30 razones para odiar (o querer) a Jota Mario

30 razones para odiar (o querer) a Jota Mario

En homenaje a Jota Mario Valencia recordamos esta entrevista que ofreció en 2011 a la revista Bocas.

Jota Mario Valencia

Jota Mario Valencia siempre fue un hombre entregado a su trabajo como presentador de televisión.

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Alberto Newton

Por: Carolina Cuervo - Revista Bocas 
07 de junio 2019 , 08:07 a.m.

Él es último eslabón de una era en la que los presentadores de televisión eran los protagonistas de la pantalla chica; una época en la que sus dichos y sus chistes eran más importantes que todos los chismes de la farándula.

Él -en medio de las peleas con sus colegas y amenazas de secuestro- ha resistido en la cresta de la ola. Y está convencido de que su nombre solo puede estar al lado del de Pacheco y el de Gloria Valencia de Castaño.

Hay quienes lo adoran y otros que lo odian tanto que piden a gritos su retiro; hace poco levantó polémica por su comentario sobre la cola de Jessica Cediel que algunos calificaron como una “burla de la tragedia ajena” y hasta lo acusaron de estar “enceguecido por el poder”; el asunto generó una campaña en su contra en Twitter llamada “No más Jota Mario” que lo obligó a pedir disculpas públicas en su programa; sus detractores, sin embargo, no quedaron contentos y continuaron con su campaña. Porque Jota Mario siempre genera controversia. Él lo sabe, le saca provecho y hasta lo disfruta, pero considera que son más los que lo quieren porque su programa funciona y se mantiene con éxito.

Gran caballero de la orden de la democracia Simón Bolívar en el grado de Comendador”, es decir, Sir Jota Mario Valencia. Séptimo entre diez hijos de una familia paisa, nació en Medellín hace 55 años y dice que lo que más recuerda son las Navidades.

Empezó a trabajar en radio a los once años pero llegó a Bogotá en 1978 para que en un fin de semana, con una máquina de escribir, se inventara programas tan exitosos e inolvidables en la década de 1980 como Valores humanos, Telesemana, Dominguísimo y Revivamos nuestra historia. Para aquellos jóvenes que no lo saben, ha sido junto con Gloria Valencia de Castaño y Pacheco, uno de los íconos de la televisión que ha acompañado a los televidentes durante más de dos décadas.

Jota Mario Valencia

Fue uno de los hombres más influyentes de la televisión colombiana.

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Alberto Newton

Se levanta sagradamente a las tres de la mañana desde hace años porque se considera un hombre diurno. Conoce y maneja su trabajo a la perfección. Está en todo. Empieza su jornada con Muy buenos días, pero después de las doce llega a su casa para ser un escritor, un tipo común y corriente, con una familia y muchos proyectos por delante. Sí, muchos. Sabe y conoce sus limitaciones, pero se tiene fe.

Dice que el secreto de su éxito a lo largo de tantos años ha sido reinventarse y no tenerle miedo a nada. Fumador empedernido, con un amplio sentido del humor, boquisucio, coqueto y buen charlador. Padre de dos hijos de su primer matrimonio y casado por segunda vez desde hace más de una década. Un tipo fascinante –contrario a lo que muchos piensan–, que tiene claro el negocio de la comunicación y al que le encanta producir tanto amores como odios porque sabe que así sigue vivo y vigente.

Hay gente que lo adora y gente que no lo soporta, ¿qué piensa del tema?
No hay algo que la gente quiera más que ser famosa, exitosa; pero no hay algo que deteste más que a los famosos y a los exitosos. Yo soy el sueño frustrado de mucha gente, de cuatro o cinco. No me afecta.

Conmigo no han podido, no han podido dañar mi carrera, yo he seguido y ya voy de salida; o sea que cada vez me afecta menos. Seguramente me afectó al principio, pero ya no. Lo que busco en mis charlas y en mis conferencias es que la gente no tenga miedo. Lo contrario de miedo es “fe”.

