentos. Pero no me daba respuesta a la solicitud de que recibiera la queja y me diera el radicado. “Insisto”, le escribí tajantemente. Fue en ese momento que generó un número con 12 dígitos. Por fortuna, le hice foto al pantallazo, porque en el correo que recibí luego solo aparecen el primero y los últimos 4, el resto es una seguidilla “X”.

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Y como el día siguiente era par, por el pico y cédula establecido en Bogotá –mi número termina en par– no podía pensar en ir a la Fiscalía ni a ese banco, ni siquiera me iban a dejar ingresar. Entonces, decidí acceder a la aplicación 'A denunciar' de la Policía y la Fiscalía. Allí la pude interponer, con datos muy básicos, claro.

Pero ahí no pararon mis angustias. Ya con la sospecha de que había sido víctima de suplantación, el miércoles solicité información ante las centrales de riesgo Cifin y Datacrédito. Es en ese momento cuando me entero de que la cuenta ya estaba inactiva y el banco había castigado esas deudas y, de paso, me reportó. Con eso, por supuesto, mi historial financiero, que toda mi vida cuidé, se fue al piso. Si ahora intento solicitar un crédito, ningún banco me va a prestar.

Ante mi preocupación con ese tema, acudí a dos colegas buscando asesoría –en quienes he encontrado solidaridad–. Así fue como pude contactar a la oficina de comunicaciones de dicha entidad financiera. Valga decir que me ayudó a escalar el reclamo. Dos días después, el banco me envió un formato para llenar, en el cual, además de las huellas de los 10 dedos, piden firmar con la mano izquierda. Nunca antes lo había intentado. Solo empuñar el lapicero me costó trabajo. Soy totalmente diestro.

Entonces decidí abortar esa opción. Claro, en mi correo de vuelta, manifesté al banco que soy la víctima y quien está denunciando, y no me corresponde demostrar que sí soy yo, y que a ellos les toca investigar y aclarar con “urgencia” esa situación en la que me pusieron por tener controles que pueden ser vulnerados y por no haberme buscado, ni por teléfono, ni por correo electrónico, ni a la dirección de residencia. Por eso ahora soy yo quien debe buscar al banco.

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Pero, además, me ha tocado enviarles correos electrónicos y copias de documentos a diferentes entidades. Porque este asunto también es con las centrales de riesgo, donde aparezco con calificación negativa, y por la información falsa reportada ante la Dian, entidad a la que ya informé de la suplantación. Lo mismo hice con la Superfinanciera y la Defensoría del Cliente Financiero.

Después de ocho días de haber descubierto que era víctima de suplantación ante un banco de la ciudad, me siguen rondando muchas preguntas, pero, sobre todo, ¿cómo alguien puede usar el nombre de otro y abrir cuenta de ahorros y obtener tarjeta de crédito y crédito de libre inversión con un banco, si para cualquier persona no es fácil, por la cantidad de cosas que piden.

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Nunca imaginé que algo así me pudiera suceder. De hecho, recuerdo que entre 2016 y 2017, ese mismo banco me rechazó una solitud por menos valor que los movimientos que ahora aparecen. En aquel momento me exigió declaración de renta, extractos bancarios, certificaciones laboral y de ingresos y egresos, llenar un formulario, poner las huellas dactilares y firmar. Por supuesto, revisaron hasta el más mínimo detalle.

Este caso también me ha permitido conocer que no soy el único que es suplantado ante una entidad financiera. A fulano, a zutano y a tal otro, me han dicho colegas, les pasó algo parecido, pero no igual. No sé qué tan frecuentes son esos casos, pero sí me dejan preocupado. Volviendo a mi historia, solo espero que el banco en mención me dé una pronta solución y esto no termine en un asunto de nunca acabar.

GUILLERMO REINOSO RODRÍGUEZ
@guirei24
guirei@eltiempo.com

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