Natalia Reyes, la mujer que pasó de Popstar a protagonizar Terminator

Natalia Reyes, la mujer que pasó de Popstar a protagonizar Terminator

Bocas habló con la actriz colombiana que protagoniza la más reciente película de esta saga. 

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Su primera aparición en televisión fue a los 16 años en el reality Popstars. Hoy, con 32 años, es protagonista de la más reciente película de esta saga que es un referente del cine de acción.

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Hernán Puentes

Por: DIANA ESTRELLA CASTILLA
26 de septiembre 2019 , 07:12 a.m.

“Yo no sé si tengo voz aquí, pero es ella”. Esas fueron las palabras que le dijo Linda Hamilton, la famosa Sarah Connor (el mítico personaje de Terminator), al director Tim Miller, al final de la audición en la que buscaban a una de las protagonistas de Terminator: Dark Fate (Destino oculto), la sexta película de la saga.

“Ella” era Natalia Reyes, bogotana de 32 años. Las dos acababan de hacer una escena que, para Natalia, fue uno de esos momentos mágicos que pasan pocas veces en una audición, donde, por lo general, hay mucho estrés y presión. “Esa primera vez que la conocí creo que fue amor a primera vista para las dos, algo instantáneo. Me cogió las manos, me abrazó y sentí tanto apoyo. Tuve mucha conexión con ella, aunque ese día estaban viendo a seis personas más para el papel”.

Natalia no sabe si eso influyó, pero unos días después, estando en su casa en la isla de Tierra Bomba (Bolívar), su celular sonó y era Tim Miller, quien le dio la bienvenida a la saga Terminator. Si hace unos años alguien le hubiese dicho que actuaría en una película como esta, ella, dice con seguridad, se hubiera reído un montón, porque si bien el cine era su sueño, trabajar al lado de personas tan universalmente famosas, como Arnold Schwarzenegger, era algo que no podía imaginar.

Pero fue justo allí, en Tierra Bomba, donde vive con su esposo –el empresario español Juan Pedro San Segundo–, que tiempo atrás envió una audición por video para un papel que, hasta ese momento, desconocía. Cuando pasó los primeros filtros se enteró que era para ser una de las protagonistas de Terminator: Dark Fate. Las audiciones siguieron en varios países y se quedó con el papel.

Reyes, con estudios de actuación en la escuela Lee Strasberg (Nueva York), interpreta a Dani Ramos, una mexicana con una vida muy normal que un día llega a la fábrica donde trabaja y se da cuenta de que un robot la está persiguiendo. No entiende por qué. Huye y encuentra ayuda en Grace (Mackenzie Davis) y Sarah Connor (Linda Hamilton). Natalia dice que si algo tiene igual a su personaje es que, aunque es la menor de su familia, es la más mandona, la que organiza a todos, algo por lo que se ha ganado la fama de terca y obstinada desde niña.

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Su camino hacia Hollywood lo labró en la televisión nacional, en producciones como Pandillas, Guerra y Paz y Muñoz vale por dos. 

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Hernán Puentes

A los nueve años se inscribió, sin decirles nada a sus papás, a ClaraLuna, escuela de teatro musical. Eso permitió que desde esa edad estuviera formándose como actriz y en un escenario bailando. “Me acuerdo mucho de una obra que se llamó Vamos a pintar un país. Fue muy especial para mí porque fue el primer musical en donde yo era la protagonista”, dice.

El primer recuerdo que tienen los colombianos de Natalia Reyes es cantando. A los 16 años entró al primer reality que se hizo en Colombia: Popstars y quedó entre las diez finalistas. Ese también fue el primer no en su carrera y el más importante porque allí entendió que si bien le gustaba la música, su pasión era la actuación, y las puertas en la televisión se le abrieron. Su primer papel fue en Pandillas, guerra y paz, y luego siguieron, por mencionar algunos trabajos, Muñoz vale por dos, Isa Tk+, Todas odian a Bermúdez y Cumbia Ninja. Pero su gran momento en la televisión fue en el 2015, cuando interpretó el papel de Lady Tabares en Lady, la vendedora de rosas, la serie más vista en el país ese año.

