La banda secreta de 'Satch'

La banda secreta de 'Satch'

Entrevista con Joe Satriani, el guitarrista en solitario más destacado desde los años 80.

JOE

Durante cuatro décadas, el guitarrista estadounidense Joe Satriani ha sido una especie de apóstol de la guitarra: ha dominado casi todas las técnicas de ejecución del instrumento.

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Joseph Cultice

Por: Carlos Solano 
26 de agosto 2019 , 03:10 p.m.

En el mundo de los guitarreros hay toda una cosmogonía que tiene un principio básico: “Eric Clapton es dios”, como rezaba un grafiti que apareció en una pared en Londres a finales de los años sesenta y que se volvió sagradas escrituras.

Luego, en los siguientes vitrales de las iglesias de Saint Gibson, Notre Fender y Santa Ibanez, estarían Jimi Hendrix, que vendría siendo como una supernova brillante y en completa ebullición, y muy probablemente Frank Zappa, porque es “la madre”, “The Mother of Invention”.

Por supuesto, hay muchas otras deidades provenientes de los años sesenta, como Jimmy Page y Keith Richards; y mucha prehistoria en las manos callosas de Link Wray o de Robert Johnson, el origen de todas las especies.

En esa teología de cuerdas, en la siguiente generación, Joe Satriani –Westbury, Long Island, Nueva York, 15 de julio de 1956– es el alien, el extraterrestre, el hijo de la supernova. Literalmente nació como guitarrista cuando Jimi Hendrix se extinguió en 1970.

En medio de un entrenamiento con su equipo de fútbol americano en la escuela, en Westbury, alguien le dijo que Hendrix había muerto, y el impacto de la noticia lo condujo hasta donde su director técnico, al que le dijo: “Renuncio, voy a ser guitarrista”. Tenía 14 años. Se encerró en su cuarto y no salió de allí hasta que se convirtió en uno.

En su álbum debut Not of This Earth, en 1986, sentenció que su estilo de interpretar la guitarra es del espacio exterior, y Surfing with the Alien, segundo álbum, que publicó apenas un año después, es uno de los trabajos más brillantes en la historia de la guitarra eléctrica.

Es así que Satriani puede ser considerado hoy, sin exageraciones, el guitarrista en solitario más destacado desde los años 80 (el debate podría llevar a otros nombres, como Jeff Beck o Yngwie
Malmsteen).

Pero es que también ha sido uno de los máximos apóstoles de la guitarra eléctrica, al ser el maestro de guitarra de figuras del género como Kirk Hammett (Metallica), Steve Vai, David Bryson (Counting Crows), Larry LaLonde (Primus), Kevin Cadogan (Third Eye Blind), por mencionar algunos.

Además, al crear las reuniones de grandes guitarristas en el proyecto de espectáculos rodantes G3 –a los que el imaginario colectivo siempre había pintado como rivales– y se van de gira exponiendo lo que pueden extraer del instrumento, un acto que bordea la energía de un circo.

Hoy, cuando dios (Clapton) ha dicho que piensa dejar las presentaciones en vivo, no sin antes emprender una megagira por Estados Unidos en la que se encuentra actualmente, a sus 74 años; que Keith Richards piensa dejar el alcohol; que las fábricas de guitarras han reconocido que se venden muchas menos que en décadas pasadas, y que el rock escasea en las frecuencias radiales, Joe Satriani sigue incólume, publicando álbumes que mantienen el legado, experimentando con sus sonidos a través del filtro de la electrónica pero sin arrebatarle la humanidad a la pulsación de las cuerdas.

Pero para ser un extraterrestre, “Satch” ha pasado por penurias muy humanas. Para la grabación y publicación de Not of This Earth, el alien, que se había instalado en Berkeley (California), pagó la cuenta con su tarjeta de crédito. Cada vez que le rechazaban el disco en una u otra emisora, sabía que sufriría para pagar la siguiente cuota, y fue dando clases y tocando en bandas locales para salir poco a poco de la deuda. Como cualquier terrenal que paga la licuadora a crédito en 24 cuotas.