Yo creo en la gente, quiero a la gente, pero también creo en mí; creo que lo he hecho bien y seguramente a alguien lo pudo haber mortificado, ¡claro! Pero yo no puedo ser intolerante

Yo creo en la gente, quiero a la gente, pero también creo en mí; creo que lo he hecho bien y seguramente a alguien lo pudo haber mortificado, ¡claro! Pero yo no puedo ser intolerante. Si yo puedo decir todo lo que quiero, los otros también. Hay gente a la que no le gusto, son muy pocos realmente, si fueran muchos, las cifras saldrían en los resultados de los programas y hace rato me hubieran sacado de la televisión colombiana.

¿Y no está cansado de hacer lo que hace, de la rutina?, ¿no cree que ya es suficiente?
Para nada, no estoy cansado. Sí he pensado en retirarme y siento la necesidad, no por cansancio. Yo quisiera salir por el centro, no por la puerta de atrás. A este país le debo todo lo que tengo. Ese sofá en el que estás sentada, la chaqueta que tengo puesta, las gafas, el pago del peluquero, todo gracias a los colombianos.

Yo quiero salir diciendo, ¡gracias! También por aquello que decía Pacheco. Yo aprovecho y le digo a la gente todos los días, “nosotros sin ustedes no seríamos nada”, y es sincero. Yo creo que si estoy trabajando desde los once años me merezco unas vacaciones largas mientras pueda disfrutarlas. Pero no tengo ni fábricas, ni almacenes y mis hijos están en la universidad, y ¿yo qué hago entonces? Tengo que ser sensato hasta cierto punto, pensar bien la economía.

Quiero volver a ser profesor, de repente volver a la radio. Por eso escribo. Compré un lote en las afueras de Cartagena, cuando pueda hago mi casa para irme para allá, porque si me quedo en Bogotá, siempre voy a tener la tentación de irme para el canal que me queda aquí cerquita. Ya he pensado en la fecha. Lo único que me duele de irme es darles gusto por ahí a unos cuatro o cinco. ¡Eso es lo único que me da pesar, de resto, no! [RISAS].

Jota Mario Valencia

Jota Mario tuvo también muchos críticos debido a su manera de ser y de actuar frente a la vida.

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Alberto Newton

Tiene fama de ser un jefe muy exigente…
Siempre les respondo muy rápido a los asistentes del programa, porque son muchas cosas que decidir, tenemos que ir muy rápido, no soy una persona de reuniones porque la “reunionitis” es una enfermedad muy grave que no permite avanzar. Se trata de una manera de simplificar la vida.

No es que yo esté de mal genio o que sea agresivo, sino que hay muchas decisiones que tomar. Yo tengo miles de cosas en la cabeza, pero no me pongas a dar explicaciones porque pierdo mucho tiempo. Déjenme que yo diga sí o no aunque suene como una grosería.

Los colombianos tenemos eso y es que tenemos que pedir disculpas por todo. Hemos logrado crear el mejor equipo de trabajo de la televisión, todo el que ha estado en el estudio se da cuenta. Hay una magia distinta, la magia del Jota Mario misterioso que nadie conoce, por la voz recia que tengo, y me gusta. A mí no me fastidia, a mí me gusta mucho eso.

¿Que le tengan un poco de miedo?
Miedo, pánico. Porque si así me la montan, cómo será si supieran lo güevón que soy (yo soy muy boquisucio). Me gusta un poco eso de “allá hay un tipo misterioso que se esconde detrás de esas risas y esas tonterías que dice”. Pero ese tipo ni es marica, ni tiene moza, ni es borracho, ni hace escándalos, no le ha pegado al taxista, no le ha robado a nadie. No, ese man no puede ser así, tiene que ser una caca en alguna parte.

