RAPHAEL, 60 AÑOS DE CANCIÓN

RAPHAEL, 60 AÑOS DE CANCIÓN

Hace sesenta años, cuando tenía 16, lanzó su primer disco. Habla el 'monstruo de la canción'.

RAPHAEL

"Yo cantaba desde que tenía cuatro años. El colegio al que iba era una escolanía y tenía su coro. Entré con cuatro años y era la voz primera, el solista".

Foto:

Andreas Sichel y Edward Cordoba

Por: Por: Jorge Peris.
24 de diciembre 2019 , 11:26 a.m.

Miguel Rafael Martos Sánchez, más conocido como Raphael, acaba de cumplir 60 años como cantante profesional (a los 16 años lanzó su primer disco). Hoy, a sus 76, sigue arriba de los escenarios y recorre medio mundo con su gira ‘Resinphónico’, que en marzo llegará a Colombia. “El Torbellino de la Alameda”, “el divo de Linares” o “el Monstruo de la canción” habló con BOCAS en Madrid sobre el origen de su nombre artístico, sobre sus supuestos problemas con el alcohol, sobre su trasplante de hígado y, entre otras cosas más, sobre sus tantas visitas a Colombia.

“Prepárense, muñecas, porque esta noche tengo muchas ideas locas. Prepárense, muñecas, porque esta noche tomo la palabra”. Este es el estribillo picantón y algo machista de Tenez Vous Bien, la canción del italiano Salvatore Adamo que inspiró Mi gran noche, uno de los mayores éxitos de la carrera de nuestro protagonista: Miguel Rafael Martos Sánchez, más conocido como Raphael. Sí, con ph y no con f.

“Tenez-vous bien les poupées car ce soir je suis plein d’idées folles. Tenez-vous bien les poupées car ce soir je prends la parole”. Dicho así, en francés y sin música de fondo ni ritmo, es difícil imaginar que la versión adaptada al español de Raphael sea mucho más inocente, rayando casi en la ingenuidad: “¿Qué pasará?, ¿qué misterio habrá? Puede ser mi gran noche”.

El tema Mi gran noche (1967), de sobra conocido en Iberoamérica, y que vive ahora una segunda juventud al sonar continuamente en bares y discotecas, es ya una de las canciones insignia de Raphael, considerado por muchos como uno de los grandes de la balada romántica, a quien han llamado con justicia “el Torbellino de la Alameda”, “el divo de Linares” o “el Monstruo de la canción”.

No es, ciertamente, su primer gran éxito, para nada. Es uno de tantos en una larguísima carrera que comenzó en 1959 cuando, a los 16 años, lanzó Te voy a contar mi vida; que luego explotó con Yo soy aquel; y que, más adelante, dejó himnos de la balada romántica como Balada de trompeta, Como yo te amo, Escándalo, Qué sabe nadie, Hablemos de amor, En carne viva, Estar enamorado, por nombrar algunos. La lista es interminable.

A sus 76 años, Raphael (nacido en Linares, un pueblo de la provincia andaluza de Jaén, en España; 1943) está embarcado en su enésima gira –la número 58, según cuenta–, ‘Sinphónico y Resinphónico’, con la que va a recorrer medio mundo y que le traerá el año que viene a Colombia: estará el 13 de marzo del 2020 en Bogotá, el 24 de junio en Medellín y dos días más tarde en Cali.

El cantante andaluz parecer vivir una segunda juventud. Lejos queda ese año 2003 en el que esperaba, enfermo del hígado y un tanto demacrado, un trasplante que le salvara la vida. Una hepatitis mal curada, allá a mediados de la década de 1980, le empezó a mermar el hígado, que, dos décadas más tarde, dijo ‘basta’ debido a la ingesta incontrolada de alcohol. Raphael jura que no es bebedor, pero esas botellitas del minibar en las habitaciones de hotel eran mano de santo para su problema de insomnio: le ayudaban a dormir como un bebé. En abril del 2003, tras una espera angustiosa, recibió su nuevo hígado en un hospital público de Madrid.

