¡Super Goyco!

¡Super Goyco!

Entrevista con el exarquero argentino Sergio Goycochea, en la última edición de BOCAS. 

Sergio Goycochea

Hace 30 años, el arquero argentino revivió para el fútbol gracias a Millonarios F.C.

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Pablo Salgado

Por: Fabián M. Rozo C.
26 de agosto 2019 , 03:15 p.m.

La Copa del Mundo de México 86 sólo tiene un sinónimo posible: Diego Armando Maradona. El crack con esa zurda indomable y la famosa “mano de d10s”, condujo a Argentina a su segunda consagración universal. Cuatro años después, en Italia 90, cuando parecía no alcanzar con el talento del “Pelusa”, a falta de una, aparecieron dos manos benditas, las de Sergio Goycochea para llevar a la albiceleste a la final.

El arquero fue figura en las definiciones por penaltis contra Yugoslavia (en cuartos) y contra Italia (en semifinales). Y por un par de centímetros –esos que tantas veces cambian la historia del fútbol–, un cobro desde los 11 metros sentenció aquel Mundial. Con ese remate, ajustado al palo izquierdo del portero argentino, a cinco minutos del final, Andreas Brehme le dio el título a Alemania en el Olímpico de Roma.

“Goyco” se tuvo que conformar con la medalla de plata y un reconocimiento adicional: ser el mejor antipénal de ese momento y tal vez de la historia de las Copas del Mundo. Pero para que alcanzara a rozar la gloria, tuvo que morder el polvo del desprestigio. Año y medio antes, estaba desahuciado para el fútbol.

Un país se encargó de ponerlo al límite y de probar su determinación. Colombia fue desahogo y, paradójicamente, a la vez, otro tormento. Fue un comenzar de nuevo por allá a finales del 88 y casi su lápida, cinco años después, tras el famoso 0-5, en el estadio Monumental.

Aterrizó en Bogotá aquel septiembre de 1988 huyéndole al desprestigio. Si bien no existían aún las redes sociales que ventilaran todo públicamente, el rumor de prensa, que decía estaba acabado para el fútbol, llegó hasta Colombia. Pero Millonarios le dio un sí condicionado.

A la primera que tuvo que enfrentar y vencer fue a la incertidumbre. Pruebas médicas por doquier, exigencias desmesuradas en los entrenamientos y el respaldo que el DT Luis Augusto García le brindó en principio al joven portero bogotano, Ómar Franco, retardaron su debut.

La buena pretemporada del 89 le devolvió la vida en la cancha. El “Chiqui” lo probó contra Medellín y América en amistosos, antes del estreno oficial frente a Atlético Nacional y en Copa Libertadores, el 14 de febrero, en El Campín. Fue empate a uno y el gol recibido sería algo más que presagio. Higuita le dio la bienvenida al marcarle de penalti. Ese momento fue suficiente para que Sergio entendiera que la rivalidad entre azules y verdes iba en serio. Pero no sería el único duelo. Desde entonces tuvo uno particular con René, a quien se cruzaría muchas veces, hasta hacer del enfrentamiento una amistad.

A su regreso a Buenos Aires, lo primero que hizo fue agradecerle a Carlos Salvador Bilardo por la recomendación de que se oxigenara, o mejor, naciera de nuevo para el fútbol en Colombia. Y la mejor forma de retribuirle al médico fue llevar a Argentina con sus atajadas en la definición desde el punto blanco contra yugoslavos e italianos, a la final del Mundial de Italia 90.

De señalado a ídolo. Se adueñó del arco albiceleste, Maradona lo apadrinó y, agigantado, volvió a vivir momentos inolvidables con Colombia en el camino. Desde la victoria en los penaltis –cuándo no– para llegar a la final de la Copa América de Ecuador 93, hasta las derrotas en la eliminatoria para Estados Unidos 94. La primera en Barranquilla que le puso fin a un invicto de 33 partidos y la histórica del 5-0 en Buenos Aires.

Sergio Goycochea

Acusado en su país de tener sida, llegó a Bogotá por recomendación de Bilardo y ese refugio, a la postre, lo llevó a ser subcampeón del mundo en Italia 90.

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Pablo Salgado

¿Es usted el arquero antipénal más famoso del fútbol?
Y no sé, siempre los hay. Lo que pasa es que ahora los balones son más rápidos, con la globalización te analizan todo, las pelotas son mucho más rápidas y eso puede incidir, pero siempre ha habido grandes atajadores.

