"Señor Moure, señor De Francisco, ¿cuál es la guachafita?"

"Señor Moure, señor De Francisco, ¿cuál es la guachafita?"

BOCAS conversó con una de las parejas más reconocidas de las televisión nacional. 

Moure y DF

Los han etiquetado de irreverentes, groseros, mamertos, quemados e impertinentes. Sin embargo, hay una con la que ellos nunca han estado de acuerdo: con la de humoristas.

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Ricardo Pinzón

Por: DIEGO FELIPE GONZÁLEZ GÓMEZ
24 de septiembre 2018 , 10:11 a.m.

"Desde pequeños, hemos sido perezosos. Mirando la tele, paraíso del ocioso. Y hablar de la gente, que no tiene la menor importancia, no, no. Perdiendo el tiempo, pensando siempre en lo mismo, ya son treinta años perdidooos”. Canción de El siguiente programa. 

Martín De Francisco y Santiago Moure se han dedicado la mayor parte de su vida a mamar gallo, a ponerse de ruana a cuanto personaje se les ha cruzado, a vivir en una guachafita permanente. Los han etiquetado de irreverentes, groseros, mamertos, quemados, impertinentes. Sin embargo, hay una con la que ellos nunca han estado de acuerdo: con la de humoristas. 

Nunca se han creído parte de ese colectivo, es más, nunca han creído que sus programas sean de humor: “Más bien lo nuestro ha sido exponer el personaje que uno es. Yo antes que humorista creo que soy un expositor de lo que me pasa y de mis pendejadas. Lo increíble es que me han pagado por eso”, dice Martín, que cierra esta afirmación con una carcajada. “Yo la verdad no te lo había querido confesar, Martín –dice Santiago–, pero yo tampoco me considero un humorista”. ¿Entonces qué son? Probablemente ni ellos lo saben.

Desde que se conocieron en 1992, cuando Carlos Vives los llamó para que hicieran un programa –que nadie sabía muy bien de qué iba–, sus apellidos se han ido fusionando, a tal punto que es muy difícil imaginarse al uno sin el otro. Hacen parte de esos duetos famosos como Garzón y Collazos, El gordo y El flaco o Batman y Robín. Su trayectoria es larga, han pasado por la televisión, la radio, el teatro y hasta han sido dibujos animados. Todo esto los convirtió en uno de los íconos del humor colombiano: “Nosotros, la verdad sea dicha, siempre hemos buscado el fracaso, pero fracasamos en el intento”, dice Santiago, con su mirada oculta bajo unas gafas oscuras. “Ese ha sido el espíritu de nosotros, la convicción de ser fracasados y gracias a unos muy buenos amigos, hemos podido vivir de fracasar”, complementa Martín. Como un matrimonio conflictivo ejemplar se han separado, se han traicionado, pero siempre encuentran la manera de volver.

Moure y De Francisco se inventaron una forma de hacer humor. Su estilo, que les trajo muchos problemas; entre ellos que les cancelaran siempre sus programas a pesar de su alto rating, marcó a toda la generación que creció en la década de 1990. Programas como La tele, que estuvo al aire entre 1993 y 1995, en el que hacían lo que se les daba la gana como ir a invadir el hotel Hilton, en Cartagena, durante el reinado de belleza luego de que los organizadores los expulsaran, o en El siguiente programa, esa serie de caricaturas que se emitió de 1997 al 2000, donde se burlaban de toda la sociedad colombiana, enanos incluidos, y La tele letal, su nuevo reencauche después de dieciocho años sin tener un programa, han moldeado la forma de hablar de las personas hasta el sentido del humor de sus televidentes.

Moure y DF

Desde que se conocieron en 1992, cuando Carlos Vives los llamó para que hicieran un programa, sus apellidos se han ido fusionando, a tal punto que es muy difícil imaginarse al uno sin el otro.

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Ricardo Pinzón

Sin embargo, detrás de esa fachada de risas y humor se esconden dos personajes que han pasado por depresiones, adicciones y problemas con el alcohol, que encontraron en el humor una especie de refugio y que hicieron suyo ese refrán de “reír para no llorar”. “Yo creo que todo esto de la joda y de querer llamar la atención con eso que algunos llaman humor refleja una cierta insatisfacción con uno mismo. Es, de alguna manera, una forma de buscar la aprobación de los demás. Buscar la risa de los demás tiene que ver con lo inseguro que uno es, o por lo menos así es en mi caso”, dice Martín mientras no deja de mover las manos, de esconderlas, casi como un tic nervioso.

Tras su reencuentro en 2017 sienten que si bien su humor no ha cambiado, el paso de los años se nota más y pega más fuerte. Un amigo de los dos, Rafael Noguera, libretista de La tele y de La tele letal, dice que lo jodido de haber vuelto es que antes ellos se reían de todos los viejos y ahora ellos son los viejos de los que la gente se ríe. Sin quererlo se convirtieron en un referente cultural, en parte de ese ADN del humor colombiano. Sus chistes escatológicos, de los que Martín es todo un teórico, se volvieron en una especie de contracultura televisiva: “La mierda nos ayudó mucho porque era algo muy antitelevisivo y nadie se atrevía a hacer eso. A mí me parece que todo lo que tiene que ver con la porquería humana es muy gracioso. Además, que uno tiene que vivir entre toda esta mierda y como que no reparar en eso, no tiene sentido”, dice Martín mientras vuelve a soltar otra de sus carcajadas. Le huyen a la corrección política y dicen que si se autocensuran es de una forma muy sutil, que si lo hacen es más por un instinto de supervivencia. Llevan más de 25 años de amistad, aunque ahora es mucho menos intensa, menos frecuente.

