Muerte de Ana María Castro, desenredando la maraña de un feminicidio
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Muerte de Ana María Castro, desenredando la maraña de un feminicidio

La justicia da sus primeros resultados diez meses después de que EL TIEMPO publicara esta historia.

Mamá Ana María Castro

Nidia Romero la mamá de Ana María Castro dice que ora por sus victimarios pero también pide justicia.

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Carol Malaver

Por: Carol Malaver
30 de enero 2021 , 06:37 p. m.

“Jamás en mi vida le he deseado mal a nadie y no será este el momento de iniciar, solo quiero justicia. En medio de este dolor oro por los culpables de lo que le pasó a mi hija”.  Este  es el clamor de Nidia Romero, la madre de la joven Ana María Castro, cuyo asesinato, ocurrido el 4 de marzo de 2020, se ha venido desenmarañando esta semana tras varias audiencias.

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El día que EL TIEMPO visitó la casa de la familia, la tristeza se sentía. Sentados alrededor de un comedor nadie entendía por qué alguien habría querido acabar con la vida en una mujer de solo 21 años. Este hogar estaba lleno de recuerdos de la joven.

No pasó mucho tiempo para que este caso conmocionara al país, y mientras eso pasaba, el mayor temor de los allegados de la víctima era que, ante la falta de recursos e influencias, se comenzaran a perder las pruebas que dieran con el paradero de los asesinos.

Por eso la hermana de la víctima y su mamá, Nidia Romero, en medio de sus limitaciones, comenzaron a hacer averiguaciones para desenredar el nudo de confusiones que los había hundido en depresión.

Esa tarde del 11 de marzo de 2020, en medio del llanto, la familia tenía sus sospechas pero no se atrevía a hablar de culpables, siempre han sido muy respetuosos de la autoridad. Solo sabían que el miércoles 4 de marzo, Ana María Castro almorzó en su casa, se arregló, se maquilló y le dijo a su mamá que se iba a encontrar con su amigo: Paul Naranjo.

No era la primera vez que la familia escuchaba ese nombre y hasta se imaginaron que era un pretendiente. La joven le decía a su madre que no se preocupara tanto, que ella era consciente de que al día siguiente tenía que ir a estudiar. “Ella estaba haciendo un curso de maquillaje profesional”, contó Nidia.

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Ana María Castro

Ana María Castro, víctima de feminicidio.

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Archivo particular

Salió de su casa pasadas las 4 de la tarde, y a las 8:56 de la noche, otra vez, su madre le escribió: “Ana, y ¿tú qué?”. Y ella otra vez le contestó: “Mami, no te preocupes que yo voy a ir a estudiar”. “Yo le di cantaleta, le dije que uno no rinde igual cuando está trasnochado, y luego de eso no supe nada más”.

Esa noche Nidia quedó intranquila, a tal punto que alcanzó a hacerle casi 50 llamadas. El celular de la joven estuvo encendido hasta las 9:30 de la mañana del jueves 5 de marzo. Las amigas de Ana María no decían nada, hasta que a las 12:30 p.m. una de ellas contacta a Nidia y le dice que su hija había sufrido un accidente.
Como pudo, la madre desesperada buscó un contacto en la Policía y mientras lo hacía le volvieron a escribir: “Está en el hospital Simón Bolívar”.


Pilar le decía que todo se lo estaba contando un joven de nombre Mateo, que estuvo con ella esa noche. Entonces, su yerno la conduce en moto. Nidia cruza la puerta, busca al encargado, da el nombre y la cédula de su hija y no aparecen registros. Una doctora pasa, ve a Nidia y le dice que ese día estaban atendiendo un cuerpo sin identificar.

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Entonces la mandaron a hablar con un enfermero jefe. Este le dice que la joven había sido remitida del hospital de Engativá a eso de las 4:22 de la mañana y que había llegado a las 5. “Me dijeron que tenía un trauma craneoencefálico severo. En ese momento me dijeron que ella tenía muerte cerebral”.

Nidia entró en shock. “Comencé a gritar como loca. Luego me contaron que la niña había sufrido un paro cardiorrespiratorio, que sus pulmones habían colapsado y que murió a las 11:56 de aquella mañana. Yo, simplemente, enloquecí”.