Natalia, dice, le debe mucho a la televisión, pero su meta principal siempre fue el cine. “La televisión me ha servido como prueba y error, para evaluarme, corregirme y aprender de actores increíbles que tiene este país”. El año pasado protagonizó la película Pájaros de verano. Estar cuatro meses en La Guajira, por momentos aislada totalmente y aprender wayuunaiki, ha sido una de las experiencias más hermosas de su carrera y de su vida.

El 31 de octubre se estrena en Colombia Terminator: Dark Fate. Natalia, que desde Lady, la vendedora de rosas fue catalogada como una de las actrices colombianas con mayor proyección, hoy es la primera colombiana en protagonizar una cinta de esa magnitud. La película, de ciencia ficción y acción, dirigida por Tim Miller, y que se centra en lo que ocurre después de Terminator 2: El juicio final, se filmó en varios países, incluidos España y Hungría.

Para Natalia, cada día de los seis meses de filmación fue como ir a un parque de diversiones lleno de carros, helicópteros y aviones. Ahora le espera una gira mundial por México, Londres, China, Japón y Estados Unidos.

¿Recuerda cuándo vio las primeras películas de Terminator?

Sí. Estaba muy pequeña cuando me las vi. Cuando salió la primera, yo ni siquiera había nacido; entonces, me las vi algún domingo en una repetición por televisión y recuerdo que fue muy sorprendente ver ese mundo porque de verdad que para la época, siendo que ya habían pasado muchos años del estreno, aún los efectos eran impresionantes. En la segunda, cuando vi a Linda Hamilton en este personaje de Sarah Connor, me sorprendió ver que era una superheroína, una mujer fuerte. Una cosa que para el momento no era común. Ahorita, cuando me escogieron, me las volví a ver. La verdad es que son películas muy buenas, increíbles y entiendo que son hitos del cine. James Cameron siempre ha sido visionario en todo lo que ha planteado y estoy muy orgullosa y agradecida de ser parte de esta saga.

Le contesté y le dije: Dime que no eres tan decente y que no llamaste solo para decirme que no. Y me dijo: No, al contrario, vas a estar ocupada por unos buenos años. Bienvenida

El mismo Tim Miller, después de varias audiciones en distintos países, la llamó a darle la noticia. ¿Cómo fue ese momento?
Esa llamada… Yo estaba en Cartagena con mi esposo y mis papás, cuando veo que entra la llamada de él. Llevábamos un mes de idas y venidas entre castings. Ya había una ansiedad muy grande de mi parte, y me llama. La verdad, cuando vi su nombre en el teléfono me quedé pensando: “¿Será que los gringos son tan decentes para llamarme a decir: gracias, divina, no quedaste”. Entonces, le contesté y le dije: “Dime que no eres tan decente y que no llamaste solo para decirme que no”. Y me dijo: “No, al contrario, vas a estar ocupada por unos buenos años. Bienvenida”. Cuando lo conocí y vi que realmente había buscado este personaje, que miles de personas habían mandado la audición y que él se había tomado el tiempo de ver todos los videos y que yo había sido escogida entre tanta gente, sentí como si me hubiese ganado la lotería. Él es un hombre supremamente inteligente y muy trabajador. Lleva tres años dedicado a esta película. Apasionadísimo por la saga y por los efectos especiales. Es muy fácil trabajar con él, te comunica lo que quiere, cómo ve el plano, el personaje, la pose y la voz. Tim es fantástico.

¿Tuvo dudas o temores en algún momento?
No hubo espacio para la duda ni para decir un no, porque como actor, uno siempre espera una oportunidad así. Nunca se me hubiese ocurrido rechazarlo, pero sí genera mucho miedo y mucha ansiedad, sobre todo cuando me dijeron que había quedado en la película. Es una responsabilidad muy grande porque tenía que hacerlo bien y estar preparada. Me generaba mucha presión, pero ya después, cuando estuve adentro y conocí a la gente, me sentí parte de eso y fue mucho más llevadero. El teatro te da esa capacidad de improvisar y estar lista para lo que toque.

