Patricia Linares habla sobre los retos de la JEP

Patricia Linares habla sobre los retos de la JEP

BOCAS conversó con la presidenta de la Justicia Especial para la Paz sobre su vida y su carrera. 

Linares

Linares quiso graduarse de filósofa, pero terminó siendo abogada, con maestría en Administración Pública.

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Ricardo Pinzón

Por: Gustavo Gómez 
02 de mayo 2019 , 08:56 a.m.

“La ternura no se le da en el trabajo”, dijo una persona que compartió ese tipo de espacios con Patricia Linares, “pero en todas partes ha dejado huella y precedente de cumplimiento”.

Recuerdo estas palabras mientras el equipo de fotografía trata de sacarle un par de BOCAS diferentes para que las fotos tengan variedad. Con disimulo me piden que le hable, que la relaje y, producto de un par de comentarios que no podría reproducir aquí, cambia el semblante. Quizás, incluso, en alguna de las fotos que acompañan esta entrevista, sonría. Quizás.

Cuando la nombraron presidenta de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) era tan desconocida para todo el mundo, incluidos los periodistas, que el día en que se hizo público algunos medios hablaban de Mirtha Linares, usando un primer nombre que escasamente ventila. Poco se sabe de ella, como que comenzó queriendo graduarse en Filosofía, cartón que nunca recibió, y terminó siendo abogada. Ahora, a pesar de su inmenso amor por los animales, funge de torera, capoteando embestidas que a la JEP nunca le faltan.

Es abogada con maestría en Administración Pública y estudios de posgrado en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario y Filosofía. Tiene más de treinta años de trayectoria laboral, y aunque no ha brillado en el escenario de los medios, formó parte del Grupo de Búsqueda de Solución Amistosa para el caso de la Unión Patriótica, de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, del Grupo de Memoria Histórica y de la Comisión de Depuración de Archivos de Inteligencia y Contrainteligencia. Alumnos ha tenido en la Universidad Externado, los Andes y la Nacional, que le dio grandes satisfacciones, incluido su marido.

Somos un tribunal de paz, así que mal haríamos en utilizar un lenguaje bélico, en agredir al que nos ataca. Eso no es miedo ni cobardía; es ser consecuentes con lo que hacemos y pensamos.

Para cocinar no tiene tiempo, pero pasó tres años de su vida defendiéndose en la preparación de lo del diario mientras hacía una maestría en Administración Pública en España, en la Universidad de Alcalá de Henares. Serrat mil veces por sobre Sabina, si se le pregunta por los sabores musicales de esa España en la que Henares fue hogar de Linares. Sin contravenir su carácter adusto, cero problema tiene en reconocer afectos: el monte mejor que el mar, y las verduras por sobre la carne y el pescado. Poco tiempo le gasta a la disyuntiva entre carteras y zapatos: compró la primera cartera cuando llegó a la JEP.

Su larga hoja de vida se resume en menos de cuarenta palabras: defensora de los derechos humanos y una obsesionada por el reconocimiento de las víctimas del conflicto armado, en un país que suele no darles nada, excepto la espalda.
Contesta esta entrevista tratando de disimular que está pendiente de Liz, una diminuta yorkshire terrier que da vueltas entre sus piernas. “Ella ha sido una de las grandes damnificadas de mis tareas actuales”, dice mientras la carga. “Ahora ya no le puedo prestar tanta atención”. Pregunto por qué se llama Liz. “Por Liz Taylor. Mírele los ojos”.

Entre ojos tiene el viejo país a Linares, pero ella no se deja llevar al ring. Con los muchachos las cosas son a otro precio. Saliendo de un restaurante la sorprendió el aplauso de tres mujeres muy jóvenes. Una de ellas le dijo: “Siga adelante”. Le va a hacer caso. Menos de veinte son los meses que le quedan como presidenta y, seguramente, un puñado de años como magistrada. No se va a rendir. Es una de las escasas cosas que uno puede leer en su cara.

