Yo soy René Higuita, un ser humano perfectamente imperfecto

Yo soy René Higuita, un ser humano perfectamente imperfecto

BOCAS conversó con el exarquero, uno de los personajes más celebrados y controvertidos del país.

higuita

Higuita fue el héroe del primer título de Copa Libertadores que conquistó Colombia hace 30 años.

Foto:

Pablo Salgado

Por: Mauricio Silva Guzmán
28 de agosto 2019 , 09:20 a.m.

Tiene un título nobiliario por el que pagarían una fortuna las máximas estrellas del fútbol mundial.

El “escorpión”, la jugada que hizo el 6 de septiembre de 1995 en el estadio Wembley de Londres, fue elegida como la mejor en la historia de este deporte.

El portal footy-boots.com se encargó de hacer una encuesta en la que sometió a elección del público varias jugadas de históricos como Zidane, Pelé, Cruyff, Maradona, Ronaldo y Ronaldinho, entre otros.

En ceremonia del 22 de julio del 2008, la delirante atajada de René Higuita logró el 20 % de los votos, seguido por la famosa “elástica” de Ronaldinho, con un 19 % de votación. Cristiano Ronaldo y Johan
Cruyff, con el 18 %, fueron terceros.

También tiene otros logros no menos importantes. Después de su participación en Italia 90, el paisa inspiró a la FIFA para crear la norma que obligó a los porteros a jugar con los pies cuando el balón lo devuelven sus propios compañeros. La “Ley Higuita”, así se le conoce.

Luego, el cronista y estadígrafo del fútbol Luciano Wernike argumentó en su libro Historias insólitas de la Copa Libertadores que la mejor presentación de un portero en la larga vida de ese torneo fue la de Higuita en la semifinal de 1995 contra River Plate.

Pero “el Loco”, como le dicen, también tiene otros títulos –y estigmas– que lo han convertido en uno de los deportistas más polémicos de este lado del planeta. Su amistad con Pablo Escobar y su paso por la cárcel, para algunos, nublaron su figura.

El 30 de junio de 1991, Higuita visitó a Pablo Escobar cuando éste estaba recluido en la cárcel de La Catedral. Ese fue un escándalo mediático de grandes repercusiones. ¿Fue su amigo? Aquí lo aclara.

Dos años después, el 5 de junio de 1993, de acuerdo con indagaciones de la Fiscalía, la estrella de la Selección Colombia fue enviada a la cárcel por haber servido de mediador en la liberación de la hija de Luis Carlos Molina Yepes –considerado uno de los grandes lavadores de dinero del cartel de Medellín–, secuestrada el 30 de abril de ese año.

Higuita ha sido uno de los personajes más interesantes y controvertidos de Colombia. Una de las más fuertes celebridades nacionales de nuestros tiempos. Brillo y oscuridad.

Tristemente su mamá, María Dioselina Higuita, murió cuando usted era un adolescente. ¿Es cierto que usted alcanzó a preguntarle sobre si el fútbol era lo correcto como plan de vida?
Sí. Ella me respondió con lágrimas, porque es que a mi mamá le gustaba mucho que yo estudiara. Y los padres lo único que les quieren dejar a los hijos es la educación. Mi madre no se imaginaba que yo tenía un potencial para el fútbol. Así que, con lágrimas en los ojos, me dijo: “Tome usted la decisión”. O sea, me la dejó a mí. Ella falleció cuando yo tenía 15 o 16 años.

HIGUITA

Higuita inspiró a la FIFA a crear la norma que obligó a los porteros a jugar con los pies cuando el balón lo devuelven sus propios compañeros.

Foto:

Pablo Salgado

Después de la muerte de su mamá, su abuela fue quien veló por usted. ¿Qué tanto apoyo recibió de ella para meterse de lleno en el fútbol?
Se negaba por la situación en que nosotros vivíamos, que era difícil. Desde niño, uno estaba prácticamente obligado a trabajar. Entonces, ella me decía: “Mejor vaya a vender El Colombiano”. Y yo vendí periódico.

