‘A los ‘pilos’ y Generación E no se les debería cobrar por retirarse’

‘A los ‘pilos’ y Generación E no se les debería cobrar por retirarse’

Alejandro Gaviria, rector de la Universidad de los Andes, habló con EL TIEMPO.

Cinco ideas de Alejandro Gaviria en la U. de los Andes

Cinco ideas de Alejandro Gaviria en la Universidad de los Andes.

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Universidad de los Andes

Por: Ernesto Cortés Fierro
23 de diciembre 2019 , 11:03 a.m.

En vísperas de Navidad, Alejandro Gaviria hace un balance de lo que ha sido el trasegar de la Universidad de los Andes en búsqueda de dar cumplimiento a dos de sus principales postulados: conseguir la excelencia académica a través de los mejores estudiantes, y contar con una comunidad cada vez más diversa.

En diálogo con EL TIEMPO, también se refiere a los ajustes que traerá el programa de becas Quiero Estudiar y a la última estrategia que ha arrojado resultados positivos: Pa’ lante Caribe y Pa’ lante Pacífico.

¿La excelencia siempre ha sido un objetivo de la universidad?

Siempre ha estado enunciado y ha tenido sus más y sus menos. Pero el objetivo de atraer buenos estudiantes se ha cumplido. La universidad desde muy temprano logró consolidar una reputación de excelencia académica. García Márquez vino aquí en el año 54, en ese momento la universidad ya tenía una buena reputación. Incluso, fue capaz de traer a un rector como Alberto Lleras.

¿Lo de la diversidad cuándo se acentúa?

En los años 90 pasa algo complejo y es que las matrículas se vuelven una sola. El tema de pagos diferenciales por nivel de ingreso y la declaración adjunta se acaba. Eso lleva a una transformación de la universidad. En ese momento, la excelencia académica se afianza, pero la diversidad se pierde un poco. Y yo creo que aquí debe estudiarse una respuesta institucional para recobrar el deseo de ser excelentes y, al mismo tiempo, diversos. Ser Pilo Paga y Generación E, que es del gobierno actual, han tenido un impacto que no se había logrado en el pasado. A esta universidad van a entrar entre 1.300 y 1.600 personas en enero. De ellas, un poco más del 30 % no paga matrícula.

De ese 30 %, ¿quiénes entran con la beca Quiero Estudiar?

Alrededor de la tercera parte. (El 30 % del 30 %)

¿Hoy cuál es el balance que hace usted de esa beca?

Este programa comenzó en el 2006. En total han sido 2.134 beneficiarios, de los cuales se han graduado poco más de 1.000 estudiantes. En este momento hay 736 matriculados en el programa. Esta iniciativa ha crecido en los últimos años con dos proyectos regionales llamados Pa' lante Caribe y Pa' lante Pacífico.

¿Esas iniciativas son una extensión de Quiero Estudiar?

Uno podría decir que son una extensión, pero la contabilidad está separada, porque tienen fuentes de financiamiento particulares. Tienen un fondo específico.

¿Cómo se financia Quiero Estudiar?

Se financia en buena medida con recursos de donación y con recursos propios de la Universidad de Los Andes.

¿Y los recursos de las iniciativas regionales?

Pa' lante Caribe y Pa' lante Pacífico han obedecido a campañas muy específicas y cada una tiene su fondo aparte. También tienen recursos de donaciones, pero son distintas a la beca Quiero Estudiar.

¿Los estudiantes que se gradúan con la beca Quiero Estudiar deben retribuir de manera voluntaria un porcentaje de dinero después de graduarse para apalancar a otros estudiantes?

Hace unos años, la universidad comenzó lo que podríamos llamar un experimento social, de la mano del rector anterior, Pablo Navas. Se hizo un convenio de reciprocidad, que tiene como objetivo promover una cultura de la solidaridad. Hoy a los estudiantes les hacemos una presentación aquí y ellos firman un convenio voluntario, sin cobros coactivos ni documentos jurídicos ni embargos. La idea del convenio es que, quienes puedan, retornen hasta el 20 % de sus ingresos por un período de tiempo, que en la mayoría de los casos es de diez años.

¿Las iniciativas de Pa' lante Caribe y Pa' lante Pacífico tienen el mismo objetivo?

Sí, es el mismo. Pero nos dimos cuenta de que las reglas de juego de este programa (beca Quiero Estudiar), que tiene una entrada muy competitiva, no estaban siendo equitativas con las regiones. Aquí no estaban llegando estudiantes ni del Pacífico ni del Caribe.

Entonces, el profesor Juan Camilo Cárdenas, de la Facultad de Economía, dijo que necesitábamos traer estudiantes de la región Pacífica, que no estaban llegando de manera espontánea. Para resolver eso, establecimos el programa Pa' lante Pacífico. Eso incluyó un cambio en las reglas de juego: nosotros teníamos que pedir puntajes más bajos que en la beca Quiero Estudiar y tuvimos que ir a las regiones. Hablamos con los rectores de los colegios, motivamos la gente y les comunicamos que esto estaba disponible.