Contrariamente a otros cantantes y divos, Raphael es afín a la prensa. Los medios le quieren y él quiere a los medios. Sin embargo, y como él asegura, los días que tiene concierto se niega rotundamente a hablar con alguien a fin de cuidar la voz. Acaba de llegar de La Coruña, en el noroeste de España, y en pocos días pone rumbo a Sevilla, en el sur, donde ha logrado colgar el cartel de ‘no hay entradas’ en cuatro noches consecutivas.

Pertenezco al patrimonio español [risas]. Soy Hijo Adoptivo de Madrid e Hijo Predilecto de Linares, de mi tierra. La fama la llevo bien

En una pausa de su tour mundial, Raphael recibe a BOCAS en un céntrico y lujoso hotel de Madrid, en la plaza de Santa Ana, a apenas 150 metros de la Puerta del Sol. Hace frío en la capital española, y la cita con el cantante es a las cuatro de la tarde. Su jefe de prensa, tan afable y simpático como él, nos indica por teléfono que, en cuanto lleguemos el fotógrafo y yo al hotel, crucemos el lobby, tomemos el ascensor que está al fondo a la derecha y subamos hasta la sexta planta: Raphael nos recibirá en la habitación 601.

Llegamos 15 minutos antes de lo estipulado y, nada más preguntar en recepción dónde están los ascensores, nos cruzamos con el cantante y su séquito, que se dirigen a la moderna cafetería del hotel para hacer una improvisada sesión de fotos. Aprovechamos la coyuntura y saludamos a su jefe de prensa, que nos invita a tomar unas cuantas instantáneas en ese mismo sitio. Una de las paredes de la cafetería la preside una inmensa cabeza de toro disecado, pero Raphael y su equipo se cuidan de que no aparezca en ninguna de las fotografías: “Visto como está ahora el tema con los taurinos y los antitaurinos, casi mejor que no salga”, explican.

Después de un par de minutos llega nuestro turno. Raphael nos saluda con un apretón de manos y nos pregunta dónde se publicará la entrevista: “¿Colombia? Perfecto, me encanta Colombia. ¿Sabes que voy pronto, no?”. Y empieza a posar, sonriente, para la cámara. Luce unos dientes blancos perfectamente alineados, pelo voluminoso con raya al lado y una vestimenta claramente juvenil: chaqueta negra de cuero con abundantes cremalleras, saco rojo de cuello vuelto, pantalón de pana también negro, botas de cuero a juego y unas gafas de sol Ray-Ban modelo Aviator con las que, según dice, le gustaría salir en las fotos: “En las sesiones fotográficas nunca me dejan posar con gafas”.

Tras los retratos pertinentes –al final de la entrevista hubo otra sesión más– subimos a la espaciosa suite 601, con terraza y jacuzzi, vistas a la plaza y tres habitaciones amplias. En una de ellas, la principal, han colocado dos sillas y un sofá y, junto al minibar, al fondo, se erige un cartel con la portada de su último disco.

Mientras Raphael se acomoda en una de las sillas y cruza las piernas, yo me siento en el sofá y saco de mi morral el cuaderno en el que tengo anotadas las preguntas, el bolígrafo y la grabadora. En cuanto aprieto el botón REC y suena el ‘beep’ que marca el comienzo de la grabación iniciamos una charla amena, relajada, que se prolonga alrededor de 40 minutos y en la que hablamos de su característico nombre, sus visitas anuales a Colombia, su visión del reguetón –muy ‘picantón’ para su gusto– y de esa ansiada gran noche de la que tanto habla.

¿Por qué Raphael con ph y no con f?
Es una larga historia que sabe todo el mundo, o que saben los que me conocen desde el principio. Pues mira, cuando hice, al principio del todo, una prueba para grabar discos con Philips Records, que, como sabes, se escribe con ‘ph’, dije: “Vamos a ver, ¿por qué se lee Philips (Filips) si se escribe ‘Pilips’?”. Me comentaron que la ph es f en todos los idiomas latinos menos en español, y entonces yo, que en ese momento tenía 14 años, pensé: “Si me pongo ‘ph’ mi nombre va a quedar un poquito más largo, ya que el apellido no lo voy a usar, y se me lee en todas partes del mundo”. Mi mánager me dijo que en mi tierra todos me iban a llamar ‘Rapael’… pero nunca nadie me llamó ‘Rapael’: siempre he sido, para todos, Raphael.