De sus inicios se desprende un episodio que resulta particular para cualquier guitarrista que llega a este nivel –a los que la industria musical suele etiquetar como “guitar virtuoso”–, pues se suele pensar que les cuesta trabajar como un integrante más de una banda: su historia como parte del trío de rock Squares, que fundó junto al baterista Jeff Campitelli y el bajista y cantante Andy Milton, en 1979, y del que no se conocían grabaciones, pero sí sus leyendas locales en Berkeley. Eso, hasta ahora, pues el pasado 12 de julio se publicó la primera edición del material perdido de Squares, bajo la producción y rescate del ingeniero de sonido John Cuniberti.

“Éramos parte de Van Halen (banda al estilo hard rock de los 70 y 80) y parte de Everly Brothers (pop de los años 50). Una mezcla de géneros como heavy metal, rock n´roll, punk y new wave, en 1980, antes de que pasaran muchas cosas. Éramos algo muy difícil de clasificar, un gran motivo por el cual nunca ‘lo logramos’”, explicó Satriani a sus seguidores previamente al lanzamiento.

Lejos de verla como la historia de una banda a la que no quería pertenecer, para Satriani, Squares debió haber sido algo mucho más grande, pero una negativa común entre la radio y las discográficas se lo impidió.

Así lo explica el guitarrista, que también cuenta en su carrera con haber sido colaborador de Mick Jagger, así como miembro de la célebre Deep Purple durante seis meses y creador de la superbanda Chickenfoot.

Cada vez que iba a una sesión de estudio, me ofrecían alguna parte de guitarra interesante, pero entonces me decían: ‘no, no, no, no lo toques así, tócalo más como Steve Lukather (...)

¿Qué significa rescatar el material de los Squares y mostrarle todo esto al mundo hoy?
Es una locura. Fue hace muchos años y estoy seguro de que mis seguidores de toda mi historia instrumental quedarán conmocionados, no solo de la ropa y del peinado [ríe], sino también del sonido. Esto es algo que comenzó en 1979, cuando era un guitarrista muy joven. Una banda que comenzamos y que quería ser algo nuevo y fresco, que duró cuatro años y que realmente no tuvo éxito. Era una banda sensacional, con Jeff en la batería, quien ha trabajado conmigo en muchos de mis álbumes en solitario, y siempre decíamos: “¿Cuándo vamos a publicar lo de Squares?”. Este último año se vio que era lo correcto hacerlo, las cosas se pusieron en movimiento y tomó un tiempo porque tocó hacer un trabajo técnico extenso en transferir la originalidad de las copias de la forma apropiada, manteniendo la fidelidad a lo que sonaba en esa época. Todo se puso en acción, incluso tener a nuestros hijos trabajando en los videos en un tiempo perfecto.

Cada uno de sus álbumes, desde Not of This Earth, ha sido una especie de ventana al futuro, excepto este. ¿Cómo puede Joe Satriani ver hacia el pasado?
Es cierto, eso es loco. Es algo que piensas en la noche, porque en la luz del día sientes que es imposible que pase, pero luego vino una teoría, y es que incluso yendo en reversa, estamos tomando algo que no existe nunca más. Pienso que hoy las generaciones de amantes de la música cruzan géneros, ellos oyen a Black Sabbath, también a Drake y a The Beatles y no les importa, y eso está muy bien. Pero este no era el caso en 1980. En esa época, en Estados Unidos, las estaciones de radio gobernaban la popularidad de las bandas y estaba saturada y separada por cercas muy altas. Había emisoras de música disco, de rock, new wave. Si tenías una banda y pretendías sonar en la radio, tenías que encajar en sus ideas. Este era el principal problema de Squares, porque no encajaba en ninguna emisora, ya que éramos rock pero no lo suficientemente rock, éramos punk sin ser totalmente punk y no lo suficientemente pop. Éramos un poco de todo porque nuestros orígenes eran diferentes. Nuestro bajista y cantante era de la orden de Elvis Presley, nuestro baterista tenía 18 años y había acabado de salir de la secundaria y tenía tanto de Bruce Springsteen como de los Rolling Stones, y yo venía de un pasado muy diferente, era el guitarrista de tiempo completo que quería hacer de todo. Queríamos lograr algo y en el intermedio reunimos nuestros estilos diferentes y nos enfocamos en algo, que pensábamos que no podía ser igual a Van Halen, Fleetwood Mac, Billy Joel, Donna Summer o Talking Heads, o bandas que eran populares en esa época. Eso fue crítico porque precisamente ¡no encajamos! No nos vestíamos como Motley Crue, no nos pusimos como los Sex Pistoles o The Ramones, teníamos un poco de todo. Pretendíamos ser diferentes, nuevos, frescos. Creo que al verlo desde hoy, en el año 2019, puedes no encajar, no tienes que encajar, porque todo el mundo está en todas partes.

