Notas de Alta Costura

Notas de Alta Costura

El veredicto de Nina. Julio - Agosto del 2019.

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Por: NINA GARCÍA
28 de julio 2019 , 05:00 a.m.

Contradicciones de la vida: mientras en Estados Unidos el 4 de julio estaban celebrando el Día de la Independencia, en París, al otro lado del Atlántico, se estaba desarrollando otro tipo de fiesta: la de la alta costura. París y Nueva York, Francia y Estados Unidos, son dos ciudades y dos países cuyo hermanamiento en el periodo revolucionario de finales del siglo XVIII también se dejó notar en el mundo de la moda. Sacando el hilo de la historia, en el año 1973 el Palacio de Versalles fue testigo de una competición que aún hoy se recuerda.

En una pasarela levantada en el gran palacio del Rey Sol, los dioses de la alta costura francesa como Yves Saint Laurent, Christian Dior y Hubert de Givenchy compitieron con unos diseñadores más desconocidos pero que traían en sus costuras algo invencible: la simplicidad y la comodidad del sportswear americano. Stephen Burrows, Halston, Anne Klein, Donna Karan y mi añorado Óscar de la Renta revolucionaron un París que se había quedado anclado en un pasado glorioso. Era el inicio de un gran cambio.

La historia es cíclica y parece que el equilibrio de la influencia del vestir volvió a cambiar. Mientras la pasarela de Nueva York vive una crisis de identidad que se ha dejado sentir en los últimos años, París sigue siendo una fiesta: atrás ha quedado la crisis de la Alta Costura y el ready-to-wear ha abrazado el reto del siglo XXI con diseñadores como Marine Serre y Jacquemus. Históricas casas francesas respiran nuevos aires como el que aportan Kim Jones y Maria Grazia Chiuri (en Dior hombre y mujer), Virgil Abloh y Nicolas Ghesquière (en Louis Vuitton hombre y mujer), y Clare Waight Keller (en Givenchy).

En esta semana de la moda de la Alta Costura he visto algo remarcable, como indicó la crítica de modas de The New York Times: por primera vez en la historia, las tres casas históricas francesas de la alta costura tienen una mujer en el puesto de la dirección creativa.

Virginie Viard, en Chanel, tiene el reto de sustituir a alguien imposible de reemplazar como Karl Lagerfeld. En su primera colección para la casa, Virginie siguió la estela creativa del káiser rindiendo homenaje a Coco y a Karl, aunque dejó notar su sello personal con unos looks un poco más relajados. Una biblioteca gigante (Karl era un gran amante de los libros) sirvió de backdrop para un Chanel que mira al futuro en femenino.

Un diseño de un vestido de novia, el de Meghan Markle, hizo que el nombre de la británica Claire Waight Keller se popularizara en titulares de publicaciones generalistas. Keller sigue creando un estilo propio en la histórica casa Givenchy con una sastrería que circula entre lo suave y lo duro pero siempre homenajeando a Hubert de Givenchy, uno de los grandes nombres de la historia de la moda. Estoy segura de que Hubert se emocionaría viendo los diseños de Keller: en cada colección de alta costura que ha diseñado podemos ver toques del estilo que hizo popular a Hubert.

Es imposible no separar el mundo de las ideas con los diseños de la italiana Maria Grazia Chiuri para Dior. En una nueva colección para el buque insignia de la moda francesa, Maria Grazia decidió preguntarse si “¿la ropa es moderna?”, una frase extraída del ensayo publicado por Bernard Rudofsky que acompañaba una exposición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y que precisamente se preguntaba lo mismo. Sesenta y cinco looks formaron una colección monocromática en negro, excepto el último look en dorado que hizo andar en la pasarela una réplica de la maison. Ya saben que el negro es un color muy difícil de fotografiar, ya que no deja ver todos los detalles que constituyen un vestido. Algo similar sucede con la alta costura: uno tiene que estar cerca para poder ver todo el esfuerzo, todas las horas de trabajo manual que se esconden en un diseño.

Haciendo un resumen de todas las colecciones presentadas en París podríamos decir que la Alta Costura sigue el camino marcado por el ready-to-wear. La sastrería hizo acto de presencia con el esmoquin marcando el paso en muchas de las colecciones (de Armani a Givenchy); los ochenta con sus hombros exagerados siguieron robándose todas las miradas de los fotógrafos, como vimos en Iris van Harpen, Gaultier y Margiela.

La única tendencia que no siguió los pasos del ready-to-wear fue la fuente de inspiración de muchos de los diseñadores: la Grecia y la Roma clásicas. Lo vimos en Valentino, Dundas y Ronald van der Kemp, aunque donde se pudo contemplar con más grandeza fue en Fendi y Dolce & Gabbana (dos casas que muestran fuera del calendario oficial de la alta costura). No les miento si les digo que este fue otro viaje para el recuerdo: en Roma y Sicilia. El templo de Venus y el templo de Agrigento fueron los escenarios de dos colecciones espectaculares. La de Fendi fue un homenaje a su director creativo, Karl Lagerfeld, y la de Dolce & Gabbana a la historia clásica que aún se deja sentir en esta isla del Mediterráneo.

Esta selección no es casual: en un mundo que vive a la deriva, los clásicos nos brindan un poco de aliento y serenidad, y esta es la gran lección de esa semana: la serenidad, la proporción y la belleza son el antídoto para un mundo difícil de entender.

NINA GARCÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 87. JULIO - AGOSTO DEL 2019

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