Presidente mal informado

Presidente mal informado

Citas de Casas - Abril de 2019

Por: ALBERTO CASAS SANTAMARÍA
28 de abril 2019 , 04:00 a.m.

Se encontraron en el cielo Belisario Betancur, de bastón, y Otto Morales Benítez, de sombrero. Otto, con la clásica carcajada repleta de gallos, saludó al presidente y de entrada le dijo:

— ¿Te fijas? Los enemigos de la paz y de la rehabilitación están agazapados por fuera y por dentro del gobierno. Por eso, nunca vamos a salir de este ambiente de zozobra colectiva.

— No seas pesimista, Sr. de Riosucio, ripostó Belisario. Acuérdate de que yo te hablé de un largo camino. ¿Recuerdas que te lo advertí? La subversión de los últimos años se basa en gran parte en una insatisfacción social por carencias identificadas. Haber firmado un Acuerdo de Paz con las Farc y haber dejado las armas para “echar lengua en lugar de echar bala”, como decía el maestro Darío Echandía, es el logro más importante en la historia de la búsqueda de la paz.

— Ay, mi querido presidente, ¿cómo entender la pérdida del plebiscito? ¿Esos no son los enemigos agazapados?

— Se perdió, pero se renegoció y ese nuevo acuerdo se aprobó por el Congreso y la Corte le dio su Nihil Obstat. Esa es su legitimidad, mi apreciado Otto.

— Pero, Belisario, no me negarás que hay un sector importante de opinión que no reconoce la “legitimidad” de la cual tú hablas con tanto garbo, mi respetado amigo.

— Por eso te decía que el camino a recorrer en asuntos de paz es largo, muy largo, y que lo importante, doctor Morales Benítez, es que no cejaremos en nuestro empeño, que con firmeza, con realismo, con sereno optimismo, estamos decididos a luchar hasta el último momento por una paz que no es solo la paz del Estado, ya que esta se encuentra garantizada por el respaldo popular, sino por la paz política y social de los ciudadanos comunes y corrientes, ya que ellos no pueden vivir amparados únicamente por su buena voluntad.

— Acepto, señor, su ejemplo muy singular, porque la tarea es muy exigente. Lo más apremiante es rechazar el escepticismo, y a veces el pesimismo, y combatir a los enemigos de la paz.

— Recuerdo que nuestro amigo en común, Gabriel García Márquez, sostenía que el acto más significativo en los primeros cien días de mi gobierno había sido el nombramiento tuyo como presidente de la Comisión de Paz porque el tema de la pacificación no había sido el más importante en mi campaña electoral, pero una vez elegido se hizo evidente que la paz era mi objetivo primordial, solo que también dijo que el hecho más grave de mi gobierno había sido tu renuncia irrevocable a la presidencia de la Comisión de Paz. Creo que Gabo tenía razón.

— Exageración generosa del nobel, comentó tímidamente el exministro caldense.

— No, Señor. Lo delicado fue la justificación mediante la cual la motivación de la renuncia había sido revelar que tu misión era imposible porque había enemigos agazapados de la paz. Gabo me responsabilizó de no haber aclarado una denuncia tan grave, regaño que también te incluye.

— Enigmática denuncia, agregó Otto. Su denuncia (refiriéndose a ti) fue un favor a medias, concluyó.

— La diferencia, doctor Otto, entre los tiempos tuyos, los de Gabo, los míos y el tiempo actual es que los enemigos de la paz de ahora no lograron impedir el acuerdo con las Farc aunque hayan tratado, y hoy, aunque continúa la discusión, las armas de las Farc han desaparecido y sus integrantes mayoritariamente hacen política. También contó Gabo que el Jefe del M-19, Bateman, murió convencido de que tú lo habías dejado metido al no cumplirle una cita para encontrarse en Bahía Solano.

— Falso, interpeló molesto el excomisionado de Paz. Nunca le puse una cita a Bateman. Eso de las noticias falsas, admirado presidente, no es de ahora; ya en los años ochenta la desinformación nos hizo el daño que se deriva de esa cita chimba a Bateman y que no existió nunca.

— Para Gabo, mi querido Otto, yo era el hombre más terco, el más temerario en la búsqueda de una paz con justicia social, pero igualmente un presidente mal informado, víctima de la incertidumbre. En todo caso, García Márquez creía que yo había sido un presidente mal informado. La soledad del poder, para Gabo, es la pérdida del contacto con la realidad por las incertidumbres de la información. La única esperanza que nos va quedando de lograr la paz en Colombia es que el presidente en persona tome en sus manos las riendas del proceso. ¿Sería por eso que el presidente Santos resolvió coger el toro por los cachos y mantuvo la dirección de las negociaciones con las Farc?

ALBERTO CASAS SANTAMARÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 84 - ABRIL DE 2019

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