¿En algún momento se cansa el uno del otro?
Martín: En mi caso no hay tiempo de cansarme de Santiago porque compartimos poco. Realmente hacemos el programa y las cosas que grabamos, pero tenemos vidas aparte. Cada uno tiene sus otras cosas que hacer, Santiago, cuestiones muy profundas; lo mío, más pandito, mucho más epidérmico, más cutáneo, más superficial. Igual es agradable la compañía de Santiago, es divertido, es especial [risas].
Santiago: Yo me he dañado mucho y, la verdad, ya no soy divertido. Antes lo era. Y sí, ahora solo nos cruzamos en las cosas que tienen que ver con el programa…
Martín: Y en la obra de teatro cuando nos toca…

¿Entonces qué los mantiene juntos? Porque no creo que sea solo la plata o los compromisos laborales o ¿sí?
S: La plata cada vez nos distancia más, pero no... Pues es que antes todo fue muy intenso, creo yo. En la primera etapa, cuando hicimos La tele, radio y las caricaturas, fueron unos ocho, nueve años seguidos viéndonos todos los días y era muy intenso todo. El trabajo, la vida y ahí éramos más…, pues no hemos dejado de ser amigos, pero estábamos más tiempo juntos, la rumba también y ya pues pasó.
M: Era una vida distinta, mucho más disipada. Pero pues también valió la pena. Ahora ya hay mucho cansancio y nos limitamos solo de trabajar y esperar que llegue...
S: Esperar que llegue el final; como todo, pero uno ya lo ve tan inminente que ya ni se preocupa.

¿Se quieren retirar ya?
M
: ¿Santiago, vos querés retirarte ya?
S: No sé, me interesa la agricultura ahora. Me interesa que alguien cultive y verlo cultivar. Yo no, yo no voy a aprender. Pero sí una vida más pastoril, más bucólica, de campo, como un señor feudal de una hectárea.
M: Y dejando la semilla regada por los campos, por los andurriales [risas].
S: Mucha marihuana voy a sembrar. Haciendo cremas de marihuana, aceites. Es que es una planta muy benéfica, no solo en lo recreativo. Hay economías muy poderosas en la marihuana, California, por ejemplo.
M: A mí nunca me gustó, pero lógicamente si es medicinal, sí.
S: Es muy buena, te cuento, para las articulaciones.
M: Es que yo camino poco, hago poco ejercicio, necesito poco las articulaciones.
S: Cierto, no las has usado.
M: Yo, en cambio, más adelante, quiero hacer lo que hace Doña anciana en un programa de radio juvenil.
S: No, yo no podría…
M: Yo sí lo puedo hacer: Don anciano en un programa joven…
S: Vas a tener todos los karmas colectivos de los que trabajamos en La tele.
M: Puedo ser una amalgama entre Cerdo y Doña anciana, en un solo anciano.
S: Una vaina atroz, un basilisco, una gárgola del entretenimiento. Yo espero no llegar a ser anciano y voy a hacer todo lo posible… Eso que se lo gocen ahí en el programa, igual que como nosotros lo hacemos con Doña anciana, no me parece.
M: En una emisora juvenil, ahí a las 6 de la mañana…
S: Algo como póngale la cola al anciano o tirándole dardos, en fin…

Moure y DF

"(...) me echaron de todos los colegios hasta que siguiendo la senda de los grandes hombres de la patria, como el presidente del Senado, validé, la diferencia es que yo tengo los certificados",

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Ricardo Pinzón

Pero antes de llegar a la colgada de guayos, devolvámonos al momento en que ustedes se dieron cuenta de que tenían esa capacidad de hacer reír a las personas.
S: Yo creo que el humor es un rasgo que uno hereda de la familia y por ahí empieza en la casa, haciendo reír a la gente. Mi papá era un tipo muy ácido, por ejemplo.
M: En mi caso, mi papá siempre fue jodón, mi mamá también era de imitar a las personas, como de molestar así y mis abuelas también. El humor se hace más evidente en la época del colegio, porque había una cierta fragilidad física y ahí había una manera como de balancear esto. Es una manera inconsciente de protegerse con la joda, porque físicamente no se puede.

¿Qué era lo que hacían en esa época del colegio entonces?
S: Atormentar a los profesores o unos complots de indisciplina que trascendían el salón mismo. Como verdaderas redes de indisciplina en el colegio, ahí conocí yo a Carlos Vives, en uno de esos complots.

Santiago, ya que habló de Carlos Vives, él siempre recuerda su pinta en el colegio: gabardina hasta el piso y pipa…
M: Y fumando marihuana a los once años [risas].
S: No, Martín. Yo fumo marihuana desde los diez años y medio.
M: Qué refrescante esto. Y también pegante… [Risas].
S: No, el pegante vino después. Eso fue una maña de viejo, ya como treintón.

Pero venga, ¿en serio, usted se vestía así en el colegio?
S: Eso hace parte como de un imaginario de Carlos, porque el cuento de la gabardina y tal, yo no me acuerdo, yo ya dudo de que sea cierto. Yo no recuerdo muchas cosas, pero eso hace parte de esos recuerdos colectivos que nunca existieron y a fuerza como de inventar ahí la cosa, se vuelven reales.
M: Pero Carlos si me contaba que en el colegio veía a Santiago, cuando pasaba en el bus, y Santiago iba a pie en gabardina, con una pipa de marihuana, fumando a los 15 años y con Converse. Entonces que el man lo veía y lo impactó mucho y que en los recreos…
S: Me pedía marihuana.
M: No, no [risas]. Que lo veía y el man dizque se paraba a observar a Santiago, porque tenía un gran magnetismo.
S: ¿Eso te dijo Carlos?
M: Sí, sí, y el man lo observaba ahí pues como un granuja, el granuja que se burlaba ahí, siempre quieto, trabado. [Risas].
S: La verdad es que siempre fui pésimo estudiante. Perdí muchos años, me echaron de todos los colegios hasta que, bueno, siguiendo la senda de los grandes hombres de la patria, como el presidente del Senado, validé el bachillerato, pero la diferencia es que yo sí tengo los certificados.

