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La biblioteca comunitaria que le hace competencia a una pública
Biblioteca Abierta de Ciudad Verde

Los libros se ubican en cajas o en la reja que rodea a la Biblioteca Pública Municipal.

Foto:

Cortesía Estefany Arenas

La biblioteca comunitaria que le hace competencia a una pública

Los libros se ubican en cajas o en la reja que rodea a la Biblioteca Pública Municipal.

Lo que surgió como una protesta se consolidó como una alternativa para niños y niñas de Soacha.

Cuando Érika Vásquez tenía tres años, su madre la llevó a la Feria del Libro de Bogotá por primera vez. Hoy, 27 años después, recuerda tener entre sus pequeñas manos un libro pesado y robusto que apenas podía cargar. Esa nostalgia con la que evoca aquel momento es la misma que brota cuando rememora la primera ocasión en que un vecino del barrio donó un libro para la Biblioteca Abierta de Ciudad Verde.

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Ella, junto con Naydú Pulido, Camila Mosquera, Nataly Peláez, Ingry Caro, Cielo Díaz, Danna y Samuel Ramírez, David Núñez, Yuri Segura, Katerin Betancur, Leydi Rayo, David Pedroza, Jhonatan Rodríguez, Angie Ramírez, Estefany Arenas, Miguel Gutiérrez y Andrea Cangrejo, son las y los creadoras de este espacio dedicado a las letras, el arte y la música, que bautizaron de esa forma para que no hubiera lugar a dudas acerca del propósito del sitio.

Pero esta biblioteca, aunque posea un nombre común y recurrente, no es como otras bibliotecas. De hecho, no tiene los enormes anaqueles que suele haber en las grandes librerías públicas, o un sistema computarizado que permita saber la ubicación exacta de cada libro o enciclopedia. No, nada de eso. No obstante, al contrario de lo que muchos podrían pensar, el que sea improvisada no la hace menos biblioteca o menos pública.

Lo que sí tiene este espacio, son decenas de libros donados por la comunidad que son ubicados sobre guacales de madera o en la reja de acero que rodea el parque, zonas dedicadas a la pintura con caballetes para los lienzos y un pequeño puesto para que Camila, una joven del barrio, pinte en los rostros de los más pequeños mariposas y gatos. En el centro de la zona verde en donde se ubica la biblioteca, un círculo de la palabra y a pocos metros, un escenario improvisado para la danza.

Érika Vásquez y varios gestores culturales son los creadores de la biblioteca. 

Foto:

Camilo Castillo. EL TIEMPO

La idea de crear este espacio, y de hacerlo a pocos metros de la Biblioteca Pública Municipal Satélite Joaquín Piñeros Corpas, fue, inicialmente, un acto de protesta motivado por una creencia.

“Viví en Argentina durante tres años y allí empecé a trabajar con niños –actualmente también es niñera–. En Buenos Aires, durante un periodo de tiempo que estuve sin trabajo, me di cuenta de que tenía muchos amigos en Colombia muy talentosos en diferentes áreas y que el factor en común era yo. Entonces me pregunté: ‘¿Qué pasa si nos juntamos y nos vamos a los barrios de Soacha a compartir nuestro conocimiento?’ ”, dice.

Justamente, fue en Argentina en donde Érika aprendió acerca de las casas culturales y de cómo estos espacios pueden convertirse en “semilleros del conocimiento”. “En ese país hay un montón de casas de la cultura que nacieron después de la dictadura y que hoy funcionan a través de la autogestión, de la mano con lo público y con lo gubernamental”, explica.

Tras regresar a Bogotá empezó a diseñar un proyecto enfocado en nuevos modelos pedagógicos. Pintura, baile y música fueron los pilares del primer encuentro, en 2017, en el parque Logroño. “Nos sentamos en círculo en un parque y lo primero que pensé fue: ‘Esto no invita a nadie, esto parece un grupo de amigos en el parque’. Entonces empezamos a hacer avisos, y uno de ellos, que era gigante, decía simplemente: ‘Gratis’. Así aprendimos que si vamos a realizar algo, lo mínimo era comunicárselo a la gente”, narra.

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Entonces me pregunté: ‘¿Qué pasa si nos juntamos y nos vamos a los barrios de Soacha a compartir nuestro conocimiento?’.

Su objetivo era hacerles entender a las personas del barrio que esta reunión no se trataba de un grupo de muchachos altruistas y pretenciosos que venían a ocupar un espacio, sino que su propósito era crear un lugar de intercambio de conocimientos que funcionara de forma horizontal. Así lo hicieron en varias zonas verdes del sector, hasta que un día notaron que frente al sitio que solían ocupar en el parque Logroño había un edificio con rara arquitectura.

La historia de la edificación se remonta al 2013, cuando la Embajada de Japón en Colombia donó la estructura a la administración municipal de Soacha. De allí que posea una forma alargada con grandes ventanales y el característico hisashi o tejado que sobresale.

Érika recuerda que el descubrimiento fue como una revelación. También, fue el detonante para el primer acercamiento con la Dirección de Cultura del municipio. “Fuimos a preguntar por qué la biblioteca estaba cerrada. Al no obtener una respuesta, solo se me ocurrió una cosa: leer”.

