Resucitó el “expresidente” Álvaro Gómez

Resucitó el “expresidente” Álvaro Gómez

Citas de Casas - Mayo - junio de 2019

Por: ALBERTO CASAS SANTAMARÍA
26 de mayo 2019 , 05:00 a.m.

e necesitaron cien años para que el verdadero Álvaro Gómez superara al Álvaro Gómez falso. Ese era mi trabajo en el partido, en vida del ilustre dirigente, y fracasé. Hoy todo es diferente. Ya no es el godo, una especie de monstruo, el sectario, el reaccionario. Algún chocarrero despreciable, por su afirmación, llegó a cometer el exceso repugnante de atribuirle acciones violentas.

Ahora quedó claro que el jefe conservador era “el pensador de la política”. Así lo calificó el profesor Francisco Barbosa. Un pensador moderno que se les adelantó a sus pares en ampliar la base democrática de los municipios con la elección popular de alcaldes. ¿Y qué decir de la propuesta de despenalizar la droga que le fascina al bufón? Fue él, Álvaro Gómez, el primer dirigente nacional que advirtió el fracaso de la lucha contra el narcotráfico. “La lucha es estéril”, dijo en 1977, y nadie se atrevió a reconocerlo con franqueza.

El otro planteamiento sobre Gómez era que, para el liberalismo, su nombre se había convertido en el mejor elector. Para el maestro y ponderado exministro Fernando Cepeda, esa teoría era una manera mezquina de subestimar la condición mayoritaria del liberalismo y de establecer un veto injusto con respecto a una figura descollante de nuestra vida política. Así se iniciaba, de parte de connotados miembros del Partido Liberal, la rectificación de un tratamiento injusto y falso sobre la personalidad de quien, para muchos, merecía sobradamente gobernar a Colombia.

Cepeda Ulloa, en 1982, lo explicó así: “Acaricio la expectativa de que el mecanismo civilizado de la alternación política lleve a la Casa de los Presidentes a un hombre público que, como Gómez Hurtado, exhibe las acendradas virtudes de la noble profesión política”. Pero quien definitivamente ha institucionalizado el carácter de expresidente al líder conservador fue el presidente Iván Duque, quien, de manera solemne, consagró con el nombre de Álvaro Gómez el salón de juntas del Jefe de Estado, señalando que: “Aunque nunca se puso la banda presidencial, creo que su memoria y su gloria son propias de un expresidente de la República”. Un óleo con su imagen quedará en ese recinto del Palacio de Nariño.

Hace varios años, Roberto Posada García Peña, en su columna de EL TIEMPO, que recordamos con admiración, había dicho que Álvaro Gómez era el único expresidente que no había ocupado la presidencia. Bien vale la pena recordar al cumplirse los cien años de su nacimiento, la dignidad y la grandeza que exhibió en los momentos de persecución: el destierro y el secuestro. Jamás renunció a la utilización de las instituciones democráticas para controvertir a sus contradictores. Es más, no se quejaba. Luchaba desde el Congreso y desde la tribuna periodística con creatividad y carácter; denunció las irregularidades y los vicios del Congreso que ahora califican con el peyorativo nombre de “mermelada”; intentó perfeccionar las reformas judiciales y políticas que hoy se reclaman con angustia y que la Corte tumbó por razones de trámite. En la Asamblea Constituyente del 91 demostró su capacidad de estadista y evitó la aprobación de normas inconvenientes que hubieran opacado la bondad indiscutible lograda en esa Carta Mayor como escenario de paz.

Se retiró de la política para dedicarse de tiempo completo a escribir, a la cátedra, y lo asesinaron. ¿Por qué lo mataron si no contaba con mayorías electorales y sus editoriales eran claros y contundentes? ¿Qué más pruebas se necesitan para comprobar que su fuerza era su propuesta de entendimiento? Participó decisivamente en la creación del Frente Nacional, un proceso de paz entre liberales y conservadores; aceptó compartir con el M-19 la dirección de la Constituyente del 91 en búsqueda de un nuevo Acuerdo de Paz y buscó un entendimiento con las Farc a través de una conversación con Jacobo Arenas con miras a llegar a un diálogo en búsqueda de la paz para hacer de Colombia un país sin guerrillas, lema de su campaña presidencial.

El presidente López Michelsen, sabio como pocos, interpretó a la perfección el significado de su asesinato: “La palabra ‘magnicidio’ describe a cabalidad cuanto ha ocurrido. Sus asesinos dispusieron de la vida de uno de los grandes de Colombia y, si su propósito era atemorizar a la sociedad, acertaron en el blanco que escogieron porque a Álvaro Gómez podía amársele u odiársele pero, jamás, subestimársele. ¿Han pensado los colombianos en que, a diferencia de lo ocurrido con caudillos liberales y de izquierda en este siglo, Álvaro Gómez es el primer jefe conservador eliminado por manos de sicarios en los últimos cien años? Es demasiado pronto -dijo entonces- para formular un juicio definitivo sobre tan singular figura de nuestro tiempo. Pero de lo que no cabe duda es que el espacio que ocupa en la crónica del siglo XX es muy grande, tan grande que me limito a expresar mi asombro de que semejante suceso monstruoso haya tenido ocurrencia sin que nadie lo hubiera sospechado, para haber aunado esfuerzos con el propósito de conjurar un acontecimiento que seguirá pesando sobre nuestras conciencias democráticas por el resto de nuestras vidas”. ¿Para qué más?


ALBERTO CASAS SANTAMARÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 85. MAYO - JUNIO DE 2019

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