Una persona que en televisión no produzca ni frío ni calor está perdida, perdida. Es muy grave

Entonces a ver cómo lo ensuciamos. Me gusta que me creen esa película de que tengo algo de maldadoso, como personaje de película que llevo una doble vida… Me hace sentir bien. Eso no le hace mal a nadie. Si tú le dices a alguien, estuve con Jota Mario, entonces la pregunta inmediata será: ¿Y cómo es? Si no es que primero preconcibe y dice “Me cae como una patada”.

Pero eso es importantísimo. Una persona que en televisión no produzca ni frío ni calor está perdida, perdida. Es muy grave. Tú tienes que estar moviendo emociones. Que te dé rabia, que te dé risa, que te dé ternura, que te haga llorar, reír, pero que te vaya cambiando. Así funciona. Yo lo sé. Y lo hago para crear cosas y entretener. Esa es mi misión. La actitud resulta fundamental para mí.

¿Cómo hace para aparecer como un tipo “feliz” todas las mañanas?
Hay días en los que me siento como una mierda y tengo enfermo a un ser querido y a alguien muy cercano en un problema grave, pero yo soy actor también. Entonces yo actúo. Todos los seres humanos nacimos actores y vendedores. Utilizo eso y actúo como el tipo más feliz del mundo. Y salgo al aire como un tipo feliz. Y es un éxito. A mí me funciona.

Hay gente que cree que usted no pisó la universidad y que, en general, se cree mejor que los otros…

He recibido muchos premios, todos los premios que da la crítica en Colombia, los Tv y Novelas, los Simón Bolívar como periodista, que es mi grado profesional universitario. Hay quienes piensan que yo no me gradué de nada; ahí tengo el cartón colgado, para decirle a la gente “sí, señor”, ahí está.

Los premios –que me dan y los que no me dan– o el que dice cuatro porquerías desde el anonimato en Internet, no me hacen mejor ni peor de lo que soy. Eso no me cambia ni me modifica. Cuando se apagan las luces del estudio, vuelvo a la vida normal, la de mis hijos, la de mi esposa, a la vida de esa agüita aromática que nos acabamos de tomar, a la vida real de mis novelas y de mis fantasías.

Al final del día vuelvo a la casa con la satisfacción enorme de no haberle hecho daño a nadie, de no haber hablado mal de nadie. Me iré a la cama y no pasará un minuto antes de que yo esté profundamente dormido. No conozco el insomnio, me acuesto con la certeza de haberlo hecho bien.

De los programas que hizo en el pasado, como Dominguísimo o Adán y Eva, ¿cuál le produce más nostalgia?

Ninguno me produce nostalgia. ¿Por qué? Porque ya los hice. Yo tengo nostalgia por los que no he hecho y me he inventado y tal vez de los que no podré hacer. Pero he contado con tal suerte y fortuna en televisión que no he tenido un solo fracaso. A excepción de Adán y Eva, todos los programas que he hecho han sido formatos inventados y montados por mí.

Todos han sido exitosos, hasta por los que nadie apostaba un peso, como un programa arrancando a las 5.30 a. m.; me decían que yo estaba loco y fue un éxito, un suceso nacional; tanto que yo siento que Muy buenos días es lo mejor que he hecho.

Jota Mario Valencia

Siempre fue frentero y en algunas ocasiones se ganó problemas debido a eso.

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Alberto Newton

Si su interés nunca ha sido aparecer y figurar, ¿por qué lo sigue haciendo?
Yo soy un tramposo, siempre he creado las cosas para que yo las pueda hacer, es decir, si bien mi intención no era presentarlas, se trataba de que yo las pudiera hacer desde atrás. Cuando me entregaron Sábados felices, yo puse a Enrique Colavizza a presentar, yo no quería aparecer, no me interesaba, y sigue sin interesarme.

Pero yo tengo una familia y si lo que quieren es que haga ese trabajo y por ese trabajo me van a pagar y por el otro no, pues hago por el que me van a pagar… pero todo ha sido una cosa accidental.