Dice que jamás imaginó conocer a Arnold Schwarzenegger, pero sucedió. ¿Cómo fue su primer encuentro con él?
Mi primer encuentro con Arnold fue en Budapest. Ya habíamos empezado el rodaje, y él llegó luego porque había tenido una operación el año pasado de corazón abierto. Cuando llegó al set estábamos en unos ensayos dentro de un tanque de agua. Yo estaba empapada y llegó a saludarnos. Cuando lo veo venir, así de carne y hueso, en vivo y en directo, le dije: “Te quiero abrazar, te quiero saludar bien”, pero yo estaba mojada, así que realmente no pude abrazarlo ni saludarlo bien; pero fue muy amable, sabía quién era yo y mi personaje, había leído las escenas que teníamos al día siguiente y me dijo: “Bueno, prepárate que mañana ya nos toca”. Fue muy querido. Al día siguiente, verlo mirándome y haciendo una escena conmigo era una cosa que yo no creía. Yo me volteaba, miraba y pensaba: “¿Dónde está la cámara?”. Esto nunca me lo esperé. Fue una experiencia surreal.

Otro gran personaje con el que pudo compartir fue James Cameron, ¿cómo es trabajar con él?
Él es supervisionario. Alguien que ha estado siempre a la vanguardia de muchas cosas en sus temáticas, en los efectos, en todo. Al mismo tiempo, él estaba trabajando en Avatar, pero estuvo muy presente y pendiente de las escenas, de los diálogos y de los personajes. Estuvo muy encima de todo el proceso, muy perfeccionista, muy detallista. Fue un honor trabajar con alguien así.

¿Qué fue lo que más la sorprendió de esta producción?
En general, la escala de la producción en todo sentido. El presupuesto, la cantidad de gente que trabaja detrás de cámaras, eran 600 personas, cosa que tú no ves acá en una producción. El profesionalismo de cada una de las personas; la especialización que hay en cada una de las partes es impresionante.

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En Colombia, Natalia Reyes es muy recordada por su interpretación de Lady Tabares en Lady, la vendedora de rosas. 

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¿Qué se siente ser la primera colombiana en protagonizar una película de este tipo?
Mucha emoción, pero también mucha incredulidad porque todavía me cuesta creerlo y dimensionarlo. También mucho orgullo, porque siento que no es solo el resultado de mi carrera, de mis esfuerzos y el de mi familia, sino de todo un momento del país. Siento que es un momento en el que hay toda una generación de personas que venimos con muchas ganas, con hambre de romper todos esos límites que siempre hemos tenido en la cabeza, hasta dónde podemos llegar y qué podemos hacer. Este es solo el comienzo para mí en este mundo y creo que es la forma de empezar a abrir puertas para todos.

Se puede decir que todo empezó con la Natalia de nueve años que se inscribió a ClaraLuna, una escuela de teatro musical, y llegó a la casa a decirles a los papás cuándo tenía clase y cuánto tenían que pagar...

Sí. Literal. Pero lo chistoso fue que yo llegué a la audición de ClaraLuna sin saber que iba a eso. Yo oí que en el colegio dijeron que los sábados iban a dar clases de inglés, y como yo me metía en lo que fuera, entonces dije: “Bueno, yo vengo el sábado”. Llegué ese sábado preguntando por las clases de inglés y me dijeron que no había clases de inglés, que lo que había era una audición para una cosa de teatro musical y yo: “Bueno”. El siguiente fin de semana me dijeron que había pasado y, literal, llegué a donde mis papás y les dije: “Me inscribí a este grupo y tienen que pagar esto al mes, y tengo clases estos días”. Allí hacía teatro musical: baile, canto y actuación. La verdad es que desde ahí siento que descubrí lo que me hacía feliz.