Y así, con su vida hecha pedazos, le dijeron que debía reconocer a su hija. La tenían envuelta en una bolsa. “Quiero contarles cómo llegó de su fiesta con ‘amigos’. Tenía un golpe terrible en la cabeza y su ojito negro, mi hija estaba muerta”.

¿Qué había pasado con Ana María Castro? La primera vez que Nidia tuvo una versión de los hechos fue cuando habló con Mateo por teléfono. “Me dijo que me hablaba desde el celular de su novia y que todo el accidente había pasado en la calle 80, sentido oriente-occidente, y que él había llamado a su novia para que lo recogiera”. Incluso que tenía la ubicación telefónica.

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Pero el joven no parecía tener claro lo que sucedió. “Primero explicó que él iba detrás del carro en donde se movilizaba mi hija, que era un Kia Sportage negro, y que había visto cuando la botaban del carro.  Luego dijo que ya había recordado que él también estaba dentro del vehículo con Ana María, que presenció una discusión, que los habían bajado y que, al arrancar violentamente el vehículo, la joven había quedado prendida de la puerta y que eso habría generado el golpe”. También le dijo que él se le botaba a los carros para que la ayudaran y que estaba borracho.

Luego de tantas versiones confusas llegó la noticia nunca esperada. “Me dijeron que la niña había sufrido un paro cardiorrespiratorio, que sus pulmones habían colapsado y que murió a las 11:56 de aquella mañana. Yo, simplemente, enloquecí”.

Nidia también conoció el testimonio de una patrullera que vio a la joven recién ocurrió todo. Tardó tres minutos en llegar al lugar de los hechos. “Vio a mi hija tirada en el piso, en la vía, pero cerca del andén, que sangraba por la nariz y por los oídos. Que sus ojos se iban para atrás, que sus piernas estaban dobladas y que notó la delgadez de su cuerpo”.

Comencé a gritar como loca. Luego me contaron que la niña había sufrido un paro cardiorrespiratorio, que sus pulmones habían colapsado y que murió a las 11:56 a.m. Yo, simplemente, enloquecí

La patrullera le dijo que un supuesto testigo aseguró haber escuchado un fuerte frenón y que luego vio cómo tiraron a una joven desde un carro. “Lo que yo no me explico es por qué no, desde ese mismo momento, buscaron el vehículo, lo inspeccionaron, lo inmovilizaron y llamaron a las tres personas que iban con mi hija allí”, se cuestionó Nidia en ese momento.

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La familia pidió con insistencia que buscaran el bolso y el iPhone de Ana María. “Nada de eso me lo entregaron. Me dieron una bolsa roja con su chaleco ensangrentado y luego me la quitaron. Eso hace parte de la cadena de custodia”.

Cuando llegó la ambulancia, la joven todavía tenía signos vitales. A ella se la llevaron al hospital y a Mateo, al CAI de Las Ferias. Se sabe que hasta allá llegaron el padre del joven, enfurecido, y su novia, con quien finalmente se fue.

En ese momento y con todas esas versiones había muchas piezas por reconstruir en ese caso. Nidia sabía que los jóvenes que estaban en el lugar de los hechos, es decir, en el mismo vehículo con Ana María Castro, eran Paul Naranjo (fotógrafo), y Julián Ortegón y Mateo Reyes y que ellos también habían estado departiendo con su hija en un bar ubicado en la calle 116.

Por una compañera de la joven, Paula Andrea Ramírez, que estaba en ese mismo lugar, Nidia se enteró de que aunque ella se ofreció para llevarla a su casa, Ana María fue convencida de subirse a la camioneta de Paul. “Esa niña me dijo que ella también presintió algo y que le dijo a uno de ellos que si le llegaba a pasar algo, lo hacía responsable a él”.

Pronto el caso llegó a oídos de reconocidos abogados y de la fiscalía y por ende los actos urgentes, entrevistas, recopilación de pruebas, en fin, todas las labores de policía judicial iniciales para que un fiscal asumiera el caso y empezará la investigación.  El caso lo asumieron los abogados de la firma De La Espriella Lawyers. 