Es un ídolo en muchas partes del mundo, incluso en Rusia, pero, aparte de España, naturalmente, no cabe duda de que Latinoamérica es su gran escenario. ¿Más que España, diría usted?
Yo creo que es parejo. Cuando empecé en el mundo del espectáculo, enseguida, a los dos meses, me fui para allí. Además de la música, mis películas han ayudado mucho a que la gente de Latinoamérica me quiera tanto.

¿Cómo es su relación con Colombia, un país tan musical, por cierto?
[Antes de terminar la pregunta] Muy, muy profunda. Yo he ido a Colombia desde el principio y voy todos los años, no falto ni uno. El país me gusta mucho, mucho, mucho y tengo muchísimos amigos colombianos. He ido un montón de veces, pero un montón, ¿eh? Habré ido unas 40 o 50 veces.

¿Desde qué año va de gira a Colombia? ¿Qué cambios ha visto en el país desde su primera visita?
¡Buf, ni me acuerdo...! La primera vez que fui no estaba ni ‘casao’. La verdad, no sé... ¿Cuántos años puede hacer? Fácilmente 40. Voy a Colombia desde hace 40 años, y aunque antes la situación era complicada, nunca tuve miedo de ir. Ahora veo al país mucho más abierto, más libre, más tranquilo. ¡Veo a Colombia fenomenal! Soy un enamorado de ese país y de toda América. ¿Que hay problemas? Pues seguro que hay problemas, pero en todas partes los hay.

¿Le gusta la música colombiana? ¿Alguna en especial?

¡Una sí y otra no! La hay buena, la hay regular, la hay mala y la hay malísima, como en todas las épocas. Pero en Colombia hay una música muy bonita, muy pegadiza. Yo incluso grabé en un disco varias canciones de música folclórica.

El vallenato, la salsa…
Me gusta, sí. No para mí, pero me gusta. Bueno, no para mí hasta que lo cante, hasta que no me ponga a ello [risas].

Hoy en día hay muchos cantantes colombianos liderando las listas de éxitos de todo el mundo: J. Balvin, Karol G, Maluma, Sebastián Yatra, etc. han popularizado el reguetón. ¿Qué le parece este tipo de música?
Hay que darle un tiempo para que la gente lo pueda asimilar, ya que las cosas no nacen y, de golpetazo, se quedan. Ahora mismo todo el mundo está cantando reguetón, pero tenemos que darle un tiempito… Para mi gusto conviene que las letras fueran un poquito más asequibles a todo el mundo; a veces las canciones se pasan un poquito de picantonas.

RAPHAEL

"Me encantaría hacer algo con Shakira. Bueno, y con J. Balvin también. Siempre he sido muy flexible con todo".

Foto:

Andreas Sichel y Edward Cordoba

Mucha gente las tilda de machistas.
Por eso. Digo picantonas por bromear. Quizá empiecen a tomar otros vuelos, algo menos machistas. Sin embargo, el reguetón como ritmo tiene mucha gracia.

Si J. Balvin le propusiera una colaboración en una canción algo menos picantona, ¿se animaría?
¡No necesito hacer colaboraciones! Yo directamente las podría cantar [risas]. Aunque yo ya colaboré con Juanes en mi disco aniversario, 50 años después; me encantaría hacer algo con Shakira. Bueno, y con J. Balvin también. Siempre he sido muy flexible con todo; a mí me gusta, en general, todo.

Gente de todas las edades, jóvenes y mayores, conocen sus canciones y las cantan. ¿Cómo ha logrado ser un ídolo para tantas generaciones y que tanta gente tararee sus temas?
La verdad es que no lo sé. Yo me limito a hacer lo que sé hacer, y a la gente le gusta tanto que lo ha trasmitido de generación en generación. Si vas a verme a un concierto verás que la mitad del público es tremendamente joven. No son niños, pero sí mucha gente de 20 años, ‘millennials’, como dicen ahora. Viene gente de todas las edades, y siempre está abarrotado. Todos conocen las canciones de memoria.

