Marta Lucía Ramírez: "Al Presidente le han faltado escuderos"

Marta Lucía Ramírez: "Al Presidente le han faltado escuderos"

BOCAS habló con a la primera Vicepresidenta de Colombia.  

Marta L

Es bogotana, es abogada y tiene 64 años.

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Ricardo Pinzón

Por: Ricardo Ávila
17 de diciembre 2018 , 02:16 p.m.

El pasado 7 de agosto del 2018, vestida completamente de blanco, Marta Lucía Ramírez, la abogada bogotana de 64 años, se convirtió oficialmente en la primera mujer en asumir el cargo de Vicepresidenta en Colombia.

La ceremonia, que tuvo lugar en la plaza de Bolívar de Bogotá, dio paso a un hecho histórico que no solo marcó un nuevo rumbo para el país, sino que reafirmó una tendencia en el mundo y en Latinoamérica en la que, año tras año, las mujeres han ido alcanzando un decisivo protagonismo político.

Conservadora por definición, Marta Lucía Ramírez pasó de ser ministra de Comercio Exterior, embajadora de Colombia en Francia, ministra de Defensa y senadora de la República, a hacer parte de la llave presidencial de Iván Duque, el candidato del Centro Democrático en el 2018, en una elección que se dio tras una coalición interpartidista.

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Portada número 81 de la revista BOCAS.

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Revista BOCAS

Sin embargo, las cosas no han sido color de rosa. El pasado 22 de agosto, recién posesionada, se cayó y se fracturó la pelvis, pero no dejó de trabajar: “Nos fracturamos un hueso y no el cerebro”, dijo.

Hoy, pasados los cuatro primeros meses de gobierno, el presidente Duque alcanzó el peor índice de popularidad con una desaprobación del 68 por ciento (según encuesta de Datexco hecha en diciembre). “El Gobierno del presidente Duque tiene la confianza de los colombianos, pero se enfrentó a la expectativa de que iban a darse los resultados muy rápidamente. Realmente creería que esto es algo coyuntural, porque estoy convencida de que al final lo importante van a ser los resultados”, aseguró.

Habla una mujer que no se guarda ninguna opinión.

Mi relación con el Presidente es buena, pero está todavía en proceso de construcción.

Han pasado más de cuatro meses desde el 7 de agosto y las encuestas muestran cifras muy bajas de favorabilidad del Gobierno. ¿Qué es lo que pasa?
Este es un gobierno que tiene una manera distinta de gobernar, con una relación de respeto hacia el Congreso y a lo que significa de verdad la política. Se trata de que ningún congresista sienta que sus proyectos de ley o los que ayuda a tramitar van a tener ningún tipo de retribución. Eso en el pasado siempre había sucedido. Hoy por hoy, el país quiere cambiar eso y lo debe cambiar, porque lamentablemente ese manejo clientelista de la política sí abre espacios a la corrupción y tenemos que acabarla. Sin duda, esta transición ha generado algunas dificultades y posiblemente el Gobierno también puede haber cometido errores que tenemos que subsanar. De pronto ha faltado una comunicación mucho más fluida, de pronto ha faltado un trabajo mucho más en equipo y con los partidos que son cercanos al Gobierno. Creo que todo eso nos tiene que servir para corregir una manera de trabajar, pero no creo que haya que hacer cambios profundos en lo que el presidente Duque quiere representar, que es la transformación de las relaciones entre el Gobierno y la clase política.

Se quejan los congresistas de su propio partido...
Recuerde que yo renuncié al Partido Conservador. Aun así, creo que muchos de los congresistas de esa bancada están realmente dispuestos a trabajar con este Gobierno sin estar pidiendo ningún tipo de retribución ni puestos, ni lo que se llama la mermelada. Acepto que hay un desconcierto por unas nuevas reglas de juego y sí hay gente que le dice a uno que quisiera tener muchísima más representación, que quisieran sentir un gabinete que de verdad represente a la clase política. Mi respuesta es que el gabinete es técnico, aunque eso no le impide tener una relación de respeto, de cercanía, de trabajo en equipo con la clase política.

¿Y van a seguir por esa línea?
Sí. Esto va a ser mucho más nítido el año entrante, cuando se deben producir nombramientos de funcionarios del orden nacional en las regiones, por méritos. Debemos lograr que las personas que lleguen al desempeño público lo hagan porque tienen el conocimiento, la experiencia, la preparación, los méritos para llegar a los cargos, no simplemente porque tengan cercanía con un sector tal de la clase política. Colombia debe avanzar hacia un verdadero servicio civil que sea profesional.

