Así infiltraron red de distribución de drogas que operaba en Chapinero

Así infiltraron red de distribución de drogas que operaba en Chapinero

Agentes encubiertos tuvieron que fingir amistades e incluso consumir drogas.

Drogas Chapinero

Los distribuidores también usaban sus redes sociales para ofrecer los alucinógenos.

Foto:

Fiscalía General de la Nación.

Por: Óscar Murillo Mojica
01 de octubre 2019 , 07:51 p.m.

Una llamada anónima puso en alerta a las autoridades. Al parecer, la cuadra de la calle 75 con carrera 16A, en el corazón de una zona universitaria de Chapinero, era un centro de distribución y consumo de drogas que crecía y que iba ganando fama.

La Fiscalía de inmediato envió a un grupo de funcionarios a verificar la situación. Tras confirmar que en el sitio en efecto se conseguía con facilidad gran variedad de alucinógenos, decidieron empezar una investigación.

Lo primero que hicieron fue infiltrar la zona. Dos agentes encubiertos, uno de ellos mujer, y que se confundían fácilmente con universitarios, empezaron a fijarse en los movimientos de personas que parecían sospechosas.

En pocos días, la investigadora encubierta –piercing en lengua y nariz, tatuajes en sus brazos, morral terciado, ropa fresca y juvenil–, que parecía ser una universitaria de 20 años, pero que en realidad tenía 32 y llevaba 11 trabajando en la Fiscalía General de la Nación, se acercó al que después supo delatar como el líder de una red de distribución.

“Yo me hice amiga de un chico y él me dijo: ‘te voy a presentar a un man que es mi dealer’. Yo empecé a ponerle citas a esa persona para vernos, no necesariamente para comprarle drogas”, explica la avezada detective.

La idea era ganarse su confianza. Ser su amiga, aunque en medio de eso tuviera que sortear los piropos de él y los demás integrantes de la banda que estaba empezando a descubrir. El líder de la estructura era conocido como Nippi, estudiante de último semestre de publicidad de una universidad de la zona.

En total fueron cuatro los agentes que visitaron cada noche, de miércoles a viernes y por cuatro meses, este sector.

Dos estaban en medio de las rumbas, del consumo de alcohol y drogas, creando vínculos de confianza con los distribuidores, y otros dos, conocidos como de control, muy cerca, pendientes a si se presentaba alguna situación de riesgo.

“Las ventas eran una cosa loquísima. Uno estaba sentado en una mesa y llegaban: qué quiere, mira tenemos esto y lo otro, y saltaban por todas las mesas hablando con todo el mundo. Hacían muchos amigos y daban muestras gratis como para incentivar al consumo y ganar clientes”, narra la mujer.

Chapinero

Momento en el que alias Nippi vende una dosis de alucinógeno en las inmediaciones de una universidad.

Foto:

Fiscalía General de la Nación.

Con el paso de las semanas, iban reuniendo imágenes de cámaras de video ocultas que llevaban en botones, que ponían en botellas, que escondían en lapiceros, y también de las cámaras de seguridad de la zona. Ahí quedó en evidencia que en un minuto podrían hacer hasta seis transacciones.

Además, reconocieron que Nippi era el líder porque, al ser universitario, gozaba del aprecio y confianza de los estudiantes.

Pero detrás de él estaba alias Naruto, un joven que solo fumaba marihuana, que era profesor de calistenia y había ganado varios premios por esta actividad, y que era el novio de alias Natalia, también distribuidora.

Las familias de estos jóvenes no tenían ni idea de la otra vida que llevaban vendiendo todo tipo de alucinógenos.

Tenían una gama tan alta de distribución: cocaína, marihuana, sustancias sintéticas y emergentes y combinaciones que no existen: unían medicamentos de uso veterinario con sustancias que son recetadas para temas siquiátricos y hasta saborizantes”, explica otro de los investigadores del caso.

Tenían una gama tan alta de distribución: cocaína, marihuana, sustancias sintéticas y emergentes y combinaciones que no existen

Los vínculos que estaban creando los investigadores con los distribuidores les permitieron no solo tener sus números celulares, que fueron interceptados, y por los que hablaban constantemente, sino conocer sus mundos, sobre sus vidas y por qué hacían lo que estaban haciendo.

“Alias Santiago era un joven que llegó desplazado de la violencia de Cartago, Valle del Cauca. Conoció esas amistades, se puso a vender esas cosas y ya después de que están ahí metidos es muy difícil que se salgan”, contó, con un aire de nostalgia, otro de los agentes.

Pero pese a todo eso, la misión era clara: desarticular toda la línea de distribución de alucinógenos. Pronto, y gracias a la interceptación de las líneas telefónicas, supieron que ellos mismos ‘cocinaban’ en sus casas las drogas sintéticas que comercializaban.

Con toda la información recolectada, y con el apoyo de la Policía de Bogotá, se programaron y ejecutaron cinco allanamientos. En las casas de los capturados, ubicadas en Suba, Usaquén y Chapinero, fueron incautadas 186 dosis de cocaína, 621 de marihuana, además de frascos de popper, pastillas de éxtasis, tres prensas artesanales, dos grameras, seis teléfonos celulares y 916.000 pesos en efectivo.

Además de Nippi, Natalia, Naruto y Santi, estaban otras tres personas: Pelusa, Raiders y Pecas. Todos fueron capturados y están siendo procesados por los delitos de concierto para delinquir y tráfico, fabricación o porte de estupefacientes. Ante la contundencia de las pruebas, algunos ya están buscando acuerdos con las autoridades para reducir sus penas.

Después de terminar su relato, uno de los investigadores dijo que seguirán adelante con una segunda fase de esta operación y confesó qué lo motiva a realizar este trabajo.

“Vamos a limpiar más la sociedad de este flagelo. Tengo una hija y pienso en el futuro de ella. Yo hago esto porque quiero que cuando ella llegue a la universidad no vaya a tener una mala influencia que la lleve a caer en el consumo”, concluyó.

ÓSCAR MURILLO MOJICA
EL TIEMPO
Twitter: @oscarmurillom

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