Linares

La magistrada Patricia Linares, una defensora de los derechos humanos, habló de su cargo y de cómo llegó a él; de la relación “afable” que lleva con el fiscal de la Nación, Néstor Humberto Martínez

Foto:

Ricardo Pinzón

En la carta que presentó al comité de escogencia de la JEP se retrató como una mujer común y corriente. ¿Qué verían entonces de especial en usted?
Me hago la misma pregunta y creo que la duda me va a acompañar siempre. Cuando me postulé para magistrada, era optimista, porque cumplía con los requisitos y la experiencia, pero ser presidenta nunca estuvo en mis cuentas.

¿Pensó en no aceptar la presidencia?

Es que a mí nadie me preguntó si quería o no. Ni me llamaron, ni me consultaron, ni me mandaron mensaje alguno. Me levanté ese día a ver una alocución del presidente Santos, a las ocho de la mañana, donde se iban a anunciar los nombres. La vi en casa con mi esposo, y efectivamente me mencionaron como magistrada. En ese momento me empezaron a llamar mis sobrinos y mis hermanos a felicitarme, y estaba en esas cuando mi esposo me dice: “Te nombraron presidenta”. “¿Presidenta de qué?”, le respondí.

Se tintura, ¿o esas canas se las ha sacado la JEP?
Son mis canas naturales y las tengo así desde hace cinco años, cuando me cansé de tinturarme. Esto es como una montaña rusa en la que uno llega a un pico de felicidad, porque logra algo, y a los cinco minutos está en el infierno. Tenía en mis cuentas la presión que iba a enfrentar, pero no pensé que fuera tan fuerte.

¿La criticaron mucho por haberle escrito a Álvaro Uribe una carta clamando por ánimos más sosegados?
No tanto, pero frente a las críticas digo que pedir trato respetuoso y lenguaje democrático para una organización de más de ochocientas personas no puede ser interpretado como participación en política.

¿Estuvo tentada a usar términos más fuertes?
Somos un tribunal de paz, así que mal haríamos en utilizar un lenguaje bélico, en agredir al que nos ataca. Eso no es miedo ni cobardía; es ser consecuentes con lo que hacemos y pensamos.

Como ciudadana, ¿tiene lo que pudiéramos llamar un expresidente favorito?
No. Críticamente he observado el devenir de los últimos cuarenta años en Colombia y lo que sí le puedo decir es que de ciertos presidentes reconozco el haber cumplido roles fundamentales. Por ejemplo, la Constituyente de Gaviria, que a pesar de sus modificaciones nos dio una Carta garantista y un camino certero para superar la guerra y, poco a poco, las causas de la exclusión y la arbitrariedad. De Santos, nos queda el proceso de paz.

¿Habrá influido Santos en que usted haya sido elegida presidenta?
Que yo sepa, no, y no nos conocíamos.

¿Alguna otra gestión presidencial destacable?
Este es un país muy difícil de gobernar, pero tiene una fortaleza especial: en medio de la guerra, ha seguido funcionando. Tenemos una sólida institucionalidad que desconcierta a quienes estudian los temas de conflicto. Ninguna persona, por preparada que esté, va a gobernar fácilmente este país.

Mucha gente me lo pregunta y me advierte que no diga nada importante por celular, incluso me sugieren cosas tan alocadas como que lo ponga en la nevera. Quiero creer que no estoy ‘chuzada’.

No le preguntaré sobre la gestión de Ernesto Samper, sino por la de su hijo, Miguel, que prestó servicios a la JEP. ¿Él había contratado antes a un hermano suyo?
Conocí a Miguel cuando yo desarrollaba un proyecto con el Archivo de Bogotá sobre falsos positivos y madres de Soacha. Él participaba en aspectos de reparación y venía de hacer una especialización en Singapur. Pasaron los años y no tuve contacto con él. Cuando llegó a la Agencia Nacional de Tierras, invitó a participar a mi hermano, que es ingeniero civil con amplio conocimiento de infraestructura en comunidades, y trabajaron juntos alrededor de dos años.