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La Biblioteca Pública Municipal Satélite Joaquín Piñeros Corpas funciona actualmente en dos horarios. (Foto tomada antes de la hora de apertura).

Foto:

Camilo Castillo. EL TIEMPO

Así fue como, tras pasar días enteros leyendo la Ley 1379 de 2020, o ley de bibliotecas públicas, encontró que no se estaban cumpliendo los requisitos exigidos por la norma en términos de funcionamiento y uso. “La jornada para servicios de consulta no puede ser inferior a 40 horas semanales, incluidos los sábados y, en lo posible, domingos y festivos”, indica el documento.

Leyendo cada uno de los artículos de la ley, Érika entendió que su reclamo era válido y que su lucha no obedecía a un capricho, por lo que semanas después confrontó a los funcionarios de la alcaldía municipal y a las personas a cargo de la administración de la biblioteca.

Cuenta que no fue bien recibida por ninguna de las dos partes y que, aunque es consciente de que su forma de hablar no es bien recibida por todas las personas, se presentó con todos los argumentos que sustentaban el reclamo. “Acá se vende la idea de que jóvenes como yo, que reclamamos nuestros derechos, queremos acabar con las instituciones. Pero lo que queremos es justamente velar para que esta institución no se acabe, sabemos que, justamente, fue creada para garantizar la democracia”.

Además de los libros, hay talleres de teatro y danza.

Foto:

Cortesía Estefany Arenas

El pedido que le hicieron a la anterior administración era que les permitiera usar las bibliotecas más allá del horario laboral del funcionario que la atendía. También, que les permitiera pintar el espacio para que fuera más fácil reconocer el lugar y así atraer más gente y, finalmente, que se les permitiera participar en procesos de capacitación para los bibliotecarios.

“Estábamos cansadas de que no nos escucharan. Yo creo profundamente en el arte y en la paz, y en que hay que proponer y ser recursivos. Pensamos: ‘No nos quieren dejar abrir la biblioteca, entonces montemos una al lado’. Teníamos las ganas, el talento, el tiempo y los sueños; además, recibimos apoyo de artistas locales y de la empresa privada”.

Aunque la situación conmovió profundamente a la joven y generó algo de tristeza en el grupo, Érika reconoce que vio este problema como una oportunidad para hacer pedagogía. “Con este espacio también queríamos explicar para qué sirve una biblioteca, porqué es importante tenerlas en los barrios y contarles a los vecinos porqué, más allá de la falta de apoyo de las administraciones pasadas, todos éramos responsables de que este espacio estuviera abandonado”.

Las primeras donaciones fueron realizadas por las integrantes del colectivo. Luego, personas que pasaban junto a la Biblioteca Abierta donaban los libros que les sobraban. Para el primer evento, al que llamaron Viernes Cultural, la música estuvo a cargo de un vendedor de CD que tiene un puesto en el sector.

Para las siguientes actividades, tuvieron el apoyo del Fondo Lunaria, una organización que brinda asistencia a iniciativas lideradas por mujeres. Y los vecinos, que al principio observaban con extrañeza y recelo al grupo, empezaron a donar alimentos para los refrigerios que el colectivo entregaba a los niños y niñas.

Todos los servicios que ofrece la biblioteca son gratuitos.

Foto:

Cortesía Estefany Arenas

Si alguien tiene las herramientas necesarias para crecer, llámese biblioteca o cualquier otro espacio para que se eduque, es más probable que sea una persona consciente de su entorno.

Érika sostiene que la iniciativa privada ha sido fundamental para sostener el proyecto. “Fui personalmente hasta Amarilo con una presentación en la mano. Golpeé la puerta hasta que me atendieron. Les dije que queríamos incidir, que no pretendíamos que nos dieran cinco millones de pesos para una actividad, sino que buscábamos apoyo para lograr transformar la vida de las personas. Queremos que la gente pueda vivir dignamente a través de su talento y de su trabajo. (...) Ellos fueron muy receptivos, al igual que Semana Educación y de la red de liderazgo Origen”.

También reconoce que con la presión ejercida lograron resultados. “Ahora las bibliotecas permanecen más tiempo abiertas”. La Secretaría de Educación y Cultura del municipio también manifestó que actualmente se está cumpliendo con los horarios, más allá de algunos cierres temporales por inventario.

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A la fecha, Érika y sus compañeras del colectivo Cultura Ciudad Verde han recibido 300 libros. Además, han realizado 48 acciones artísticas, pedagógicas, y culturales, además de dos festivales comunitarios autogestionados con la participación de artistas, colectivos, universidades y de la empresa privada.

Actualmente buscan recursos para el III Festival Comunitario Biblioteca Abierta, y a largo plazo sueña con la consolidación de una casa de la cultura en Ciudad Verde con un objetivo primordial: llevar más gente a las bibliotecas.

“Si alguien tiene las herramientas necesarias para crecer, llámese biblioteca o cualquier otro espacio para que se eduque, es más probable que sea una persona consciente de su entorno. Si una persona tiene sus derechos asegurados tienes más posibilidades de crear o de identificar su talento”, concluye Érika.

CAMILO A. CASTILLO
ccastillo@eltiempo.com
EL TIEMPO

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