Pero debió ser más difícil con su proyecto instrumental, hacia la segunda mitad de los ochenta.
Siempre que intentas descifrar algo del pasado, usualmente tienes que pensar en cómo era el ambiente de ese momento. Si ves las 10 bandas más populares en 1979, 1980 y 1981, lo que estaba pasando en el mundo, todo era tan diferente y era un reto para todos. Estaban pasando tantas cosas. El punk estaba madurando, el hip hop estaba creciendo, la música disco y Studio 54 estaban en declive, el metal estaba girando, Ozzy Osbourne como ícono estaba proyectándose de una manera que nadie podía predecir. Incluso MTV estaba apenas naciendo. Cuando lo piensas, es algo increíble. Lo que estaba pasando en lo político en todas partes del mundo era impresionante. Era un reto para la propia existencia de la gente. Si uno analiza esos elementos, puede entender por qué un artista hizo una u otra cosa. Durante ese periodo, se probaron muchas cosas: por ejemplo, David Bowie se reinventó e hizo ese disco con Nile Rodgers, y se les unió Stevie Ray Vaughan. Pasaban cosas raras en esa época y no eran fáciles de predecir. De 1979 a 1985, estábamos determinados a ser diferentes en un área en la que las bandas como Santana y Grateful Dead eran muy fuertes, y que había una escena de hip hop en Oackland. En esa época estaba enseñando a gente como Alex Skolnick, de Testament, y a un joven Kirk Hammett. Era un momento muy emocionante, al ver que todo esto estaba pasando.

joe

Antes de ser un ícono individual, creó una banda que tenía madera para figurar en el firmamento del rock: Squares.

Foto:

Cortesía Earmusic

Con Not of This Earth casi cae en bancarrota con tantas deudas, le tocó trabajar incluso como músico de estudio, algo raro para lo que se vendría después.
En ese momento, apestaba, claro. Pero miro eso a distancia y veo que fue un punto de autodeterminación, de definir el carácter, esa cosa que haces cuando eres joven y crees en algo con toda tu fuerza. De esos años duros, aprendí a la fuerza la importancia de tener una compañía discográfica propia, fue cuando la banda que creé se afianzó, fue lo que me permitió imaginarme como artista en solitario; mientras tanto trabajaba como maestro, pero curiosamente no me iba bien como músico de estudio porque odiaba tocar música que no me gustara. Tampoco era el músico que se la pasaba de fiesta, estar lejos de eso a veces no es bueno para un músico. Algo curioso que te puedo contar es que años antes de Surfing with The Alien, cada vez que iba a una sesión de estudio me ofrecían alguna parte de guitarra interesante, pero entonces me decían: “No, no, no, no lo toques así, tócalo más como Steve Lukather, tócalo más como Eddie Van Halen”, y yo pensaba: “Este tipo es un idiota”. Lo dejaba ahí, renunciaba y me iba a casa. Cuando Surfing with The Alien se hizo grande, algo que solo pasó unos años después, esta misma gente me llamaba y me decía: “¿Puedes hacer para nosotros algo como lo de Surfing...?” y yo les decía: “¿Por qué habría de hacer eso por ti?” [ríe]. Eso es mío... Hace unos años intenté hacer de nuevo eso (ser músico de estudio para otro artista) y tampoco me gustó. Debe haber un gesto de cortesía con los años, la fortaleza que ha rodeado el legado de un artista. Tiene que ver con no haberse rendido, con haber hecho posible que todo funcionara y lo que nos trajo hasta acá.

