Maribel Verdú: la musa de Ford Copolla

Maribel Verdú: la musa de Ford Copolla 

Entrevista con la actriz española Maribel Verdú. 

Verdú

Verdú ha ganado premios como el Goya, de España y ha sido nominada al Óscar.

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Camo

06 de agosto 2018 , 10:28 a.m.

Como no tiene hijos, no le gusta cocinar y no tiene computador, Maribel Verdú se pasa la vida leyendo.

Entre aviones, conferencias, festivales y rodajes por toda España, puede leerse cientos de títulos al año. Sin embargo, no se acuerda mucho de títulos ni de autores.

Maribel Verdú tiene una pésima memoria.

Lo acepta sin vergüenza, en medio de risas y mira a los ojos a su interlocutor, como si lo estuviera retando. Confiesa entonces con picardía que para acordarse de los libros que ha leído, lleva una agenda en la que anota los títulos y les pone una marca para indicar si le gustaron o no. La historia a veces queda borrosa, pero así puede saber al menos si los puede recomendar.

Sin embargo, para tener tan mala memoria, los recuerdos de Maribel son increíblemente vívidos, al punto de que recuerda sin titubear conversaciones enteras con Guillermo del Toro o Francis Ford Coppola. Las relata con emoción, como si estuviera contando un secreto: dramatiza, habla casi en susurros y de repente grita o mueve los brazos con fuerza. Es como una gitana: su conversación embruja, envuelve con cuentos y anécdotas, hasta el punto en que la única opción es escucharla, dejarse llevar.

Ese es el secreto de Maribel: no comunica palabras sino emociones. Lo mismo da si es en una conferencia frente a 400 personas, en el escenario de una obra de teatro o en la pantalla de un cine. Ella transmite sensualidad, temor, celos, envidia, sagacidad. O todo al mismo tiempo, como muchos de sus personajes.

Empezó a actuar a los 14 años en comerciales de televisión y a los 21 fue coprotagonista de una de las grandes películas del cine español el siglo pasado. Amantes (1984), de Vicente Aranda, que la convirtió en un ícono sexual en su país –y en una buena parte del mundo– por uno de los desnudos más recordados en la historia del cine europeo y le dio su primera nominación a los premios Goya. Más tarde vinieron otras películas que se inmortalizaron en la historia del cine, como Belle Époque (1992), de Fernando Trueba; El laberinto del fauno (2006), de Guillermo del Toro y Tetro, de Francis Ford Coppola. Sin embargo, fue Y tu mamá también, de Alonso Cuarón, la que le abrió la puerta a la mente de los latinoamericanos: la historia de Luisa, esa mujer que se escapa con dos adolescentes –interpretados por Diego Luna y Gael García Bernal– de road trip por México, fue capaz de marcar a toda una generación.

No le atormenta ser reconocida, a sus 47 años, como un símbolo sexual. “Si no me hubiera desnudado no habría hecho las mejores películas que he hecho”. Lo dice pensando en Trini, la jovencita inocente de Amantes, o en Rocío, una de las sensuales hermanas que seduce al protagonista de Belle Époque. “Pero después de El laberinto del fauno pude decir: ‘Nunca más voy a estar en una película en la que me toque dar un beso con lengua’”.

Verdú

Ha trabajado con directores como Francis Ford Coppola y Guillermo del Toro.

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Camo

A mediados de la década del 2000 aceptó el papel de Mercedes –una guerrillera republicana que trabajaba en la casa de un general falangista durante la guerra civil española– en El laberinto del fauno. La historia fantástica que ganó tres premios Óscar ayudó, en parte, a que se desmarcara del estereotipo de “bomba sexual” que había cargado, sin problemas, desde que tenía veinte años. No le costó: ella nunca había dejado de tener una profunda conexión con el teatro –su esposo, Juan Larrañaga, es director de una compañía y ella cada cierto tiempo le dedica un año entero a las tablas– y mientras muchos la encasillaban como parte de la farándula española, quienes la veían en las tablas conocían perfectamente su versatilidad artística como actriz.

Después tuvo uno de los mayores logros de su carrera. Francis Ford Coppola –el director de películas tan icónicas como El Padrino y Apocalypse Now– la eligió a ella para representar uno de los personajes claves de la película en la que quiso convertir a Buenos Aires en la protagonista de una obra digna del cine negro, en la que un escritor bipolar y su hermano redescubren la cruda historia de su familia italoargentina que emigró a Nueva York.