Y en su casa, ¿cómo llevaban eso? Su papá que era un exmilitar, ¿qué le decía?
S: Afortunadamente era muy viejo. Él me decía que lo había cogido muy cansado. En realidad vivía con un par de viejitos adorables, que me llevaban muchos años, más de cincuenta…
M: Vivías en un ambiente más bien de anarquía [risas].
S: Ellos eran un par de viejitos a los que yo dominaba y manipulaba a mi antojo, pero muy queridos, los quiero mucho. Solo no les perdono el hecho de que me hayan engendrado, porque me metieron en este problema…
M: Y te condenaron a muerte [risas].

Martín, y ¿cómo era en su casa? Su hermana, Margarita, por ejemplo, se acuerda que desde pequeño usted hacía unos dibujos gigantes de los partidos de fútbol. Que se la pasaba explicando las jugadas y pegado al televisor. ¿Cómo nació esa obsesión por el fútbol?
M: Gracias por la pregunta [risas]. Digamos que esto nace porque con mi papá no había una comunicación muy fluida, no nos hablábamos mucho. Entonces el fútbol se vuelve como un puente entre los dos y ese fanatismo viene por el lado de ganarse la aprobación del papá. Luego nos volvemos más cercanos, gracias al fútbol, por eso es tan importante para mí. Me emociona bastante y con el Cali tengo también como esa conexión con mi papá de cuando él me llevaba al estadio.

Usted también alcanzó a jugar fútbol, ¿cierto?
M: Sí, yo tuve una época que jugaba bien, jugaba de puntero derecho…
S: En kínder o ¿qué?
M: No, lo que pasa es que mirá, yo me demoré mucho en crecer. Yo a los 18 años parecía de 11, parecía un fenómeno liliputiense. Luego me estiré y crecí, pero la fragilidad ante mis compañeros me pesó. Luego me dediqué fue a tomar trago y a rumbear…
S: Eso también lo hacías muy bien
M: [risas]. Sí, entonces ese estado físico del fútbol me sirvió para aguantar tres días de fiesta. Luego tuve una vida más disipada, donde Santiago fue una influencia muy muy importante.
S: Fue un aprendizaje mutuo…
M: Después dejé el deporte y me dediqué a tratar de escapar..., de vivir en este mundo, este mundo espantoso.

Y era verdad que a usted, aparte de ser un fenómeno liliputiense, ¿lo atormentaba que lo confundieran con una niña?
M: Sí, eso me pasó. Muchas veces cuando me veían decían: ¿esta quién es? ¿Es la chiquita? La chiquita está preciosa. Era tenaz, porque hubo una época, entre los siete y los ocho años, en que tuve el pelo muy liso, muy totuma, y también tenía mucho que ver con el hecho de que yo estuviera enloquecido con el fútbol, porque eso me daba como más aire de niño, pero sí, me confundían. Entonces fueron momentos muy complicados y hubo una época en que ya le pedí a mi mamá que me cortara el pelo para que se me vieran las orejas. Entonces, ya no me confundían tanto… [Risas].
S: Y pues en esa época el fútbol femenino no estaba tan posicionado.
M: [risas] Claro, claro, pero de ahí también viene mi fijación con Norberto y todo eso. Es que me acuerdo que uno oía: ¿y esa chiquita quién es?, y respondían: “No, no, ese es el hijo pequeño de Gerardo”. Muy jodido.

Moure y DF

"Dejé el deporte y me dediqué a tratar de escapar…, de vivir en este mundo, este mundo espantoso”.

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Santiago, y en esa época de adolescente, ¿usted qué hacía? Porque fútbol me imagino que poco.
S: Fumar marihuana.
M: Vos fumabas desde el kínder [risas].
S: Yo empecé por ahí desde 1980, hace mucho tiempo…, perdón, ¿de qué estábamos hablando? Ya, ya, mentiras. ¿Qué hacía yo? Yo era muy de la calle, muy callejero, me gustaba estar afuera y sobre todo les mentía a mis papás. Vagar me gustaba mucho, y la música. También me ponía a subir montañas, todo muy salvaje.

Luego empieza en la Universidad de los Andes a estudiar filosofía, pero termina es estudiando música…
S: En la universidad empecé como a encarrilarme, a engañarme a mí mismo pensando que esas decisiones que había tomado eran las correctas. Primero con la filosofía, después con la música y al final también pasé por la Escuela Nacional de Teatro, que de alguna manera se complementa con todo. Y por ahí se fue mi vida, por ese sifón. Además, que tuve el descaro de estudiar clarinete. ¿Qué puede estar en la mente de alguien para estudiar eso? Una mente enferma.