Debe ser pesado llevar encima la etiqueta de “guitar virtuoso”, ¿cómo lo maneja?

Puedo decir que cuando vuelvo a la época de Squares, en cierto punto estaba feliz de que las grabaciones se dieran tan bien, me pregunto por qué hicimos la música que hacíamos en ese momento. Sé que creíamos totalmente en ello, sé que de cada pequeño aparte que toqué en la guitarra sentía que era la cosa más cool que se podía hacer en el momento, pero incluso con tanto tiempo que ha pasado no puedo recordar cómo llegué a cada cosa que hacía y podría haber hecho muchas más, pero por alguna razón me contuve de todo lo demás que podía lograr, porque tenía esta idea artística de que lo que había hecho era suficiente. Luego, con los años, vino algo más profundo como artista, escribir música pero también era como diseñar un edificio. Siempre hice todo lo que pude por cada proyecto, me enfocaba en ciertos elementos que demandaba cada trabajo. Cuando empecé lo instrumental, ese era el tema, tomaba las decisiones artísticas que no se toman en una banda. No sabría explicar por qué. Yo tomé las decisiones que consideraba acertadas en ese momento.


*El proyecto G3 se puede considerar un culto. Sus encuentros, que han tenido varias versiones, han reunido a guitarristas como Eric Johnson, Steve Vai, Yngwie Malmsteem, Robert Fripp, Tony MacAlpine, Brian May, Steve Morse, Kenny Wayne Shepherd, Uli John Roth, Steve Lukather, John Petrucci, Paul Gilbert, Billy Gibbons, Michael Schenker, Neal Schon, por mencionar apenas algunos nombres que suelen estar en los listados de los mejores guitarristas del mundo. A algunos de ellos los rodean leyendas acerca de superegos, en particular Malmsteem, quien ha creado todo un personaje a partir de su superioridad y velocidad. Un periodista musical recuerda cómo durante una visita a Bogotá, en uno de los pasillos del Hotel Tequendama, el guitarrista sueco le tumbó una pila de discos a un fanático que se le atravesó en el camino.

Son famosas las leyendas de los egos de los virtuosos de la guitarra, personalidades fuertes. ¿Cómo lo manejó al armar las reuniones de G3?
Sabes, pienso que tomé mi punto de arranque a partir de deidades como Jimi Hendrix, y él era en particular tan sencillo, siendo un individuo dotado excepcionalmente de tanto arte; desde un comienzo sentí que me podía relacionar directamente con una persona así, probablemente uno de los más maravillosos guitarristas de la historia, y aun así, cuando hablas de su personalidad, era tan amable y abierto. Creo que eso conectó con mi propia personalidad, supongo. Y cuando reuní al primer G3, se trató de hacerle frente a una de las cosas que más odio de la industria musical, que es separar a los músicos en torno a una supuesta competencia.Yo dije “voy a hacer lo opuesto. Sé que estos tipos son mejores que yo y no me importa”, creo que es emocionante vivirlo y es emocionante verlo. Es una idea muy simple, ser como la audiencia, porque la audiencia encuentra su forma de hacer las cosas, saben quién les gusta y quién no, y no les importa, así que ¿para qué pretender ser algo que no eres si ellos son los que lo ven?, simplemente por mantener una actitud. Mejor crear la mejor música que podamos hacer, olvidémonos de la competencia, abramos nuestros brazos y aprendamos. Si haces eso cada noche, eventualmente vas a aprender algo. Si quieres darte cuenta de cómo es tocar música junto a Robert Fripp o Steve Morse, tienes que estar cada noche junto a ellos. Experimentar eso junto a la audiencia es lo fundamental.

Squares fue hace muchos años y estoy seguro de que mis seguidores de toda mi historia instrumental quedarán conmocionados, no solo de la ropa y del peinado, sino también del sonido

¿Qué tan diferente es armar una banda, desde Squares hasta Chickenfoot?
Todo es muy diferente. Haber hecho mi carrera instrumental, haber estado trabajando con Mick Jagger, haber sido parte de Deep Purple, ya había sido ese paso de “estar en una banda”. Chickenfoot se dio de una manera muy natural, íbamos a hacer tres canciones para una presentación corta junto a uno de mis conciertos en Las Vegas. Y resultó tan espectacular que todo el mundo nos dijo: “Tienen que ser una banda”, fue algo único. Lo siguiente fue estar ya sentado en un estudio con Sammy Hagar escribiendo canciones.

