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De qué se quejaron más los bogotanos con los servicios públicos
Factura

Durante la emergencia sanitaria se incrementó el consumo en los servicios públicos en los usuarios residenciales.

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Archivo EL TIEMPO

De qué se quejaron más los bogotanos con los servicios públicos

Durante la pandemia, los reclamos fueron más por el consumo cobrado por las empresas.

Dos años antes del comienzo de la pandemia, Diana Victoria Rincón permanecía en su casa. Y aunque con la llegada del covid-19 sus actividades y hábitos no cambiaron mucho, su consumo de servicios públicos sí sufrió un incremento.

Esta bogotana de 57 años, que vive sola en un apartamento de estrato 3 en el barrio Los Ángeles, en Engativá, cuenta que si bien su vida siguió igual en el 2020 y hacía esfuerzos por mantener a raya los servicios, sí la sorprendió el aumento del valor de los recibos, principalmente el agua. Esto, aunque el Gobierno Nacional y las empresas entregaron alivios a sus usuarios de los estratos 1, 2, 3 e incluso el 4.

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“A mí se me dificulta caminar, entonces me desplazo con caminador o silla de ruedas. Mi mamá me trae la alimentación para que yo no cocine ni tenga accidentes con las ollas. Ella también me ayuda a bañar cada ocho días. Y mis piyamas –todo el tiempo las usa– las lava cada 20 días”, dice contrariada Diana, quien vive de la venta de productos cosméticos y para el hogar de una compañía multinivel.

Cita que antes del covid consumía 2 m³ de agua. “Eso no es nada”, asegura –el consumo básico en la ciudad es de 11 m³ mensuales y es subsidiado para los estratos 1, 2 y 3–. Por su consumo pagaba 20.140 pesos por acueducto y 33.420 por recolección de basura, para un total de 53.560 cada dos meses. Pero, para su sorpresa, en la factura apareció que había gastado 3 m³ y luego de un reclamo bajó a 2 m³, después volvió a subir a 3 y posteriormente a 6 m³.

En medio de ese suba y baje del valor de la factura, que llega junto con la de aseo –hay zonas donde llega con la de energía–, este pasó, desde marzo del año pasado, de 53.560 pesos a 84.100 (40.140 por aseo y 43.960 por agua), para un incremento del 31 por ciento.

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En cuanto al aseo, sostiene que aunque no produce basura, cada dos meses le llega sin falta la misma cuenta. Recuerda que desde el 19 de septiembre y el 5 de febrero pasado, cuando el IDU estuvo haciendo una obra en su cuadra, ni siquiera había la posibilidad de que los recolectores ingresaran hasta la puerta de su casa. Lo mismo sucede con las personas que revisan los medidores del agua. “Aun así, siguieron creciendo los valores”.

Algo similar le pasó con el servicio de energía. Diana dice que solo enciende un bombillo en la noche y de vez en cuando escucha música en su equipo de sonido, pero que la factura subió recién comenzó la pandemia. Tiene televisor y poco lo prende. Así, en marzo pagaba 29.130 pesos mensuales, y en mayo la cuenta subió a 39.110 y a mediados de enero ya iba en 44.660.

Y aunque supone que ese aumento es porque en diciembre instaló unas luces navideñas en la ventana de su sala, le parece injustificado. Pero para su extrañeza, señala, en febrero la factura llegó por 10.710 pesos menos.

Con el gas tiene un cobro estable (un promedio de $ 3.150 mensuales), aunque no usa estufa ni tiene ducha. Ella cree que eso es lo que le cobran simplemente por tener el servicio.

En lo único que Diana ha sentido un alivio es con el plan de internet, que incluye televisión, teléfono fijo y wifi, por los cuales, afirma, no le cobraron IVA el año pasado y en este le sostienen la tarifa. Ella paga unos 80.000 pesos por el plan y 49.500 pesos mensuales del consumo de celular.

“Como vivo sola, me he dado cuenta, pero hay familias a las que les ha tocado trabajar en la casa y no se han detenido a ver los incrementos abruptos”, concluye esta bogotana programadora de sistemas.

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Consumo de servicios públicos en Bogotá. by Santiago Buenaventura on Scribd

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Los aumentos registrados

Natasha Avendaño, superintendenta de Servicios Públicos, señaló que en los primeros meses del confinamiento hubo un pequeño aumento en el sector residencial y una caída en el industrial y comercial, “pero no se modificó de manera sustancial el consumo”.

En cuanto al agua, recordó que el año pasado, por resolución de la CRA, no hubo incremento de tarifas, ni por aplicación de un nuevo esquema tarifario ni por acumulación del índice de precios al consumidor.

Las empresas y la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones de Colombia (Andesco) reportaron incrementos superiores al 4 por ciento en el año, aunque en el periodo de confinamiento fue mucho mayor.

Por ejemplo, el promedio en energía fue del 5,47 por ciento, pero hubo casos de hasta del 25 por ciento; en gas domiciliario fue del 10 por ciento, y en acueducto la media se ubicó en 4,8 por ciento, y se notó bastante en los estratos 2 (9,6 %) y 6 (con 50 %) en el primer bimestre con pandemia (ver gráfico).

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Si se tienen en cuenta las quejas de los usuarios, se ve que el caso de Diana, quien no reclamó formalmente, no fue el único y que fueron muchos los bogotanos que se sintieron sorprendidos o quedaron preocupados por el incremento del consumo o del valor de la factura.

La Superservicios recibió el año pasado 43.218 quejas por las mediciones o por el consumo facturado. Esto es el 48,4 por ciento de los reclamos (89.256). De hecho, las quejas aumentaron visiblemente entre mayo y septiembre, en plena emergencia. Los mayores reclamos fueron en energía (32.146), gas (26.802), agua ( 13.632) y aseo (8.110).

Javier Forero, director de Recursos Físicos de la Universidad Javeriana, explica que en los meses más críticos de la pandemia, los hogares sintieron incrementos significativos en sus consumos por cuanto estuvieron en sus viviendas las 24 horas del día, los siete días a la semana, y más aún con el llamado de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Ministerio de Salud a lavarse las manos varias veces.

Agregó que por eso mismo, los alivios que se aplicaron en los primeros 3 o 4 meses de la emergencia no se vieron en la práctica. “En pesos absolutos, la gente no percibió lo que podía haber ahorrado, porque lo volvió a pagar por el mayor consumo”, dice Forero, quien destaca que el caso contrario fueron las empresas, muchas de las cuales, al no tener a los empleados o tenerlos trabajando en sus casas, vieron reducidos sus consumos en servicios.

GUILLERMO REINOSO RODRÍGUEZ
Editor de Bogotá
@guirei24

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