Martín, y usted apenas terminó el colegio, ¿qué hizo?
M: Después de pasar por cuatro colegios, al final me gradúo de un colegio que ya no existe, el Versalles. Que era un colegio muy anárquico. Era fácil pasar, los que podían sobornaban y los otros simplemente pasaban. Pero sí, pues digamos que el mérito era tener un IQ muy precario y poder vivir, pues poder salir adelante. Después entro a estudiar Administración de Empresas, por la generalidad, a mí siempre me ha gustado como lo general.
S: O sea, administrar cualquier empresa. A él la empresa que le pusieran, la administraba.
M: De zapatos o de bananos, lo que sea. Pero entonces, digamos que yo tenía el sueño de estudiar algo general. Otros, por ejemplo, escogen comunicación social, lógicamente comunicación es mucho más difícil [risas]. Me metí a estudiar administración e hice dos semestres y pues me tocó salirme. Yo no podía con las clases de contabilidad ni con las de evaluaciones de proyectos, todo eso de pérdidas y ganancias para mí era como comer arena. Luego hago unas prácticas en Caracol Radio, pero no, la verdad no me gustó el ambiente. Después vuelvo a Cali y le ayudo a mi papá en un bar que había montado, en el que lo que hacía era tomar mucho trago.
S: Ese ambiente sí te gustó.
M: [risas]. El ambiente del bar ya era distinto, empezando porque no tocaba trabajar mucho, el plan era emborracharse y pues ganar un poquito para poderme comprar una moto. El desubique era total, después le ayudé a mi papá a administrar otro bar…
S: ¿Fue cuando quebró el bar, no? ¿No tuvo nada que ver tu presencia?
M: Sí quebró, pero no, no [risas], no tuvo nada que ver. Lo que pasa es que montamos un bar en San Andrés y él me dejó encargado de eso y pues no salió bien [risas]. Luego conozco a Carlos, cuando estaba saliendo con Margarita, mi hermana. Un tiempo después me llama cuando va a hacer La Tele, que es como el primer momento en que me encarrilo. Sin embargo, antes de eso yo alcanzo a actuar en una novela, una vaina que espero esté perdida, enterrada y que nadie se acuerde de ella.

De hecho, Carlos Vives cuenta que la primera vez que lo vio usted estaba tirado en el piso, muerto de la risa, porque estaba viendo un video de Raphael...
M: ¡Ah, sí!, era algo con Raphael. En la casa se veía mucho Raphael, “Toco madera” y todas esas vainas [risas]. Cuando Carlos va a hacer La Tele es cuando piensa en ese grupo de amigos y ahí es cuando me encarrilo de nuevo. Yo sí le agradezco a Carlos eso. Mi hermana me decía que hiciera algo por el estilo, lo de hablar de fútbol y esas cosas, pero es un trabajo que no existe, ¿dónde dan trabajo de eso? Es que no era periodismo, eso no era nada, eso era como joda, como jugar a ser algo. Lo jodido es que en esas me las he pasado [risas]. Pero gracias a que Carlos creyó que eso podía ser gracioso es que me encuentro con Santiago.

¿Ustedes se acuerdan de esa llamada en la que Carlos les propuso ese primer proyecto de La Tele?
M: Yo me acuerdo que fue en el año en que la Eurocopa se jugó en Suecia, entonces eso tenía que ser en 1992. Octubre o algo así fue cuando nos llamó.
S: Para ese entonces Carlos ya era una persona muy conocida, creo que acababa de hacer Escalona y en ese momento estaba haciendo Clásicos de la provincia. Nos llamó y nos dijo que había una reunión en la casa de él y me acuerdo que ahí fue la primera vez que vi a Martín. Fue odio a primera vista, yo lo vi y dije: “Ojalá no me toque trabajar mucho tiempo con él”. No se dieron las cosas… No, mentiras. Fue una cosa de suerte. El grupo que conformó Carlos era muy disímil, estaba Alberto Velilla, Andrés Navia, Isabella Santo Domingo, Alberto Valdivia…
M: Rafael Uribe, Moisés Angulo…
S: Inclusive estuvo también Kathy Sáenz. Y así fueron unos meses de pruebas, todo esto en una época en que la televisión era mucho más ingenua.

Moure y DF

"Tuve el descaro de estudiar clarinete. ¿Qué puede estar en la mente de alguien para estudiar eso? Una mente enferma”.

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Rafael Noguera, uno de esos primeros invitados al nacimiento de La Tele, recuerda que él no entendía por qué Carlos los llamaba para eso, si nadie tenía idea de cómo hacer televisión…
S
: Inclusive hubo muchos ires y venires. Porque el programa se acababa en RCN y quedaban como seis meses de un periodo así de incertidumbre, luego en Caracol, luego pasaba lo mismo en radio y con las caricaturas igual.
M: Pero uno ahí era como más desprovisto de tener que hacer algo bien, como que uno en ese momento no le importa si está bien lo que uno hace o no, es como que uno no tiene que demostrar nada. Porque Carlos nos puso a todos en un momento muy cómodo, él dijo: “No, mirá, como a vos te gusta tanto el fútbol, por qué no te haces unos informes sobre eso, con tu manera de joder”. Carlos hasta nos puso una tarea: todos teníamos que llevar una idea de cómo se haría ese programa. Santiago se imaginó una superproducción. [Risas].
S: Una cosa absurda, eran unas entrevistas debajo del agua, que se llamaba Periodismo de profundidad. Con los personajes vestidos, en un panel, pero debajo del agua y con un generador de caracteres.
M: Y todos trabados. [Risas].
S: Seguramente. Pero no es una mala idea. Hasta que Carlos me centró y me dijo: “No, usted haga unas entrevistas así como cotidianas con la gente de la calle”.

