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Bogotá

El increíble santuario de La Calera donde los animales son libres y felices

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Son rescatados de la enfermedad, el maltrato o los mataderos  y acogidos para que vivan a plenitud.

Carol Malaver
Aguardaba en la fila en espera de lo inevitable, pero no era solo la muerte, era la tortura, el dolor, los ruidos infernales lejanos a la suave brisa que mueve los pastos. Este toro sabía que su única opción era escapar del matadero y como pudo se abalanzó contra las barreras para salir corriendo y buscar su libertad. Y en ese tránsito hacia lo impredecible se encontró con una humana que al verlo en la desesperante carrera contra el tiempo lo alcanzó cuando estaba próximo a cruzar la vía principal del municipio de La Calera. Se resistió, luchó, y cuando de su interior salió un berrido, ahí estaba ella: Nani Ramírez.
Este gallo fue rescatado, sus dueños no lo querían porque se resistía a pelear.

Este gallo fue rescatado, sus dueños no lo querían porque se resistía a pelear.

Foto:Hector Fabo Zamora

Enfrentada a los mandamases del degolladero no permitió que se llevaran al toro al mismísimo infierno. Entre tanto, el animal sintió algo de calor en su humanidad y cuando vio los ojos de esa mujer se dejó llevar hacia lo que sería una nueva vida en el Santuario Animal Namigni. La conexión fue inmediata. Entonces, su destino cambió y ahora pasará hasta el último de sus días rumiando pasto, echándose entre la hierba, acompañado de bovinos de todas las formas y tamaños. Su nuevo nombre es Valiente, no podía ser otro.
Lo mismo pasó con Galicia. “Otra noche cuidábamos a los perritos y vimos a una vaca amarrada y nerviosa. Reventó la cuerda y huyó. Como si sintiera que la iban a llevar a un sitio horrible escapó y nosotros la seguimos hasta atraparla con una correa de perro”. Como en los tiempos de la esclavitud, esta pareja ha tenido que negociar sus vidas a cambio de su libertad.
¿Un santuario para vacas en La Calera, uno de los municipios de mayor tradición lechera en el país? Sí. Allá llegamos adentrándonos en una montaña de la vereda Aurora Baja por un camino fangoso rodeado por una hilera de árboles nativos. Al llegar se abre un pequeño paraíso rodeado de montañas. En el centro se divisan animales libres, felices. De una esquina sale un cabro; de otra, una gallina, un perro; hay vida por doquier.
Pronto sale Miguel Aparicio armado con sus botas de caucho, con las que recorre a diario las 55 hectáreas del refugio animal. Sí, esto es como un campo de refugiados a donde pueden llegar los maltratados, los abandonados, los enfermos, los viejos. Aquí la vida vale en cualquiera de sus formas. Poco importa si un papiloma deforma la dermis, si un cáncer invade el cuerpo, si ya no hay ojos o pelaje. Respirar es suficiente.
Los cabros suelen ser abandonados  porque no dan leche y representan una carga para las fincas.

Los cabros suelen ser abandonados porque no dan leche y representan una carga para las fincas.

Foto:Hector Fabio Zamora

"Aquí la vida vale en cualquiera de sus formas. Poco importa si un papiloma deforma la dermis, si un cáncer invade el cuerpo, si ya no hay ojos o pelaje. Respirar es suficiente". 

Este hombre nació en Portugal, pero ya lleva siete años viviendo en Colombia, en donde conoció a su hoy esposa, Nani Ramírez, bogotana. Ambos veganos hicieron vida en La Calera, pero pronto su amor por los animales los llevaría a liderar una causa a la que pocos se atreverían. “En mi país trabajé mucho en protección animal, pero acá el amor hacia ellos nos unió más”.
Siempre adoptaron gatos y perros abandonados, pero cuando llegaron al municipio comenzaron a darse cuenta de que algo estaba pasando con los animales de granja. “Cuando íbamos de camino a alimentar a los desvalidos en pandemia, cuando todo estaba cerrado, en las veredas se veían animales amarrados en las orillas de las carreteras”.
Cómo no recordar a Renata, una oveja amarrada en el filo de una casa en la vereda El Triunfo. Cada día que pasaban por el lugar la veían llorando, desconsolada, hasta que al quinto día decidieron romper el hielo. “A la gente del campo no le gusta hablar mucho, pero nos contaron que estaban esperando el camión que se la llevaría al matadero. También que ya no la podían tener y que el pasto escaseaba”. Miguel y Nani no resisten algo así y se cargaron a la oveja hacia una mejor vida. Y luego, casi que de la misma forma, se llevaron a Brownie, Caramelo, Buda y muchos más. La familia se estaba creciendo, pero su casa no.
La realidad animal de su entorno encendió sus motores. Nunca tuvieron un plan, todo fluyó. “Entendimos que cuando se trata de ayudar animales no podemos discriminar a ninguno. Todos son iguales, solo cambia su anatomía, su tamaño, sus características comportamentales”, dijo Miguel.
Las cabras y los cabros son animales muy curiosos y juguetones.

Las cabras y los cabros son animales muy curiosos y juguetones.

Foto:Archivo particular.

“Entendimos que cuando se trata de ayudar animales no podemos discriminar a ninguno. Todos son iguales, solo cambia su anatomía, su tamaño, sus características comportamentales”.

