Los golpes de Garbiñe Muguruza

Los golpes de Garbiñe Muguruza

En el 2017, la tenista logró el sueño de toda su familia: ser la número uno del mundo.

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Aunque compite por España, asegura que a donde va representa también a su país natal, Venezuela.

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James Rajotte

Por: Sebastián Heredia
29 de julio 2020 , 07:00 p.m.

Han pasado 23 años desde ese día en el que Garbiñe Muguruza recibió por parte de sus padres una raqueta de tenis que, al día siguiente, arrastró por el Club Mansión Mampote en Guarenas, Venezuela, para buscar al entrenador de sus hermanos (Asier e Igor) y para preguntarle a media lengua: “¿Cuándo puedo jugar?”. Tenía tres años y quería jugar al tenis, no por una atracción hacia ese deporte, sino por una devoción hacia sus dos hermanos mayores.

A Garbiñe solo la dejaron entrar a practicar 2 años después (a los 5 años) e inmediatamente la conexión con el tenis fue total. A los pocos meses, ya había ganado su primer torneo en el club, que la hizo merecedora de un diploma con el que posó para las fotos, con esa sonrisa tan suya, que hasta el día de hoy la acompaña en el circuito profesional de la WTA.

De la mano de su padre, José Antonio, su vida tenística apenas comenzaba en las canchas de tenis en Venezuela, cuando llegaron los cambios para la familia. La situación social no estaba fácil en su país y las posibilidades de trabajo en España aparecieron para su viejo. Fue entonces cuando decidieron migrar y establecerse en Barcelona.

Ya radicados en España, los padres de Garbiñe, decididos a que su hija siguiera en la formación tenística, la inscribieron en la ATB (Academia de Tenis Bruguera), considerada una de las mejores 20 academias de tenis en el mundo. Fue ahí donde la nueva joya del tenis español desarrollaría todo su potencial. Según ella, todo empezó como un juego y con el pasar de los años –y de los torneos nacionales– se fue dando cuenta de que había talento y que sobrepasaba a sus rivales de la misma categoría. Fue a los 13 años cuando se dio cuenta de que su vida iba a ser la raqueta. Que estaba por cumplir el sueño que, vaya uno a saber por qué, no se les dio a sus hermanos: el tenis profesional.

Habla con orgullo de su país de nacimiento y añora volver a vivir momentos de su infancia. Sus primos y amigos, a quienes no ve desde hace un buen tiempo, son un grato recuerdo de aquellos momentos felices que vivió en Miranda, al norte de Venezuela, donde nació y vivió cerca de 5 años. Algunas críticas le llegaron al momento de elegir su nacionalidad. El circuito profesional le exigía escoger un país al cual iba a representar y ella eligió España, pero no por nada distinto a las posibilidades de competencia que encontraba allí. Pero siempre ha dejado claro que cada vez que compite representa a los dos países y que su relación con Venezuela siempre existirá, y nunca la dejará a un lado y que hará todo lo que esté a su alcance para ayudar a la gente de su país.

Su aparición en el circuito profesional se dio en el 2012. Su fortaleza mental, combinada con un muy buen saque y un juego de fondo constante, llevaron a Garbiñe a llevarse las miradas en ese primer año. Si bien le costó la adaptación, la hispano-venezolana logró cerrar el 2012 entre las 100 mejores jugadoras del mundo.

El 2013 fue un año de contrastes para Muguruza: consiguió su primer título profesional en la modalidad de dobles, en Hobart (Australia), y tuvo muy buenas apariciones tanto en Indian Wells como en Miami. Pero en el verano de ese año sufrió una lesión de tobillo que la llevó al quirófano. “La operación a la tenista Garbiñe Muguruza de una osteocondritis en su tobillo derecho, llevada a cabo por el doctor Juan Carlos Monllau, fue todo un éxito y ahora deberá esperar algunos días para empezar la rehabilitación”, decía el comunicado de la clínica en Barcelona, donde fue intervenida. Fueron 8 meses muy difíciles. Estuvo durante 4 semanas sin apoyar el pie y 6 meses en recuperación.