¿Cuánto tiempo vendió periódico?
Entre dos y tres años. Cuando tenía nueve y diez años.

¿Y el fútbol a escondidas, mientras tanto?
Más o menos. Apenas estaba como agarrándole el hilo al fútbol. En el barrio Castilla, yo me iba hasta el 12 de Octubre vendiendo El Colombiano. Subía y bajaba. A veces los vendía todos. Pero yo con lo único que le llegaba a la abuela era con la ropa sucia de jugar fútbol, y eso no le gustaba, porque ella era la que me tenía que lavar y siempre me decía: “Deje de jugar y coja oficio”. Sin embargo, fui dando los primeros pasos. Poco a poco me empezó a ver por ahí en periódicos, en la televisión regional y en
selección Antioquia.

¿En qué equipo estaba cuando se dio ese famoso partido en el que el portero no llegó y a usted, que era delantero, lo tiraron al arco?
Yo era goleador y me iba muy bien. Era nueve o puntero izquierdo. Iba hacia atrás y ahí enganchaba bien, era rapidito y tenía dominio. Fue en el equipo de Estampados Modatex, de la Liga Antioqueña de Fútbol. Al equipo lo invitaron al estadio de basquetbol Iván de Bedout para un torneo organizado por el Deportivo Independiente Medellín, con el fin de escoger los mejores jugadores para su escuela. Ahí nos llamábamos El Dorado y, cuando fuimos al primer partido, el arquero no llegó y entonces me coloqué.

¿Decisión suya?
Y del técnico. Yo ya había jugado de arquero en “la Liborio”, mi colegio. Entonces, ya conocía el puesto. Cuando me pusieron, me fue lo más de bien. De hecho, jugué todos los partidos en el arco y quedamos campeones. Y como estaban los organizadores del Medellín viendo, pues a mí me conocieron fue de arquero, y entonces me llevaron para el Medellín de arquero.

¿Cuántos goles cree haber marcado de delantero?
¡Uy! Yo hice muchos goles. 50, 60 o 70 goles, por ahí pasó la cuenta. Yo hice goles de cabeza, de chilena, de media volea.

Entiendo que mientras tapaba en las inferiores del DIM y en la selección Antioquia Juvenil, jugaba de delantero en el “pirataje” barrial.
Incluso en la Selección Juvenil con Marroquín. Yo “pirateaba” mucho en Castilla y La Esperanza, pero de nueve. Incluso salí dos o tres veces de goleador del torneo. Y me iban a suspender por eso.

Marroquín lo llevó a la selección Antioquia. ¿Desde entonces fue como su papá?
Sí, claro. Él estuvo acompañándome cuando falleció mi mamá, siempre fue de mucho apoyo mío. Alguna vez le dije: “No voy más a la selección de Antioquia”, porque no iba a ser titular. Recuerdo que me habló muy fuerte: “Deje de ser bobo y me hace el favor y mañana me aparece al entrenamiento; deje de ser infantil, deje de ser niño”. Y al otro día, yo estaba allá. Hasta que debuté en Bogotá contra las Fuerzas Armadas. Y hasta de capitán.

Con todo el respeto y el cariño, esos grandes jugadores tipo Maradona, Pelé y Messi no han hecho cambiar los estatutos de la Fifa. Y llega un colombiano y lo logra

¿Desde siempre tuvo ese estilo de salir con la pelota o eso fue después?
Siempre lo hice. Una vez, el profesor Castaño me intentó decir que no lo hiciera en un partido, y Marroquín le dijo: “Déjelo que esa es su función, eso es lo que él sabe hacer. No le rompan la inspiración al muchacho”. Es que yo, de verdad, sentía el fútbol de esa manera.

¿Algún portero lo inspiró?
Marroquín conseguía boletas para ir a ver a Nacional y me decía: “Usted va a ver a Navarro”, y yo veía a un arquerazo dentro de los tres palos. Pero también me preguntaba: “¿Y por qué no sale? ¿Y por qué cuando sale y la recibe, la tira al costado?”. Entonces, todos esos porqués empecé a resolverlos y empecé como a jugar así.