¿Usted cree que tiene reemplazo?, ¿ve a alguien con su talento?
No, no, no, yo no puedo señalar, hay mucha gente joven muy talentosa, pero… con muchos miedos; con mucho miedo a que lo ataquen, a hacer el ridículo y eso no los deja avanzar. El peor enemigo no está afuera, está adentro. Les da miedo arriesgarse.

Tienen que romper esas barreras del miedo, sobre todo el miedo contra ellos mismos. Tendrán que aprender y ponerse un escudo protector que les permita manejar eso; yo lo he hecho y Pacheco lo hizo y la señora Gloria Valencia de Castaño lo hizo. Hay que producir frío y calor para que seas alguien.

A Cristo lo clavaron en una cruz, a Mandela lo metieron en una cárcel por años, a Juan Pablo Montoya lo crucifican porque no carga niños cuando él no nació para cargar niños...

En un mundo donde lo que impera es la mediocridad siempre atacarán al que saque un poquito la cabeza. A Cristo lo clavaron en una cruz, a Mandela lo metieron en una cárcel por años, a Juan Pablo Montoya lo crucifican porque no carga niños cuando él no nació para cargar niños, sino para correr automóviles; todo porque sacaron la cabeza de la mediocridad, no es más.

Siempre habrá quien ataque al que lo haga y ese es el miedo. Así se siente. Yo no sé quién me puede reemplazar. Hay gente con mucho talento, pero ese miedo a no ser ellos mismos, a no innovar, no los va a dejar avanzar. Claro, hay que prepararse, esto no es de improvisar. Pero si no lo asumen, estarán ahí muy efímeramente y no dirán como yo “me quiero ir”, sino que les dirán “ojalá te vayas rápido”.

Su infancia en Medellín estuvo marcada por un evento desafortunado, ¿cómo ha sido vivir con eso?
Mi infancia, con unos sobresaltos muy comunes y corrientes, quedó marcada cuando tenía nueve años y me saqué un ojo con unas tijeras. Estaba ayudando en una labor doméstica cuando sucedió. No fue una travesura. Eso cimbra toda la economía familiar, porque queda claro lo que “vale un ojo de la cara”.

Desde entonces veo 25% por mi ojo izquierdo. He aprendido a vivir con eso y a manejarlo con gran facilidad. Tengo el iris no centrado en ese ojo, no extravío la mirada cuando estoy hablando, nadie lo nota; tengo ese ojo más chiquito que el otro, me hice hace poco una operación de párpado, una cosa simple —un regalo que me hace la ciencia— pero nunca me he sentido menos, ni lo comento al aire, ni digo nada.

Ese hecho marca otros acontecimientos en mi vida, como el hecho de que hoy esté trabajando en televisión. A los nueve años yo descubro, acostado en una cama durante tres meses, sometido a una cadena de operaciones, la gran compañía de la radio. Entonces digo, eso es lo que yo quiero hacer, yo me quiero meter adentro de esa cajita; y ahí empieza la historia del Jota Mario que la gente conoce hoy.

Jota Mario Valencia

Joata Mario nació en Medellín y fue el séptimo entre diez hijos de una familia paisa.

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Alberto Newton

De la gente que empezó con usted en radio y televisión, ¿quiénes siguen siendo sus amigos?
Jorge Arce y Humberto Arbeláez siguen siendo mis amigos. Me encuentro con frecuencia con personas que fueron muy queridas conmigo, como Jorge Eliécer Campuzano y Javier Hernández Bonett —pero yo era un niño al lado de él, lo que pasa es que se tiñe las canas, es un come años—.