¿Usted le ofreció un contrato en la JEP?
Para nada. Cuando fue viceministro conoció a nuestra actual secretaria ejecutiva, que lo es gracias a un concurso de méritos, y a la que yo no conocía. Es ella, de manera autónoma, la que invitó a una serie de expertos a trabajar con nosotros, uno de ellos, Samper. Ella me comentó, y no porque necesitara de autorización u opinión mía, sino porque sabía que tenía conocimiento de sus competencias. Le dije que era un buen profesional y conocedor del tema. Lo contrató, y él hizo una labor juiciosa. Tratar de relacionar un nombramiento de mi hermano, de hace años, cuando no existía la JEP, con uno de ahora que no hice yo es bastante malintencionado

¿Qué tal lo está haciendo Iván Duque?
Calificarlo no me corresponde. Es el Presidente de la República y tiene toda nuestra consideración y respeto. Lo que le puedo decir es que a él le tocó un país complejo. Hemos hablado varias veces y me tranquiliza cuando dice que está en toda la disposición de respetar los acuerdos, de seguir adelante con el proceso de reincorporación y de apoyar la consolidación del sistema integral.

¿Estaría tan tranquila como magistrada si el próximo presidente fuera Néstor Humberto Martínez?
Desde que las cosas se den por el cauce democrático, uno está tranquilo.

¿Alguna vez Martínez le ha “sacado la piedra”?
No, fíjese que no. Estuvo hace poco entregando a la JEP los últimos informes de las investigaciones que adelantaba la Fiscalía en materia de conflicto armado, por demás, muy interesantes y completos. Es un hombre de un trato amable. Si a nosotros nos vieran conversando cuando nos reunimos, seguro que nadie diría que tenemos algún tipo de confrontación personal, porque no la tenemos. Nuestra relación es cordial, incluso diría que afable.

Usted ha dicho que se hizo abogada asumiendo que en el Derecho encontraría herramientas para transformar esta sociedad “injusta y excluyente”. ¿Ha sido así?
Sí, y esa es la razón de que me atraiga tanto este modelo, que pretende superar una guerra en un marco democrático, sin impunidad, acatando de manera estricta una Constitución que, a su vez, se supedita a los compromisos que demanda la comunidad internacional y a lo que se denomina la “conciencia universal”. Conciencia que no admite violación de derechos humanos ni exclusiones por raza, orientación sexual, credos políticos o religiosos.

Linares

También habló del respeto que le merece el presidente Iván Duque –incluidas sus objeciones–.

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Ricardo Pinzón

¿Quién ha sido su mentor en el mundo jurídico?
Más que mentores, hablaría de referentes. Quiero y admiro profundamente a Edgardo Maya, y a veces lo busco cuando necesito consejo.

¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado?
Sea prudente.

¿La Ley de Justicia y Paz es mejor o peor que la JEP?
Fui muy crítica de esa ley, pero hoy por hoy reconozco que, aunque con muchos defectos, abrió camino. En sus sentencias, que la gente no lee por kilométricas, hay cosas importantes que nos ayudan en las actuales tareas.

Cuando las víctimas, que usted ha defendido toda la vida, piden cárcel efectiva, ¿siente un vacío en el estómago sabiendo que no será así?
Trato de ser muy clara cuando me lo plantean y de explicarles que esto se trata de lograr un modelo en donde el principal objetivo es la verdad. Y las víctimas me dicen que ese es su gran desvelo: no conocer la verdad. Esa verdad, les digo, no se va a agotar con la versión del victimario. Aquí estamos acopiando información que viene de muchas partes, no solo del Estado, para llegar a la verdad y, además, contribuir a la reparación integral.

La idea de todo esto es que, algún día, lleguemos a un punto final, a un cierre. ¿Cuándo será?
En términos judiciales, la JEP tiene un término de diez años prorrogables por cinco más. En menos de diez meses, porque hay que descontar dos que dedicamos a producir normas, tenemos siete casos abiertos que hoy convocan a cerca de 832.000 víctimas. El Estado tiene diez millones de víctimas registradas y la gente debe entender que no todos los casos serán seleccionados, pero sí aspiramos a contribuir a la reparación moral de las víctimas. En esa perspectiva, diez años no es un término exagerado.