¿Cómo describiría su infancia?
De niña siento que tuve mucha suerte, porque uno de los mayores regalos que puede tener un niño es la posibilidad de explorar desde pequeño el arte y el deporte. En el colegio, yo era hiperactiva. Me metía a las porras, al grupo de baile, a costura, a cerámica, a lo que fuera. Era una niña, estaba jugando, tenía amigos y una vida, pero también tenía una pasión, una responsabilidad y el compromiso de que me fuera bien en el colegio para poder seguir en lo que me gustaba. Eso les dio mucho sentido a mi niñez y juventud. Fui muy feliz y tuve el apoyo de mi familia. Desde chiquita recuerdo a mi abuela siempre declamando, pintando y haciendo artesanías. Y a mi tío tocando la guitarra todo el tiempo. Sé que mi parte artística viene de mi familia materna.

La música fue clave en el comienzo de su carrera. Cuando tenía 16 años participó en el primer reality que hubo en la televisión colombiana: Popstars. ¿Cómo fue esa experiencia?
Estaba en ClaraLuna y mis compañeras comenzaron a hablar de Popstars. A mí me dijeron “un reality” y yo no entendía nada. Me dijeron “vamos”, pero yo les dije no, que eso era una cantidad de gente que iba a hacer una fila y que yo que iba a quedar. Sin embargo, fui con una amiga. Llegamos al Palacio de los Deportes y era muchísima gente. Hice la fila y conocí a Iván Benavides, que era una de los jurados, y en ClaraLuna habíamos hecho justamente un cover de una canción de él que nos gustaba mucho. Entonces, yo le dije: “Ole, yo canté una canción tuya, Alba”. Y él me dijo: “Cántamela”. Se la canté y vi que él anotó mi número. Cuando pasé a la audición me equivoqué, se me olvidó la letra, era la canción Sé morir, de Andrés Cepeda. Pasé varias etapas, al final terminé en las diez finalistas y fue una experiencia superenriquecedora. Eso me permitió de alguna forma entrar en la televisión.

¿Qué pasó cuando salió del reality?
Fue muy revelador para mí porque, aunque me gustaba mucho la música, en ese momento supe que lo que me apasionaba era el teatro, la actuación. Desde ahí me empezaron a llamar para hacer castings, pero ya con la certeza de que eso era lo que me gustaba. El canto quedó ahí.

Me sorprendió la escala de la producción en todo sentido. El presupuesto, la cantidad de gente que trabaja detrás de cámaras, eran 600 personas, cosa que tú no ves acá

Y luego llegó su primer personaje para la televisión, en Pandillas, guerra y paz.
Eso fue muy chistoso. Marlon Moreno hacía de mi papá. Él fue muy amoroso, me dio mucho ánimo y me felicitó. Fue una experiencia muy bonita, pero ahora, cuando veo los capítulos, siento un poco de vergüenza porque hice una sobreactuación horrible, tal vez porque venía del teatro. La verdad, yo hoy veo eso y no sé cómo me escogieron para el personaje.

En el 2015 llegó su personaje más importante en la televisión hasta ahora. Interpretó a Lady Tabares en Lady, la vendedora de rosas, una telenovela con escenas muy duras, grabadas en el barrio Manrique, en Medellín. Allí llegó hasta a escuchar disparos reales, que no tenían nada que ver con la telenovela.
Fue tan maravilloso como duro. Para mí fue muy importante haber conocido la realidad de Lady y luego haber llegado a Manrique. Todo el mundo tenía esa visión de la comuna, del lugar más peligroso de Medellín, de los sicarios, y la verdad es que los seis meses de grabación allí fueron maravillosos. Allí hay gente muy trabajadora y amorosa, pero claro, también es un lugar que ha estado tan azotado por la violencia y con falta de oportunidades y por supuesto está el tema, las pandillas y sus sectores. Ese día de los disparos estábamos en un salón comunal y los chicos que estaban trabajando con nosotros en la escena eran del barrio de al lado y estábamos en otro sector dentro del mismo Manrique, y existen esas fronteras invisibles que no se pueden pasar. Efectivamente, llegaron los otros y empezamos a oír disparos afuera. Afortunadamente no pasó a mayores, pero nos alcanzó a asustar un poco estar encerrados ahí en ese salón y estar escuchando tiros afuera. Fuerte enfrentarte a esa realidad que es la que viven día a día muchas personas.

