Una selfi, fundamental para esclarecer la masacre de Fontibón

Una selfi, fundamental para esclarecer la masacre de Fontibón

Un joven que sobrevivió milagrosamente y una foto, fueron las claves para resolver este crimen.

Juan Sebastian Villegas

Ilustración de Juan Sebastian Villegas

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Ilustración de Juan Sebastian Villegas

Por: Óscar Murillo Mojica / EL TIEMPO
29 de noviembre 2018 , 01:56 p.m.

Los investigadores no lo podían creer. Le asestaron 37 puñaladas. En el suelo, con el pedazo de vida que le quedaba, su cuerpo se movió, quizá instintivamente, como queriendo huir a rastras de la muerte.

Ellos lo notaron, no podían permitirlo, sería el único testigo. Esta vez no usaron el cuchillo de 10 centímetros ya empantanado de sangre. Tomaron un extintor y le golpearon la cabeza, una y otra vez, contra la baldosa encharcada de rojo de la discoteca, y volvieron a irse.

De nuevo, agonizando, acuchillado y con el cráneo magullado, el cuerpo del joven, de 18 años, se movió. Estaba tercamente decidido a no morir. Los homicidas vieron su persistencia y, enceguecido, sin un ápice de humanidad, uno de ellos volvió a él. El extintor entre sus manos y toda la fuerza de sus brazos contra la cabeza del moribundo.

Los asesinos eran dos, acababan de arrebatarle la vida a cuatro personas en el bar Oxígeno, en la carrera 100 con calle 25C, en la localidad de Fontibón, occidente de Bogotá. Eran aproximadamente las 3 de la mañana del domingo 5 de marzo del 2017.

El ataque al joven, un ciudadano venezolano que recién llegaba al país en busca de un futuro mejor, y quien era el DJ de la discoteca, fue el único que quedó en evidencia porque una cámara de seguridad apuntó hacia la escabrosa escena.

Después de ver estas imágenes, los detectives entendieron por qué la base de metal de 5 centímetros de ancho del extintor estaba completamente doblada. Lo que no lograron comprender fue cómo este hombre sobrevivió al triple ataque.

Bar Oxígeno

Esta es la discoteca Oxígeno, donde ocurrió el robo en el que murieron cuatro personas.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

Definitivamente quería aferrarse a la vida, era el único que sabía lo qué había ocurrido y quiénes eran los responsables de la masacre. Sobre las 11 de la mañana llegó al lugar de la escena una patrulla del equipo especial de homicidios de la Sijín de la Policía de Bogotá.

Minutos antes había arribado al sitio la mujer que cuidaba a los hijos del propietario de la discoteca, preocupada porque su patrón no llegó a la madrugada, como lo hacía todos los domingos. En el bar estaban Franklin Caicedo, el dueño del establecimiento; su esposa Graciela Trujillo; Dúver Trujillo, primo de ella y mesero; Luis Córdoba, también mesero y José David, el milagroso DJ venezolano que se debatía entre la vida y la muerte.

“Inicialmente en la inspección a los cadáveres se notó que era una escena muy violenta, a estas personas les habían propinado distintas lesiones con armas contundentes, blancas y de fuego, y pensemos que posiblemente era un ajuste de cuentas o problemas personales, y se da inicio a la investigación”, narró uno de los investigadores que asumió el caso, quien todavía impactado por las imágenes que vio hace más de un año.

Oxígeno estaba en el segundo piso de un edificio de tres. En el último funcionaba un billar. La primera labor de los detectives fue establecer cómo murieron Franklin, Graciela, Dúver y Luis. Al primero y propietario de la discoteca lo abordaron cuando estaba en el baño, él estaba armado (lo que evidenciaba conocimiento del lugar y las víctimas) y por eso fue al primero que buscaron. Un disparo por la espalda con un changón le arrancó la vida instantáneamente.

La puerta de acceso al bar estaba trancada, por eso los demás no pudieron escapar. A Franklin le quitaron su arma. Graciela, Dúver y Luis fueron atados de pies y manos. Ya reducidos, los atacaron con puñales.

Definitivamente quería aferrarse a la vida, era el único que sabía lo qué había ocurrido y quiénes eran los responsables de la masacre

Los agresores -sabrían tiempo después los investigadores- eran hombres de más de uno con noventa centímetros. Primero mataron a los meseros y cuando decidieron ir por la mujer, apareció el DJ, de aproximados metro con setenta centímetros que permanecía escondido.

