La Paz y otras zonas donde clanes familiares controlan la delincuencia

La Paz y otras zonas donde clanes familiares controlan la delincuencia

El sitio donde asesinaron al funcionario del Banco de la República lo controla una misma familia.

La ruta que tomó el funcionario del Banco de la República, asesinado en BogotáRecorrido desde el parque Santander hasta sector en donde un grupo de delincuentes asesinaron al funcionario que trataba de evitar los trancones de la ciudad durante la ciclovía nocturna.
Barrio La Paz Centro

Yolanda Gómez

Por: Bogotá
14 de agosto 2018 , 07:53 a.m.

Después de que las autoridades enviaran a prisión al joven de 23 años Ánderson Medina Camacho, como el supuesto asesino del funcionario del Banco de la República Álvaro Torres, varias han sido las versiones de los habitantes de este sector, según las cuales esta persona forma parte del clan de ‘los Churreros’, una pandilla conformada por miembros de una misma familia dedicada al hurto y el tráfico de estupefacientes en inmediaciones de la zona.

Es más, unidades de inteligencia de la Policía y la Fiscalía estarían tras la pista de otros integrantes de esta estructura que también habrían participado en el ataque al economista.

“Este barrio es pesado; es una tradición de acá: a los papás los meten a la cárcel o se matan entre ellos”, sostuvo un residente del sector, quien agregó: “Ojalá que cogieran a esa gente; uno no puede invitar a venir a un familiar porque lo roban, y si uno va a decir algo lo amenazan. Toca callar porque lo matan; es una familia grande”, denunció el ciudadano, quien por seguridad no reveló su identidad.

Sobre esto, el mayor general Ómar Rubiano, director de Seguridad Ciudadana de la Policía de Bogotá, sostuvo que en este barrio, la comunidad convive con los delincuentes.

“Los vecinos a veces son testigos complacientes de lo que estas personas hacen, a veces lo hacen allí mismo o en otros sectores. Esto amerita una observación más exhaustiva; hay un vecindario que cohabita y que en ocasiones permite y facilita hechos delictivos”, sostuvo el oficial, quien advirtió que la intervención en lugares como estos debe tener el acompañamiento de otras instituciones, no solo de la Policía.

Pero este barrio no es el único de la ciudad que ha visto cómo grupos familiares se apoderan de los negocios ilícitos y siembran el terror entre la comunidad. En los barrios El Codito, Cerro Norte y Santa Cecilia, de la localidad de Usaquén, desde hace años se habla de ‘los Pascuales’ y ‘los Luisitos’, que aunque son bandas diferentes, las integran miembros de una misma familia: los Guerrero.

“Eso empezó en 1993 con la familia Guerrero González y Guerrero Parada. Esas dos empezaron esto, y luego se unieron ‘los Piñeros’. Las bandolas siguen por su lado, pero siguen ahí”, sostuvo un habitante de esta zona.

“Esas dos bandas empezaron en una sola organización, porque Luisito es sobrino de Pascual Guerrero, que es el organizador de esa estructura. Él está en la cárcel en este momento, faltan más o menos 13, pero seguidores son por ahí 100”, contó.

Para Andrés Nieto, experto en seguridad ciudadana de la Universidad Central, esto se debe a que se ha naturalizado la escuela delincuencial como un modelo de vida. “En el último cruce oficial de las autoridades sobre estructuras criminales se presume que en Bogotá hay 323 redes activas que no responden a dinámicas ideológicas o de relación con grupos al margen de la Ley. Se trata de empresas dedicadas a delinquir, de las cuales cerca del 38 por ciento son redes familiares”, sostuvo el experto.

En esto coincidió Hugo Acero, exsubsecretario de Seguridad de la ciudad, quien señaló que es un tema de cultura de la ilegalidad.

“Yo nací en el 20 de Julio, y ahí había una familia que se dedicaba al robo y cuando de pronto alguien caía en la cárcel decían que se había ido a Estados Unidos, y ya se vuelve algo normal. Hay familias que se han dedicado a distribuir droga. Hay una naturalización en determinados sectores de cometer delitos”, explicó.

Pese a estos ejemplos negativos, en el barrio Egipto, de la localidad de La Candelaria, que en años anteriores se enfrentó a esta situación, según el edil de Juan Camilo Castellanos, esto ha mejorado notablemente desde hace cinco años.

En esta zona operaba la banda ‘los Gasolineros’, integrada por una misma familia, que se dedicaba al robo de vehículos en la vía Choachí y al contrabando de gasolina. Sin embargo, la estructura fue desmantelada hace unos 10 años y aunque sus integrantes ya salieron de prisión, encontraron una juventud empoderada que, en su mayoría, no se adhirió a las viejas dinámicas criminales.

“Ha habido proyectos sociales, por ejemplo con el Idiprón, que acogió a muchos de esos combos, y estos finalmente tomaron juicio. Las familias en disputa se pusieron de acuerdo y hoy hacen parte en procesos de guías turísticos, entre otros”, sostuvo el cabildante, quien señaló que pese a esto, todavía persisten algunos inconvenientes, pero no del tamaño de años anteriores.
 
BOGOTÁ
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