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Conservadora por definición, Marta Lucía Ramírez ha sido ministra de Comercio Exterior, embajadora de Colombia en Francia.

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¿Le aconsejaría al presidente Duque que haga ajustes en su gabinete?
Creo que él mejor que nadie sabrá si hay ministerios que de pronto necesitan un cambio, pero esa es una decisión del fuero del Presidente.

¿Cómo es su relación con él?
Amable. Entré a trabajar con él porque tuvimos una relación amable también en el pasado, pero no hemos sido ni grandes amigos ni hemos hecho trabajo político juntos. Nos encontramos en una coyuntura muy particular: el riesgo de que Colombia de verdad se fuera al populismo, y nosotros representábamos lo contrario a eso. Hicimos un acuerdo, una consulta popular, en la que yo representaba un sector de la política y lo hice en condiciones de alguna manera muy desventajosas, porque venía de renunciar a mi partido, de recoger firmas en la calle, pero para mí primaba la preocupación por el futuro del país. Ya en la campaña lo conocí más, me parece que es una persona valiosa, supremamente inteligente, totalmente disciplinado, que conoce los temas. Tiene por encima de todo la vocación de servir, de acertar. En este proceso cada uno ha ido conociendo más del otro y creo que al final los dos nos sentimos cómodos como equipo.

¿Qué le gustaría?
Hay cosas que hay que ir puliendo cada vez más. Soy una mujer muy acostumbrada a dar mis opiniones, a trabajar y quisiera colaborar con muchos temas. En la Vicepresidencia por primera vez siento que tengo la limitación de no estar en algo que sea de verdad ejecutivo, porque esta oficina no tiene una función que la haga responsable de unos resultados en un área concreta. Quiero ser una persona que les aporte al Gobierno y a los ministros, pero tampoco quiero convertirme de pronto en alguien que está interfiriendo en el trabajo de cada uno de ellos. En resumen, mi relación con el Presidente es buena, pero está todavía en proceso de construcción.

¿Cada cuánto habla con él?
Todas las semanas nos vemos en Consejo de Ministros, hablamos por teléfono ocasionalmente, dos o tres veces por semana y chateamos con frecuencia. Tenemos una comunicación que es fluida, que puede ser de pronto más regular, pero él tiene unas agendas que viven full y yo también. Arranco reuniones todos los días a las 7:30 de la mañana y me voy a las 9 de la noche.

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También ha sido ministra de Defensa y senadora de la República.

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¿A qué atribuye la impopularidad del Gobierno?
Los colombianos somos muy dados a esperar que haya soluciones rápidas, casi mágicas, a los problemas. Este es un país tremendamente individualista, donde la gente está pensando en sí misma pero no tanto en el común, en el colectivo. El Gobierno del presidente Duque tiene la confianza de los colombianos, pero se enfrentó a la expectativa de que iban a darse los resultados muy rápidamente. Realmente creería que esto es algo coyuntural, porque estoy convencida de que al final lo importante van a ser los resultados. Y estos se van a estar viendo en muy pocos meses y cada vez van a ir creciendo más las cifras de apoyo al Presidente y a todo su equipo.

¿Considera que los han dejado solos?
Pienso que sí es necesario que haya más gente que en el momento en que se presentan dificultades salga a defender la agenda del Gobierno, y no solamente miembros de la administración. Aquí estamos hablando de la defensa de un sistema económico, aquí estamos hablando de la defensa de un sistema democrático. Nosotros no estamos contentos con el país que tenemos, estamos muy insatisfechos con la desigualdad social o los niveles de pobreza. Hay que ver cómo logramos acelerar los avances, pero reconociendo que hay un sistema de economía de mercado, de libertad de empresa, de iniciativa privada, que tenemos que defender entre todos, y yo siento que no hay defensores. A veces observo en los gremios, en los propios empresarios, que cada quien sigue defendiendo su nicho individual, no la defensa del todo, y eso sí que ha faltado. Al Presidente le han faltado los escuderos que tuvieron otros presidentes. En mi caso, inclusive, a veces me hago la pregunta de que si no debería ser una escudera más efectiva, pero también está esa misma limitación de funciones.