En el Suramericano Juvenil de 1985, usted fue una de las figuras en un lindo equipo que el país no olvida. ¿Por qué cree que se escapó el título?
¡Ojo!, no solamente se destacó René Higuita, se destacaron John Édison Castaño, John Jairo Tréllez, Jairo Ampudia, “Pepe” Romeiro Hurtado, “Calidad” Núñez, Édison Álvarez, en fin, había un equipo bien. De pronto nos faltaba experiencia, porque mientras nosotros salíamos de la selección Antioquia, de la selección Valle, de la selección Risaralda, todavía sin jugar un partido profesional, uno veía a los brasileros con no sé cuántos partidos profesionales en sus clubes. Eso fue lo que pesó, sin duda.

¿Por qué no tapó en el Mundial en la URSS?
A mí me llevaron al Mundial de Rusia pero más bien por premio porque yo me lesioné del metacarpiano. Entonces, el Mundial lo tapó Eduardo Niño. Una vez le dije al profe: “Métame aunque sea de lateral”. Pero nunca me metió. Yo llegué lesionado acá a Bogotá y ahí fue cuando empezaron a hablarme de Millonarios.

¿Cómo se resolvió lo de Millos?
Hermes Tamayo [entonces presidente de Millonarios] me llamó al hotel en Bogotá apenas llegué de Rusia y me dijo: “Estamos muy interesados en que se venga para acá. Vivalda está como lesionado y vemos que usted puede darnos una manito”. Yo venía con la mano jodida. Entonces, le dije: “Una mano sÍ le doy”. Él ofreció como cien mil mensuales o algo así. Yo le dije: “Llámeme mañana”. Me fui para Medellín ese viernes y lo primero que hice fue llamar a Marroquín y me dijo: “Pídale doscientos mil, el transporte y la vivienda”. Cuando Tamayo me vuelve a llamar, yo le digo: “Don Hermes, averiguando con personajes del fútbol, me dijeron que le pidiera quinientos mil con la vivienda y el transporte”. Y me dijo: “bueno, de una, véngase”. Cuando llego me encuentro tremendo combo: Pimentel, Pelufo, “el Nano” Prince, Germán Morales, “el Mico” García, Funes, Iguarán, Acisclo. Al otro día, creo, era contra Nacional y vamos a la charla técnica, y yo calladito. Entonces, dice Luján Manera, que era el técnico: “Higuita, vas tú”. ¡Uy!, a mí se me quería salir el corazón, yo tenía 17 años. Recuerdo que salí con un buzo rojito que todavía estoy esperando que me lo devuelvan porque se lo presté al “Chicho” Serna para un museo y es la hora que todavía no me lo ha devuelto.

higuita

Su “escorpión”, en el estadio Wembley, fue considerado “la mejor jugada en la historia del fútbol”.

Foto:

Pablo Salgado

¿Por qué se va de Millonarios tan rápido, a los seis meses?
Porque se murió don Hermes Tamayo. La verdad, estábamos muy contentos, a mí me estaba yendo muy bien y los partidos que jugué, pues muy bien. Pero murió y ahí acabó todo.

Y se fue para Nacional, que era el dueño de su pase. ¿Recuerda su debut con el verde?
Creo que fue en el 86. Lorenzo Carrabs era el titular. Yo estaba en el banco, llegó el segundo tiempo y yo venía atrás, cuando me di cuenta de que al fondo de un pasillo, por fuera, vendían una fritanga y una bandeja paisa con chicharrón. ¡Una delicia, pues! El caso es que volé y me fui a comer la bandeja paisa en el intermedio. A los diez minutos expulsan a Lorenzo y cuando oigo, por parlante: “El señor José René Higuita es solicitado en el banco del Atlético Nacional”. Y yo salgo corriendo y el Maño Ruiz, que era el técnico: “¡Oye, Higuita, la concha que te parió! ¿Qué te pasa?, ¡Anda al campo!”. Lo peor es que yo salí figura en esos treinta minutos que jugué. Lorenzo después se fue para el Junior y yo me quedé con la titular.