¿Quién es Paul Naranjo?
Paul Naranjo

Paul Naranjo aun no se ha entregado a la justicia.

Foto:

Carol Malaver

No pasó mucho tiempo después de la publicación de esta denuncia en EL TIEMPO para que Paul Naranjo y su familia decidieran dar su versión de los hechos. En una plazoleta de un centro comercial le dijo a este medio: “Yo no maté a Ana María Castro, soy inocente”.

El joven llegó con su madre, su hermana y su abogado, visiblemente preocupados. Se sentó, pidió algo para tomar y comenzó su relato.

Según su apoderado, Carlos Alberto Rivera Mora, quien representaba al joven en ese momento, su defendido conducía la camioneta en la cual se movilizaba Ana María Castro el día que murió pero aseguró que su cliente era inocente y que no había tenido nada que ver con la muerte de la joven de 21 años.

Paul aceptó ese día que se encontraba en Plaza México el día miércoles 4 de marzo a las 9:30 de la noche. Contó que antes del encuentro se comunicó con Ana María Castro y que le preguntó dónde estaba. “Ella me dijo que fuera y que nos tomáramos algo, que hablaríamos. Nosotros nos conocimos hace seis meses en un bar de La Sabana”, contó. Tenían una relación que superaba la amistad y con sentimientos involucrados. “Nos dábamos besos y abrazos”.

Sin embargo, dijo, esa noche le dijo a Ana María que él estaba con un amigo llamado Julián Ortegón y que si no había problema en que fuera con él al sitio en donde se llevaba a cabo su reunión. Ella le respondió que no había inconveniente, pero le advirtió que estaba con un grupo de amigos que incluía hombres y mujeres. Departían en el bar Cantina, Plaza México, en el norte de Bogotá.

Entonces, Paul dijo que se dirigió al sitio con su amigo a eso de las 11 de la noche y, ya en el bar, pidió una botella de aguardiente. “Le dije a mi amigo que yo no podía tomar porque manejaba, pero le recibí un par de tragos y una cerveza, no más”. Ana María estaba en compañía de una amiga y tres hombres, entre ellos Mateo Reyes.

Mientras están todos en el plan de fiesta, Paul se da cuenta de que Ana María le da un beso a Mateo en la boca. “Entonces me dio mal genio, tristeza, y le pedí respeto. Le dije que para qué me había llamado si era para que la viera darse besos con otra persona. Yo estaba muy ‘encarretado’ con ella. Había cariño de mi parte”.

Rivera dice que su cliente y su amigo Julián son de contextura baja, mientras que Mateo es alto y fornido. “Por eso, mi defendido le dice a Julián que mejor se fueran para evitar problemas”.

Entonces, contaron ellos, los dos amigos bajan al parqueadero de Plaza México de la 116, a eso de las 11:50 de la noche, y cuando se disponen a prender el carro, a los cuatro minutos se dan cuenta de que Ana María arriba al mismo lugar con Mateo.

“En ese momento vi a mi amiga forcejeando con él. No la quise dejar sola porque ella me había dicho que no tenía plata”, recordó Paul. Luego, Julián se baja de la camioneta, le dice a Ana María que quieren llevarla a la casa, y ella acepta pero con la condición irse con Mateo. Supuestamente decía que eran amigos de años y que no quería dejarlo solo.

Entonces Paul contó que Mateo se subió en la parte de atrás del vehículo pero que, al mismo tiempo, decidieron todos bajarse otra vez y entrar de nuevo al bar. “Es que Ana María me dice que no se quiere ir para la casa, que sigamos rumbeando”, dijo Paul. En el lugar están unos diez minutos más, y cuando el joven la va a buscar no la ve. “La encontré con su amiga Paola afuera del local. Ella la estaba convenciendo de que se fueran para el negocio de al lado”.

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Entonces el joven fotógrafo se va detrás de Ana María y le dice: “¿Vas a estar conmigo o te vas para otro lado? dime de una vez”. Ella, ya tomada, contaron, se aleja a hablar con otras personas. En otro lugar se encontraba Mateo con Julián tomándose unos tragos de aguardiente.