Yo no soy el hombre Facebook o Twitter, ni ese tipo de cosas porque no estoy buscando amigos; tengo suficiente con la gente que me rodea. Me invitan cada año a la celebración del año veinte no sé qué de haberse graduado del colegio y me mandan la foto de un montón de viejos calvos, no, yo no quiero ir a ver eso. Hay cosas a las que le huyo. De chiquito me dijeron, por ejemplo, que el trago era para la gente mayor; como yo no quiero ser mayor, no tomo trago. Eso es para gente grande, para viejos. Nadie me ha visto borracho, ¡jamás!

¿Cuáles son sus vicios?
Yo soy fumador, soy un buen fumador. Lo que he invertido en ese negocio es una cosa brutal. Yo no tomo licor. Sé a qué sabe, tampoco soy tan pendejo. Alguna vez lo he probado, pero nadie me ha visto borracho. Pero lo hago por decisión, por convicción. Vicios: leer, escribir, fumar. Y mis hijos y mi familia, pero esa ya es la parte romántica.

¿De quién ha aprendido?
¡De muchas personas! Soy una esponja. Yo veo y oigo a todo el que hace algo positivo. Pacheco fue, es y será, esté donde esté, un buen amigo. Siempre me ha regañado, dice que yo soy muy trascendental. Aprendo de todos los demás profesionales, de cada ser humano que se cruce por mi vida. A mí me gustan los soñadores, yo he sido soñador, me gustan los iguales a mí.

¿Lee?
Leo muy rápido. Cosas que me ayudan para lo que estoy escribiendo o que tengan que ver con mi carrera, con mi trabajo, con mi producción, como el último libro, que era sobre comunicación. A mí me toca leer las cosas que están de moda, aunque la literatura de novela no me llama mucho la atención. Entonces si de pronto está de moda tal novela, yo cómo no voy a saber qué es eso…

¿Música?
Soy poco escuchador de música. Lo hago para mi trabajo. Pero sentarme a oír música… poco.

¿Y bailar?
Yo no sé. Yo me quedé en el merengue, en el Joe Arroyo…, en ese tipo de cosas me quedé. Hasta que no ponen a Lucho Bermúdez en las fiestas, yo no me paro a bailar.

¿Deporte?
¿Qué? ¡Yo no hago ningún deporte! Soy negado. En la casa tengo una elíptica para hacer ejercicio, pero después de cinco minutos tiro la toalla.

¿Cocina?
Soy muy buen cocinero. Tengo una casita de campo aquí cerca, de tierra caliente, donde me desaparezco todos los fines de semana. Me voy a cocinarles allá a los amigos. Yo no me enredo. Con lo que haya te preparo una pizza exquisita y mierda, dices, ¿cómo hizo este tipo para hacer una pizza? Soy un profesional de la cocina. También preparo muy buena carne y siempre estoy viendo a ver cuál es el secreto.

¿Cuál ha sido su mayor extravagancia?
Descubrí un restaurante de carnes magnífico en Aruba. Con Pacheco, que también es afiebrado a la carne, llegamos a hacer cosas como irnos a almorzar a Aruba, cosas de magnates; uno se tiene que dar ínfulas de alguna cosa en la vida, y cogíamos un avión por la mañana, íbamos a almorzar a Aruba y nos devolvíamos.

Ustedes tenían una gran amistad en la televisión y era buenísimo verlos tirarse “pullas”con bastante humor negro, ¿no extraña tenerlo como interlocutor?

Sí, hace falta. Cuando uno escribe, hace dramaturgia, sabe que los personajes necesitan un oído. Y Pacheco y yo éramos oído uno del otro. En televisión era muy divertido y no sólo eso, sino que todo era convenido, era en diminutivo, yo le decía, “el viejito” y él me decía “el bobito”, para que amortiguara toda la agresividad que pudiera llevar. Fue muy divertido y en un país tan agresivo como este, mucha gente llegó a pensar que teníamos una pelea casada.