Siempre ha sido exigente con los proyectos que acepta. Lee los guiones con pasión y en muchas ocasiones son los mismos directores quienes la invitan a trabajar en sus proyectos: le sucedió con Cuarón, con Del Toro y con Francis Ford Coppola. También le sucedió con Šejla Kameric y Anri Sala, dos videoartistas de culto que la llamaron sin mucha esperanza de que aceptara, pero el proyecto la convenció y terminó haciendo parte de la obra El sitio de Sarajevo, que cuenta con dos versiones.

Es mediodía en la Cartagena vieja. Maribel Verdú baja las escaleras de una casa colonial que queda a menos de cien metros de la Plaza Santo Domingo. Lleva un vestido blanco con florecitas y unas enormes gafas negras que la hacen ver al mismo tiempo coqueta y con actitud férrea. Es Trini, la jovencita de Amantes; pero también es Luisa, la mujer que vive una segunda adolescencia en Y tu mamá también y Mercedes, la republicana que carga un cuchillo debajo del abrigo en El laberinto del fauno. Maribel Verdú tiene un poco de todas ellas.

Una de sus grandes aficiones es la lectura. ¿Qué se trajo para leer acá en Cartagena?
Pues mira, un libro increíble de una autora americana que dice todo el mundo que algún día se tiene que ganar el Nobel de Literatura. Lo he empezado a leer en el avión y es El hijo de todos [de Louise Erdrich]… ¡No sabes lo que es ese libro! Ahora mismo no me acuerdo del nombre. Es que yo soy ya incapaz de acordarme de nombres y apellidos.

Escuché buenos comentarios suyos sobre Héctor Abad y de Laura Restrepo…
El olvido que seremos ha sido de los libros que a mí más me ha marcado en mi vida. ¿Y sabes? Es de los libros que más he regalado en mi vida. Y es verdad, Laura… ¡Joder, es que te juro que con esto de la memoria! ¿Tú sabes lo que yo hago? Ojalá fuera como David Trueba, que se acuerda de cualquier detalle en seguida, pero a mí se me olvida. Lo que yo hago desde hace algunos años es que llevo un cuaderno, ahí voy apuntando todos los libros que leo, sus autores, la editorial, la fecha y pongo un asterisco si me ha gustado. A mí se me olvidan luego las historias, pero sí me acuerdo si me ha gustado el libro o no.

Ahora hablemos de cine: ¿le gusta ver sus películas?
Pues, mira: yo veo mis películas cuando se estrenan, en los pases previos que se hacen para la gente del equipo y en el estreno, pero jamás en mi vida las vuelvo a ver. Cuando a veces veo trocitos de películas, yo digo: “¡Hala!”; y en otras digo: “Ay Dios mío, ay qué mal, qué mal”; y en otras: “Maja, cómo ha pasado el tiempo… ¡Y estoy muy bien ahí!”. En el tributo pusieron unos trozos largos de mis películas y al salir me preguntaba un compañero: “¿Pero por qué no las vuelves a ver?”. Y yo le dije: “No, por nada. ¡Es que hay tanto que ver!”. ¿Es qué te imaginas llegar a casa y poner una peli tuya? ¡Es que no me cuadra!

Cuénteme de alguna obra de teatro que haya hecho cuando empezó en la actuación, alguna cosa que haya hecho en las tablas.
¡Es que yo he hecho mucho teatro! Yo empecé haciendo teatro con 13 años y me encanta. De hecho, cada dos o tres años yo hago teatro, me dedico un año entero solo a hacer teatro: paro el cine y me dedico a hacer teatro lo que verdaderamente me gusta. El año pasado Susan Sarandon dijo en una revista una genialidad. Cuando le preguntaron cómo diferenciaba el cine y el teatro, dijo: “Pues para mí es como hacer el amor o masturbarse”. ¡¿No te parece una maravilla?!

Ella tiene mucho carácter.
¿No? O sea, es que ella es una maravilla.

Verdú

Se puede decir que es la actriz de cine y televisión más importante de España.