Es precisamente a Lorenzo Carrabs a quien usted casi le hace el gol que siempre quiso hacer: llevando la pelota de arco a arco.
Sí, en el 88, en Medellín. Yo salgo jugando, gambeteando, hago el pase, sigo derecho, llego allá a la otra área, casi que hasta el tiro de esquina, y ahí me cruza Alexis Mendoza.

Un penal que nunca le pitaron. Una injusticia histórica, ¿o no?
No crea. Es una jugada de apreciación. Se ve como penalti y uno sabe que no fue penal, pero ¡qué bueno que lo hubiera pitado!, ¿no?

Carrabs dice que, en ese mismo momento, le dijo a usted: “¿A mí, René?, ¿me lo vas a hacer a mí?”
Él dice eso.

En 1989, usted se convierte en el héroe del título de Atlético Nacional en la Copa Libertadores: ataja los cuatro penales de la definición final y marca uno. ¿Es su momento más glorioso en el fútbol?
Fue, en general, una época muy gloriosa por los resultados que se obtuvieron, porque se dejó historia, en un momento que no era muy rico en títulos. Ganamos la Libertadores y luego, con la Selección, clasificamos a un Mundial, 28 años después de no hacerlo.

En Italia 90, usted tapó muy bien contra Emiratos, Yugoslavia –de hecho atajó un penalti–, y contra Alemania, ni hablar. Vino Camerún, y usted pasó a la historia por una equivocación que le cuesta a la Selección el adiós de la Copa del Mundo.
No, pues, me crucificaron en vida. Me querían sacar de la Selección.

Maturana le dijo, después del partido: “Vamos, René, a la rueda de prensa y hablamos de esa cagada”.
¿Cómo le iba a decir a él que no? Es que si nosotros perdemos 2-0, 3-0 o 4-0, no hay ningún problema. El caso es que nosotros vamos 2-0 y después Redín hace el 2-1 y ahí es cuando se dice: “Si Higuita no se hubiera equivocado, nosotros hubiéramos empatado”, que es una lógica absurda. Además, había muchos que estaban esperando mi equivocación. Es que a mí me tocó muy duro, porque la mayoría estaba acostumbrada a ver a un arquero dentro de los tres palos y no jugando con los pies. Yo me había ganado el apodo de “el Loco”, que fue lo más querido que de pronto me sucedió. Pero ahí me trataron de payaso y de ahí para arriba era de todo, que yo era un irresponsable. Y algunos todavía siguen con esa lora.

Conocí los paramilitares, conocí también la guerrilla, y de corazón, lo que ellos me contaron, me da para respetarlos, así como ellos me respetan

¿Es cierto que lo amenazaron?
Yo viví siempre amenazado desde entonces, pero nunca le paré bolas a eso.

Las discusiones de café, desde entonces y aún, se centran en si fue Luis Carlos Perea el culpable porque no ha debido devolver el balón o si fue Higuita por intentar eludir a Roger Milla. ¿Habló eso alguna vez con “el Coroncoro”?
No. A veces él dice que fue él. A veces yo digo que fui yo. Pero la verdad, la equivocación mía es doble, porque es que yo sabiendo que Perea no es un jugador técnico y se la doy a él. Esa, yo creo, fue una de las mayores equivocaciones.

¿Esa reflexión la tuvo esa misma tarde?
Claro. Yo tenía que dársela al jugador que sabe, a un Andrés Escobar. Por eso digo que cometí un error doble.

Sin embargo, es muy paradójico que después de toda el agua sucia que le cayó tras ese Mundial, la FIFA decidió lanzar una norma, más conocida como la “ley Higuita”, que obligó a los porteros a jugar con los pies cuando el balón lo devuelven sus propios compañeros. Todo un avance que se le debe a usted.
Con todo el respeto y el cariño, esos grandes jugadores tipo Maradona, Pelé y Messi no han hecho cambiar los estatutos de la FIFA. Y llega un colombiano y lo logra. Pero a costa de qué, de ser crucificado, de pasar como un payaso, como un loco. El caso es que esa locura se convierte, prácticamente, en la Ley Higuita, en un estatuto, en una norma. Gracias a eso, hoy en día los arqueros deben jugar con los pies y tienen que saber jugar con los pies.

