Orlando Ayala, conexión con significado

Orlando Ayala, conexión con significado

BOCAS habló con Orlando Ayala, exvicepresidente mundial de Microsoft.

Ayala

Orlando Ayala

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Cortesía Orlando Ayala.

Por: JULIO CÉSAR GUZMÁN
02 de junio 2020 , 11:08 a.m.

En el 2016, y frente a 15.000 personas, el director ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella, le rindió un homenaje totalmente inesperado al colombiano Orlando Ayala, quien luego de formar parte de la cúpula de esa empresa, estaba a punto de jubilarse. Durante la cumbre anual del gigante del software, Nadella dio paso a un video conmovedor en el que nadie menos que Bill Gates hablaba en nombre propio: “Orlando lideró a mucha gente maravillosa, dejó un gran ejemplo de alguien que está comprometido con valores fenomenales y también con los proyectos que tomó a su cargo (…) Es increíble verlo renovando constantemente, comprometiendo su energía, resolviendo nuevos asuntos, así que hizo una inmensa contribución a la empresa”.

A la semana siguiente, el ejecutivo bogotano le envió al fundador de Microsoft una nota de agradecimiento, y Gates le respondió de manera aún más personal, desde su correo electrónico: “Estoy en deuda contigo y siempre estaré contento de ayudarte de cualquier manera que pueda”.

Ayala no habría esperado este final feliz en Microsoft luego de que en el año 2001, en medio de la disputa legal entre esta firma y el Departamento de Estado de EE. UU., había cuestionado duramente a la dirección de la empresa en la reunión de sus 80 ejecutivos más importantes. El discurso del colombiano, quien en ese momento era vicepresidente mundial, criticó los valores de la compañía durante el juicio por monopolio y su actitud soberbia frente a sus clientes, lo cual despertó la ira de Gates. “Acabas de hacer algo muy malo, Orlando –reaccionó Gates–. Acabas de decir que somos malas personas, y no lo somos”. A lo cual, Ayala contrapunteó: “Si eso es todo lo que puedes decirme luego de que tus más altos ejecutivos acaban de ovacionarme, yo ya no pertenezco a esta compañía”.

La tensión de ese lejano momento, que incluso llevó a las lágrimas a quien era entonces el hombre más rico del mundo, refleja la estatura que alcanzó nuestro compatriota en la industria del software: con 40.000 personas a cargo en los cinco continentes y con un presupuesto equivalente a la mitad del de un país como Colombia, se reunía indistintamente con jefes de Estado, con gurús de la tecnología y las finanzas o con estrellas del deporte.

Y pensar que la inquietud que lo llevó a estudiar Administración de Sistemas en la Universidad Jorge Tadeo Lozano había nacido en sus juegos de infancia, en el barrio Santa Fe, de Bogotá, cuando buscaba algún sistema que le permitiera tabular más fácilmente las distancias que recorrían sus humildes ciclistas de plástico durante las versiones en miniatura de la Vuelta a Colombia, que organizaba con sus tres hermanos.

Hoy, Ayala tiene 63 años y luego de retirarse de Microsoft en el 2016, se dedicó a dar conferencias internacionales y a aportar su conocimiento como miembro de las juntas directivas de Ecopetrol, de la tercera empresa más importante de la salud en Estados Unidos (Centene) y próximamente del conglomerado de museos más grande del continente. El año pasado participó en la Misión de Sabios convocada por el Gobierno nacional y fue el vocero en la entrega del documento sobre la ruta científica que debería seguir Colombia para alcanzar el vagón principal en el tren de la tecnología.

Con todo y eso, no ha podido librarse de los efectos de la tragedia mundial que significa la covid-19. “En general, la pandemia desnudó el contraste de los modelos económicos –afirma Ayala desde su casa en Seattle, EE. UU.–. La irregular distribución de la riqueza, pero también la capacidad de reaccionar cuando la gente trabaja unida en resolver un problema. Como Bill Gates, enfocado y con liderazgo global alrededor del desarrollo de la vacuna. Se dice que el centro de gravedad de la tecnología se está moviendo de Silicon Valley a Seattle, porque Amazon y Microsoft (con sede allí) se están volviendo líderes”.

Ayala

El ex vicepresidente mundial de Microsoft, Orlando Ayala, cree que algunas tecnologías han avanzado 20 años durante el confinamiento por la covid-19.