Ambos sufren cuando hablan de los terneros que son separados de sus madres en las fincas lecheras para vender el líquido. “A las terneras las dejan para que se conviertan en vacas lecheras, cuando son viejas van al matadero, pero los machos llegan allá desde bebés porque no tienen utilidad económica. Hemos hecho un rescate intensivo de terneros hasta de un día de nacidos”.
Pero un día se les había crecido tanto la familia que tuvieron que tomar un predio en arriendo. “Curiosamente era una de las fincas lecheras más tradicionales de la zona. Logramos llegar a un acuerdo con los productores para hacer la transición hacia un santuario. Dos vacas que iban a ser sacrificadas se quedaron también”. Desde el 17 de junio tienen todo el espacio a su disposición, pero para otra causa. Allí ya no hay producción.
El santuario no tiene otra filosofía que la de dejar a los animales a plenitud, que vivan como si los humanos no existieran, que pasten, que tomen agua, que jueguen, que socialicen, que se salgan de la rutina. En el caso de las vacas, no más ordeños, no más inseminaciones, no más separaciones de sus hijos.
Cabras y cabros se acercan a los visitantes esporádicos, se les montan encima, se les comen el pelo, juegan con sus cachos. Les han perdido el miedo a las personas, como Nicolás, un animal que ya sabe que no lo van a matar por no producir leche. No pasa lo mismo con todos porque muchos han llegado maltratados por sus dueños.
De cada rincón del santuario sale un animal. De entre una casita de madera irrumpió un gallo jaspeado de largas patas. Se había vuelto un problema para sus dueños porque siempre se resistió a pelear. En el santuario es un ave pacífica que se deja cuchichear de todos. Otra historia con un final feliz fue la de María Eugenia, una burra que cuando ya no tuvo la fuerza para llevar la carga la iban a sacrificar. Si ya no resistía las cantinas rebosantes de leche, ya no servía para nada. “La recibimos inmediatamente y rápidamente se convirtió en la mejor amiga de Serafín, otro burrito. Con ella la conexión fue inmediata”, contó Nani.
Con el tiempo ya no recibían solo animales de la región, sino que comenzaron a llegar de otros departamentos. Un día llega una vaca de Cali; otro día, un ternero de Neiva, y de Bogotá, cerditos bebés, de esos que compran como minipig y que luego rechazan cuando su tamaño supera las expectativas.
Este conejo llegó al lugar mientras hacíamos la reportería. Tenía una infección en un ojo.

Este conejo llegó al lugar mientras hacíamos la reportería. Tenía una infección en un ojo.

Foto:Hector Fabio Zamora

Todos los animales son alimentados con pastos de la mejor calidad y se van rotando en los espacios a medida que crece hierba fresca, rociada por las lluvias diarias que caen sobre el santuario. Eso sí, como en los peores tiempos del covid, cada animal que llega debe hacer cuarentena para no afectar a la manada. “Nunca pensamos en que no vale la pena, siempre deben tener una oportunidad”.
Y ni que hablar de los perros. Ya conviven con unos 40 y solo hay separados de la manada cuatro pitbulls que llegaron siendo animales maltratados y, por ende, gresivos con la raza humana. “Les iban a hacer eutanasia y, pues, ahora estamos trabajando con ellos”.
En total hay 90 bovinos, ocho equinos, entre cabras y ovejas hay 30, y además, cinco cerdos. “Pronto de Pereira va a llegar una cerda, y de Manizales, diez”, contó Miguel. En el santuario todos ayudan, Albeiro Chaparro y su familia, el médico veterinario Carlos Mario Jaramillo, la veterinaria Laura Balcázar y otros que se han querido sumar a la causa.
La meta es consolidar un proyecto de ecoturismo, que el santuario sea sostenible y que genere ingresos para que más animales puedan ser auxiliados y quizás lograr una cadena en todo el país. “No es fácil, pero queremos que dejen de ver a los animales como toneladas de carne, huevos o cuero. En La Calera, el 95 % de los potreros son lecheros, están registrados unos 12.000 bovinos, pero debe haber muchos más. Unos 10.000 terneros nacen al año, y si la mitad son machos, significa que 5.000 son enviados al matadero. Es un problema sin fin y un reto para nosotros”, contó Miguel.
Los cerdos suelen ser abandonados cuando comienzan a crecer.

Los cerdos suelen ser abandonados cuando comienzan a crecer.

Foto:Hector Fabo Zamora

En este lugar, la convivencia es tan estrecha con los animales que es fácil saber que las vacas dominan a los toros, que los cabros son necios y curiosos, que las gallinas son sentimentales, que algunos burros arman el desorden en la manada.
Mientras nos despedíamos llegó un conejo. Lo trajo Jaramillo, quien apoya la causa. “Tiene una infección en un ojo y se contaminó. Me pidieron que lo sacrificara, no sabían qué más hacer, pero él todavía tiene muchas posibilidades de vida. Lo vamos a tratar y va a vivir cuanto él quiera”.
La vida reina en este lugar, pero también la muerte, esa que llega de forma natural, sin traumatismos, sin sustos, esa muerte que llega como un suspiro, un punto final. A cada animal que parte se le hace un entierro, se convierte en suelo fértil, en un recuerdo feliz, uno para siempre.
Los burros suelen ser llevados al matadero cuando ya no resisten más ser animales de carga.

Los burros suelen ser llevados al matadero cuando ya no resisten más ser animales de carga.

Foto:Hector Fabio Zamora

¿Se puede ayudar? 

Se acaba de lanzar una campaña de crowdfunding en Vaki, una plataforma de recaudación de fondos colombiana:  https://vaki.co/es/vaki/santuarioanimalnamigni, para recaudar $95.000.000 para jubilar 29 vacas y 3 terneros machos. También se puede donar comida, medicinas y, en general,  cosas útiles para la manutención de los animales.
CAROL MALAVER
SUBEDITORA SECCIÓN BOGOTÁ
*Escríbanos a carmal@eltiempo.com  si usted tiene otra historia sorprendente con animales. 
Carol Malaver
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