El discurso de Claudia / Voy y vuelvo

El discurso de Claudia / Voy y vuelvo

El discurso de la nueva alcaldesa de Bogotá resaltó por su franqueza.

Claudia López

Claudia López, en su posesión como alcaldesa de Bogotá.

Foto:

Mauricio Moreno / EL TIEMPO

Por: Ernesto Cortés Fierro
04 de enero 2020 , 09:03 p.m.

El discurso de casi una hora de Claudia López durante el acto de posesión como alcaldesa esta semana, en medio de un sol vibrante, típico de comienzos de año, tuvo muchos y muy variados mensajes. Todos ya comentados y, en general, aplaudidos, incluso por quienes no votaron por ella. En algunos apartes resultó conmovedor, especialmente cuando se refirió a los tiempos de una nueva generación que hoy pide “ser parte de” y no “una más” del montón; una generación que a través de ella espera finalmente verse incluida en un proyecto de ciudad y de país.

Claramente, la nueva alcaldesa va por las causas que hoy enarbolan jóvenes, mujeres y grupos sociales como los ambientalistas. De ahí que buena parte de su discurso haya estado dedicado a este aspecto, de principio a fin, diría yo. Su insistencia en proteger recursos como el aire y el agua, en destacar nuestros páramos, abogar por un transporte público menos contaminante, promover el reciclaje, la bici y la caminata es claramente alusión a fenómenos que para las nuevas generaciones resultan vitales, pues son ellas las que pagarán el costo de lo que les heredemos como planeta. Y si consigue que Cundinamarca haga parte de esta obsesión y que el tema ambiental se convierta en una filosofía de vida, habrá conseguido lo impensable. Falta ver qué tanto le copian los municipios de la sabana y hasta dónde estarían dispuestos a ceder la riqueza que hoy obtienen promoviendo megaurbanizaciones y megaindustrias, como lo han denunciado líderes de allí.

Pero lo que realmente quisiera resaltar hoy del discurso de López es su franqueza. En una sociedad acostumbrada a criticar y no reconocer, a insultar hasta herir, a mentir sin ruborizarse y a atrincherarse en posiciones irreconciliables, escudada en ese parlante ponzoñoso de las redes sociales, que alguien con el temperamento de Claudia López acepte que se equivocó y que fruto de sus equivocaciones tuvo que cambiar aun con su entorno más cercano es destacable.

Ella dio a entender que fue en campaña cuando pudo darse cuenta de que su afán pendenciero y su inclinación a no reconocer lo valioso que podían tener sus rivales la estaban llevando por el camino equivocado. Y entonces aplicó la máxima que muchos deberíamos aplicar: “Parar, escuchar, aceptar y corregir”. Y hoy es la alcaldesa de Bogotá.

Para ello no tuvo que aceptar ciegamente otras tesis ni otros planteamientos, no tuvo que vender sus principios a cambio de respaldos políticos (“preferimos perder antes que ceder al chantaje”, me dijo una persona cercana a la actual mandataria en tiempos de campaña), sino que los mantuvo. Otros, en cambio, prefieren seguir cultivando el odio porque se han quedado sin espacio político y necesitan de trinos desafiantes para complacer a su galería y para que los medios no los echen al olvido. El caos es lo que necesitan para pervivir y ya están convirtiendo a Claudia en blanco de sus desafueros, como lo advertí en una columna pasada.

Pueda ser que el tono de Claudia López se mantenga y que no se deje distraer con los botafuegos atrincherados en un pasado violento y polarizante. Por ahora, su discurso luce como la bisagra que se necesita para estos tiempos turbulentos, algo que también deberían estar atendiendo desde el Gobierno Nacional.

El desafío de la nueva mandataria será justamente ese: demostrar que la empatía y la confianza se pueden cultivar, que la generación de la polarización, es decir, la de los jóvenes que hoy pasan de los 20 años, que gritan en la calle y que no han conocido sino dos modelos de gobierno que se detestan a más no poder, puede empezar a tener una visión compartida de ciudad, de futuro, pues de allí saldrán los frutos esperados. Más aún, como también lo dijo la alcaldesa en su discurso: esta segunda década del nuevo siglo parirá los hijos que tendrán la mayoría de edad en los 500 años de Bogotá. No les neguemos el derecho a tener una ciudad a la altura de sus expectativas y de sus sueños.

¿Es mi impresión o... la oposición más radical que le espera a Claudia López vendrá de las propias huestes de los movimientos que la apoyaron?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor jefe EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28
erncor@eltiempo.com

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