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Cuando apenas tenía 5 años, sus padres la inscribieron en una de las mejores escuelas de tenis del mundo.

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EFE

Pero, como ella lo dice, volvió al circuito como un tornado. En enero del 2014, logró su primer título en sencillos, en Hobart, justamente donde el año inmediatamente anterior había logrado el título en dobles. En ese mismo año, en su primera aparición en Roland Garros, se enfrentó con su ídolo: Serena Williams. Y en ese primer encuentro Garbiñe se impuso 6-2, 6-2, logrando su primera gran victoria contra la número uno del mundo.

Para el 2015, se encontraría nuevamente con Serena Williams en el Abierto de Australia, donde perdió en cuarta ronda. Pero la vida y el tenis le tenían preparado otro llamativo encuentro frente a la menor de las Williams. La catedral del tenis, Wimbledon, fue el lugar para que Garbiñe disputará su primera final de un Grand Slam, justamente contra la número uno del mundo. Esa vez, la estadounidense se quedó con el título, pero Muguruza alcanzó por primera vez en su carrera el top 3 del ranking mundial y logró cortar una racha de 18 años sin finales de ese torneo para una tenista española.

En el 2016, Garbiñe encontró la revancha contra Serena. El escenario fue el estadio Philippe-Chatrier y en disputa estaba el título del Roland Garros. Ese día, Muguruza se impuso con un contundente 7-5, 6-4, rompiendo así otra mala racha para el tenis español: 18 años sin títulos grandes en la rama femenina.

Su segundo título grande llegó en el 2017. Wimbledon, donde ya había perdido una final, le devolvía la oportunidad de conseguir ese anhelado título. En frente, Venus Williams, a quien venció 7-5, 6-0, para ubicarse por ese año en lo más alto del tenis femenino mundial, además de conseguir un título que solo había logrado obtener otra española, ‘Conchita’ Martínez, quien es hoy su actual entrenadora.

Los años 2018 y 2019 no fueron los mejores para Garbiñe. Es consciente de que no fue fácil asimilar los triunfos y mantener el nivel. Su relación con su anterior entrenador, Sam Sumyk, se fue desgastando y decidió darla por terminada para buscar nuevas formas de trabajo. Su ranking cayó del 2 al 36, pero supo mantenerse en la elite de un deporte muy competitivo como es el tenis femenino. En octubre del 2019, anunció a ‘Conchita’ Martínez como su nueva entrenadora, quien le ha dado un nuevo aire al juego y a la carrera de Garbiñe, tanto que para inicios de este año logró la final de Australian Open, donde cayó con Sofia Kenin, pero demostró que está decidida a retomar el nivel que la llevó a lo más alto del escalafón mundial.

Mientras vuelve a la actividad profesional, a la espera de que la pandemia lo permita, Garbiñe pasa sus días en Ginebra (Suiza), donde reside hace más de cinco años. Y justamente la cuarentena la ha pasado allí. Se lleva bien con su soledad. Asegura que el ritmo de vida le cambió, pero que le vino bien para encontrarse con cosas que van más allá del tenis. Ha perfeccionado sus técnicas de pastelería y hasta se animó a entrevistar a Ricky Rubio –basquetbolista español de la NBA– para sus redes sociales. También publicó su primer artículo para la revista Vogue, con el que quedó muy satisfecha y logró así descubrir otra de sus grandes pasiones: leer y escribir.

¿Quiénes son Asier e Igor, por qué son tan importantes en su vida?
Son mis hermanos. Pero más que eso, como soy la pequeña de la casa, siempre han sido como mis héroes. Todo lo que hacían ellos yo lo quería imitar. Todos teníamos el mismo sueño de jugar tenis profesional. A mí fue a la que se me dio y hoy en día sigo cumpliendo sus sueños. Es una unión muy fuerte.

