Las elecciones, ¿para qué?

Las elecciones, ¿para qué?

Citas de Casas. Agosto - Septiembre del 2019

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Por: ALBERTO CASAS SANTAMARÍA
25 de agosto 2019 , 05:00 a.m.

Recordando al presidente Darío Echandía, un pensador formidable, famoso por opiniones llenas de sabiduría, nos preguntamos para qué sirven las elecciones si estas cada vez contribuyen menos a fortalecer la democracia colombiana.

Como va la vaina, estas elecciones que se nos vienen encima serán un verdadero desastre. Las alianzas de los partidos, entre contradictores ideológicos y programáticos, con el propósito de respaldar a candidatos con mayor posibilidad de triunfar en las encuestas a las gobernaciones, las alcaldías municipales y distritales, le introducen al debate electoral un nivel de confusión sin antecedentes. Les será imposible, por tanto, a los medios de comunicación identificar a los ganadores de la contienda a nivel nacional. No se podrá saber cuál fue el partido con más votos en el país, aunque todos sus voceros intentarán demostrar que fueron ellos los que acumularon una mayor cantidad de respaldo popular.

La necesidad de ir marcando terreno en la sucesión presidencial se impone para los partidos sin fijarse demasiado en la ideología. No les preocupa para nada interferir en la acción gubernamental del hoy Presidente, que no lleva sino un año de gobierno. El escenario de esa competencia por la jefatura próxima del Estado se da, como es natural, en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali.

En Bogotá, las posibilidades de éxito las tienen Claudia López y Carlos Fernando Galán. El triunfo de Claudia López le conviene a la candidatura presidencial de Sergio Fajardo y le hace gran daño a la de Gustavo Petro, hasta el punto de que, para el candidato de la Colombia Humana, sería menos grave un triunfo de Carlos Fernando Galán. Miguel Uribe Turbay será tercero pero no se lo puede subestimar. Su cara de bebé Johnson no impidió que mostrara la garra para sacarles las uñas a sus contrincantes. Tiene futuro, y con seguridad jugará un papel importante en la oposición al alcalde que elijan en Bogotá.

En Barranquilla, el resultado en gobernación y alcaldía garantizará el lanzamiento de la candidatura del alcalde Alejandro Char. Es el campeón de las encuestas de imagen favorable. En Medellín, el Centro Democrático asegura el resultado con Alfredo Ramos, futuro alcalde, y aspira a que el gobernador Aníbal Gaviria acompañe una candidatura presidencial cercana a los afectos del presidente Álvaro Uribe. Solo tienen que aplicarle a su candidato, Andrés Guerra, a la gobernación con aval, el modelo Ángela Garzón para perfeccionar el proceso. El triunfo de Ramos es un golpe para Fajardo, similar al que Claudia López representa para Petro en Bogotá.

En Cali, el empate en las encuestas no permite adelantar el resultado para la alcaldía de la capital del Valle del Cauca, entre el exalcalde Jorge Iván Ospina, avalado por el Partido Verde, y el exrepresentante Roberto Ortiz, avalado por el conservatismo y posiblemente con el apoyo del Centro Democrático. El triunfo de Ospina le conviene a las aspiraciones presidenciales de Fajardo y/o de Petro, dado que el candidato Antioqueño apoyó a Alejandro Éder, tercero en la encuesta. En cambio, una elección de Ortiz (el Chontico) le convendría al candidato presidencial del Centro Democrático. La gobernación de este departamento debería corresponderle a la abogada Clara Luz Roldán, cercana a la gobernadora actual del partido de La U. Esa nueva gobernadora estaría apoyando a un candidato diferente al del Centro Democrático.

No queda duda de que el futuro político de Colombia queda en manos de los alcaldes elegidos el próximo 27 de octubre. Esa es la apuesta de los partidos, tener el mayor número de alcaldes (moros y cristianos) en sus toldas, y como muchos de ellos disfrutan del respaldo de “todos los partidos”, como en el Atlántico, el laberinto está servido. Y lo más grave: un número de candidatos están embollados con denuncias por parapolítica o relación con fuerzas ilegales, que viene siendo lo mismo. Y un dato que deja mucho que pensar: la aparición de un partido nuevo, la Alianza Democrática Afrocolombiana (ADA), que con solo tres meses de existencia avaló a 3.500 candidatos. Así lo hizo saber la Fundación Paz y Reconciliación, que en el pasado reciente acertó en sus denuncias sobre la misma materia. Que Dios nos tenga de su mano para digerir la intoxicación que nos depare el resultado electoral de octubre.


ALBERTO CASAS SANTAMARÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 88. AGOSTO - SEPTIEMBRE DEL 2019

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