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Cortesía Orlando Ayala

¿Qué papel ha jugado la tecnología en la crisis por el coronavirus?
Un campo en el cual te das cuenta de la falta de infraestructura es el cierre de los colegios aquí en Estados Unidos, que muestra quizás la brecha más grande de desigualdad en el mundo. Un ejemplo: mi nieto vive en Washington D. C. y sus padres están atormentados porque su colegio es un desastre, es muy difícil la conectividad, no todos los muchachos tienen computador, en fin. Yo me pregunto: si así es en Washington, capital de Estados Unidos, ¿cómo será en las zonas rurales de Colombia? Los niños quedan en desventaja porque la infraestructura no les da posibilidades. En la Misión de Sabios nos encontramos con que el 50 por ciento de Colombia está desconectado, y si vas a las zonas rurales, el porcentaje sube al 70 por ciento. Debería ser considerado un derecho el estar conectado, un servicio básico de habilitación del ciudadano, incluyendo la parte rural de cualquier país.

¿Cómo cambiará la educación con las tecnologías que se están usando en la cuarentena?
Me he quedado maravillado con el número de seminarios web de alta calidad y gratuitos a los que he podido asistir virtualmente. Esto va a cambiar el modelo educativo, en general. Se tiene que repensar. Cuando el presidente de Ecopetrol me llamó para hacer parte de la junta directiva, yo le dije que no sabía de petróleos. Y él me dijo que justamente quería otro pensamiento, por fuera de lo que normalmente se discute en esta industria. La empresa me pagó un diplomado de siete semanas, tuve que estudiar virtualmente y en ese lapso tan breve entendí la terminología, las variables… fue increíble. Quien sea disciplinado va a aprender mucho, porque hay tanto seminario web que la gente se va a preguntar: ¿realmente vale la pena estudiar cuatro años? ¿Vale la pena una especialización de dos años? Yo siento que eso va a cambiar. Va a imponerse la adquisición de conocimiento por experiencias virtuales altamente inmersivas. Todas las industrias educativas competirán por convertirse en productores de contenido original.

¿De qué tipo de experiencias inmersivas estamos hablando?
Recomiendo mirar un sitio llamado SoundWalkrs (algo así como Caminantes del sonido). Es un gran ejemplo de innovación, en el cual se creó una plataforma para simular una experiencia turística dependiendo del lugar en donde estás o quieres estar. A medida que vas caminando, vas escuchando e interactuando de manera física con el ambiente. Transmite una experiencia de viajar sin viajar o sin pagar un guía, simplemente conectándose a unos audífonos, cerrando los ojos y probando cómo suena una ciudad mientras te cuentan una historia. La computación cognitiva es eso: la capacidad de ver, escuchar, sentir, analizar y eventualmente oler. En ese nivel estamos entrando a través de la inteligencia artificial, el análisis de datos, las redes entre dispositivos, etc.

Los datos son el nuevo petróleo y la inteligencia artificial es la nueva electricidad

¿El turismo del futuro se va a hacer por computador?
El tema de los viajes después de la pandemia es un gran interrogante: ¿qué va a pasar con los hoteles, las aerolíneas? Van a sobrevivir quienes puedan diferenciarse, y además entrarán otros jugadores con recorrido en experiencias inmersivas: National Geographic, The New York Times… En estos días, le mandé al presidente del Smithsonian Institution una copia de un video de National Geographic que es impresionante: crearon un colibrí artificial, que en realidad es una máquina con una cámara y los rotores de un dron para volar, cubiertos con las alas para no lastimar a las mariposas. Son igualitos al colibrí y los mandaron a México, al lugar donde muy poca gente ha visto cómo nacen las mariposas monarca. El dron se acerca y se parece tanto al pájaro que las mariposas se posan encima de él. En la primavera, cuando el sol eleva la temperatura, empiezan a abrirse las alas de las mariposas. Y es un espectáculo sobrecogedor, nunca antes visto, una experiencia inmersiva sin serlo: un video de dos minutos que te abre el apetito intelectual, emocional.