En 1991, “el Pibe”, Leonel e Higuita firmaron con el Real Valladolid, en España, dirigidos por Francisco Maturana. ¿Por qué no funcionó ese proyecto?
No dimos con el club que era. El club no nos apoyó, al menos no en lo que esperábamos para poder progresar. Era un club chico, y todavía es un club chico. Y en medio de eso, uno tratando de dar lo mejor. No pagaban y, prácticamente, se me acabó la plata de mi bolsillo. Yo les dije: “No, yo no vine aquí a pedir limosna”, y me regresé.

El 30 de junio de 1991, usted visitó a Pablo Escobar, quien estaba recluido en la cárcel de La Catedral. Ese fue un escándalo mediático de grandes repercusiones. ¿Lo haría otra vez?
Hoy, mañana y siempre, y si me dan la autorización para ir a las cárceles, ojalá tuviera un carné y mantendría allá visitándolos.

¿Fue buen amigo de Pablo Escobar?

Yo fui poco amigo, pero con en ese “poco amigo”, todos quisieran tenerme a mí de amigo. De hecho, el que me quedó de amigo fue don Roberto Escobar, el hermano, pero precisamente como por ese agradecimiento. Pablo Escobar era conocido, llegó hasta el Congreso y después, cuando ya sale de allá, sale a la clandestinidad y va a la cárcel, resulta que ya nadie lo conocía. Ya no era político, ya solamente era narcotraficante y nadie tenía que ver con él. Entonces yo, que en ese momento era como esa figura de Colombia, digo: “¡Hombre!, ¿a una amistad sí se le puede pagar de esa manera?”. Entonces, yo me llené como de la parte más humana y pensé cómo la cárcel lo deja a uno solo.

Pero, para ese entonces, usted dijo que sí era muy buen amigo.
Cuando salí de la visita de La Catedral, alguien de RCN me preguntó que si yo era amigo, y yo les dije que sí. Es que uno no puede cambiar los principios de amistad. Yo conocí muchos amigos y muchos han sido narcotraficantes y yo no puedo cambiar, mi corazón no cambia eso. Conocí los paramilitares, conocí también la guerrilla, y de corazón, lo que ellos me contaron, me da para respetarlos, así como ellos me respetan. Esa ha sido mi esencia, y le hablo de los grupos más representativos y delincuentes. Entonces, por eso vivo tranquilo, vivo en paz y soy el amigo de todos.

higuita

René Higuita nació el 27 de agosto de 1966 en Medellín. 

Foto:

Pablo Salgado

El 4 de junio de 1993, usted fue arrestado por haber servido de mediador en la liberación de la hija de Luis Carlos Molina, que había sido secuestrada. ¿Qué pasó?
Cuando me detienen, yo estaba enyesado del pie, estaba en fisioterapia. Juan Guillermo Montoya, que era el de relaciones públicas de Nacional, me dijo: “Aquí vinieron una cantidad hombres armados a preguntar por usted”. Y en ese tiempo era una época violenta, la guerra del narcotráfico. Le dije que yo hablaba con la Policía. Me puse una buena pinta y dije: “De pronto vienen a invitarme a un almuercito”. Fui allá y un mayor de la Policía me dio la notificación: “Lo están solicitando de la Fiscalía en Bogotá. Agarre la ropita y nosotros lo llevamos”. De la Policía Metropolitana, que queda en la avenida Oriental [Medellín] me llevaron para la Carlos Holguín, ahí en Castilla. Y ahí me empezaron a decir: “Usted me entrega a Pablo Escobar y no tiene delito. Usted es una persona conocida, querida, y lo que usted hizo le da para siete años”. También me hablaron de la Ley 40 y yo ni sabía qué era la Ley 40 pero, cuando me dicen eso, lo único que les dije fue: “A mí júzguenme por la Ley 40, que es por lo que me están trayendo aquí. Pero no me juzguen por sapo. Yo soy un tipo que no tengo problemas, que tampoco sé y, aun sabiendo, tampoco se los digo”, así de frente. Y ese tipo se enojó conmigo de una vez y dijo: “Esposen a esta gonorrea”. Fue la primera vez que yo me sentí maltratado, humillado, me vi como chiquito.