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Camo

¿Qué significó para usted convertirse en un símbolo sexual a los 21 años? ¿Tuvo algún conflicto moral?
Vives con ello, porque es algo que forma parte. ¡Yo empecé a trabajar tan pequeñita! Tú a los 21, pero yo creo que desde antes los titulares eran como “La actriz más sexi”, “La actriz más deseada” y tal. Al final es que ni te lo planteas. Por supuesto, en ningún momento me sentí mal. Mejor ser deseada que no serlo y gustar que no gustar. O sea, bien, sin ningún problema.

Salió de un colegio de monjas. ¿Qué es la religión para usted?
Yo no soy creyente. Fui a un colegio de monjas porque me tocó, pero yo no soy creyente. Soy atea, agnóstica, a-todo [risas].

¿Y su familia?

Mi madre es muy religiosa, pero nunca en la vida va a misa. Y mi padre es como yo: nada. Y mis hermanas como yo: nada. Pero lo que quiero decir es que creo en mis cosas.

Ahora le voy a pedir que trate de describir en una frase a Del Toro, a Cuarón y a Coppola.
Voy a empezar con el Gordo [Guillermo del Toro]. Este hombre es… ¡Qué difícil! Es que son tres maestros, son tres magos. Unos más humanos que otros… ¡Y ahí lo dejamos! [Risas]. Tengo que reconocer que mis dos mexicanos me lo han dado todo. Y Coppola me dio una experiencia inolvidable con la que aprendí como no te puedes imaginar y me hice fuerte, fuerte, fuerte.

¿Cuarón o Del Toro tuvieron problema para convencerla de actuar en sus películas?
¡No, no, no! Con Cuarón nos conocimos hace tiempo en un festival de San Sebastián. Eso me lo recordó él, siempre me dice: “Tú no te acordabas de mi”. Él pensó en mí para Y tu mamá también, pero como no se pudo poner en contacto conmigo, se puso en contacto con Fernando Trueba. Él le dijo a Fernando: “Me encantaría que hicieras una quedada con Maribel”. Fernando y su mujer hicieron una fideuá en su casa y tal, y nos volvimos a ver. Ahí fue cuando me dijo: “Tú estabas en el festival y yo era parte del jurado, entonces yo te daba pases para que fueras a ver las películas y tal”. Ese día me ofreció el guion, yo lo leí y me encantó.

Y con el Gordo… Yo estaba en casa de unas amigas comiendo. Es que mis martes son mi día de meditación, de comida, de amigas. Entonces él me llamó y me dijo: “Maribel, voy a estar unos días en Madrid y quiero ofrecerte un guion de una peli que tengo y me gustaría que hicieras”. A los dos días o al día siguiente, no me acuerdo, comí con él y con Berta Navarra, la productora. Ese día viajaba yo a Alicante con mi familia a verles y me leí El laberinto del fauno por la noche, pero estuve toda la madrugada diciendo: “Todavía es pronto, todavía es pronto”, hasta que a las ocho de la mañana ya no pude más y le llamé. ¡Pero por mí lo hubiera llamado a las cuatro! Necesitaba decirle: “¡Qué es esto!”. Así ha sido, ¿no? Fue muy fácil con ambos.

¿Y con Ford Coppola?
¡Ah, con Coppola! Yo estaba en México de vacaciones y él vio alguna nota en un periódico y se puso en contacto con la gente de El laberinto del fauno, en TeleCinco, para ver cómo se podía poner en contacto conmigo. Ya luego, a través de mi representante, me pidió que fuera a verlo a Guatemala porque quería conocerme. ¿Pero sabes tú dónde nos conocimos? Fíjate: el tío no da puntada sin hilo, porque cuando yo estaba en los Óscar con El laberinto del fauno alguien me hizo así por detrás [la de un par de golpecitos a la mesa] y cuando me di la vuelta, era Coppola. Me dijo: “Congratulations for your career and for your last performance”. ¡Claro, que era la de Pan’s Labyrinth! Y yo le dije: “Oh… Thank you very much. You are the king!”. ¡Nada más! [Risas]. Entonces él me llamó y yo, como total ya me iba para Madrid, me fui con mi chico a Petén, donde Coppola tiene un hotel. Estuvimos ahí tres días y la pasamos fenomenal: cocinábamos, bailábamos, nos íbamos de excursión… Hasta que me dijo que nos había invitado porque quería conocerme. Y yo: “¿Por qué quieres conocerme?”. “Porque quiero una chica para una película y Alonso Cuarón me dijo: ‘A Maribel, independientemente de la película, tú conócela; luego ya verás’”. Y me dice que me había escogido para hacer Tetro por… ¿Qué palabra dijo? ¡Ah, sí! Porque él no se podía creer, cuando vio Y tu mamá también hace años y luego El laberinto del fauno que yo fuera la misma actriz. “Te escogí por la versatilidad”, me dijo. Cuando le dijeron que la de Y tu mamá también era la misma que la del cuchillo de El laberinto, él dijo: “¿Esto es en serio?”.