¿Cuál fue la escena más dura de Lady, la vendedora de rosas?
Para mí fue la escena de la muerte de Fabián, uno de los amores de Lady. La verdad es que cuando la conocí y estuve en su casa, el lugar donde pasó el asesinato, sentí que eso la había marcado mucho. Era algo que le había dolido, que había dejado a su hijo sin su papá. Además, fue en su casa y ella todavía vivía allí. La escena era muy violenta, llena de armas. Esa situación fue muy fuerte, fue una de las escenas más dolorosas. Lady es una mujer echada para adelante, alguien que no deja de soñar.

Su vida y la de Lady no se parecen en nada, ¿cómo llega a ser su primer protagónico?

Me dijeron que estaba haciendo casting para ser Lady Tabares, y yo dije, “nada que ver”, no me veía ahí para nada, no soy paisa, no he tenido una vida parecida a la de Lady y tampoco me parecía físicamente, pero me gustó mucho la historia cuando empecé a investigarla, le metí la ficha y me escogieron. Recuerdo que la escena del casting fue el momento en el que Lady va a Cannes con Víctor Gaviria a promocionar la película, tenía unas rosas en las manos, y ella estaba absolutamente escandalizada porque la gente estaba botando las rosas al suelo y era de lo que ella vivía, de vender rosas, ella no entendía por qué la gente hacía eso.

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Natalia Reyes protagonizó la película Pájaros de verano, de Ciro Guerra. 

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Hernán Puentes

Pero, más que la televisión, ¿su meta era el cine?
Sí. A mí me encanta la televisión y ha sido un medio que me lo ha dado todo, sobre todo suficiente tiempo, espacio y experiencia; por ejemplo, para empezar en Pandillas, guerra y paz y para estar ahora en Terminator. La cantidad de televisión que se hace en este país es tal que en Estados Unidos no me creen la cantidad de escenas y de capítulos que yo he grabado, porque una cosa de 120 capítulos allá no existe. Entonces, realmente la televisión me permitió formarme como actriz.

Una de las cosas que usted más quería era trabajar en cine con Ciro Guerra, se le cumplió con Pájaros de verano. Para este papel de Zaida estuvo aislada durante varios días en La Guajira.
Me encerraron [risas]. El personaje de Zaida en la película empezaba saliendo de un encierro que es una costumbre wayú, que ya se ha perdido mucho, pero en algunos lugares sigue, y es encerrar a la niña, cuando se vuelve mujer, en una casita sin ventanas, solo con un chinchorro. Ciro quiso que yo tuviera esta experiencia; entonces, llegué a una ranchería, sin hablar wayuunaiki, y estuve cuatro días encerrada, sin moverme, porque piden mucha quietud. Fue un tema casi de meditación y estar muy tranquila. También me enseñaron a tejer mochilas. Esa es una de las experiencias más bonitas de mi carrera.

Hablando de su carrera, la actuación, ¿qué es lo mejor de esta y lo menos chévere?
Lo mejor es la oportunidad de vivir todos estos personajes de los que hemos hablado, porque, gracias a eso, mi cotidianidad es cero cotidiana. Lo malo: diría que es la inestabilidad y la vulnerabilidad, estar expuesto y muy dependiente de lo que pase, de que si el público quiere verte, de que el productor te quiera en su película, de estar supeditado a las voluntades de los demás.

¿Es cierto que una mánager le recomendó operarse la nariz si quería que le saliera algo bueno en la actuación?
Sí. La primera vez que yo estaba buscando manager después de haber hecho Popstars. Me recomendaron a alguien porque tenía gente muy famosa. Yo me fui con toda la ilusión a su casa, con mi fotico que no era muy profesional. Cuando vio por encima mi hoja de vida y la foto, sin saber si yo era un petardo para actuar o si tenía talento, me dijo: “Sabes, lo primero es que yo te operaria la nariz”, y me dio el contacto de un cirujano. Que uno de tus primeros encuentros en medios sea ese, te deja a ti una cantidad de preguntas, como ¿si yo no me opero la nariz, nunca podré actuar? Pero me dije: “Esto no tiene sentido si ella no me ha visto actuar”.