¿Y nunca existió?
Nunca. Una gran amistad que nació de cosas muy simples. Cuando yo llegué a la televisión él ya llevaba veinte años; nunca me fui a beber con él, nunca me fui a jugar Generala con él, porque no es mi mundo, no es mi universo. Pero como profesionales hicimos muchas cosas juntos, viajamos a muchos lugares del mundo a hacer trabajos y cosas.

¿Todavía son amigos?
Mucho, mucho, mucho. Se me ha vuelto una pequeña tragedia la amistad con Pacheco en este momento de la vida, porque no falta un desocupado que publica en Internet cada semana que Pacheco acaba de morir; inmediatamente me llaman de todas las emisoras, de todos los periódicos, hasta del canal en donde trabajo para preguntarme si es verdad. Lo quiero mucho, voy a visitarlo con la frecuencia que puedo a su casa.

Me sigue tratando de “Jotica”, es una belleza. Quizá el momento más duro fue en la clínica Santa Fe, cuando se moría y no lo dejaban ver de nadie. Yo entré a la habitación y me agarró fuerte la mano, tan fuerte como podía, y me dijo: “¡A veces se nos olvida decirle a la gente lo mucho que la queremos; tú que tienes la posibilidad de hablar con los colombianos, diles que gracias!”. Fue un momento muy duro.

Nadie sabe mucho de su vida privada y eso produce mucha curiosidad, ¿se protege?

A mí no me gusta, no me interesa. En una entrevista yo llego hasta donde quiero llegar. No hay preguntas impertinentes, las respuestas pueden ser impertinentes. Me gusta el misterio, como el misterio ese del tal Jota Mario. Soy un hombre de casa, de pantuflas. Me la paso escribiendo y tal. Me voy el fin de semana si no tengo conferencia y vuelvo picado de zancudo, eso es una maravilla. ¡Digo zancudo y me empieza a rascar! No tengo una muerta ni una descuartizada en mi cuarto. Vivo muy elementalmente. Ya la vida pública que tengo por trabajar en televisión es bastante fuerte, así que exponerme yo mismo ante el tapete…, igual tampoco tengo nada que contar.

¿Cree en Dios?
Creo en Dios, creo en los ángeles, soy católico y como diría mi papá, creo hasta en los rejos de las campanas. Creo en Dios, el verdadero, el real. No voy a misa, no soy de rituales, no soy fanático del fútbol, no soy fanático de ningún grupo político, no soy fanático de las fiestas, vivo sin fanatismos. De esos se llenan las iglesias los domingos, de gente que se va allá a que la vean, a que la miren, ¡ay tan santo! No, eso no es. Es una condición de vida.

¿Hay algo más allá cuando me muera? Yo qué voy a saber. ¿Me recibirán allá? ¿Estará el Joe Arroyo en una fiesta la hijueputa cuando yo me muera y me abrirá San Pedro, me invitará a
almorzar?

¿Hay algo más allá cuando me muera? Yo qué voy a saber. ¿Me recibirán allá? ¿Estará el Joe Arroyo en una fiesta la hijueputa cuando yo me muera y me abrirá San Pedro, me invitará a almorzar? Yo qué voy a saber, yo no sé. ¡Pero vivo como si fuera así!

Usted tuvo que salir del país por amenazas, ¿qué pasó?
¡Uy!, fueron unas llamadas horribles, fue espantoso.

¿Por algo que dijo?
No, no, nada. Eran amenazas de extorsión, con amenazas de muerte, que sabemos que su hijo se llama Simón y su hija María José y sabemos dónde vive y daban la dirección… Llamaban a ver qué sacaban. Y claro, te asustas, te aculillas. Si el comandante de la policía te dice que te vayas, te vas.

¿La policía le dijo que se fuera?
Un hombre que comandaba la policía en ese entonces, que tenía mucho nombre y todo, pero ¡qué baboso! –no como el general Naranjo que es un verraco, es un putas–, se reunió conmigo y me dijo, ya sabemos quién es… ¿entonces me puedo quedar? “No, lo mejor es que se vaya. No lo podemos cuidar”.