De hecho, después de Y tu mamá también Hollywood le hizo ofertas. ¿Puede decirnos qué la hizo decir que no y qué personajes rechazó?
No, no puedo, porque ahí hay tres pelis conocidísimas, mainstream, y es horroroso. Es que… ¿Sabes? Yo he sido muy poco ambiciosa como profesional. Yo he hecho cosas muy bonitas, papeles maravillosos y ahí está cubierta toda mi vanidad. Mi única ambición es estar bien en la vida, ser feliz con mis cosas y ya está. Irme allí seis meses a hacer una película con espadas y no sé cuántos efectos, en la que yo no vaya a sacar de mí lo que estáis acostumbrados…, pues, la verdad, no me interesa. ¡Que también pudiera haberlo hecho y podría haber tenido una hucha para no poder! Pero no lo aproveché, qué se le va a hacer.

¿Es verdad que en los primeros premios Goya a los que la nominaron, por Amantes, terminó en una fiesta sirviendo tragos?
¡Ah, sí, sí! Pues mira, porque nos fuimos con unos amigos a una discoteca, ¡y yo estaba toda monísima en mi primera nominación! Entonces me fui a la barra de un amigo, porque era una discoteca con varias barras, y me puse a servir tragos toda la noche. ¿Por qué? Porque me dio por ahí. ¡Oye, pero lo hice muy bien! Aunque te digo que es un estrés porque, coño, es que no puedo con todos. ¡Joder! Es que en una barra todo el mundo quiere todo ya: “¡Oye, que te he pedido!”. Y una: “Jomadre, ¿que no ves que estoy sirviendo el trago del que te pidió antes?”.

Verdú

Sus películas más importantes son Amantes, El laberinto del fauno, Tetro y Y tu mamá también.

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Camo

¿Cuál es el mejor regalo que le ha hecho su esposo?
El mejor regalo es él. Sí, es que lo amo, soy feliz con él.

Pero algo material, Maribel. Eso no se vale.
No sé, pero si lo supiera tampoco te lo diría. Es que él es hipergeneroso, constantemente me da regalos maravillosos y estupendos, detalles que materialmente no son nada, pero que a la vez lo son todo.

¿Quiere vivir en Madrid el resto de su vida?
¡No! A mí me encantaría terminar en mi refugio. Yo tengo una casita en el sur, en Málaga, que me encanta. Ahí bajo. Y pues mira: ahora tengo una semana de locos con el Festival, pero cuando vuelva a España tengo 15 días libres y, nada, pues me bajo a mi refugio.

¿Usted cree que las denuncias de #MeToo realmente van a lograr algún cambio? Y no me refiero solo a Hollywood y la historia del cine, sino en general.
Sí, ya está. Absolutamente. Quiero decir, ya no va a ser nada igual. ¡Ahora que se atreva algún baboso! ¿Sabes? Que se atreva a acercar una silla más de la cuenta y a hacerte así [se pone la mano en la pierna]. Qué se atreva, ¿sabes? ¡No! Porque le vas a decir [toma con fuerza el celular de la mesa y hace el ademán de grabar un video]: “¿Perdona? ¿Lo puedes hacer otra vez? ¡Pero es que ahora te voy a grabar, desgraciao!”. Esto va a cambiar mucho.

Y la última pregunta, Maribel. A usted le hicieron un tributo en el más reciente Festival de Cine de Cartagena. ¿Se sintió icónica?
¡Qué va, no! Es que yo nunca he sido consciente, ni soy consciente, de lo que soy o de lo que voy a dejar de ser. Tampoco de lo que pueda significar para la gente. Yo no soy icónica, yo soy yo, y eso te lo digo de verdad. 

POR JOSÉ AGUSTÍN JARAMILLO
FOTOGRAFÍA CAMO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 76 - JULIO 2018

Verdú

La gitana.

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Revista BOCAS

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