España es un país con mucha más tradición tenística y la inestabilidad política de Venezuela me generaba algunas dudas. Así que fue un poco encajar esas piezas y me decidí por España

¿Y sus padres?, ¿qué tanta influencia han tenido ellos en su carrera como tenista profesional?
Mucha. Hemos hecho un recorrido muy largo para que yo pueda jugar al tenis. Primero en Venezuela y luego que todos nos hayamos movido a España por el tenis demuestra el interés que había en mis padres porque a mí me fuera bien en este deporte. Fue un sueño familiar y, bueno, acá estoy yo lográndolo.

¿Qué recuerdos tiene de su infancia en Venezuela?
Los mejores. Me hace mucha falta Venezuela. Tengo familia que todavía vive allá. Fui muy feliz y soy orgullosa de haber nacido allá. Tengo muy presente la comida venezolana, la música. Yo me siento muy latina. Recuerdo mucho las tardes en la playa. La verdad, quisiera volver a visitar a mi familia.

¿Es cierto que a los 3 años le regalaron su primera raqueta?
Sí. Y yo iba a preguntarle al entrenador de mis hermanos que si me dejaba jugar. Él me respondió que a los 5 años podría hacerlo y bueno, ahí empecé. Yo siempre quería hacer todo lo que hacían mis hermanos, pero eso era un juego para mí, nada más [risas].

¿Y en qué momento el juego dejó de ser eso, para ser un proyecto de vida?
Cuando tenía como 12 o 13 años. Ahí empecé a jugar nacionales y a competir bastante bien. Les ganaba a las chicas de mi edad y me di cuenta de que tenía talento. Siempre quise ser tenista y realmente ahí fue que confirmé que servía para jugar al tenis.

Usted tuvo un muy buen 2013 y justamente en ese año llegó la lesión del tobillo, ¿cómo fueron esos días?
Para un deportista profesional lo más difícil es estar lesionado. Porque no se puede hacer nada. Y así me pasó. Yo soy muy inquieta y de repente me tocó estar en cama y con una muleta. Además, veía a todas mis compañeras jugando y me frustraba mucho. Fue duro. Y cuando dejas de hacer lo que te gusta, te das cuenta lo mucho que te gusta, y así me pasó a mí, me di cuenta de que mi vida era el tenis.

¿Y cómo volvió después de esa lesión?
Lo primero era volver a sentir yo. Volví con mucha hambre, como un tornado. Para volver a ganar y volver a jugar. Fue emocionante volver al circuito y me tocó un año muy bueno para mi carrera.

Justamente ese año le ganó por primera vez a Serena Williams. Luego, también, perdió una final con ella en Wimbledon. Después hay una revancha de parte suya en Roland Garros 2016. ¿Cómo ha sido esa relación competitiva con Serena?
Pues, es una relación muy competitiva. Para mí, es la mejor jugadora de la historia y es una de las mejores rivales que uno puede tener, porque te hacen sacar lo mejor de tu tenis para poderles ganar. Es una leyenda, y ganarle sí que no ha sido fácil.

¿En qué momento de ese Roland Garros del 2016 se dio cuenta de que estaba por ganar su primer Grand Slam?
Yo había decidido, hace mucho tiempo, no mirar el cuadro de competencia. Eso me generaba mucha ansiedad. Así que desde hace mucho solo pienso en el partido que tengo por jugar. Pero cuando ya es la final es inevitable, así que, a pesar de la presión y el cansancio de todo el torneo, salí decidida a darlo todo y llegó.

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Tiene en su palmarés dos torneos de Grand Slam: Wimbledon y Roland Garros.

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Getty Images

¿Qué recuerdos tiene de ese partido, de esa final con Serena?
Pues tengo un recuerdo muy especial. Roland Garros es un torneo con mucha trascendencia en España, pues se juega en tierra batida y yo me formé como tenista en esa superficie. Así que siempre soñaba con ganar ese torneo. Fue muy especial que haya sido mi primer Grand Slam, encima ese día jugué muy bien a pesar de los nervios y lo que significaba jugar contra Serena.