En su perfil en la página de la JEP dice: “En los 80 inicié mi carrera en un contexto de violencia exacerbada a la que el Estado respondía con represión, lo que reforzaba la convicción de quienes encontraron en la rebeldía y la insurrección un camino para transformar la sociedad que los excluía”. ¿Estaba justificando las acciones de las guerrillas?
No, estaba tratando de explicar por qué existían las guerrillas en esa etapa histórica, en Colombia y en muchas regiones de Latinoamérica. Pero antes había dicho: mi esperanza es que toda transformación se haga a través del Estado de derecho.

¿Fue una joven revolucionaria?

No, entre otras porque mi carácter no me da para ese tipo de actividad.

¿Recuerda la primera vez que votó?
Curiosamente nací en 1957, el año en que votó aquí por primera vez una mujer, pero no recuerdo mi estreno en las urnas. Estoy segura de que voté tan pronto pude.

Desde aquellos años el país viene otorgando indultos, amnistías y perdones. ¿Qué le hace pensar que ahora sí funcionarán?
El hecho de que Colombia acata en su modelo el principio universal que impide que los crímenes de guerra y lesa humanidad sean objeto de amnistía o indulto.

¿Del futuro de José Santrich dependerá el de la paz?
De todas y cada una de las actuaciones y decisiones de la JEP dependerá la realización de los derechos de las víctimas y la paz.

¿Por qué no han sido públicas las audiencias de comparecencia de los exintegrantes del secretariado de las Farc?
Es la ley la que determina el carácter público o reservado de una audiencia. No solo sucede en el caso de las Farc; también en el de los miembros de la fuerza pública y eso tiene un sentido: hay momentos procesales en que a la persona se le señala que tiene la oportunidad de admitir responsabilidad, con la posibilidad de ciertas consecuencias o beneficios, y necesita ese espacio libre de público para decidir sin elementos perturbadores. Después, toda esa información estará a disposición de las víctimas.

¿La JEP es garantía de que no terminaremos con procesos en la Corte Penal Internacional (CPI)?
Tenemos un diálogo respetuoso y constante con la CPI, concretamente con su fiscalía. Antes del proceso venían observando a Colombia, que tiene una deuda muy grande frente a crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad, además de elevados porcentajes de impunidad. La competencia de ellos es subsidiaria y solo intervendrán si el Estado no actúa. Han dado al país una especie de compás de espera, en atención al modelo que surgió del proceso de paz, pero eso no quiere decir que su trabajo se detenga.

Los colombianos tenemos la capacidad de complejizar todo, y llegar a momentos en los que pareciera que no hay salida, pero terminamos saliendo adelante. Con este proceso [de paz] va a pasar lo mismo.

¿Qué les dice a los sectores que acusan a los magistrados de la JEP de simpatizar con la izquierda?
Es común que en medios y en redes a los magistrados se nos señale de ser o tener preferencias de izquierda. Nuestro trabajo y decisiones desvirtuarán esos señalamientos. Los magistrados no estamos para simpatizar con nadie. En mi criterio, hay que prescindir hasta de la actividad social y guardar distancias con todo.

Si usted hubiera integrado el comité de selección de magistrados de la JEP, ¿habría escogido a todos sus compañeros?
Cuando me eligieron conocía y tenía buen concepto de siete magistrados. Hoy destaco la responsabilidad, idoneidad, conocimiento e integridad de los 37.

¿Usted pondría las manos en el fuego por los nombramientos del fiscal de la JEP, Giovanni Álvarez Santoyo, y que, por ejemplo, lo llevaron a designar al capturado fiscal Carlos Bermeo?
Giovanni es una persona de amplia experiencia y trata de hacer las cosas en debida forma. Actúa de manera autónoma. A raíz del caso Bermeo, le sugerí que hiciéramos todos una revisión no tanto de las hojas de vida como de los perfiles frente a las funciones. Me pongo de ejemplo: puede que yo tenga los requisitos para dirigir la Aerocivil, pero no tengo el perfil profesional para ese cargo. En eso estamos, con el acompañamiento del ICTJ, uno de los institutos de justicia transicional más reconocidos en el mundo, y de la Universidad Nacional.