En el libro sobre su vida (Orlando Ayala, el colombiano que le hablaba al oído a Bill Gates), usted cuenta una experiencia inmersiva como piloto de los simuladores de vuelo…
Sí, pero ahora con las gafas de realidad virtual (Oculus, de Facebook) me he quedado aterrado de la potencia de la simulación con respecto a volar un avión. Tiene una aplicación que es muy cercana a esas sensaciones y el cerebro las acepta como tales. Con ciertas maniobras, sientes físicamente las gravedades e incluso te puedes marear. Al girar la cara, ves la pista de aterrizaje a un lado o al otro, cómo te tienes que aproximar: me pareció espectacular. Lo que quiero decir es que en adelante la batalla es por contenido original altamente inmersivo. La intersección entre el mundo físico y el mundo digital, esa es la gran revolución.

¿Esto se podría aplicar en los eventos deportivos?
Es muy difícil reemplazar la experiencia de un estadio, pero la experiencia virtual es espectacular. Tengo entendido que ya se probó en ciclismo, con profesionales haciendo unas carreras simuladas, desde su casa y conectados para ver en pantalla exactamente lo que le pasa al deportista, medir sus síntomas vitales, su esfuerzo, y esto puede ser observado por millones de personas. Ahora, la pregunta es: ¿pagaría por un torneo de fútbol donde los jugadores reales estuvieran en una consola, cada quien con su jugador? Son ejemplos que ya se están probando. Es la gran maravilla de la inmersión como concepto tecnológico. Cuando asesoré al Real Madrid, hablábamos de la capacidad de ser un espectador y replicar experiencias poderosas, e incluso podría ser más fuerte afuera que dentro del estadio, porque ese espectador virtual podría tomar la experiencia de uno de los jugadores: estar parado donde está el arquero cuando se va a cobrar un penalti. O podría ser el balón. Eso técnicamente ya es posible. El fútbol puede transformarse y he leído que la experiencia podría ser más rica: ser parte del partido.

Y ni hablar de otros videojuegos…

Tengo un hermano (Rodrigo) que vive en la Florida, y creo que nunca había hablado con él tanto como en esta pandemia. Decidimos jugar el campeonato de Fórmula Uno en Xbox: cada miércoles y cada domingo a la 1 p. m., nos encontramos en la carrera de ese día, con rondas de clasificación. Ya vamos por la sexta válida, le voy ganando 4 a 2, pero está aprendiendo demasiado rápido. Y creo que no me había reído tanto en mi vida como haciendo esa vaina. En la familia esto se convirtió en tema de conversación y nos están pidiendo que transmitamos las carreras para que los demás las vean. Somos tan competitivos que nos dedicamos a entrenar en la pista antes de la carrera, cómo tomar las curvas. Hasta que nuestras esposas se rebelaron porque no pasábamos tiempo con ellas. Nos tocó poner reglas: nadie puede entrenar en la pista y no se puede tocar el carro hasta el momento de la clasificación. Cuando nos encontramos, hacemos cinco vueltas de preparación para conocer la ruta, el que haga mejor tiempo sale de primero y luego hacemos dos mangas de diez vueltas cada uno. Así resolvimos el problema. Al final de las carreras, mi dedo pulgar termina resentido de la presión de no dejarme ganar y ya me salió callo de tanto jugar Fórmula Uno y fútbol. Pero también he aprendido nuevos juegos. Con mi nieto (el que vive en Washington), me encuentro una vez a la semana para jugar Roblox, la plataforma que permite diseñar juegos propios. Mi nieto tiene 5 años y me enseña todo. Me dice: “Abu, te voy a matar, pero no te pongas bravo”.

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El colombiano prevé escenarios peligrosos para el individuo por el uso gubernamental de su información personal, pero a la vez siente que el medioambiente puede beneficiarse.

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Cortesía Orlando Ayala

¿Hay experiencias físicas que aún no se pueden reemplazar?
La experiencia de comer es irremplazable por una tecnología. Pero hubo un gran avance por parte del antiguo chief technology officer (la máxima autoridad en términos tecnológicos) de Microsoft, Nathan Myhrvold, quien escribió un libro sobre la fusión y el uso de la química en la producción de sabores nuevos (se titula Cocina modernista: el arte y la ciencia de la cocina, y es en realidad una enciclopedia de seis tomos y 2.438 páginas). Puede haber una evolución hacia la capacidad de poder producir experiencias de sabor únicas a través de la tecnología.