O sea que lo suyo fue más meritorio…

Bilardo (Carlos Salvador) era el YouTube de la época, siempre iba adelante de todos, tenía toda la información. Un visionario, al que no se le escapaba ningún detalle, no dejaba nada al azar, ni mis atajadas.

¿Cómo es eso de que Bilardo lo puso a entrenar el día de su matrimonio?
Le avisé (a Bilardo) dos días antes que me casaba por lo civil y me dijo que no había problema, que me casara al mediodía y que en la tarde me esperaba en cancha de Vélez para entrenar. Y así fue.

El médico ya es leyenda y patrimonio del fútbol mundial. ¿Con cuál otra anécdota lo puede describir?
Con Bilardo tengo doscientas mil anécdotas, pero recuerdo una vez que entrenábamos en la cancha de River y él hacía un trabajo táctico donde utilizaba solo a los mediocampistas. Obviamente, los demás estábamos parados, así que después de 45 o 50 minutos uno perdía la atención; entonces,de un momento a otro ordenó que me patearan un balón y yo estaba tan distraido que la pelota me pasó de emboquillada, así que pegó la carrera hasta donde estaba y me dice: “¡Estamos fuera de la Copa del Mundo! ¡Siempre hay que estar enchufado!”.

Bilardo fue de cábalas. ¿Usted le aprendió hasta en eso? Es que eso de orinar antes de los penales…
(Risas) Se dio por pura necesidad. Antes de la definición contra Yugoslavia en Italia 90, durante el partido había tomado mucha agua por el calor que hacía. Me dieron muchas ganas de orinar y como no podía ir hasta el vestuario, algunos compañeros me cubrieron y lo hice a un lado del campo. Como pasamos, la cogí de cábala.

¿Solo la usó en ese mundial?
No, después cuando llegó Basile, también lo hice y mirá que no nos fue mal porque ganamos dos series más en la Copa América y la Copa Artemio Franchi, que enfrentaba al campeón de América contra el de Europa.

Esa copa fue el último título de Maradona con su selección. ¿Qué es menos pretencioso, decir que fue compañero o amigo del 10?
Mejor, que lo disfruté en todas sus facetas, como hincha primero, luego como compañero en la selección, celebramos varios títulos, lo tuve de técnico, jugamos juntos de nuevo en el showbol y hasta hicimos un programa en televisión. Más no puedo pedir.

Vivieron muchos momentos juntos. ¿Alguno que recuerde en particular?
Fueron tantos, que resulta difícil escoger, pero por ejemplo me acuerdo que en esa definición contra Yugoslavia, en Italia 90, después de que él erra el penal, yo me cruzo, me golpeo las manos y le digo: “Quedate tranquilo que atajo dos”. No sé si fue una expresión de deseo o para sacarnos el susto que teníamos, pero finalmente se terminó cumpliendo y obviamente después del partido nos reímos demasiado.

Así como le “cortaron” a Maradona las piernas en Estados Unidos 94, ¿a usted en algún momento le cortaron las manos?
Antes de llegar a Millonarios viví un momento difícil. Se cayó mi pase de River a San Lorenzo y se llegó a decir que tenía hasta sida y una cantidad de boludeces (bobadas). En realidad tenía una infección en la clavícula, con algo de artritis, pero por reservar ese pronóstico se dio pie a la especulación de todo tipo. Igual me la banqué, con el apoyo de la familia, y año y medio después fui figura en Italia 90.

Han pasado 30 años de que su carrera se partiera en dos. ¿Venir a Colombia fue la mejor decisión de su vida?
Y sí, hoy visto con el diario del lunes, esa es la realidad. Tuve la suerte de que rápidamente me fue bien, la gente me recibió de gran manera y a Millos también le salieron las cosas, así que la adaptación fue mucho más fácil.

¿Por qué Bilardo lo terminó de convencer?
Siempre tuvimos una gran relación y él, como siempre, era conocedor de todo, en este caso del fútbol colombiano porque había vivido y dirigido allí.