Además, tenemos que plantear una estrategia de acompañamiento más compleja con las personas de las regiones. Debemos ofrecer al menos dos años de vivienda universitaria y recursos adicionales. Tenemos que acoger en la comunidad a los estudiantes y trabajar para contrarrestar las posibles vulnerabilidades que se desprenden del aislamiento social de algunos de ellos. Esto no es solo un programa de becas, es un programa de acompañamiento integral.

¿Los beneficiarios de Pa' lante Caribe y Pa' lante Pacífico también entran en la dinámica de contribución voluntaria después de graduarse?


En principio, también entran ahí.

¿Qué pasa en caso de que uno de estos estudiantes no honre esos compromisos?

Le quiero contar una anécdota. Cuando yo llegué a la universidad recibí un correo de un padre de familia que vivía en Cartagena. Me decía que su hijo había formado parte del programa Quiero Estudiar y por distintas razones académicas se retiró y ahora era un deudor de la universidad. Ahí me di cuenta de que había un problema de diseño. Desde hace tres meses dejó de ser así.

¿Ya no hay una sanción por retirarse antes de tiempo de la universidad?

Ya no hay ningún tipo de sanción. Ahí había un tema muy complicado para algunos de los estudiantes. Fue casi que un error involuntario. Los jóvenes pasaban por esta universidad con el temor de que si no podían concluir el programa, estaban poniendo en riesgo su patrimonio familiar. También hay algo que les preocupa y esa es una conversación que yo quisiera tener con la ministra de Educación: si un joven deserta de los programas Ser Pilo Paga y Generación E, hay un cobro y esa es una vulnerabilidad muy grande.

¿Usted le va a pedir a la ministra que revise eso?

Sí. Yo creo que no se les debería cobrar. Pienso que hay una vulnerabilidad de estos muchachos y se les inflige una presión adicional. Ellos son un ejemplo para su comunidad. Los estamos presentando ante el país como los jóvenes que están dejando atrás un origen socieconómico desfavorable. Yo creo que con esa presión es suficiente. Pero si su vida académica no es lo que esperaban y tienen que adquirir una deuda, eso es terrible. Es cierto que estamos hablando de recursos públicos, pero tenemos que lidiar con los riesgos de disuasión de otra manera más inteligente que no sea dejar que esos muchachos lleven una carga que es insoportable desde cualquier punto de vista. Pensar eso es casi hacer un diseño humanitario de los programas.

¿Usted apoyaría una iniciativa que permitiera que los estudiantes que no se sintieron bien con un programa cambiaran de carrera a mitad del camino?

Con la beca Quiero Estudiar lo pueden hacer. Esta es una universidad que ha propiciado el autodescubrimiento. El espíritu de la Universidad de los Andes es ese. Ser Pilo Paga y Generación E se deben manejar con cuidado porque se financian con recursos públicos. Esa posibilidad de ensayar, errar y cambiar de opinión es más compleja porque implicaría que van a pasar en la universidad más de cuatro años y ese tiempo extra quedaría sin financiamiento. Aún no se ha resuelto ese punto. Ojalá pudiéramos decirles a los estudiantes de Ser Pilo Paga y Generación E que si se demoran más semestres por cambiar de carrera, nosotros asumimos el costo adicional de lo que no cubre el Estado. Yo todavía tengo que discutir ese tema con el comité directivo y las autoridades de la universidad.

¿La Universidad de los Andes está dispuesta a discutir eso?

Sí. Mejor dicho, eso es lo que yo quiero hacer.

¿En los Andes hay un límite de estudiantes que pueden acceder a becas y programas como Ser Pilo Paga y Generación E?

Sí, hay un límite, pero aún no se ha llegado ahí. Aún tenemos capacidad de acoger más gente. Paradójicamente, las universidades tienen un problema de inscripciones y admisiones. Nosotros casi batimos un récord para el primer semestre del 2020. Estamos admitiendo 400 estudiantes más que en el mismo período del 2019.

¿Cómo hacen para mantener la excelencia cuando no todos los estudiantes que ingresan manejan un segundo idioma o tienen un nivel académico alto?

La universidad se ha preparado para eso. Es un reto para todos, pero ya llevamos cuatro años asumiéndolo. Hemos sido exitosos. El tema del idioma es complicado porque, por ejemplo, hay grandes diferencias entre los estudiantes que vienen de colegios que tienen un calendario B y los demás. Pero estamos haciendo un esfuerzo importante. La universidad está siendo capaz de atender cuatro frentes al tiempo: remediar los problemas que vienen de la educación secundaria, enseñar un segundo idioma, promover una educación liberal que vaya más allá de su disciplina particular y enseñar las materias específicas de su programa de estudios. Yo les digo a los profesores, y a todo el mundo, que lidiar con un muchacho que viene de un colegio bilingüe de Bogotá, con las mejores notas y que sacó 430 en el Icfes es muy fácil. Él aprende solo. Nuestro gran aporte a la sociedad está con los estudiantes que vienen menos preparados y que son más vulnerables.