¿Entonces, la tecnología nos inundará de nuevos sabores?
En mi caso, fue todo lo contrario: un regreso a lo autóctono. Alguien en la familia tenía un libro de recetas de mi mamá, que ya murió, y se convirtió en un tesoro para todos nosotros. Mi hermano nos pasó por Internet la receta del aborrajado, y hacía como 30 años no me comía uno. Bueno, estoy absolutamente enviciado a los aborrajados. Ha despertado un sentimiento de conexión con nuestro pasado. Pienso que se va a dar un regreso a lo ancestral, a cómo se hacían las cosas en casa, y siento que la pandemia ayudó a desempolvar las recetas de la abuela y el guiso de la mamá. A darnos esa satisfacción en medio de tanta angustia. Ahora, el problema que tengo son las conversaciones con la nevera, a las 11 de la noche, cuando sé que ahí están los aborrajados y la nevera me dice: “Venga, venga”. Me he encontrado comiendo aborrajado a la medianoche.

¿De qué manera cambió su trabajo con el confinamiento?
Me hizo cuestionarme profundamente, desde la primera junta directiva virtual de Centene (empresa de salud de EE. UU.), cuyo CEO estaba por completo en contra del tema. Y en tres días tuvo que cambiar. Movieron 40.000 empleados en tres días para trabajar en remoto. Está claro que yo no tengo que ir al trabajo y no debería estar creando más huella de carbono, a raíz de mi presencia física en la oficina. El mundo va a tener que repensar la necesidad de desplazarse. Más del 50 por ciento de los trabajadores no tendrían por qué desplazarse, e incluso aumentaría su productividad. En Ecopetrol, el tema ha sido mucho más proactivo. A raíz de la caída del petróleo, que tiene tanto impacto, la capacidad de podernos reunir instantáneamente como junta ha sido muy valioso. Montamos una reunión de una hora cada semana, porque el tema es crítico. Muchos de la junta, que viven fuera de Bogotá, están pidiendo mantenerla virtual. El mundo avanzó 20 años en estos temas, gracias a la pandemia. También en Ecopetrol hicieron la asamblea de accionistas muy rápidamente, ajustando los requerimientos de ley. Se hizo en dos días, de manera virtual, y hubo como 50.000 personas conectadas, sin problema y con capacidad de votación. Las compañías tendrán que evaluar qué aprendieron, incluyendo ahorro de costos en desplazamiento, reducción de impacto ambiental, incremento de la productividad y más tiempo para entrenamiento. Y además, el empleado puede ser más feliz. Pero todo va a tener un aspecto cultural: habrá que entender que un empleado no tiene por qué estar conectado las 24 horas por 7 días.

¿El manejo de la salud pública se ha beneficiado gracias a la tecnología?
Esta puede ser el área humana en la que se dará la batalla entre la privacidad y la seguridad. Frente a las aplicaciones contra el coronavirus hay un gran interrogante: ¿hay riesgo en entregar toda mi información? Es una decisión personal, usted debe encontrar el balance entre qué tan seguro va a estar teniendo más conocimiento y qué tantos datos entrega. ¿Dónde se garantiza que esa información no va a ser usada en otros escenarios? En China, atacaron muy rápidamente el problema. Pero allá, a raíz de la implementación de un modelo de seguimiento social, el Social Scoring, a cada ciudadano le dan mil puntos y le quitan o le dan en la medida en que interactúa con la ciudad y con otros ciudadanos. Según el número de puntos tiene o no derecho a ciertos servicios sociales.

La principal enseñanza de este periodo es la reafirmación del significado de la vida a través de la conexión. Esa es la palabra que define gran parte de la esencia humana

Suena como la sociedad de Un mundo feliz, de Huxley, o la de 1984, de Orwell…
Mucha gente se pregunta si nos vamos a mover a un Estado de vigilancia. Vienen las Tracing Apps, con las que tu teléfono entrega información de geolocalización y de si estás enfermo o no. Por ejemplo, tú y yo nos encontramos por la Séptima y tu celular te avisa que la persona con la que acabas de cruzarte puede tener coronavirus. ¿Cómo reaccionas? Peor aún: ¿cómo funciona eso al momento de contratar a una persona? China se recuperó gracias a la detección termográfica por medio de reconocimiento facial. Ya estaba todo implementado y es el ejemplo de un sistema cuestionable desde el punto de vista de los derechos humanos, pero que se tradujo en una reactivación más rápida que en cualquier otro país. Hemos leído sobre una persona en China a quien tan pronto se movía 1,5 kilómetros fuera de su casa le llegaba la policía.