Sin embargo, hay muchos artistas clásicos, de su generación, que parece que se han quedado un poco atrás.
Quizá es porque son artistas que se asustan con lo que se hace y usa ahora. A mí no me asusta nada. Porque, si quisiera, lo podría hacer perfectamente. Quizá son otra clase de artistas más conservadores, que se quedan ‘paraos’ en el tiempo o no se atreven a hacer otra clase de música. Yo no me he atrevido hasta ahora a hacer otra clase de música, sin embargo, he sobrevivido con mi música, sin necesidad de otros estilos. Pero, cuando quiero, lo hago. Y, cuando quiera, lo haré; y seguramente estará bien.

¿Lo hace de vez en cuando en la intimidad? ¿Prueba y ensaya otros estilos en la ducha?
Sí, lo hago. Pero no me animo a grabarlo por las letras. El día que yo me sienta cómodo con las letras y pueda expresarlas las sabré vender muy bien. Sabes qué quiero decir con eso, ¿no? Con vender muy bien me refiero a que el público las entienda y que todo el mundo pueda participar en ellas.

Su último trabajo, ‘Sinphónico & Resinphónico’, es un proyecto diferente de los que había hecho hasta ahora.
Había hecho Sinphónico, pero quería darle a todo una vuelta de tuerca grande. Grabé con Lucas Vidal, quien ha ganado dos premios Goya [por el tema principal del largometraje Palmeras en la nieve y por la banda sonora de Nadie quiere la noche]; y lo hicimos en Londres, en los estudios de Abbey Road. Y, bueno, puedo decir que salió un discazo. Pero donde brilla de verdad es en el concierto en sí; ahí es una maravilla: la gente se lo pasa bien y baila muchísimo, es tremendo.

¿Cómo se explica que alguien que cante en español haya tenido tantísimo éxito en Rusia?
Yo entré ahí por el cine. Llevo visitando Rusia desde el año 1970 y me siguen queriendo. Estuve en abril. No me he animado a cantar en ruso porque es bastante complicado, pero he cantado en japonés, ¿eh? He grabado en japonés, en inglés, en francés, en alemán y en español.

En Cartagena me pasó una cosa muy curiosa. Fui al certamen Miss Colombia, y cuando estaba cantando, de repente, se cortó la luz. ¡Y lo estaban televisando! Entonces, en el periódico de Bogotá, EL TIEMPO, al día siguiente salió en titulares que no se me oía. ¡Claro!, ¿cómo querían oír en directo en Bogotá si se había ido la luz?

Muchos cantantes con una trayectoria larga como la de usted hablan de retirarse, aunque muchos de ellos no terminan de hacerlo, y algunos se retiran y luego vuelven. Usted no habla de retirarse. Ni piensa en ello, ¿o sí?
¡Ni se me ocurre! Con el vozarrón que tengo todavía, eso ni se me pasa por la cabeza.

¿Cómo hace para cuidar ese vozarrón?

No fumo, no bebo, como muy sano y no grito. Bueno, grito cuando hay que gritar, claro está. Procuro hablar lo menos posible cuando estoy cantando: los días que tengo concierto normalmente no hablo con nadie. Entonces, cuando salgo a cantar, con mi voz emito limpieza y claridad, y eso a la gente le encanta.

Ha hecho usted cine, y con directores importantes: cosas muy diversas, y con éxito en general. ¿Con cuál de las películas está más satisfecho?
He tenido la suerte de trabajar con Mario Camus, que es uno de los mejores directores en lengua española, y también he tenido la suerte de trabajar con Vicente Escrivá. Últimamente he rodado con Álex de la Iglesia, así que no me pidas que me quede con alguno porque los tres han sido maravillosos.

Empezó muy jovencito en el mundo de la música, ¿cómo fueron sus inicios?

Yo cantaba desde que tenía cuatro años. El colegio al que iba era una escolanía y tenía su coro. Entré con cuatro años y era la voz primera, el solista. Cuando tenía nueve años me dieron un premio en Salzburgo, en Austria, a la mejor voz de Europa, así que puedo decir que he cantado toda mi vida. Sin embargo, yo no pensaba en ser cantante: yo quería ser actor. Pero, desde que empecé a grabar pasó lo que pasó...