Ha funcionado, porque el nivel de deserción de estos muchachos es bajo.

Así es. El nivel de deserción en educación superior en Colombia está cerca del 50 %, pero el de estos estudiantes está por debajo del 20 %.

Con todo esto, que es casi una revolución, ¿cree que hay que empezar a quitar el apelativo de 'universidad de élite'?

No queremos ser solo una universidad de élite. En mi discurso de grado dije una frase medio provocadora: queremos ser una universidad que forme a las élites, pero que también sea capaz de criticarlas. Esta es una universidad mucho más diversa de lo que la gente cree, en la dimensión socioeconómica y en la dimensión ideológica. Aquí se recogen muchas voces de gente que piensa distinto. Quiero contarle otro experimento que hicimos: para ser beneficiario de Quiero Estudiar había que tener un puntaje alto. Yo pensaba que esa meritocracia sin grietas no me gustaba, porque en el fondo estábamos comparando cosas que no se deben comparar. No estábamos siendo del todo equitativos. Entonces, hicimos un experimento con unos pocos estudiantes. Los comparamos con alumnos de su propio colegio, no con el resto de jóvenes. Yo fui a la institución educativa de los inscritos y conseguí información de todos sus compañeros. Detectamos algunos estudiantes que estaban dos o tres desviaciones estándar por encima de los puntajes de su colegio y los admitimos, así no fueran los mejores de los mejores. Los calificamos por el puntaje relativo, no por el absoluto. Resulta que había un estudiante, por ejemplo, de Vichada, que en su colegio particular había sacado un puntaje que era excepcional en ese contexto. Él antes no clasificaba en la beca, pero lo seleccionamos y lo trajimos. Ahora tenemos 15 estudiantes que escogimos de esa forma. Son pocos por ahora. Tenemos que pensar que en nuestras reglas de admisión había un elemento que contradecía ciertos criterios de equidad. Y eso está empezando a cambiar. Yo he dicho que soy un tradicionalista. Todavía sigo creyendo que para cambiar el mundo hay que entenderlo.

La realidad de los jóvenes hoy es que están saliendo de las universidades a devengar unos salarios que escasamente les alcanzan para vivir, ¿es esa una barrera para todas estas iniciativas?

Sí, yo creo que tenemos dos retos en esa materia. De entrada tenemos el desafío de las becas y de que los estudiantes se gradúen. El otro desafío es el clasismo que existe en nuestra sociedad. Debemos lograr que estos muchachos, que no tienen una red de contactos y que no tienen el mismo capital social de otros estudiantes, puedan conseguir buenos trabajos.

¿La universidad debe contribuir a eso, como ocurre en otros países?

Tiene que hacerlo. Hay que proveer una inserción laboral adecuada, si no, la tarea queda a medio hacer. Es cierto que estamos viviendo en una época en la que el mercado laboral está cambiando, pero yo creo que los estudiantes están interiorizando eso. Es algo que se ve un poco en estas manifestaciones plurales. Hay unas que, en el fondo, son protestas que tienen que ver con este futuro incierto.

¿Qué es lo que usted pretende con la Cátedra Abierta en Sostenibilidad?

Yo creo que el gran desafío de nuestros tiempos es el cambio climático. Es un reto ético, que implica modificaciones en el comportamiento y que requiere de una toma de consciencia por parte de la sociedad. Lo que pretendemos en la universidad es ayudar a esa toma de conciencia. Vamos a empezar con una primera lección de Cristian Samper, un colombiano que es experto en temas de biodiversidad. Estuvo en Nueva York, en el Instituto Smithsonian. Ahora hace parte de una fundación de conservación muy importante. Vamos a hablar sobre la evidencia del cambio climático. Abordaremos el tema de la agricultura, los ecosistemas terrestres y marinos. Para no caer en el catastrofismo, también vamos a hablar de las salidas. Esta cátedra va a estar abierta a toda la sociedad. Nos pasó algo rarísimo, ese auditorio tiene capacidad para 800 personas y en dos horas se llenó. Además, la cátedra la vamos a transmitir por streaming.

¿Va a ser solo acerca de este tema o usted aspira a hablar de otros asuntos después?

Sí. Serán siete cátedras magistrales y, paralelamente, queremos hacer una sobre temas nacionales: reforma pensional, desigualdad, el sistema tributario actual. Creo que tenemos una responsabilidad como universidad: pasar de la emotividad colectiva y de la fiesta en la calle a las propuestas concretas es difícil, pero debemos estructurarlas si queremos llegar a una sociedad distinta.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe
EL TIEMPO
Twitter: @ernestocortes28

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