La sastrería de la Alta Costura

La sastrería de la Alta Costura

El veredicto de Nina - Julio de 2018.

29 de julio 2018 , 04:00 a.m.

Año tras año el calendario de la moda se repite. Febrero es para mostrar las colecciones de invierno. Septiembre, las de verano. Diciembre y junio para las de entretiempo. Luego tenemos que sumarle las dos colecciones de moda masculina y las dos de Alta Costura. Lo que hace de la moda una industria tan fascinante es que la repetición no crea monotonía, sino todo lo contrario, diversidad y sorpresas.

La semana del 4 de julio París se vistió de gala para dar la bienvenida a la exclusiva clientela que se sentó en primera fila en los desfiles de Alta Costura que estuvieron marcados por una tendencia: el retorno de la sastrería. Son muchas las explicaciones que podríamos encontrar en la coronación de esta tendencia, pero igual podríamos remarcar dos: en un mundo gris, de grandes crisis políticas, los diseñadores apuestan por la esencia de esta industria; sin sastrería no existiría ninguna prenda. Otra explicación podría englobarse en la idea del apoderamiento de la mujer tras la explosión del movimiento #MeToo.

Tres casas tan distintas como Armani Privé, Dior y Jean Paul Gaultier fueron ejemplos de ese renacimiento de la sastrería. Para el italiano, esta tendencia se trasladó en prendas que combinaban el blanco/crema y el negro con chaquetas que renunciaban en algunas salidas a las solapas. En las últimas salidas, Giorgio no pudo renunciar al drama y el color rosa hizo acto de presencia. Muchas veces el decorado de un desfile puede explicar muy bien la idea de una colección. Mara Grazia Chiuri decidió hacer un homenaje al atelier de Dior. Maniquíes recubiertos con toiles (proyectos de prendas) brillaban bajo un fondo blanco, como si de la exposición de Dior en el Museo de Bellas Artes se tratara. Pliegues, perfección en el corte y en el fit de las prendas resaltaban en una colección muy parisina (como acentuaban los sombreros) que puso el enfoque en el hilo invisible: en aquello que hace de una creación de Alta Costura, Alta Costura. Por su parte, Jean Paul Gaultier quiere seguir siendo el enfant terrible de París. Así lo demostró en una colección en que, por primera vez, decidió incluir modelos masculinos. Predominio de blanco y negro y juego con una prenda icónica: esmoquin.

Hablando de enfant terribles, no podemos olvidarnos de John Galliano, el diseñador británico que ahora ejerce como director creativo de Margiela. Para explicar su propuesta de alta costura, Galliano decidió abrazar el mundo digital y abrir un podcast. Durante la larga trayectoria de este diseñador podríamos encontrar un hilo conector: la preocupación de Galliano para deconstruir. Y sí: en esta colección lo volvió a hacer. Galliano mutiló, deconstruyó, arrugó las prendas mientras mencionaba en su podcast que “todos somos nómadas”. Y es cierto, viendo detenidamente esta colección podríamos trazar una correspondencia con la última colección de Raf Simons para Calvin Klein donde los plásticos y las mantas isotérmicas hicieron acto de presencia. Es lo que yo llamo Alta Costura con mensaje (y no lo digo por los iPads que se incorporaron en las prendas).

Es imposible separar París y Chanel. Karl Lagerfeld sigue en estado de gracia al frente de una de las joyas de Francia. En esta ocasión el diseñador alemán decidió construir una réplica del Instituto Francés que se levanta en las orillas del río Sena, en el Grand Palais. El gris fue el color predominante en una colección que tiene que verse de cerca para poder apreciar todo el trabajo que hay detrás de una chaqueta o una falda. Destacaría el vestido de novia final en colores turquesa: sexi y elegante al mismo tiempo. Karl en estado puro.

Una imagen vale más que mil palabras. Ver a Valentino Garavani llorar al final de un desfile puede resumir toda una colección. Pierpaolo Piccioli sigue en estado de gracia. Una vez más el italiano nos hizo soñar con una colección que se preguntaba: ¿Qué es la belleza? Piccioli contestó a esta pregunta con unos vestidos que nos hicieron soñar –o llorar de tanta belleza– que mezclaban la Medea, de Pasolini, con las fotos de Deborah Turbeville con Versailles, el #studio 54 y las mezclas de colores del Renacimiento. Lo realmente extraordinario de esta colección –además del pelo, creación de Guido Palau– es que fue tan exuberante que abrazó el vanguardismo.

No puedo terminar esta crónica sin mencionar a la diseñadora del momento: Clare Waight Keller. Después de diseñar el vestido de novia de Meghan Markle, es una de las diseñadoras con estrella. En su tercera colección de Alta Costura para Givenchy, la diseñadora británica decidió abrir el archivo (algo que sus antecesores, Galliano, Macdonald, Tisci y McQueen, renunciaron a hacer) y rendir un lindo homenaje a un diseñador que nos dejó el pasado mes de febrero. Es imposible entender a Hubert sin Audrey Hepburn y lo fascinante de esta propuesta fue la habilidad que tuvo Keller de actualizar algunos de los looks más icónicos de Givenchy sin caer en la reconstrucción. Moon River fue la banda sonora elegida para cerrar una colección que nos hizo emocionar. Keller fue inteligente. En un mundo que se mueve demasiado rápido y a veces sin rumbo, mirar atrás y seguir el camino de un grande es una estrategia que puede aplicarse en muchos ámbitos. ¡Igual los políticos y todos nosotros deberíamos sumarnos y seguir este consejo! ¡Nos leemos en un mes!


NINA GARCÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 76 - JULIO 2018

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