Si la policía de mi país no me podía cuidar, pues yo no podía permitir que le pasara nada a mi familia, entonces me fui. Estuve un tiempo viviendo en Estados Unidos, muy aburrido y deprimido, hasta que un día cogí un avión y me devolví.

Cuando llegué aquí –hace seis años– hubo una alarma general en la Fiscalía General de la Nación y en el CTI porque se enteraron de un plan para secuestrarme; y yo dije, “¿qué hago?, ¿me voy?, ¿dónde me meto, cambio mi rutina?”. El país había cambiado, había otra policía, y me dijeron, no cambie nada. Lo vamos a cuidar. ¡Juemadre! ¡Yo me sentía Superman! Inclusive cuando hacía Sábado espectacular, me advirtieron que un señor iba a ir a matarme.

Yo estaba advertido y el mismo día que iba a grabar el programa en la tarde, en Muy buenos días mamaba gallo y decía “graben esto para que lo pongan pasado mañana” y lo hacía despacio, despidiéndome con sonrisas, como en cámara lenta, diciendo adiós… como una cosa macabra pero chistosa. Y todos se reían, porque yo no podía permitir que la gente alrededor estuviera amargada.

Hicimos un programa graciosísimo en que los técnicos, todos los técnicos eran de la policía, vestidos de civil; entonces era yo diciendo, en pleno programa, ¡ingeniero!, y resulta que el ingeniero era un policía, un detective metido en los estudios de RCN. Hay cosas muy divertidas que me han pasado en la vida. Pero en ese momento fue muy dramático. Esas cosas nunca se contaron.

Sí, salí corriendo del país y después decidí regresar, con mi tristeza con ese policía comandante que me había dicho que mejor me fuera. Tan distinto a unos años después que me dicen, no haga nada, no tenga miedo, haga su vida, lo vamos a proteger. Yo salía y el portero de este edificio me decía: ahí hay un señor con una moto y yo me asomaba y el señor me hacía un gesto de saludo y yo sabía que era un guardia que me habían puesto. Me vigilaban, me cuidaban y yo no sabía. Nadie me salió en ninguna parte.

Ni modo de tener una amante.
No, nada. Me tenían muy vigilado. Además, a mí todo el mundo me conoce. ¿Se imagina yo entrando a un motel? Don Jota Mario, “con jacuzzi o sin jacuzzi?”. ¡No!

¿Siente que ha fallado en algo como papá?
Yo soy muy exigente conmigo mismo y creo que…, pienso que si tal vez no le hubiera dedicado tanto tiempo a las cosas que hago, pues habría podido dedicarles más tiempo a María José y Simón. Gozar cada tontería de ellos es tan rico y yo creo que para ellos gozar de uno también es una delicia… entonces si hubiera sido más tiempo, pues más rico. Pero creo no haber fallado como padre. Dos personas de las más amorosas del mundo, me oyen, me atienden, me hacen caso, nos entendemos, somos buenos amigos, me cuentan sus cosas, las buenas y las malas. Siempre han estado ahí. No nos hemos desprendido nunca y no lo vamos a hacer.

¿Cómo conoció a su actual esposa?
Cuando regresé de Estados Unidos a intentar rehacer mi vida, ella trabajaba en Caracol en el departamento de arte. Me encontré con Neth, se llama Yineth, pero es un nombre espantoso, entonces mejor Neth, así con h al final, una cosa más bonita… y entonces le dije, ayúdame a encontrar un apartamento, un lugarcito pequeño en donde vivir.

Ella me ayudó y poco a poco… pues, además de mis hijos, es lo mejor que me ha pasado en la vida; y estoy hablando de una relación de hace diez años… Nunca peleamos, soñamos juntos, que es lo más importante. Y estoy contento y muy tranquilo desde siempre.

CAROLINA CUERVO
Revista Bocas

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