¿Cuál diría que es su mayor fortaleza como actriz?
El oído. Siento que actuar es un ejercicio de oír más que de decir. En la actuación, el oído es importante para interpretar acentos, para hacer de paisa, de mexicana o hablar inglés.

¿Cuál es su personaje soñado?
Sueño con una bailarina, como me gusta tanto bailar. Sueño con un personaje que baile. Ahorita estoy obsesionada con algo que descubrí en Cartagena y es la danza afro contemporánea; es como danza contemporánea pero que ha retomado las raíces africanas, es una cosa que combina, por ejemplo, el ballet con la champeta.

Hablando de Cartagena, ¿cómo llega a vivir en Tierra Bomba? ¿Fue por amor?
Sí, por amor. Pero, además, es una de las mejores decisiones que siento que he tomado: estar en el lugar que me hace feliz. Hace unos cuatro años, mi esposo quería vivir cerca del mar, dedicarse a la navegación, a los barcos, y me dijo que quería irse a vivir a Cartagena, y yo pensé: “¿Como actriz qué voy a hacer en Cartagena?”, pero lo intenté y es increíble. Cuando uno está en el lugar que lo hace feliz, todo fluye y todo se ordena.

¿Cómo es un día normal allí?

Hay mucho trabajo porque tenemos un hotel. Vivimos en una isla, el ritmo y la calidad de vida son increíbles y nos metemos mucho al mar. En un día normal nos levantamos y desayunamos relajados, pero también estamos pendientes de muchas cosas del hotel porque nos gusta estar seguros de que todo funcione bien. Estamos rodeados de animales, tenemos gatos, perros, mapaches, culebras, de todo. Vivimos muy tranquilos.

La cantidad de televisión que se hace en este país es tal que en Estados Unidos no me creen la cantidad de escenas y de capítulos que yo he grabado

¿Cuál ha sido el momento que más ha marcado su vida, para bien o para mal?
Ese momento aparece después de Lady, precisamente por la cercanía que tenemos y su experiencia en la cárcel. Las escenas que grabamos en la cárcel me marcaron mucho y empecé a trabajar con Johana Bahamón en su fundación Acción Interna. Di clases de teatro en el Buen Pastor. Esa realidad cambió mi vida para bien, me enriqueció mucho como persona.

¿En qué cree Natalia Reyes?
Creo en Dios, no creo en las religiones. Creo en que hay una fuerza superior a nosotros que se manifiesta en miles de formas, colores y posibilidades. Creo en la bondad y me genera esperanza pensar que en todos los seres humanos hay algo de ella.

¿Se quedaron sus compañeros de Terminator con algún recuerdo de Colombia?

Sí. A linda le llevé libros de Gabriel García Márquez, ella es superlectora y le gusta mucho Gabo, así que le regalé Cien años de soledad, que ella ya se lo había leído hace mil años, pero quería volver a leerlo. A Tim siempre le llevo café, porque le encanta el café colombiano. A Mackenzie le llevé una mochila wayú que le encantó cuando me la vio por primera vez. Ellos están superinvitados a Colombia, todos quieren venir. Ojalá después de la gira logremos coordinarlo y puedan venir.

¿Cómo se siente en este momento?
Estoy feliz y muy ansiosa por todo el voltaje que he tenido que vivir en este último año de viajes, movimientos, atención y de mucha estrategia. Ha sido un año intenso, pero estoy feliz y con ganas de que llegue el estreno y que esto pueda salir a la luz y la gente pueda disfrutar la película. Viene una gira mundial muy larga, estoy muy emocionada de eso porque es algo que no he vivido nunca.


POR DIANA ESTRELLA CASTILLA
FOTOGRAFÍA HERNÁN PUENTES 
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 89. SEPTIEMBRE - OCTUBRE DEL 2019

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