¿Cómo era hacer esos primeros programas?
S: Cada uno hacía lo suyo, y cosas que nunca había hecho. El mismo trasegar del programa exigía, por ejemplo, que se necesitaba un dramatizado y Carlos nos decía: “¿Vengan y por qué no hacen ustedes los libretos?”. Y así empezamos a hacer libretos. Pero todo esto fue una cosa totalmente empírica.

Después viene El siguiente programa. ¿Cómo fue pasar a hacer dibujos animados?
S: El siguiente programa lo hacíamos igual a todos los otros programas. Siempre hemos trabajado igual. Partiendo de la situación del país y relacionándola de alguna manera con nuestras situaciones personales. Claro, también exagerando y agregándole un poco de fantasía, pero muchas de las vivencias eran reales, obsesiones con personajes e idealizar y llevar a la práctica eso que nos imaginábamos.

De El siguiente programa me acuerdo mucho del capítulo de la “Iguazomanía”, que es cuando ser burdo e iguazo se pone de moda hasta en París. ¿Cómo manejaban esa mezcla de humor y crítica social? ¿Era algo premeditado?
S: Eran caprichos, realmente. Aunque ahora pensándolo creo que también era un reflejo de cómo fuimos educados. El clasismo era muy evidente en el país y eso está muy presente en nuestro humor y creo, esto lo hemos hablado con Martín, que ese rasgo era una cosa negativa.
M: Este ha sido un país en el que uno oye y ve todo el tiempo ese arribismo en los programas de radio. Y eso fue lo que tratamos de mostrar en “Iguazomanía”.

Sin embargo, sus programas nunca fueron ciento por ciento políticos y eso que el precedente de Jaime Garzón estaba ahí. Esa decisión de no meterse tanto en ese tema fue por miedo o ¿por qué?
S: Miedo no creo, nunca…
M: Pero en parte era porque nosotros hacíamos parodias y salían personajes, pero sin los nombres. Como eran muñecos, no mencionábamos a nadie directamente. Lo único real o de burla que hacíamos con personajes reales era la parte de la crítica de televisión, pero eso era más enfocado hacia la farándula. Pero con personajes peligrosos no, teníamos a un mafioso, al guerrillero, que era bomba loca, o el político corrupto, que era De Bribón.
S: Eran arquetipos…
M: Solo en unos casos puntuales sí decíamos los nombres, el de Poncho Rentería o el Moreno de Caro. Pero digamos, que a diferencia de Jaime Garzón, que sí nombraba personajes directamente y pisaba callos duros, nosotros nos quedábamos en otro plano.

Algunos de esos personajes a los que se la montaban hasta trataron de irles a pegar, entre ellos Bruno Díaz, el mismo Poncho Rentería hasta Kike Vivaldi…

S: Todo esto sí es verdad, eso si no hace parte de esa mitología que se ha creado sobre nosotros.
M: Todo esto viene después de La Tele. Sobre todo se dio cuando empezamos El siguiente programa.
S: A mí me pasó lo del síndrome de La naranja mecánica, que volví a encontrarme con todos esos personajes y, lo peor, a actuar con ellos. Con todos de los que me había burlado, y de verdad se portaron muy bien conmigo. Si yo hubiera sido uno de ellos, me habría matado, sin duda, me habría insultado. Pero eso me pasó, me volví a encontrar con ellos, con Kike incluido.

Al mismo tiempo que hicieron El siguiente programa también tenían un programa de radio por las mañanas…
S: Sí, fue una época muy intensa que abarcó como seis años ininterrumpidos de este grupo trabajando. A mí es que ni los matrimonios me duran tanto.
M: Hubo momentos de peleas, de diferencias.
S: Pero fueron pocos. Fueron más los momentos de borracheras, de desencantos, pero peleas nunca. Increíble, deberíamos haber peleado más.
M: Yo me metía al baño y lloraba mientras ellos seguían allá en el programa [risas]. Y volvía como si nada.
S: Me acuerdo que se metía al baño seis horas, o más.
M: Cierto, había días en que me quedaba ahí acostado. [Risas].

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"Toda la vida me la he pasado con una proyección de ¿qué irá a pasar? Con un pensamiento catastrófico desde chiquito”.

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Y a la par del trabajo la rumba era también muy intensa, ¿no?
S: Claro, es que fueron seis, siete años sin parar, en todo sentido.
M: De tanta rumba el sistema nervioso quedó así, medio dañado. Y esto nos llevó a tener una crisis, no sé por qué, pero pensamos que ya era el momento de dejar de jugar.

¿Entonces se empezaron a tomar todo este cuento más en serio?
S: Pero sobre todo nos empezamos a tomar la rumba más en serio. El trabajo si no. Es que combinábamos las dos cosas perfectamente hasta que pasa lo que suele suceder, uno no puede servir a dos patrones tan fuertes.
M: Y todo se empezó a complicar más. Aparte de los excesos nuestra productora es absorbida por los canales privados y nos fuimos diluyendo. Nosotros que estábamos en el canal público vemos que ya no se puede competir y ahí el programa comienza a languidecer.