Paul contó que cuando regresó a donde su amigo le dijo que se fueran todos a la tienda de enseguida porque Ana María estaba allá con más gente. “Y ahí nos quedamos media hora más”.

Recordó además que en ese momento Ana María ya estaba muy tomada y decía cosas incoherentes. “Le dije que nos fuéramos, que rumbeáramos en otro lado, y mi amigo nos invitó a un apartamento que él tiene detrás de Titán Plaza, por los lados de la 80. Que podíamos comprar algo de trago ya más tranquilos”.

La joven acepta y le dice a Mateo que sigan la rumba. Otra vez, los cuatro se suben a la camioneta de Paul. “Cuando Ana María se está subiendo a mi carro, una amiga suya la ve y le grita a Mateo que él responde por ella. Él le dijo que sí”. Entonces el carro arranca, y la ruta que cogen es calle 116, autopista Norte, calle 100, calle 68 y calle 80 para llegar detrás de Titán Plaza.

Cuando Paul va en la calle 68 con 80 mira por el retrovisor del vehículo y ve que Mateo está tocando a Ana María y que se besan. “Me dio mal genio. Les dije que qué les pasaba y que si tenían mucha calentura que se fueran para un hotel”. Según Rivera, los jóvenes hicieron caso omiso y siguieron actuando de la misma manera.

Entonces, en ese momento, la versión de Paul es que orilló su camioneta cerca de la calle 68 con carrera 80 y que Julián se bajó, les abrió la puerta de la camioneta y los sacó a los dos del brazo. “Mateo le reclamó a mi amigo Julián, hubo un empujón y luego, él se subió al carro y nos fuimos”.

Julián y Paul llegan al apartamento, compran vodka, toman y a las 3:30 de la mañana se van para otro bar que se llama Cielo, en Chapinero. A las 6 de la mañana vuelven al apartamento. “Luego me fui para mi casa”, dijo en ese momento.

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Todo se complicó, dijo Paul, cuando, a eso de las 11:30 de la mañana, lo llamó una amiga para contarle que Ana María había aparecido muerta. “Yo no lo podía creer, entré en shock. También me trastornó que desde ese día me empezaron a amenazar a través de las redes sociales. Me decían asesino, que me cuidara, que me iban a picar por pedazos, que ya sabían en dónde vivía mi familia”. Paul es fotógrafo de modelos y decía en ese momento que le habían cancelado trabajos desde que el hecho se volvió mediático.

Ana María era una joven llena de proyectos. Estudió para ser auxiliar de enfermería, había hecho un primer semestre de Psicología y también ingresó a estudiar maquillaje profesional. “Queríamos que se fuera a estudiar a Estados Unidos, pero esos planes murieron en medio de una fiesta”, dijo Nidia.

¿Qué pasó diez meses después?

Diez meses después de que el caso de la muerte de Ana María Castro se volviera mediático las pruebas fueron revelando, poco a poco, qué fue lo que realmente pasó.

La joven tenía un trauma craneoencefálico severo, asociado a un edema cerebral con hemorragia. También una fractura en la base del cráneo que, en conjunto, le produjo la muerte tres horas después. Según Medicina Legal, las heridas fueron ocasionadas con un objeto contundente.

El primero en ser capturado por las autoridades fue Julián Valente Ortegón Mosquera, quien iba como copiloto en el vehículo en el que le habrían ocasionado las heridas a la víctima.

En la audiencia de imputación de cargos contra este hombre, el delegado de la Fiscalía lo acusó de ser el presunto coautor del crimen. Según contó, junto a Paul Naranjo, el joven que iba manejando el carro, que sería de su hermana, se reunieron con Ana María y Mateo Reyes en una discoteca.

Julián Ortegón

Julián Ortegón es el primer capturado por este caso.

Foto:

Archivo particular

Todo parece indicar que Mateo fue expulsado del carro mucho antes de la tragedia, es decir, que Ana María permaneció dentro el vehículo en estado de indefensión luego de haber consumido alcohol.

Luego se habría presentado una pelea en el automóvil que terminó en su trágica muerte. La joven mujer fue abandonada en la calle 80.