Devolvámonos un poco en el tiempo. Hay una decisión en su carrera que fue significativa y muy mediática, la de escoger su nacionalidad. ¿Fue difícil decidirse por la nacionalidad española?
Fue una decisión muy difícil. En realidad, me llevó mucho tiempo tomarla. Yo soy y me siento muy latina. Me identifico mucho con los países y fue un poco frustrante tener que escoger. Pero España es un país con mucha más tradición tenística, donde estaban mis hermanos, donde yo estaba entrenando, y la inestabilidad política de Venezuela me generaba algunas dudas. Así que fue un poco encajar todas esas piezas y me decidí por España.

¿Quedan vínculos con Venezuela luego de tanto tiempo?
Sí, muchos. Casi toda mi familia está en Venezuela. Tengo una relación cercana y quiero que siga durante mi vida. Me siento plenamente identificada con Venezuela y a donde voy represento a los dos países, aunque en la televisión solo pueda salir una banderita [risas].

¿Y cuál es su mirada sobre la situación actual en Venezuela?
Es un problema muy complejo de mucho tiempo atrás. Yo sufro mucho por el pueblo venezolano que lleva tantos años pasándolo mal, sufriendo. Y cuando parece que no puede ir peor, va peor. Yo creo que el país está en manos de gente incapaz e incompetente de hacer un buen trabajo y de gobernar un país que tiene todo, riqueza, gente buena. Siento mucha lástima por Venezuela.

Volvamos al tenis. En el deporte profesional se convive mucho con la derrota. Cada semana son más los que pierden que los que ganan. ¿Cómo maneja usted eso en su carrera como tenista?
Eso es para toda la vida. Cuando uno es más joven es mucho más sensible, eso fastidia mucho y duele más. Los años le van enseñando a uno a asimilar mejor las derrotas y a ser más relajada, pero no hay un secreto. Hay que aprender a lidiar con eso. En mi caso, los años me han ayudado. No quiere decir que no me afecte perder, solo que antes me llevaba más días recuperarme; hoy en día trato de pasar la página lo más rápido posible para volver a entrenar.

¿Hay alguna derrota que la haya marcado más que otra? Quizá la madurez ayuda a que no duelan tanto.
Yo creo que las derrotas más duras son las de Grand Slam. Aunque, como tú dices, la madurez me llevó a apreciar esos momentos. Por ejemplo, la de Australia este año fue dura, pero entendí que era un momento especial y que, aunque mi rival mereciera más ganar, no por eso mi torneo había sido malo ni podía dejar de disfrutar estar en un momento mágico como es una final de Grand Slam. También perdí en Wimbledon con Serena, y aunque era mucho más joven, era un poco menos consciente de lo que había logrado.

2016 y 2017 fueron años realmente buenos para su carrera. Pero en el 2018 y en el 2019 los resultados no fueron los mejores, ¿qué pasó en esas dos temporadas?
Sí, realmente esos dos años no fueron igual de buenos que los anteriores. Yo creo que fue de todo un poco. Tuve un éxito en mi carrera muy rápido, muy fuerte. Los objetivos llegaron muy rápido y quizá me costó un poco asimilarlos. Asumir la presión para encontrar mi juego no fue fácil, y por malas rachas creo que pasamos todos. Pero me han servido para cambiar cosas, ver desde otras perspectivas mi carrera para llegar este año renovada y siendo consciente de que hace parte de mi crecimiento profesional.

Serena (Williams) es la mejor jugadora de la historia y es una de las mejores rivales que uno puede tener, porque te hace sacar lo mejor de tu tenis para poderle ganar. Es una leyenda

Se ha hablado mucho de su rompimiento con su anterior entrenador. Ustedes fueron una dupla ganadora. ¿Qué le dejó y por qué terminaron esa relación profesional?
Fueron cuatro años muy exitosos. Gané dos Grand Slams, llegué a ser número 1 del mundo de la mano de él. Pero fue un ciclo que llegó a su fin. Después de tanto tiempo, necesitaba una renovación en la forma de trabajo, quizá necesitaba una voz nueva, energía nueva. Yo quizá también cambié como jugadora y sentí que necesitaba otro tipo de entrenamiento.