Así que, ¿de no haber sido cantante se hubiera dedicado plenamente a la actuación?
Decidí que iba a ser actor un día viendo La vida es sueño, de Calderón de la Barca, cuando tenía 13 o 14 años. Me dije que iba a ser uno de los que estaban arriba del escenario y no uno de los que lo estaban viendo abajo. Pero jamás pensé que eso iba a llegar cantando. La primera película mía fue un musical y de ahí ya siguió todo.

Imagino que cuando sale a la calle la gente lo reconoce y lo para para tomarse fotografías. ¿Cómo lleva la fama?
Pertenezco al patrimonio español [risas]. Soy Hijo Adoptivo de Madrid e Hijo Predilecto de Linares, de mi tierra. La fama la llevo bien. Vivo en las afueras de Madrid y cuando vengo al centro, que lo hago mucho, todo el mundo me saluda y me hace fotos. Voy por la vida de lo más normal. Lo de las fotos hay que tomárselo por lo que es: una señal de afecto, de cariño y de admiración. No me tiene que enfadar, al revés.

Con ‘Raphael Sinphónico y Resinphónico’ vuelve a la carretera, vuelve a salir de gira. ¿Le gusta?
Mucho, muchísimo. Yo no he dejado de hacer giras nunca, ningún año. Mira, si llevo 58 años cantando y hago una gira anual, calcula... En cada gira puedo hacer, no sé, 200 conciertos por año. Me gusta mucho. Me canso, como es normal, pero cuando me siento cansado me acuesto y me duermo [risas]; ahí descanso.

¿Recuerda alguna de sus 58 giras con especial ilusión?
¿Sabes qué pasa? Que yo no soy una persona nostálgica; nunca lo he sido, nunca miro al pasado. Y mira que mi pasado es bueno, ¿eh? Como estoy en activo no vivo del recuerdo. Así que te puedo decir que la gira que estoy haciendo ahora es la que más me gusta.

¿Qué recuerdo guarda de sus giras por Colombia?
¡Buf!, ha habido de todo. Conozco Colombia de cabo a rabo. A ver, dime ciudades de Colombia a ver si he estado.

Déjeme pensar... ¿Medellín?
¿Medellín? ¡Voy todos los años! Y a Bogotá también. Y a Cali también. Pero, espérate, que te digo más... [piensa].

¿Manizales?
A Manizales también he ido.

¿A Cartagena?
Cartagena también. ¿Sabes, por cierto, que en Cartagena me pasó una cosa muy curiosa. Fui al certamen Miss Colombia, y cuando estaba cantando, de repente, se cortó la luz. ¡Y lo estaban televisando! Entonces, en el periódico de Bogotá, EL TIEMPO, al día siguiente salió en titulares que no se me oía. ¡Claro!, ¿cómo querían oír en directo en Bogotá si se había ido la luz? Esa anécdota la guardo entre las cosas más curiosas que me han pasado. Conozco mucho del país… ¡Pereira también, ahora que pienso! Y más, y más. Cúcuta, Bucaramanga… Hubo años que hice Colombia entera. Y otras veces voy solo a Cali, Bogotá y Medellín. Pero ha habido años que he hecho el país entero.

RAPAHEL

"Yo empecé a tomar botellitas de esas de alcohol de los hoteles para poder dormir; tenía problemas con el sueño".

Foto:

Andreas Sichel y Edward Cordoba

¿Qué recuerda del público colombiano? Es tremendamente entregado.
Es un público fantástico, muy fogoso y entregado, y a mí me quiere mucho.

Hace poco falleció su amigo Camilo Sesto, un cantante muy querido por todos, también incluso en Latinoamérica. Sin embargo, la mayoría de homenajes que recibió fueron póstumos. ¿No echa de menos más homenajes en vida?
A Camilo lo que le pasó es que hacía ya por lo menos 15 años que no estaba en activo, que no trabajaba. Quizá eso enfría un poco, la distancia. No es que te olviden, pero como no estás en televisión, no grabas y no haces giras... Quizá estaba un poquito dormido para el público, pero la gente lo quería mucho.

¿Qué recuerda de Camilo? ¿Se veían a menudo?
La última vez que lo vi fue cuando a mí me operaron, en el 2003. Vino a verme a mi casa. Era muy amigo de mi mujer y de mis hijos; era una persona muy querida en casa. Siempre lo fue.