¿Cree que la polarización está igual, mejor o peor?
Se ha reducido. Lo siento en la calle, lo siento con gente que era muy crítica a lo que nosotros representamos. Antes uno se sentaba a hablar con alguien que siempre empezaba por decirle “yo le quiero recordar que no voté por usted”. Hoy no siento eso. No obstante, hay políticos que son absolutamente radicales, que no están dispuestos a reconocer nada positivo de este Gobierno. Es un sector que realmente sí quisiera hacer tierra arrasada con lo que significa este sistema, que no ve sino defectos y críticas, que es absolutamente implacable. Pero es muy distinto eso a la época del acuerdo con las Farc, donde era medio país defendiendo y un poco más de medio país en contra.

Me disculpé con la opinión pública, pero el tema continuó y me tiene muy impresionada tanto odio y agresividad(...) Lamento mucho la confusión e incomodidades a la familia del expresidente [Betancur].

¿Y las protestas de los estudiantes?
Hubo un error grave de comunicación, porque el Gobierno tomó la decisión de aumentar el presupuesto de la educación superior mucho antes de las protestas, pero no lo contó a tiempo. Ahora las marchas han dado lugar a que se perciba que el Gobierno tiene una actitud desinteresada por el futuro de la educación, y eso no es así. Una de nuestras prioridades es garantizar una educación de calidad que cubra a todos los jóvenes de este país, un tema de fondo en el que trabajamos mucho en la campaña.

¿Ve posible suscribir pactos sobre diferentes temas con los opositores?
Todavía estamos a tiempo. Lo que pasa es que hay un sector que es demasiado radical al estar descalificando y cuestionando todo el tiempo al Gobierno. Pero así como el Presidente demostró con su liderazgo que fue capaz de hablar con todos de la lucha contra la corrupción y presentar juntos unos proyectos, pues tenemos que ser capaces realmente de construir este gran pacto por Colombia. Tener una visión de este país que nos recoja a todos.

Más fácil decirlo que hacerlo…
Sin duda. De todas maneras no hay que perder de vista que estamos en los preliminares de una campaña electoral en el 2019. Entonces acá empezaron ya todos a alinearse con sus posiciones políticas, pensando y calculando que si golpean al Presidente, que si golpean al Gobierno de pronto eso les va a convenir mucho más políticamente. Nosotros, en cambio, tenemos que insistir en unir a los colombianos.

¿Sin preferencias?
El Presidente Duque se marginó de la elección del contralor. Eso le podrá parecer a la gente bueno, malo, ingenuo, equivocado, pero me parece que esto responde con muchísima coherencia a lo que él ha ofrecido a los colombianos de querer ser un jefe de Estado, gobernando para todos, sin ningún tipo de preferencia hacia un sector de la política con el cual tenga más cercanía, y eso mismo es lo que creo que vamos a ver durante el debate del 2019.

Causó sorpresa cuando dijo que el Gobierno era una cosa y el Centro Democrático otra. ¿Por qué lo dijo?
Porque estoy convencida de eso. Tengo un gran respeto por el Centro Democrático. Tanto en su organización, su liderazgo, su disciplina, o en el juicio con que hacen su tarea política, tienen mucho que enseñarles a otros partidos. Pero yo sí creo que la obligación del Gobierno es gobernar para todos los colombianos y eso implica trabajar de verdad por los principios en los que creemos: por la mayor generación de empleo, por mayor desarrollo económico, por el desarrollo rural, por las familias, por lograr una sociedad en donde progresemos. Y para eso hay que trabajar con todos los partidos, lo cual supone que seamos capaces de sentarnos inclusive con los más radicales de la oposición para llegar a los consensos que esta sociedad necesita. En eso vamos a estar empeñados los tres años y siete meses largos que nos quedan de gobierno.

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“El Gobierno del presidente Duque tiene la confianza de los colombianos, pero se enfrentó a la expectativa de que iban a darse los resultados muy rápidamente.", asegura la Vicepresidenta. 

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Recibió críticas por el trino que anunciaba prematuramente la muerte de Belisario Betancur…
Un compañero mío de universidad llamó a la oficina a darme la noticia y aseguró haberla verificado, pues era de buena fuente. Reaccioné impactada escribiendo mi trino con afecto y tristeza. Y al salir de la reunión en la que estaba, unos minutos más tarde, supimos que no era cierta la información, pero para entonces ya las redes se habían desatado con insultos y hasta nombradas de madre. Fue descomunal la reacción. De inmediato me disculpé con la opinión pública, pero el tema continuó y me tiene muy impresionada tanto odio y agresividad ante un mensaje que fue respetuoso, afectuoso y de buena fe. Yo estaba expresando un sentimiento. Lamento mucho la confusión e incomodidades a la familia del expresidente.