Usted ha dicho que la Fiscalía de entonces lo usó como chivo expiatorio.
Era el desespero para dar con Pablo [Escobar], porque habían hecho una cantidad de cosas, y nada. Entonces, se supuso –o se supone– que yo soy muy amigo de Pablo Escobar, y eso quedó en la mayoría de colombianos. Me llevaron para Bogotá: dos helicópteros, esposado, yo con una pierna enyesada, el peor delincuente, y los titulares eran que yo era el secuestrador. Llegamos allá, una caravana, carros negros, un dispositivo y un montaje el berraco. Me quedé como dos días en la Fiscalía y de ahí ya me mandaron a La Modelo, a la cárcel.

¿Cuánto tiempo estuvo en la cárcel?
Nueve meses.

En la cárcel, a usted le tocó con el sindicato de Telecom, con quienes hizo gran amistad.
Gonzalo, que era el presidente del sindicato, un chiquito pero con una cabezota que era de pura inteligencia, me dice: “Hombre, y a usted no le da miedo estar aquí con estos terroristas”. Y yo les decía: “Dios mío, ojalá todos los terroristas fueran como usted”. Yo ya sabía el cuento de la maizena que les habían echado a los equipos de Inravisión, por lo que a ellos los culpaban. Ese fue el primer recibimiento. Cada ocho días eran las visitas, y yo, para eso, tenía que decir: “Diga que va para el patio Telecom”, porque cuando decían que iban para donde René Higuita les ponían mil trabas y no los dejaban. La Fiscalía me tenía casi incomunicado.

Mientras usted estaba en la cárcel, los muchachos de la Selección, sus compañeros de siempre, lograron el histórico 5-0 en el Monumental de Buenos Aires. La historia dice que, cuando terminó el partido, en la cárcel todos los presos empezaron a gritar: “¡Libertad, René, libertad!”.
Eso resonaba en toda la cárcel. Pero eso lo empezó Leonel [Álvarez] en el camerino, desde Argentina, y todos los jugadores de Colombia lo siguieron: “¡Libertad, René!”. Eso ayudó a que la gente se diera cuenta de que era un chivo expiatorio. Entonces los de Telecom empezaron a decirme: “Hay que hacer esto, hay que hacer lo otro, hay que ir al estadio, hay que hacer esta pancarta, hay que hacer estos volanticos”. Ellos fueron mis pilares, mis llaves. Y gracias a todo eso, el país se dio cuenta de que había sido una injusticia. Y salí.

Volvamos al fútbol. Después de la cárcel, usted volvió a un gran nivel. El libro Historias insólitas de la Copa Libertadores, de Luciano Wernike, dice que la mejor presentación de un portero en el torneo fue la suya en la semifinal del 95 contra River Plate. ¿Concuerda?
Aquí les hice un golazo y allá les tapé penal. Y les saqué varios balones en los 180. Nos tocó definir por penaltis y le tapé el definitivo a Almeida.

Vamos en Ley Higuita y mejor actuación de un portero en un partido de la Copa Libertadores. Pero creo que su fama mundial se la dio su famoso “escorpión”. Vamos por orden. ¿Es cierto que eso salió de improviso en el comercial de Frutiño?
Sí. Eso se vino en ese momento. Teníamos un día para hacer esa filmación. Nos fuimos a la cancha y me dijeron: “Juegue con los niños”. Me fui al arco, saqué el balón, y el niño empezó a hacer como la 31, la bajó con el pecho y de pronto me sacó una chalaca. Entonces, ahí reaccioné mentalmente: “Si él hizo una chilena, yo debo responderle con algo mejor”. Yo creo que eso fue una inspiración de Dios, porque es que fue así, de una. Me lancé y mire todo lo que eso ha representado. Recuerdo que en ese momento dijeron: “Perfecto, perfecto, ya quedó, corten, con eso tenemos”.