En octubre del año pasado decidió nombrar a ‘Conchita’ Martínez como su coach. Ustedes ya habían trabajado antes juntas, pero ¿por qué la eligió a ella justo en este momento?
La verdad es que ha sido una unión muy buena. Ya habíamos trabajado por momentos juntas, pero no acabábamos de coincidir del todo y ahora sí. ‘Conchita’ fue una excelente jugadora y ya por eso ella puede entenderme mucho más como jugadora. No es fácil encontrar entrenadores que puedan entenderte al máximo en ciertas situaciones. Nos entendemos muy bien. Cada vez necesitamos menos palabras para que ella entienda mis situaciones de juego, y eso es una buena alianza.

En la prensa deportiva siempre estamos en una constante comparación de jugadores. Cuando usted irrumpió en el circuito fue inevitable la comparación con Arantxa Sánchez y con ‘Conchita’. ¿Le molestaba?, ¿eso le generó presión a su carrera?
Nunca me molestó, la verdad. De hecho, creo que no hay punto de comparación. Ni en la manera de jugar, ni en la época. Nunca entendí cómo encontraban la manera de compararnos. Somos muy diferentes, pero sin duda era un halago que me pusieran a la altura de ellas dos. En realidad, la presión me la pongo yo, así que no hace falta que la gente me ponga presión [risas].

¿Qué tan perfeccionista es usted?, ¿se da muy duro para llegar al nivel en el que está en el circuito?
Sí, la verdad es que sí. Soy bastante exigente conmigo misma. Entrenar, tener disciplina. Comer bien. Si quiero estar allá arriba y mantenerme, cada día tengo que trabajar más duro y hacer las cosas mejor, y eso solo se consigue con exigencia propia en ciertos momentos de la carrera.

¿Cuál ha sido su mejor momento como tenista?, si tuviera que escoger un partido, ¿cuál sería?
¿Un partido? ¡Uffff! Creería que la final de Roland Garros. A pesar de la presión y de lo que conlleva jugar una final así, recuerdo un nivel de juego y de concentración muy alto. Creería que sí, esa final.

¿Cómo afronta los torneos, tiene algún tipo de ritual?, ¿es cierto que cuando puede usted cocina, hace planes familiares durante la competencia?
Cuando pongo un pie en el club es total concentración. A lo que voy, entrenar, jugar y dedicación total a la competencia. Pero cuando me voy del club y termino la jornada, me relajo. Me permito algo de desconexión, siempre acompañada de mi música, y sí, cocino para mi familia y mi equipo porque el cuerpo y la mente también necesitan esos momentos.

¿Qué opinión le merecen esas críticas que dicen que cuando usted gana es española, pero cuando pierde es venezolana?
Eso va a estar siempre, la gente tiene opiniones fuertes y no puedo hacer nada contra eso. Antes leía y estaba mucho más pendiente de lo que decían, hoy ya no. Con el paso del tiempo me di cuenta de que entre menos leyera, es mejor, porque lo bueno es muy bueno y lo malo es muy malo, y no creo que sea así. Pero me fui formando una piel gruesa y resistente a las críticas. La gente siempre va a tener una opinión y yo no tengo poder en la opinión de los demás, así que me preocupo por trabajar y sentirme bien conmigo misma.

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Sufro mucho por el pueblo venezolano que lleva tantos años pasándolo mal. Yo creo que el país está en manos de gente incapaz e incompetente de gobernar un país que tiene todo, riqueza, gente buena

En los últimos días se ha hablado y se ha dicho mucho sobre el momento que viven la WTA y la ATP. ¿Cree que es momento de que estas dos organizaciones se unan para ser una sola y recortar la diferencia que hay en premios para unos y otros?
Yo creo que el tenis es uno de los deportes en los que los premios están más igualados entre hombres y mujeres. Hay otros deportes en los que la diferencia en salarios es abismal. Esa fusión entre hombres y mujeres me parece interesante, pero no sé qué tanto trabajo conlleve esto. Sería una unión muy llamativa. Si hay algún momento que sea para hacerlo, quizá pueda ser este por todo lo que estamos viviendo.