Pero todavía no lleguemos al final, antes ustedes se convirtieron en uno de los iconos del humor de este país. Ponían a hablar a la gente como ustedes y se inventaron toda una forma de hacer televisión, ¿no les pesó mucho toda esa fama? ¿Cómo la llevaron?
S: Mal, porque pasó lo que siempre pasa: que uno a veces se cree la cosa y pierde la medida de la mesura, de todo. Uno perdía como ese tacto para tratar a la gente. Como uno se ganaba la vida siendo transgresor en el trabajo, llevarlo a la vida privada y vivir transgrediendo era terrible.
M: Y en eso tiene que ver mucho el alcohol y hacer lo mismo que uno hacía en el programa y hacerlo en la vida real. Por ejemplo, ir con guayabo al trabajo era una cosa espantosa, que hasta ahora dimensionamos, pues se estresa uno más y es el doble del trabajo…

Para esa época también estuvieron consumiendo drogas, hongos y varias cosas más. ¿Ustedes qué piensan cuando recuerdan esa época en la que consumieron drogas?
S: No, pues yo pienso que estuvo bien. Lo malo es que estuvo muy bien y entonces uno quiere seguir en eso, ¿quién no quiere seguir en algo que está bien? A mí lo que me gustaba de las drogas era la capacidad de estar en el presente. Uno no estaba anhelando nada ni añorando nada ni haciendo planes ,sino que uno estaba ahí, por eso uno quería seguir ahí y por eso duraba tanto tiempo así. No había nostalgia ni nada, no es como lo que le pasa al borracho que empieza a llorar por la amada, no.
M: Además, uno busca eso porque de alguna manera uno tiene los sentimientos muy a flor de piel. Y esos sentimientos, en algunos momentos negativos con respecto a uno mismo y con respecto al mundo, se apaciguan un poco. Entonces uno al hacer eso ya se vuelve más desprovisto, como que pierde peso e importancia. Eso fue muy adictivo, porque yo toda la vida me la he pasado con una proyección de ¿qué irá a pasar? Con un pensamiento catastrófico desde chiquito y ahí encontré una forma de controlarlo.

Con todas estas señales de catástrofe y estos momentos que vivieron ,¿ustedes cómo recibieron la noticia de que todos esos proyectos se iban a acabar, tanto El siguiente programa como el programa del mismo nombre en Radioacktiva?
S: Pues muy normal, porque siempre se acababan, siempre que hacíamos una temporada estábamos acostumbrados a que nos terminaran el contrato después. Lo sorprendente era que siguiéramos, que siguiera otro año. Entonces cuando llegaba el momento estábamos listos. Pero este último sí fue un poco fuerte.
M: Había momentos como de alivio, como de: “Ah, ya no toca hacer esto”. Pero ya después uno empieza a necesitar eso. Yo decía: “Juepucha, se acabó el programa, el programa quedó allá y cada uno siguió su vida”, y tuve momentos muy críticos. Santiago empezó a actuar en otras vainas, Rafa a trabajar en sus cosas y yo comencé a buscar qué hacer y me fue muy difícil. Por esa época solo encontré trabajo con Pacheco [risas] y después tuve un año y medio en el que no hice nada, eso fue en 2003 y mediados de 2004. ¿En ese tiempo tú actuaste en telenovelas y en teatro, verdad, Santiago?
S: No me recuerdes lo de las telenovelas. El teatro sí me gustaba, pero las telenovelas tocaba hacerlas.

Nosotros, la verdad sea dicha, siempre hemos buscado el fracaso, pero fracasamos en el intento. Santiago Moure.

¿Dejaron de verse?
S: A veces hubo cosas, negocios que salieron, por ejemplo, los DVD que sacamos y otra vez nos tocó encontrarnos. También estuvo el intento de hacer “Ciudad X”, en CityTV, en el que Martín se fue por un paquete de cigarrillos y nunca más volvió. Pero de resto, podían pasar muchos meses sin hablarnos.
M: Nos vimos por ahí en una campaña publicitaria que yo hice. El cuento es que a mí me fue mal en el primer día de grabación y entonces fui a donde Santiago a pedirle que me remplazara, pero él me dijo que no…
S: No, y eso que era una propuesta tentadora, porque él tenía que interactuar con un muñeco. Yo viéndolo me decía: “No entiendo por qué aceptó esto”. Cuando él llegó a mi casa yo estaba con Toño haciendo el libreto de “Ciudad X” y otro amigo que trabajaba con nosotros, Antonio Guerra…
M: Con el que después hice el profesor Super O.
S: Exacto. Es muy curioso, pero me acuerdo perfectamente de la escena que surgió después: Martín abrazando el muñeco, sentado en el piso con una botella de whisky, a la que no dejaba de mirar. Cuando me mostró el muñeco, lo único que yo le dije fue: “Recae en el licor, Martín, si la vida va a seguir así, trabajando con muñecos, pues toma whisky”. Por fortuna sacó eso adelante.
M: Fue todo muy dramático. Luego yo trabajé en CityTV un tiempo y con Super O, que lo sacamos en 2004, pero en 2003 estuve sin trabajo hasta mediados de 2004. Pero digamos que sí fueron momentos muy difíciles. ¿Vos Santiago sí tuviste buenos tiempos entre 2001 y 2004?
S: Sí, gracias a…
M: Gracias a Dios. [Risas].
S: No, gracias a Fanny Mickey, que me hice muy amigo de ella, yo la quiero mucho y la extraño. Pero mi amistad con Fanny me ayudó mucho porque me llevó de nuevo al teatro, que era el sitio donde más cómodo me sentía, en medio de lo incómodo que me siento en todos los mundos. Para mí fue una buena época.