Hay mucha gente que parece querer decir que el rock está muriendo, pero hay hechos como que las marcas de guitarras están vendiendo menos, que estrellas como Eric Clapton hablan del retiro, ¿cómo mantenerlo vivo?
Los estilos musicales rara vez mueren. Simplemente cambian de escenario. La música clásica saltó de los clubes a los grandes teatros. La música jazz era de los bares y ahora está en hermosos escenarios, en la televisión pública y el cine. El rock ha tenido sus problemas también, con momentos decisivos para las generaciones, pero sigue viviendo tal cual. Si uno lo piensa, estamos en una época semi post hip hop, lo que significa también una oportunidad de llegar a nuevas audiencias, a otras estaciones de radio y TV. Es diferente a cuando lo tratamos con Squares, tratando de lograr un contrato discográfico en la era en la que la radio gobernaba. Hoy puedes hacer tu propia música y llegar a un millón de seguidores por internet, algo que probablemente uno creía que antes solo podían hacer The Rolling Stones. Es un mundo muy diferente y eso me hace pensar que los artistas no tenemos que preocuparnos tanto, porque tenemos el control sobre el mercadeo de nuestra propia música más que nunca. Antes estábamos exclusivamente en manos de otros. Y es curioso, porque es algo que aprendí con Squares antes de separarnos. En ese momento les dije a todos que Squares debía hacer su propio álbum, y ellos no quisieron. El tema es que el artista debe tener el control sobre lo que hace y no esperar a que lo haga una major (sello discográfico). De ahí la respuesta a si el rock está vivo o no. Lo que parece que está muriendo es un modelo de manufactura. Porque si quieres tocar la guitarra, ve y hazlo. No hay talentos grandes que la gente no quiera ver, hay audiencia para el talento. Además, no puedes decidir lo que la gente quiere escuchar realmente.

Jeff Campitelli lo ha acompañado durante muchos proyectos, ¿qué pasó con Andy Milton?
Infortunadamente murió muy joven, en 1999. Jeff y yo nos vimos con él en 1998. En el camino fuimos madurando y entendiendo muchas cosas y te das cuenta de la voz única y de la forma orgánica en que Andy cantaba. Era un gran músico.

Una de las canciones de Squares que acabamos de conocer es Give it Up, que parece una declaración de lo que iba a pasar con la banda, ¿de dónde salió la idea?
La actitud del punk estaba muy presente en nuestra escena, y bueno, la canción giraba en torno a las relaciones tradicionales entre hombres y mujeres que requerían una actitud diferente. Es gracioso porque yo pensaba que era un poco ridícula. Cuando cantábamos esta canción, pensábamos que no debíamos cantarla porque lo que queríamos era que las chicas se fueran con nosotros, y esto era totalmente lo opuesto. Había una actitud antisocial con humor, pero al mismo tiempo la mayoría de canciones giraban en torno al amor.

*El álbum de Squares incluye once canciones originales de 1980, de las que se conocen los videos musicales de Give it Up y So Used Up. En las pocas fotos que se conocen del grupo, se destaca la frondosa cabellera que luce Satriani, que desapareció durante los años 90, así como el concepto propio de una banda inclasificable.

En efecto, su sonido tiene un poco de todo. La base sería el new wave, pero cruzado con una guitarra que ya dejaba entrever el estilo que Satriani iba a aplicar en su música instrumental, por lo que no suena como ninguna otra banda. Milton tenía el potencial de un inmenso frontman.

El material fue editado por el sello Strange Beautiful Music, de forma independiente, que era el sueño de Satriani, un artista que no ha caminado de la mano de la industria musical, y el que después de 15 nominaciones a los premios Grammy, no ha ganado el primero.


POR CARLOS SOLANO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 88 . AGOSTO - SEPTIEMBRE DEL 2019

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