¿Han escarbado en su vida para desacreditarla?
Sí, pero no me afana, porque tengo una trayectoria clara, si se quiere, simple. No van a encontrar nada.

¿Está “chuzada”?
Mucha gente me lo pregunta y me advierte que no diga nada importante por celular, incluso me sugieren cosas tan alocadas como que lo ponga en la nevera. Quiero creer que no estoy ‘chuzada’.

Supongamos que es publicista y le piden una valla para apoyar a la JEP. ¿Cómo se la imagina?
Los jueces no ponen vallas.

¿Y cómo se ve en las caricaturas e imitaciones que la reflejan?
No me molestan. La caricatura es un instrumento clave para mandar mensajes. La gente hoy no lee, no importa qué tan interesantes sean los artículos de opinadores y analistas. En cambio, todo el mundo ve las caricaturas. Sé que me están imitando en La luciérnaga, porque me lo cuentan, pero “no me he oído”.

A las mujeres exitosas suelen asociarles lo bueno y lo malo con los maridos. A usted no le pasa eso porque no es común que se sepa quién es. ¿Cómo se llama, qué hace?
Mi esposo es Gabriel Misas Arango, un reconocido economista e investigador de la Universidad Nacional. Años atrás tomó la mejor decisión de la vida: ser académico.

¿Quién pone la regla fiscal en esta casa?
¡Los dos!

¿Recuerda cómo la conquistó su esposo?
Los dos tenemos una premisa de vida: admiramos la inteligencia. Y en él, sobresale.

¿Esa inteligencia sabe bailar?
No mucho, aunque él dice que sí. No soy buen juez en eso, porque no tengo idea de bailar.

¿Usted tiene dos pies izquierdos?
Casi tres.

Linares

Además habló de las audiencias de comparecencia de los exintegrantes del secretariado de las Farc; y de cómo cree que va a terminar este proceso de paz en Colombia.

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Ricardo Pinzón

Las mejores horas de su vida, dormida o despierta, ¿con quién las pasa?
Con Gabriel en una casa que tenemos en Cogua, Cundinamarca. Es pequeña, pero linda, diseñada por el arquitecto Santiago Moreno. Un sitio tranquilo donde tengo a mis otros perritos.

¿Qué tienen los perros que le falta a la gente?
Una lealtad incondicional.

¿Recuerda a su primer perro?
Tíber, un maltés no puro que tuve con mis cuatro hermanos y vivió cerca de veinte años.

¿Qué hacía su papá?
Tenía una editorial, Litor, pero ya está jubilado.

¿Qué libro de cabecera tiene la hija del editor?
Muchos, cada uno correspondiente a una etapa de mi vida. El túnel, de Sábato, donde encontré soledad, nostalgia y la posibilidad de hacer explícitos sentimientos a través del arte. Me impresionó mucho De parte de la princesa muerta, de Mourad, y los Diálogos de Platón me siguen alimentando. Le confieso que leí por muchos años solo literatura de mujeres y en otra época intenté ser borgiana.

¿Su papá se estresa mucho con todo lo que gira alrededor suyo?
Creo que sí, igual que mi mamá y mis hermanos, y eso es parte del costo que hemos tenido que pagar. Como no tengo hijos, soy muy cercana a mis hermanos y a mis sobrinos, y esto termina tocándonos a todos.

¿Hubiera querido tener hijos?
Decidí no tenerlos. Tal vez me sentía tan capaz, que me hubiera dedicado exclusivamente a ellos. Pero a ratos pienso que con mis hermanos soy más mamá que hermana.

Dice la sabiduría popular que “a quien Dios no le dio hijos, el diablo le da sobrinos”…
Cierto. Y sin ser melosa, soy buena tía.

¿Cómo es Dios?
Hace unos días le decía al padre Pacho de Roux, quien ha sido un gran apoyo, que la JEP está logrando algo que no consiguieron mis tías y mi mamá: sentir la necesidad de acudir a algo trascendente, porque se llega al momento en que la razón no es suficiente. No es fácil para mí manifestar o establecer una relación con un dios específico.