Martín, después del fin de El siguiente programa la pasó muy mal y, de hecho, hay una escena que ha contado otras veces: usted con una olla de arroz y una jarrada de jugo de lulo y su papá llega y le dice que haga algo por su vida, que si tanto le gusta el fútbol que empiece así sea por lo más bajo, de locutor, ¿cuénteme cómo fueron esos años?
M: Gracias por recordarme ese momento y por la pregunta [risas]. Eso yo lo cuento en la obra de teatro, pero hay un poco de exageración ahí, aunque se parezca un poco a la realidad. Yo en el 2000 me dejo de ver con Rafa y con Santiago. Empiezo a decir juepucha, ahora, ¿qué hago?, ¿qué voy a hacer yo solo?, ¿cómo hago para desprenderme de todo esto? Traté de hacer un programa de radio en La Mega, que se llamaba “Aprendamos a respetar” y pues lo disfruté y eso, pero no. Es que era un programa muy pesado, de entrevistas y había un concurso que se llamaba Adán y Don Evelio. Un concurso de parejas de homosexuales, pero era pues un desfile de gente así, de travestis, pero no lo pudimos vender muy bien. [Risas].
S: Fue tu época de hacer pilotos. Se dedicó a hacer cuanto piloto pudo.
M: Mr. Piloto, me decían [risas]. Yo pasaba pilotos por todas partes, yo he hecho por ahí en mi vida unos 29 pilotos. Inclusive hice uno que llevé a un canal, que se llamaba: Yo Martín Guillermo, que era un show de presentar gente que había fracasado. [Risas].
S: Eso cerró el ciclo de los pilotos, por obvias razones.
M: Pero digamos que sí hice muchos pilotos, y eso no lo voy a negar. Luego en 2002 hice el programa este con Pacheco…
S: ¿Pero eso es el tope de tu carrera?, o ¿qué significó para ti? Porque para mucha gente estar con Pacheco, compartiendo set, es haber coronado un punto muy alto.
M: El momento con Pacheco es uno de los momentos más fulgurantes de mi carrera.
S: Era muy divertido ver ese programa, porque Pacheco se veía muy molesto por la presencia de Martín, todas las cosas que decía le molestaban mucho, era muy divertido.
M: Sí, pues sí. Pero el programa no funcionó como todo lo que hice en 2002. En 2003 viene la tragedia cuando yo empiezo a gastarme todos los ahorros. Yo vivía solo, en ese momento vivía…
S: Menciónalo, Martín, no te dé pena, di que vivías en el Batán…
M: No, no, primero yo vivía en el mismo edificio de mis papás.
S: Buuueno. [Risas].
M: Entonces me quedo sin recursos y empieza una época muy dura. Yo tenía una adicción y por eso me quedé quieto, me quedé como en un marasmo. No salía, no producía un peso y no me importaba. Era como que el mundo se está cayendo y a vos no te importa.
S: Entregado a la Providencia.
M: Sí, era una cosa así, como quedarse en neutro. Una vaina muy extraña. Luego me toca devolverme a la casa de mis papás…

Antes que siga, ¿cuál era esa adicción, Martín?
M: ¡Ehhh…! No, no, no, después, es que esto es algo muy fuerte.
S: Él habla de esto en la obra, lo que pasa es que por contrato parte de su vida pertenece solo a la obra y no puede hablar de eso.
M: [Risas]. Me quedé en la inacción. Y me toca volver donde mis papás porque me gasté todos los ahorros. Luego conozco a la hermanita Lila que me dice: “Usted tiene lo siguiente” y me empiezo a recuperar. Y así duro año y medio; seis meses recuperándome y un año donde mis papás. Lo interesante de todo esto es que me devolví a la casa de ellos con apenas 36, 37 añitos.
S: ¡Epa! Con toda una vida por delante.
M: En una de esas parece que en CityTV se quedaron sin invitado, porque yo ya estaba muy perdido de todo ese medio. Tanto que unos meses antes me habían llamado de la revista Semana para entrevistarme para una sección que se llamaba: ¿Qué pasó con? Cuando me llamaron yo dije que estaba en nuevos proyectos y que ya pronto iban a salir y que estaba muy contento [risas], una locura eso. Y le dije a la periodista que me llamara en 15 minutos para contarle todo bien y nunca le volví a contestar. Fue muy triste encontrarme con eso, porque yo veía que en esa sección salía el payaso Bebé, Ronald Ayaso y un montón de gente así, olvidada.
S: Esa sección debía llamarse era: ¿Pero cómo, usted no había muerto?
M: [Risas]. Luego voy al programa este, que era con Mónica Fonseca y Julio Correal, y en una de esas Guillermo Vives, que era el que presentaba la música ahí, dice que se va. Entonces después de haber hecho la entrevista me llaman que si quería hacer unas pruebas y me contratan ahí. Por la misma época sale lo de Super O y me encarrilo otra vez. Pero sí, tuve momentos aciagos, momentos en los que todo fue muy complicado. Y de todo este cuento es de donde sale la anécdota que yo me tomaba una jarrada de jugo y que mi papá llegaba un martes a las 3 de la tarde y me encontraba en pijama, hasta que un día dijo: ¡por favor, no más!

Moure y DF

"Ese ha sido el espíritu de nosotros, la convicción de ser fracasados y gracias a unos muy buenos amigos, hemos podido vivir de fracasar”. Martín de Francisco.

Foto:

Ricardo Pinzón

Y, luego, vuelve el fútbol para rescatarlo…
M: Sí, después me llaman de Caracol Radio para hablar de fútbol y, bueno, ahí empecé a trabajar otra vez…

Al punto que se lo toma demasiado en serio. Nicolás Samper y Antonio Casale me contaron que usted es muy obsesivo y que llega con un papel arrugado con todas las formaciones de los equipos que van a jugar el fin de semana…
M: Eso hace parte de una personalidad adictiva. La personalidad adictiva es alguien a quien le gusta incomunicarse de alguna manera con el mundo, con todo lo que lo rodea. Yo, por ejemplo, ya no tomo ni nada, entonces cuando veo fútbol yo vivo el presente y no me importa nada más. Entonces pues digamos que al trabajar en eso hago algo con lo que me siento bien. Igual lo haría así no trabajara en eso.