La gente cree que vivir del tenis es fácil, pero hay una realidad y es la de aquellas tenistas que están por fuera del top 100, que necesitan el día a día de la competencia para poder vivir del deporte. ¿Cree que este sistema de competencia es el adecuado, se puede hacer algo para equiparar las ganancias?
Es una situación compleja. Algunos dicen que si uno juega bien, pues merece mejores premios, y en parte de eso se trata la competición, de premiar a los mejores. Pero sí creo que hay cosas que pueden mejorar en el circuito; es una situación difícil y seguro están trabajando para ello.

¿Por qué hay tantos cambios en el ranking femenino semana a semana? En el ranking masculino llevamos mucho tiempo con los mismos 3, si se quiere 4, tenistas en la cima, ¿cuál es su percepción?
Yo creo que lo normal es justamente lo que pasa en el tenis femenino. Lo normal es que haya mucha gente y que se compita tanto. Lo que no es normal es lo que pasa con los hombres. Que 3 de los mejores de la historia coincidan en la misma época es especial. Que nos haya tocado estos 3 monstruos (Roger, Rafa y Djokovic) en un mismo momento es una locura. Lo normal es lo de las mujeres, la que juega bien suba y la que pierde baja. Serena es caso aparte, una fuera de serie y difícil que alguien pueda hacer lo que ha hecho; pero yo veo que lo de las mujeres es mucho más normal que lo de los hombres.

¿Por qué se habla tanto de la “next gen” en los hombres y en las mujeres no tanto, a pesar que en el top 20 hay muchas caras nuevas del tenis profesional?
Creo que el “next gen” femenino justamente ya está arriba. En los hombres se habla mucho más porque el “big three” ya está pasando los 30, y pues vienen chicos mucho más jóvenes que intentan sacar a estos tres (risas). Y en mujeres, la nueva generación y las de antes están repartidas en el top 20 y por eso no se habla tanto de eso.

Con el embarazo de Serena Williams se dijo mucho sobre cómo debe actuar el circuito profesional frente a ese tiempo en el que se “ausenta” la jugadora, ¿qué opinión tiene acerca de este tema?
No es un tema fácil. Nunca me he puesto a pensar realmente en eso; ya ves las intenciones que tengo de ser mamá por ahora (risas). Creo que hay que buscar un equilibrio, debe haber alguna facilidad para volver al circuito. Pero a la vez, el ser madre es una decisión de cada quien, y también está la que decide seguir compitiendo y trabajando para ganar títulos. Es complejo, porque todas las posiciones tienen razón y a su vez va a haber alguien que no quede contento con lo que se decida.

¿Qué opinión tiene sobre el tenis colombiano?, ¿tiene alguna relación cercana con los tenistas de Colombia?
Pues sí que los conozco bien, sobre todo lo que han hecho Robert y Juan Sebastián; me encantan los dobles. Pero, claro, tengo presentes a Santiago Giraldo, Alejandro Falla, Catalina Castaño, Mariana Duque, y hace poco tuve una charla con María Camila Osorio.

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Para terminar, ¿cómo ha llevado este tiempo de aislamiento en el que no ha habido competencia?
Pues ya ves que muy bien. Me la llevo bien con mi soledad acá en Ginebra. He mejorado muchísimo mi técnica para cocinar postres [risas] y, bueno, para bajar un poco el ritmo de vida, pensar en otras cosas distintas al tenis. He hecho un par de cursos por internet, he leído mucho, he escrito una que otra cosa. Así que ha sido un buen momento para estar conmigo misma, aprovechar y tomar fuerzas para cuando empiece de nuevo la actividad, y esperando poder estar en la gira en septiembre, en Estados Unidos.

POR: SEBASTIÁN HEREDIA
RETRATO: JAMES RAJOTTE
FOTOS: EFE Y GETTY IMAGES
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 97. JULIO - AGOSTO DEL 2020

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