Y entonces, ¿dónde quedan los derechos individuales para que no terminemos convertidos en robots?
Se está desenvolviendo un nuevo modelo económico con impactos culturales, sociales, y es lo que se llama el Internet del comportamiento, en el cual la materia prima es el comportamiento humano, se microanaliza y se desarrollan productos, servicios e influencias por medio del análisis sicográfico. Los datos son el nuevo petróleo y la inteligencia artificial es la nueva electricidad. Pero ese insumo del nuevo modelo económico está en muy pocas manos: en Estados Unidos, son Amazon, Facebook, Google y Microsoft. Y en China, Baidu, Alibaba, los equivalentes. El desafío ético es desarrollar los mismos derechos que tengo en la vida real y transferirlos al mundo digital, incluyendo la opción de ser invisible, si así lo quiero.

¿De qué manera esto redefine las relaciones políticas internacionales?
Yo creo que no nos hemos dado cuenta de que la superioridad geopolítica se está jugando en el campo tecnológico entre China y EE. UU., con un posicionamiento débil por el liderazgo que tiene hoy Estados Unidos. En todo el tema de inteligencia artificial y computación cognitiva, China está invirtiendo diez veces más que EE. UU. Tiene el reconocimiento facial más masivo del mundo: supera los 750 millones de personas. Y esa inversión va a impactar todo: las cadenas de valor, de suministros; ellos no están confundidos. Es irreversible: China va a ser la economía más grande del mundo. Hace pocos días se anunció algo que venía haciendo China hace un año y es la declaración de divorciar la moneda china del dólar a través de la criptomoneda. Es el primer gobierno que firma una declaración en tal sentido. Todo el intercambio digital sería por criptomoneda. La dependencia del yuan frente al dólar no estaría gestionada como se hace hoy. Y es bueno saberlo. Estamos ante la batalla geopolítica más trascendental y se va a decidir en los próximos cinco años.

¿Ve mejores noticias en el campo del medioambiente?
Leí sobre la creación del computador planetario de Microsoft. Es la colección más importante de sistemas atmosféricos globales por medio de mapas. La experiencia tiene dos iniciativas: AI for Earth (Inteligencia Artificial por el Planeta) y el mapa completo de los ecosistemas, dónde nacen los ríos, qué especies están por debajo de niveles sostenibles. AI for Earth es una plataforma de computación en la nube, herramientas de código abierto y soporte de inteligencia artificial para ayudar a individuos e instituciones a lidiar con problemas ambientales y retos de sostenibilidad. Para despertar la curiosidad de la gente y acelerar su trabajo. El efecto práctico es poder monitorear y entender las especies animales y vegetales, gracias a la tecnología. Por ejemplo, predecir fluctuaciones en la población, patrones de migración, cambio climático y otros factores que impactan el bienestar de la vida silvestre y los ecosistemas. Y con ello, desarrollar programas como el de la agricultura de precisión.

Muchos dicen que la tecnología ha contribuido a aumentar nuestra soledad.
Tengo un primo que se fue para la Alemania comunista cuando tenía 16 años. Siempre traté de engancharlo con la familia, pero fue muy reacio. Ya a sus 70 años, descubrió FaceTime y se dio cuenta de que no era tarde para conectarse con el resto de la familia desde Berlín y compartió historias que yo no conocía. El corolario es que cuando tienes tiempo para reflexionar y le pones la tecnología, muchas cosas interesantes pueden pasar. Esta persona se enamoró de la compañía digital y ahora vive ansioso por conectarse. Su mamá, de 92 años, vive en un ancianato de Cali. Para él, poder conectarse desde Berlín con su mamá es muy importante. Eso me enterneció bastante y me pareció algo muy poderoso.

¿Qué lección le deja esta época de aislamiento social?
La principal enseñanza de este período es la reafirmación del significado de la vida a través de la conexión. Esa es la palabra que define gran parte de la esencia humana: la capacidad de conectarse con significado. Acabo de leer un artículo en la prensa estadounidense sobre el efecto mental que causan las muertes: mucha gente ha fallecido sin tener un familiar al lado. Se cuentan historias de cómo la gente que está en las Unidades de Emergencia entra en un proceso de delirio profundo y ve al médico como un monstruo. Algunos doctores han hecho una maravilla al conectar a través de un dispositivo a una persona que se está muriendo con su familia al otro lado. Al menos para despedirse.

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