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La andanada contra Claudia López / Voy y Vuelvo
CLAUDIA LÓPEZ

Claudia López, alcaldesa de Bogotá. 

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Alcaldía de Bogotá

La andanada contra Claudia López / Voy y Vuelvo

El problema no es la nacionalidad de los criminales, sino el crimen en sí mismo.

Le han caído con todo a la alcaldesa Claudia López por haber dicho que los venezolanos se volvieron un problema serio para la seguridad de Bogotá y por haber insinuado que si son sorprendidos cometiendo algún crimen, deberían ser deportados.

La han tildado de xenófoba, le han recordado su condición sexual y hasta la han comparado con Trump y su odio hacia los migrantes. Políticos en campaña no han desaprovechado la oportunidad para atacarla, tampoco sus opositores ni los ciudadanos inconformes.

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La mandataria se fue de boca, sin duda. Su investidura la obliga a ser rigurosa con el lenguaje y las circunstancias. El tema de los migrantes venezolanos es sensible, no solo por las implicaciones políticas que tiene y porque la historia enseña que cuando ese país estuvo mejor alojó a millones de colombianos, sino porque se ha convertido en uno de los desafíos más grandes de la humanidad en el presente siglo. El exilio y la migración están en la agenda permanente de Europa, Estados Unidos y Asia. La alcaldesa la embarró, sin duda. Pero ojo: no dijo algo que no estén pensando muchos ciudadanos de a pie víctimas de bandas criminales de las que pueden estar haciendo parte algunos venezolanos. Y lo de deportar a criminales es un mandato en cualquier Estado llamado a proteger sus fronteras.

Sin embargo, no hay que caer en la falacia de que por ser de otro país se es más peligroso que los criminales que engendramos en suelo propio. No hay evidencia cierta que demuestre que a mayor presencia de población migrante, mayor inseguridad. Y ese es el asunto de fondo: el problema no es la nacionalidad de los criminales, sino el crimen en sí mismo. En ese sentido, hay que decir algo sin tapujos: las bandas delincuenciales que operan en Bogotá y a lo largo del territorio nacional sí se están aprovechando y están convirtiendo a algunos migrantes en presa fácil para involucrarlos en organizaciones delictivas. Pero insisto, no hay que buscar la calentura en las sábanas. El problema está en la inseguridad rampante venga de donde viniere.

Y aquí entramos en otro terreno. El secretario del sector, Hugo Acero, exhibe indicadores del último año en los que bajan el hurto, el atraco y hasta el robo de celulares. El asunto, y lo he repetido varias veces, es de percepción de inseguridad.

Ninguna cifra, por reconfortante que suene, podrá superar las imágenes demenciales con que tres antisociales atacaron y dieron muerte a José Perdomo, en Suba, un obrero que quiso proteger su celular. Ninguna estadística funciona ante el asesinato de Oswaldo Muñoz en un bus de TransMilenio. ¿Qué puede pensar uno cuando ve semejantes crímenes?

(Además: 'Publicaciones discriminatorias aumentaron': Barómetro de Xenofobia)

Ahora bien, más allá de los indicadores, los cuales, repito, muestran una reducción en varios delitos, el miedo y la indignación de la gente, que la ponen a sospechar de todo el mundo y a comerse el cuento de que nos invadieron los criminales de otro país, tienen que ver con el grado de violencia que pareciera estarse ejerciendo en cada atraco que sucede en la calle, reforzado por las imágenes que se distribuyen al menudeo por redes y por la misma prensa.

Ese tema es, a mi juicio, el que debería estar llamando la atención. ¿Cómo es posible que asesinen a plena luz del día a un hombre en un bus articulado y nadie haga nada, no exista cómo socorrerlo y quede en entredicho la estrategia de seguridad del sistema? ¿Cómo es posible que se esté asesinando a un joven por robarle su gorra? ¿Hay un cambio en el accionar de los criminales que ahora hieren y matan primero para después alzarse con el botín? ¿Qué explicaría ese comportamiento? Son las respuestas que espera la sociedad.

Condenar a la alcaldesa es el camino fácil, lo difícil es entender el fenómeno y proponer salidas. Muchos opinan desde sus salas y teléfonos inteligentes, mientras las estadísticas muestran que los hampones se ensañan mayoritariamente contra las personas más vulnerables, ya sea para robarles una bicicleta o una simple gorra. El obrero de Suba o el mesero de TransMilenio son apenas la última muestra de una serie de crímenes que golpean especialmente a quienes no tienen cómo garantizar una seguridad privada en sus barrios o un transporte más seguro o una ciclorruta más segura. El fiscal Barbosa lo advirtió hace varios meses, cuando aún estábamos en cuarentena estricta: ojo con el fenómeno de inseguridad que se viene para las ciudades.

Un buen punto de partida para zanjar el debate de los migrantes es reforzar, como lo prometió López al comienzo de su gobierno, la oficina de atención para ellos, creada en la pasada administración, y regularizar su estadía en la ciudad, para que dejen de ser percibidos “como un fenómeno de inseguridad”, palabras de la propia López en ese entonces.

¿Es mi impresión o... las aglomeraciones recientes, llámense protestas o marchas, ya nos están pasando cuenta de cobro vía covid-19?

ERNESTO CORTÉS FIERRO 
EDITOR JEFE DE EL TIEMPO 
En Twitter: @ernestocortes28

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