Santiago, en cambio usted ha dicho que ahora lo único que le importa es la soledad…
S: ¿Pues es que qué otra alternativa me queda? ¿Quejarme? Lo que pasa es que es rica... Sí, me gusta y es adictiva, y eso es lo peligroso que tiene, que después a uno le cuesta mucho trabajo relacionarse con las personas. Yo prácticamente vivo de relacionarme con las personas, entonces he aprendido a manejar una actitud hipócrita como que me interesan las personas, que soy amable, querido. Pero desprecio a la gente, no me gusta el contacto físico con las personas, bueno, con las mujeres, sí, pero también depende. En el teatro, ahora que volví después de nueve años de pausa, fue un golpe fuerte, porque me di cuenta de que estoy cucho, todo es más difícil, ya no tengo los arrestos.
M: ¿Y de verdad te queda difícil ser hipócrita y hacerte el interesado por las historias de los demás?
S: Ser hipócrita no me cuesta. Fingir interés también es una de mis especialidades. Por ejemplo, estoy aburridísimo acá en esta entrevista y yo pues siempre estoy pensando que esta es la última pregunta, pero surge otra y surge otra. Ya estoy hablando del año 2018 porque supongo que no hay nada más de que hablar.
M: En cambio yo sigo en el 2004 [risas].
S: Martín tiene una patinada con el 2004, terrible. A mí me pasa es una línea de cosas que ocurrieron y para mí eso pasó ayer o pasó hace diez años y siento una vaina rara.

Para que Santiago no se aburra más pasemos a esta última etapa: volver a la televisión con La tele letal
S: ¡Ah! Qué vaina, yo pensé que era la última pregunta.
M: Yo aquí me voy a demorar un poco, tal vez una hora [risas].
S: Mientras tanto yo puedo ir a comer algo y subo entonces.
M: No, no, no tranquilo.
S: Trata de pasar al 2005, Martín. [Risas].
M: Bueno, pasemos al 2013 cuando hacemos la obra de teatro, Sit down tragedy, que fue muy difícil para mí porque yo nunca había hecho teatro y me daba pavor hacerlo. Santiago que tenía más experiencia en el tema, me ayudó y la sacamos adelante.
S: Yo no le di seguridad a Martín, pero Martín sí me dio muchísima inseguridad.

Moure y DF

Se inventaron una forma de hacer reír. Programas como La tele, El siguiente programa y, actualmente, La tele letal, son, aunque ellos no lo quieran, absolutos referentes del humor nacional.

Foto:

Ricardo Pinzón

Que conste que fueron ustedes los que se desviaron de la pregunta, Ahora si contesten, ¿cómo ha sido este regreso?
S: Para mí todo lo que hace referencia a La tele letal actual es como un mareo físico y mental. Las cosas pasan y uno va al programa y lo presenta y ya. Es estar en un vaivén y, ¡pum!, acabamos y listo. O sea, las cosas ocurren, no toca hacer mucho esfuerzo para sacarlo, todo está muy controlado y todo está muy a nuestra medida. Si de algo sirvió haber pasado y haber tenido experiencias en la televisión es que de alguna manera podemos enfocarnos y hacer lo que toca hacer sin necesidad de que sea tan complicado.
M: Y que no sea algo como esclavizado, que vaya más bien a su aire y que sea solo una hora a la semana, entonces lo sacamos más libremente. Algunas cosas salen naturalmente, otras sí se planean más. Pero se mantiene la esencia de antes, solo que nuestro cansancio, y el hecho de que nos sentimos más viejos, se hace muy evidente.
S: Y en este regreso hemos tenido suerte también…
M: Sí, la suerte ha venido, por ejemplo, del tema de YouTube, que fue muy importante para la vigencia. Si no hubiera existido YouTube, de pronto el programa habría quedado por allá donde quedó Yo y tú.
S: Pero suerte también en que al igual que en el pasado y ahora en Red+, hemos tenido la oportunidad de contar con un margen para decir lo que pensamos, de emitir nuestras opiniones, eso también es suerte. Algo que parece tan obvio, no es muy común en la televisión.

¿En algún momento creen que se van a cansar de hacer La tele letal?
M: Por el momento sigue, esperando lo que diga la vida. Vamos al set, a que nos presenten, y digan: ahí sigue La tele letal. Yo, que tenía miedo de volver a hacerla, me he sorprendido del impacto que ha tenido. No sé cuánto más dure, pero seguiré, si la vida me la pone, hay que hacerla.
S: No se elude, pero tampoco se busca…
M: …que dure tres o cinco años, esa tampoco es la meta. La meta es ir a hacer el próximo programa.
S: Pasa como en el fútbol, solo pensamos en el próximo partido, en el próximo programa. De lunes a lunes, y agradeciendo mucho los lunes festivos.
M: Es la única manera de seguir haciéndola, porque esas falsas eternidades, esos falsos infinitos no son buenos. Y pues la vida tiene ese fondo por allá y pues como no sabemos si eso está muy al fondo o si es muy próximo, lo mejor es hacer el próximo programa y después vemos lo que se hace. Así que seguiremos con esta porquería.

POR DIEGO FELIPE GONZÁLEZ GÓMEZ 
FOTOGRAFÍA RICARDO PINZÓN 
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 78 - SEPTIEMBRE 2018

Moure y DF

"Señor Moure, señore De Francisco, ¿cuál es la guachafita?

Foto:

Revista BOCAS

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