¿Fue una puerta de escape que terminó siendo su salvación futbolística?
Sí, en su momento, estaba atravesando una situación difícil, vinculada a un tema de salud que terminó siendo sensacionalista en mi país, cuando en realidad era una enfermedad tratable y se dio la tranquilidad de salir, de aislarse porque en ese momento la globalización no era tal, no se sabía de nada, mientras que hoy a los dos minutos puedes estar al otro lado del planeta y las redes ya te ubican, así que lo que fue un exilio en un comienzo, terminó convirtiéndose en una consagración.

Le avisé (a Bilardo) dos días antes que me casaba por lo civil y me dijo que no había problema, que me casara al mediodía y que en la tarde me esperaba en cancha de Vélez para entrenar. Y así fue

¿Qué le llamó la atención de venir a Colombia en un momento tan difícil del país?
Sí, se sabía, pero es como todo, los momentos se magnifican en la medida en que pasan los años. En nuestro país vivimos en dictadura entre mis 13 y 19 años, y hoy a la distancia, cuarenta y pico años después, te enterás de cosas que dan escalofrío. Lo mismo me pasa con Colombia: cuando vine, tenía la información, pero no prestaba tanta atención. Después con el tiempo y te vas enterando de las cosas que pasaba, dices, yo estuve ahí, pero gracias a Dios siempre me trataron bien y nunca me pasó nada. Se vivían momentos difíciles, sobre todo cuando se trata de seguridad, de una guerra interna y uno puede ligar alguna cosa de rebote, pero no tuvimos tanta información en ese momento para magnificar la situación.

¿Es verdad que en esos primeros días en Bogotá se la pasó más en la clínica que en la cancha y no por cuestión de la altura?
Recuerdo que me trajo Carlos Quieto, que en ese momento era uno de los representantes que mejor se movían en Argentina y trabajaba mucho el fútbol colombiano. La bienvenida me la dio el “Chiqui” García, que era el entrenador y me incorporé en seguida, aunque la verdad me hicieron un montón de estudios previos para certificar, por las dudas (risas).

La desconfianza sobre su estado físico y de salud era tal, que en los entrenamientos lo probaban al límite…
Me peloteaban como loco porque decían que estaba jodido del hombro, salía muerto después de cada entrenamiento, pero esa exigencia me sirvió para responder de buena forma.

Imagino que los argentinos de Millos lo acogieron.
Claro. Pasábamos buenos momentos con las familias de Mario (Vanemerak) y Óscar (Juárez) en Martín Fierro, en Cajicá. Había un parrillero argentino que nos trataba de maravilla.

Más allá de ser argentinos, ¿por qué se hicieron inseparables con Vanemerak y Juárez?
A Mario lo conocía desde juveniles, en una selección que estuvimos en Rosario en el año 85, y a Óscar lo vine a conocer acá. La verdad me trataron bárbaro desde el primer día, me arroparon y todo se hizo más fácil con ellos. Amigos que te da el fútbol y la vida. Recuerdo que mi apartamento quedaba en la 119 con 15 y el de Mario en la 119 con novena, así que me llevaba en su auto al entrenamiento y luego nos devolvíamos a almorzar a su casa.

La empatía les daba hasta para quedarse dos horas después de los entrenamientos pateando penaltis y tiros libres…
Mario era vivo porque cuando apostábamos en los penales, yo no sólo atajaba sino que tenía que patearle, y él lo hacía bien en el arco, con todo y lo petiso (bajito) que era. Nos quedábamos hasta dos horas después del entrenamiento y el utilero Porras nos apuraba. A veces le decíamos que se fuera y que nosotros traíamos la ropa limpia al otro día.

Sergio Goycochea

Compartió con Maradona en todas sus facetas, pero no se atreve a compararlo con Messi. Hoy es una estrella en la televisión de su país.

Foto:

Pablo Salgado

¿El apodo de “Loco” fue bien ganado?
¡Naaaaahhh!, locos eran Mario y el “Pájaro”, aunque dicen que los arqueros tienen que ser un poco locos, pero fui siempre muy conservador. Lo que pasa es que los hacía divertir mucho y por eso me decían así, no por actitudes de locura como tal.

¿Es verdad que usted jugaba a ser Rambo en las concentraciones?

La concentración en el fútbol siempre es compleja; entonces, si no hacés algo, te morís de tedio. Nos la pasábamos de joda. Me disfrazaba de Rambo, les abría las habitaciones a los compañeros, ya cuando estaban durmiendo, y me les lanzaba encima. Te podrás imaginar los gritos que metían.