¿Fue un error hablar de universalizar el IVA?
No creo. El proyecto que se presentó inicialmente era mejor de lo que existe ahora porque implicaba una mayor conciencia de cómo todos tenemos que estar dispuestos a aportar en el esfuerzo tributario. Además, por primera vez se preocupaba por redistribuir al devolver o compensar a las clases menos favorecidas lo que pagan por IVA, quitándole prerrogativas y beneficios a la gente que tiene mayores ingresos. A mí me parece totalmente absurdo que los que más ganamos no paguemos un IVA por la leche ni por la canasta familiar teniendo la capacidad de hacerlo.

¿Cuál fue la equivocación?
El proyecto tuvo un defecto, que fue la falta de socialización con las bancadas y la falta de explicación mucho más completa a la ciudadanía. Eso nos enseña que tenemos que ser capaces, no solamente de hacer proyectos que técnicamente estén bien hechos, sino de comunicarlos mejor. Pero insisto: un país donde una proporción tan bajita de los colombianos paga impuestos, es un país que deja de ser viable.

¿Qué significa ser la primera vicepresidenta en la historia?
Probablemente para una persona distinta a mí eso sería un motivo de orgullo, de ufanarse. A mí no me genera eso, sino una gran responsabilidad. Creo de verdad que uno los honores en la vida debe recibirlos con humildad, entendiendo que tengo la oportunidad de estar acá porque me he parado en los hombros de mucha gente valiosa, que me ayudó a hacer trabajo político, que me ayudó a irme abriendo camino. En los primeros hombros que me paré fueron los de mi mamá, que me enseñó a tener coherencia, a luchar por mis sueños, a punta de esfuerzo, trabajo y de hacer las cosas con dedicación. Mi responsabilidad es que muchas mujeres se paren en mis hombros para que puedan dar un salto mucho más largo en su vida, y también hacer cosas importantes por el país.

Los temas que tiene a cargo van desde la infraestructura hasta el bicentenario. Alguien diría que es una agenda poco coherente…
Tiene un común denominador, que es la posibilidad de liderar. Realmente no estoy buscando ni protagonismo ni poder. Alguien me decía que esta vicepresidencia es mucho menos poderosa que la de uno de mis antecesores porque no tengo ministerios. Yo le contesté que es cierto si a mí me miden la importancia por el poder burocrático, por el poder de contratación. Si es así, no tengo ninguno, pero si realmente me miden la importancia de la vicepresidencia sobre el impacto en un tema que el país necesita, pues creo que es una vicepresidencia que va a tener mucho impacto.

Por ejemplo…
Cómo no va a ser importante trabajar en los temas de la mujer, lograr cambiar el discurso sobre las violencias que sufren las mujeres a uno mucho más integral, que pasa por el mercado laboral o la brecha salarial tan perversa que existe. Cómo vamos a convertir muchísimas más mujeres en emprendedoras que sean exitosas, que sean sostenibles en el tiempo. Y qué tal la lucha contra la corrupción, que es un tema también transversal. Tenemos que lograr una sociedad en la cual de verdad podamos confiar que se están haciendo las cosas con transparencia, que en el manejo público, pero también que en la sociedad colombiana, aprendamos a ser cada vez más transparentes. La lucha contra la corrupción no se limita simplemente a ver cuánto más les vamos a poner de sanción a los corruptos, sino a prevenirla, a evitarla. Un caso típico es reglamentar el cabildeo.

¿Y el bicentenario?
Son 200 años de la independencia, pero acordamos con el Presidente que no se trata de conmemorar una batalla, sino de hacer un trabajo prospectivo: cómo queremos los colombianos que sea el país de aquí al tercer centenario. Entonces esta responsabilidad mía va muchísimo más allá de las celebraciones del 7 de agosto e involucra investigadores, filósofos, empresarios, economistas, periodistas, muchas mujeres diciendo cómo queremos construir esta sociedad. Además tomamos otra decisión, que es la de celebrar la Constitución de Cúcuta de 1821, que crea el Estado colombiano. Ahí empieza realmente nuestra historia republicana, por lo cual el esfuerzo que vamos a hacer durará tres años.