¿Cómo vivió ese año 2003 en el que pasó por el quirófano?

Fue el año más importante de mi vida, por supuesto. Yo solo quería salir de ese infierno y encontrarme tan bien… Estaba aterrorizado. Vi la muerte muy de cerca, pero no me gustó lo que vi y me fui, me alejé de ella: ¡no quería saber nada de ella! [risas]. Y llevo ya 17 años estupenda y maravillosamente bien.

¿Es cierto eso que dicen que el cáncer se originó por el exceso de alcohol?
No, no, no, para nada. Eso es lo que dicen, pero no es así: eso es una enfermedad que se tiene desde hace muchísimos años. Yo empecé a tomar botellitas de esas de alcohol de los hoteles [señala que hay en el minibar detrás de él] para poder dormir; tenía problemas con el sueño. Y eso agravó lo que ya tenía. No era alcoholismo como la gente dice, para nada. Yo ni bebo, nunca he bebido, ni fumo y como muy sano. Es cierto que ataqué el minibar durante varios meses, pero era por el problema que tenía con el sueño, y sin saber que eso podía perjudicar lo que tenía dentro.

¿Cómo es un día normal en la vida de Raphael?

Cuando tengo concierto no hablo con nadie [risas]. O hablo lo imprescindible. Esto que estoy haciendo hoy contigo [la entrevista] lo hago porque no voy a cantar ni hoy ni mañana; y en cuanto empiezo a cantar no hay entrevistas. Eso lo cuido mucho. El hablar me fatiga porque no estoy acostumbrado a hacerlo mucho, pero el cantar no, porque estoy habituado a ello. Sin embargo, cuando no estoy de gira o tengo conciertos soy una persona muy familiar. Viajo muchísimo con mi mujer y mis hijos, y nos vemos mucho; todos los domingos vienen a comer a casa. Como ves, es una vida muy familiar.

Habla usted de lo que le gusta viajar, ya sea de gira o con su familia. ¿Qué países recuerda con especial ilusión?
Si yo repito un país es porque me gusta. Si no, ya no vuelvo. Toda Latinoamérica me encanta: México, me entusiasma; Colombia ya te lo he dicho; Argentina, me encanta; Chile, me enloquece; Perú también; Estados Unidos, donde viví muchos años, muchísimo. Europa la conozco entera; me encanta, me encanta. Rusia es bellísima, y yo me casé en Italia, en Venecia. ¡Soy un hombre de mundo!

¿Qué música le gusta escuchar?
A mí me gusta toda clase de música… ¡pero que sea buena! Me gustan los ritmos buenos. Yo, en cuanto he querido cantar algo, lo he cantado. Te pongo un ejemplo: un pianista argentino buenísimo que tenía antes solía decirme: “¿Y vos, por qué no cantás tango? Los cantás muy bien”. Yo no entendía nada hasta que él entró en internet y escribió ‘Raphael tango’, y salí yo en la televisión argentina con 17 años cantando tangos. ¡Yo no me acordaba! Canté Nostalgia, nada más ni nada menos. Fuimos después a Argentina y grabé un disco de tangos que es, curiosamente, mi mejor álbum. Cuando quiero hacer una cosa, la hago, aunque no tenga nada que ver conmigo. Ahora en todos mis conciertos canto dos o tres tangos. Así que cualquier día me animo con el reguetón; en cuanto las canciones sean algo menos groseras. Las cosas picantes son graciosas, las groseras no.

¿Siente que ha vivido ya su gran noche o que está todavía por llegar?
Te contestas tú solo: mi gran noche está por venir. Y mira que he tenido grandes noches, ¿eh? Pero espero que esa noche grande, grande de verdad, todavía no haya llegado. Yo siempre confío en que todo vaya a mejor.

No fumo, no bebo, como muy sano y no grito. Bueno, grito cuando hay que gritar, claro está. Procuro hablar lo menos posible cuando estoy cantando: los días que tengo concierto normalmente no hablo con nadie. Entonces, cuando salgo a cantar, con mi voz emito limpieza y claridad, y eso a la gente le encanta

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