¿Varios le llevaban la cuerda para bromear?
Sí. Gamerito, al que hace poco saludé cuando jugaron Boca y Tolima en la Libertadores; Galeano y Pimentel, que una vez me llevó a una corrida de toros y nunca me olvidaré de eso.

¿Cómo fue esa primera vez en la Santamaría?
Fue shockeante de entrada para mí porque nunca había ido a un espectáculo de esos. Me acuerdo que fuimos con otro loco, Gutiérrez de Piñeres. Teníamos libre, estábamos en pretemporada y tomábamos de esa bota. Y de traguito en traguito durante seis horas, pues quedabas listo. Germán salía a torear los autos y yo me preguntaba, ¿a dónde vine? Luego nos íbamos al Tequendama para reunirnos con los ganaderos y después a esos sitios españoles, haciendo toda la tradición. Era lindo.

¿Cree que la rivalidad con Nacional se centró, en parte, en el duelo Higuita - “Goyco”?
Y, puede ser, pero ambos teníamos unos equipazos, lo que pasa es que éramos los arqueros de ese momento. Recuerdo que el primer gol que me marcan en Colombia, me lo hace René de penal en El Campín. Él ya estaba en la Selección, a mí ya me habían convocado anteriormente y Millonarios me había traído como figura. Entonces, se fue dando eso, pero siempre he tenido una gran relación con él.

¿Y una gran amistad con el “Loco”?
De hecho creo que, puede ser, yo hice la nota más larga del mundo con René Higuita. Ya retirado, vine de Argentina con un medio a entrevistarlo. Empezamos en su casa como a las 10 de la mañana y la terminamos como a las 12 de la noche porque hicimos un recorrido con 700 kilos de comida. Conocimos la nieta, compramos por la carretera, terminamos en el centro de Medellín, en fin, la nota más larga de la historia.

Alguna vez salieron en tanqueta del Atanasio y hasta dentro de ella usted hacía chistes…
Eran tiempos difíciles y duelos grandísimos con Atlético Nacional. Cuando viajábamos a Medellín, siempre había el rumor de que había que bajarse del avión porque estaba peligroso, pero ya estábamos ahí y teníamos que joder, qué va ser, para qué te ibas a presionar más.

¿Sigue pensando que esa Libertadores del 89 debió ser azul y no verde?
Sí, porque si Hernán Silva (árbitro chileno) nos da el penal que le hizo Higuita a Iguarán era dos a cero y pasábamos nosotros.

¿Ese desempate en la fase anterior con Bolívar de La Paz en los penales fue una advertencia de lo que haría con Argentina en Italia 90?
Atajé el definitivo esa noche. Y pensándolo bien, con el diario del lunes, como digo, fue un gran inicio, una buena secuencia que después se mantendría con Argentina en el Mundial.

En esa definición contra Yugoslavia, en Italia 90, después de que Maradona erra el penal, yo me cruzo, me golpeo las manos y le digo: ‘quedate tranquilo que atajo dos’

¿La violencia que azotaba a Colombia hizo de su paso por Millonarios algo fugaz?
Y por ahí sí. Después de Italia 90 hubiese vuelto a jugar a Bogotá. Lo que pasa es que también mi señora quedó embarazada, y la familia quería que nos radicáramos en Buenos Aires al ser el primer nieto. Además, en el 90 la situación en Colombia se había puesto un poco más pesada que en el 89.

¿No le dio tiempo ni de despedirse?
La verdad no, pero yo jugué el Mundial como jugador de Millonarios y el club tuvo a un finalista en esa Copa del Mundo.

Usted fue determinante para llevar a Argentina a su tercera final de un Mundial con los penaltis atajados en las series frente a Yugoslavia e Italia. ¿Le resulta aún irónico que hayan perdido por uno la final con Alemania?
Y, puede ser, pero qué le vamos a hacer. Hicimos todo por ser campeones del mundo y se nos escapó al final, pero no hubo nada para recriminarse.

¿Todavía le preguntan si hubiese preferido atajarle el penalti a Brehme, por encima de los de las series anteriores?
Muchas veces me lo han dicho, pero sin cargarme (molestarme). Hoy es fácil decirlo, pero si no hubiese estado bien en las series contra Yugoslavia y frente a Italia, tal vez no habríamos llegado a la final, así que la historia fue esa y hay que aceptarlo. Ya está.