No obstante, durante la audiencia de imputación de cargos la defensa de Ortegón pidió que se declarara ilegal la captura de su cliente argumentando que esta se hizo como si se tratara de una captura en flagrancia.

Pese a esto,  este joven de 22 años fue capturado el 22 de enero del 2021, mientras se encontraba en un establecimiento comercial en el barrio El Retiro, en la carrera 14 con calle 83, donde laboraba. Se niega a aceptar los cargos.

Luego de que la Fiscalía  imputó cargos por feminicidio agravado en calidad de coautor en contra de Julián Valente Ortegón Mosquera, como uno de los presuntos coautores del feminicidio de Ana María Castro Romero, el juez 33 penal municipal, con función de control de garantías de Bogotá, le impuso medida de aseguramiento en centro de reclusión.

Según la Fiscalía,  la noche del 4 de marzo de 2020, la víctima se encontraba departiendo en un establecimiento comercial, ubicado en la zona de los bares de la calle 116 con avenida 19. Sobre las 10 de la noche, un amigo de la joven llegó al lugar y vio que ella estaba con otro hombre; el primero se molestó y esperó a que su amigo Julián Ortegón saliera de trabajar.

A las 11 de la noche, dice la Fiscalía,  los dos últimos entraron al bar donde se encontraba Ana María en estado de alicoramiento. Posteriormente, en la madrugada del 5 de marzo, los dos hombres salen del lugar, junto con Ana María y el acompañante. Todos decidieron ir a continuar tomando en un apartamento en el barrio Pontevedra.

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En el vehículo de uno de los amigos de Ana María Castro iban por la calle 80, alrededor de la 1 y 30 de la mañana, cuando el conductor notó por el espejo retrovisor que la joven y su acompañante inicial se estaban besando, este al parecer se disgustó y detuvo el vehículo para que se bajaran.

Sin embargo, se conoció que el amigo de la mujer habría sido sacado del carro, mientras que a Castro, se presume, la arrojaron del mismo.

En la caída recibió golpes traumáticos. De acuerdo con testigos de los hechos, se vio cómo la joven se salía del carro y caía al suelo, como si fuera “un muñeco de trapo”. La mujer fue trasladada al Hospital de Engativá y, posteriormente, al Hospital Simón Bolívar, donde falleció por el politraumatismo contundente que había tenido.
La joven entró a las instituciones médicas sin documentos, ya que estos se habían quedado en el vehículo que la transportó.

Y mientras se esperaba que Paul Naranjo, el presunto segundo implicado en el crimen se entregara, Carlos Rivera, su abogado le confirmó a EL TIEMPO que renunciaría esta semana  a su defensa argumentando malos tratos y palabras soeces.

En conversación con este medio dijo que la madre del implicado lo trata con irrespeto cuando este ha tenido que responder a las preguntas de los medios en un caso que ha atraído toda la atención mediática.

También confirmó que se pronunciará con más detalles sobre las razones de su decisión y que eso lo hará en su momento. Días antes de esta decisión había dicho que su cliente, quien seguía defendiendo su inocencia y su versión inicial, se iba a entregar en la CTI de Montevideo para su legalización de captura, luego someterse al debido proceso y a un juicio para demostrar que no participó en el crimen pero esto nunca se dio. Al cierre de esta edición seguía prófugo de la justicia.

Naranjo es buscado por las autoridades pues es la persona que iba conduciendo el vehículo del cual la joven cayó de forma violenta. Ya hay orden de captura. "Yo espero que se entregue antes del mediodía porque ya sería una burla a la justicia y el honor a la verdad. Yo como abogado no me presto para ese tipo de juegos".

Todavía hay piezas por encontrar en este caso. Se espera que en los próximos días se sepa de una vez por todas qué fue lo que pasó con el celular de Ana María Castro, quién la empujó del carro en el que era movilizada y qué papel jugó cada uno de los involucrados. Por lo pronto,  los videos revelados evidencian el estado de indefensión en el que se encontraba Ana María antes de morir.

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CAROL MALAVER
SUBEDITORA BOGOTÁ
Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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