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"Ahora las marchas han dado lugar a que se perciba que el Gobierno tiene una actitud desinteresada por el futuro de la educación, y eso no es así.", dijo la Vicepresidenta. 

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Ricardo Pinzón

De vez en cuando usted se mete en otros temas. Un ejemplo fue advertir sobre un eventual pánico financiero. ¿Por qué?
Tengo otra responsabilidad, que es el tema de la competitividad. Además, a mí como vicepresidenta, como colombiana, como política y como exministra, siempre me va a interesar la salud de la economía. Tuve la oportunidad de trabajar en el sector financiero, cuando estaba muy jovencita, y me tocó vivir de cerca todo lo que fue el impacto de la crisis financiera de 1982, y después en la de 1998 estando de ministra de Comercio Exterior ver lo que eso significa. Los colombianos de hoy no se imaginan lo que significaría una crisis financiera a estas alturas. Tenemos que ser coherentes en exigir que haya justicia, que se aplique a todos los colombianos, sean quienes sean, pero también en tener responsabilidad en que no puede ser la antipatía al sector financiero la que en un momento determinado dé lugar a estar haciendo campaña en redes sociales, donde hay un montón de gente desinformada que puede creer realmente que todo lo que se dice ahí es cierto. Es peligroso generar una actitud de pánico, que lleve a la gente a retirar depósitos de las entidades financieras, porque eso sería un desastre para la economía y para todos los colombianos. He hablado mil veces sobre temas que me interesan: Venezuela, migración, innovación o ciencia y tecnología. No tengo ningún interés personal directo distinto al interés de Colombia.

Y sobre el proceso de paz…
También. El presidente Duque quería tener directamente en la Casa de Nariño el mayor control sobre la implementación de ese acuerdo, por esa razón ya no está aquí en la vicepresidencia. A mí me interesa que Colombia tenga paz, y siempre dije durante la campaña las cosas positivas del proceso. A la gente que se desmovilizó nadie los quiere otra vez combatiendo, pero tenemos que ser capaces de dar un mensaje contundente de no al narcotráfico, no a que se considere como un delito conexo con el delito político. No se puede por ningún motivo aceptar de parte de las Farc que este es un problema menor de unas disidencias, porque a esa organización como tal debe exigirle la sociedad colombiana responsabilidades por todo el narcotráfico que siguen desarrollando algunos de los supuestos disidentes. Porque si se le dieron beneficios a una organización como tal también se le tiene que exigir responsabilidad a una organización como tal. El presidente Duque no quiere que este sea un factor adicional de desunión de los colombianos, pero sí creo que nosotros tenemos que mantener esa línea: rechazo al narcotráfico, rechazo a que haya impunidad frente a crímenes graves que se cometieron, sobre todo los crímenes de lesa humanidad; rechazo a que sigan participando sin ningún tipo de consecuencia jurídica en la política quienes tienen esa responsabilidad por los crímenes. Por eso el planteamiento de que quienes se presentan a la jurisdicción especial para la paz, una vez que sean ratificadas sus condenas con responsabilidad de crímenes de lesa humanidad, no deben seguir en la política. Que le abran el espacio a otro de su mismo grupo. En eso nuestra actitud ha sido coherente. Queremos que el país avance hacia una paz verdadera y eso supone instituciones fuertes y cerrarle el espacio a la impunidad.

¿Qué metería en su lista de deseos del próximo año?
Una economía que crezca mucho más, porque puede y debe hacerlo. También que acabemos esta violencia contra las mujeres, pues en Colombia una mujer es asesinada cada dos días. Quisiera un país en donde haya menos individualismo, que todos pongamos, como diría Mockus. En esta lista desordenada, aspiro a que en marzo tengamos despejado el horizonte de las concesiones de cuarta generación, ya sin ninguna de las trabas que tenían desde el punto de vista técnico y financiero. Y, obviamente, hacer estas celebraciones del bicentenario, con la imagen que nos hizo el maestro Fernando Botero. El último sueño es que veamos regresar la nostalgia de los sueños

POR RICARDO ÁVILA P.
FOTOGRAFÍA RICARDO PINZÓN  
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 81 - DICIEMBRE 2018

Marta L

Habla la "Vice".

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Revista BOCAS

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