¿Eso fue más duro que el 5-0?
Siempre respondo con una pregunta: ¿qué era preferible, no haber jugado ese partido y perderme la posibilidad de ser feliz al vestir la camiseta de mi país? Fui feliz al defender el arco de la selección Argentina siempre, es un sueño para cualquier futbolista y yo lo cumplí.

¿Qué lo afectó más, el ole en las tribunas del Monumental, las críticas de la prensa o las burlas que se hicieron?
Cuando se cumplieron los 20 años de ese partido, decidí cerrar para siempre ese capítulo. Hace poco, DIRECTV me contrató para un evento promocional de la Copa América en Bogotá. Era un conversatorio con “Pacho” Maturana y en uno de los momentos debíamos enfrentarnos a un cuestionario de cinco preguntas históricas sobre el torneo. Ganaba el que respondiera bien tres o más, así que ante el auditorio dije que no me gane 5-0 y ya está, a lo que todo el mundo se echó a reír. Y es así, hay que tomárselo con humor.

¿Coincide en que fue un resultado mentiroso?
Después de un resultado así, cualquier cosa que se diga suena a excusa, pero al ver el compacto del juego, se veía que mientras Argentina llegaba y llegaba, Colombia cada vez que remataba era gol. En la ida, en cambio, en ese partido en Barranquilla donde perdimos el invicto de 33 fechas con el 2-1, sí la pasamos bastante mal.

Al frente pudo estar Higuita, pero el consagrado de esa noche del 5 de septiembre del 93 fue Óscar Córdoba…
Óscar es otro de los grandes amigos que me ha dado el fútbol. Lo visité hace poco en Bogotá y trabajamos ahora para la misma cadena de televisión. En ese partido sacó de todo, unas increíbles al Bati, pero eso fue la confirmación de lo que era y lo que fue, uno de los arqueros más completos que vi.

Desde la Copa América del 93, en la que usted volvió a ser determinante en la definición por penaltis, Argentina no gana un título. ¿Eso aumenta su leyenda?
No. Con la selección Argentina tuve la suerte de ganar dos Copas América, una Copa Confederaciones, la Intercontinental con el campeón de Europa, llegar a una final de mundial, así que todas las cosas son especiales. Desgraciadamente, de la que más se habla es la de Ecuador 93 porque fue la última que ganó la selección mayor, pero la verdad no me causa gracia que eso suceda, porque quiero que Argentina siempre gane.

¿Cuántos penaltis tapó en su carrera?
No, imposible, mi memoria no da para tanto, pero sí te puedo decir que las definiciones que tuve con Argentina las gané todas: dos de Italia 90, dos en Copa América y la Artemio Franchi que le ganamos a Dinamarca en Mar del Plata.

¿El periodismo le ha permitido, de una u otra forma, seguir disfrutando del fútbol?

Seguro, pero no he sido de comparaciones en mi vida. Lo que sí te puedo decir es que ambas etapas las he disfrutado al máximo. Mi carrera de futbolista duró 18 años y llevo ya 20 en los medios, así que viví cosas muy lindas en ambas, pero me preparé para estar frente a una cámara y disfruto estar en el set, como en su momento lo hice en la cancha.

¿Y se puede resumir eso en que jugó con Maradona y disfruta de Messi en la TV?
En parte puede ser así, pero acá los que más han disfrutado con ellos son la Argentina y el mundo del fútbol. Tanto talento en dos fuera de serie que nunca nos cansaremos de apreciar y admirar.

¿Y si tuviese que elegir a uno de los dos?
¿Por qué tenemos que comparar a dos genios? Es mejor hablar de Maradona y Messi, no de Maradona o Messi. Tenemos que agradecer que en tanto tiempo hemos tenido a los mejores del mundo.

Si Maradona jugase en el Barcelona del último tiempo y Messi en el Nápoles de hoy, ¿serían igual de determinantes?
Si Diego hubiese jugado en este Barcelona, habría ganado el 75 por ciento de lo que ganó Messi, y si Leo hubiese estado en ese Nápoles, habría levantado el 50 por ciento de las copas que levantó Diego.


POR FABIÁN M. ROZO C. 
FOTOGRAFÍA PABLO SALGADO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 88. AGOSTO - SEPTIEMBRE DEL 2019

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