¿Y en dónde encuentra fuerza espiritual para soportar tanto golpe?
En el silencio. En los espacios de silencio proceso las agresiones y trato de entender al que me atacó. Siempre teniendo claro que la respuesta no puede ser más agresión.

¿Suele romper ese silencio con música?

No es que no me guste la música, pero no sé ni prender los aparatos de hoy en día. Si me pone a escoger, prefiero el silencio a la música.

Linares

Se autodenomina una mujer común y corriente. Era una desconocida en la escena nacional, hasta que se convirtió en la presidenta de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

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Ricardo Pinzón

¿Y ve series de televisión, que es ahora la pasión de todo el mundo?
Me gustó mucho House of Cards, aunque me faltó tiempo para ver la última temporada. Otra buena, Marsella, con Gérard Depardieu, y Entre costuras, la española. Y voy mucho a cine con mi esposo.

Última película que le haya gustado…
Vice, sobre Dick Cheney, exvicepresidente de Bush. Me recordó mucho a Colombia.

¿Cuál es el objeto más exótico que tiene en su casa?
Nosotros no tenemos mucho, pero nos gusta tener cosas bellas, como una escultura en forma de nudo del escultor y arquitecto Carlos Niño. Los nudos que me tocan a mí espero ir desatándolos paulatinamente, sin espadas de por medio.

Aunque robar no es un término apropiado para un administrador de justicia, ¿qué le roba una sonrisa?
Un colega suyo me preguntaba por qué no me reía. Y sí me río, pero no a carcajadas. De la misma manera en que hablo, pero no grito. Mi marido tiene un gran humor, si se quiere ácido, y eso ayuda mucho en los momentos difíciles.

¿Cómo armaría la lista de mujeres que admira?
Admiro profundamente a Dora Beatriz, mi mamá, que a través de la enseñanza trascendió, con mucho carácter, su rol de ama de casa. Tuve muchas tías maestras, en la época en que los profesores dormían en las escuelas y eran personajes claves en la vida de los pueblos, sometidos a las presiones de quienes no estaban interesados en que los alumnos pensaran. Y tengo un aprecio enorme por las mujeres víctimas que hoy lideran organizaciones y han convertido su dolor en energía para ayudar.

El Poder Judicial fue por mucho tiempo un club privado masculino. Ahí también debe haber un considerable número de mujeres juristas con carácter.
Muchas, algunas cercanas a mí. Incluso tenemos una especie de grupo que llamamos el Classic Lunch y nos reunimos cada tanto. Allí hay mujeres valiosas como Cristina Pardo, Clarita Rodríguez o Carmenza Isaza. Quizás no tan conocidas para la opinión pública, pero grandes juristas.

Nómbreme dos mujeres de fuera de Colombia que considere especialmente valiosas.
Michelle Bachelet, muestra patente del potencial de las latinoamericanas, y Fatou Bensouda, que es una mujer de férreo carácter y gran compromiso con el mundo, como fiscal de la CPI.

No me la imagino llorando. ¿Lo que ha tenido que afrontar como presidenta le ha costado, más allá de la figura, lágrimas reales?
Sí, pero no soy una persona que exprese en público las emociones. Además, las responsabilidades que tengo me imponen un efectivo control de los sentimientos. Solo en un juez con gran sensibilidad y humanidad reconozco a un buen juez. Uno aspira a ser juez porque lo conmueve el dolor y quiere contribuir a que ese dolor no se repita.

¿Cómo cree que va a terminar este proceso de paz?
Los colombianos tenemos la capacidad de complejizar todo al máximo, y llegar a momentos en los que pareciera que no hay salida, pero siempre terminamos saliendo adelante. Con este proceso va a pasar lo mismo. Esto va a terminar bien.

POR GUSTAVO GÓMEZ 
FOTOGRAFÍA RICARDO PINZÓN 
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 84 - ABRIL 2019

Linares

La presidenta de la JEP.

Foto:

Revista BOCAS

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