“El venezolano opone resistencia y se enfrenta con uno de estos tipos a puños, pero por la contextura de ellos lo reducen, es ahí cuando lo sacan del bar a las escaleras por las que se llega al billar y donde había una cámara de seguridad”, detalló uno de los detectives. Sin embargo, la calidad de las imágenes grabadas no eran óptimas, además estaba bastante retirada.

No obstante, de allí salieron las primeras pistas, ya que se obtuvieron características de altura, contextura y color de la piel. A partir de esto se inició la búsqueda. Se descartó que se tratara de un ajuste de cuentas porque de la caja del establecimiento desaparecieron los cerca de cuatro millones de pesos del producido de la noche del viernes y el sábado. También a las víctimas les quitaron sus pertenencias. La masacre fue por robar.

Una selfi, prueba vital

Una mesera de la discoteca, quien horas antes de la tragedia se fue del lugar, habló del celador de ese día. Dijo que era un hombre negro, pero a quien conocía poco porque llevaba escasos meses trabajando en el sitio y solo lo hacía los fines de semana. No sabía su nombre, sin embargo, esa tarde se tomó una selfi y en un resquicio de la imagen, apareció su rostro. Era el principal sospechoso.

Los investigadores iniciaron un barrido de cámaras de vigilancia del sector, además de labores de vecindario, y lograron establecer que el celador trabajaba en el bar Oxígeno y otro establecimiento de la zona. Además, con el testimonio de la trabajadora del sitio e imágenes del día del crimen, supieron que ese sábado hubo una persona con él. Según la mujer, el vigilante fue esa noche con un amigo buscando que también le dieran trabajo.

La patrulla del equipo especial de homicidios en medio de sus labores identificó un nombre: Luis Murillo, esa era la identidad del celador y lo rastrearon por redes sociales. Detectaron que trabajaba en el aeropuerto El Dorado como maletero informal, por lo que enviaron a varios hombres a buscarlo y seguirlo: era el mismo que aparecía en la foto de la mesera del bar. Lograron obtener su línea telefónica y lo interceptaron.

“Inicialmente no habló, cuando tenemos identificada a esta persona, a través de celdas de ubicación, supimos que estaba en Ciudad Bolívar. Miramos el componente familiar y con el apoyo de la Fiscalía hicimos vigilancia, seguimientos para comprender su comportamiento y ver si podíamos identificar el otro sujeto porque hasta ese momento era desconocido”, explicó uno de los hombres a cargo del caso.

Masacre Fontibón.

Luis Eduardo Murillo y Yoiber Adilson Mosquera, los hombres identificados y capturados por el equipo especial de homicidios de la Sijín de la Policía de Bogotá.

Foto:

Policía de Bogotá

Con estas actividades, finalmente detectaron al otro presunto homicida: Yoiber Adilson Mosquera Rentería -un chocoano de 22 años de edad-, y terminaron de establecer el nombre del celador de la discoteca: Luis Eduardo Murillo Centre, también un chocoano, pero de 21 años.

Aunque las características físicas de estos hombres coincidían con las vistas en las imágenes de la cámara de seguridad del billar, los especialistas de la Sijín saben que las pruebas que se presentan ante un juez tienen que ser irrefutables, por lo que necesitaban tener la absoluta certeza de que ellos eran los responsables.

José David, el joven venezolano que sobrevivió milagrosamente (y quien quedó con graves complicaciones físicas y sicológicas) finalmente despertó. Los detectives lo visitaron, le mostraron las fotos de los supuestos homicidas y él lo confirmó. Señaló que ellos eran los culpables de la masacre de Fontibón. Con esto se expidieron las órdenes de captura y fueron detenidos, un mes y tres semanas después de la masacre; uno en su casa en el barrio Candelaria en Ciudad Bolívar y otro en vía pública.

A los dos les imputaron cargos por homicidio agravado, tentativa de homicidio, porte ilegal de armas y tortura. Luis Murillo, el encargado de la seguridad de Oxígeno, aceptó cargos. Cosa contraria hizo Yoiber. Ambos fueron enviados a prisión.

ÓSCAR MURILLO MOJICA
Twitter: @oscarmurillom
Escríbame a: oscmur@eltiempo.com

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