Todos sus compañeros de Nacional dicen que usted la practicaba para que le saliera en un partido.
Claro. De ahí en adelante yo seguí practicándola. Cuando entrábamos a la cancha, todos los muchachos colocaban el balón fuera del área a patearme, para que yo tirara el “escorpión”. Y claro, el estadio, feliz. Entonces ya lo fui repartiendo a todos los estadios de Colombia. Después dije: “Voy a hacerla en un partido”. Y ese partido fue en Wembley.

Lo único que les dije fue: ‘A mí júzguenme por la Ley 40, que es por lo que me están trayendo aquí. Pero no me juzguen por sapo

Finalmente, ¿la jugada en Wembley estaba invalidada?
Lo que pasa es que todo conspira a favor mío, porque en el video no se ve que el línea levanta la bandera y yo ya me concentro en el balón y digo: “Este es el balón que yo estaba esperando”; y ya como por joder lo hago. Cuando yo saco el balón, el línea bajó el banderín y el central hace la señal de “juegue”. Y yo me fui echando madres. Yo pensaba: “¿Y ahora qué me dirá ‘el Bolillo’?”

“El Bolillo” cuenta que, en el camerino, lo regañó y después pidió un aplauso.
Sí. Después de que me aplaudieron dijo que si eso lo hubiera hecho un argentino, ya le estaría dando la vuelta al mundo. Lo que él no sabía es que, en efecto, ya le estaba dando la vuelta al mundo.

Tanto le dio la vuelta al mundo que fue considerada “la mejor jugada en la historia del fútbol”, según una encuesta que hizo el portal Footy-boots.com Y con ceremonia incluida.
Me dieron ese premio por encima de Ronaldinho y Ronaldo. Fue allá en Francia, en la premiación, donde me hice amigo de Ronaldinho. Allá hay como un camino de las estrellas donde hay que colocar como los pies. Un periodista me dio la idea de que pusiera un pie y una mano. Y así quedó.

¿El “escorpión” fue su mejor atajada o hay una mejor?
Sí, claro. Quedó para la historia. ¡Cómo no le voy a dar yo el reconocimiento!

Cuál fue su mejor gol de los 44 goles que hizo.

El gol que le hice a River de tiro libre.

Cuál fue el gol que le hicieron que más dolió.
El de Camerún.

¿Usted está loco?
Yo creo que uno tiene un cierto grado de locura para hacer lo que, de pronto, otros no hacen. Tú eres un loco porque eres genio del arte o del periodismo y es porque no todos tienen ese talento. Eso es ser un loco. Pero sé que lo dicen en un muy buen sentido.

Y en ese mismo sentido, ¿usted fue más loco que Gatti o Campos?
De todos los que yo he visto, sí.

Los famosos del mundo lo han buscado a usted para fotografías. ¿Quién lo ha sorprendido?
Cantona [Eric] se me acercó una vez y me dijo que le regalara el buzo para su hijo, que es muy aficionado mío. David Trezeguet, en una subasta, compró mis guantes por 15.000 dólares y después me pidió que se los firmara. Marcelo, Dany Alves, Courtois, Modric, Mbappé, todo ellos, también. A mí me invitan a todos esos eventos la FIFA y yo voy para la foto con ellos, ¡Ja!

Pero Aristizábal me contó que una vez en Tokio apareció Mick Jagger y no lo reconoció.
“Aristi” lo vio en el hotel y con el cuento de que “tomémonos una foto”. Y yo: “Que no quiero fotos”. Él fue y le pidió la foto, y Jagger siguió derecho. Entonces “Aristi” volvió y me dijo: “¡Qué hijueputa tan agrandado!, ¡yo con el portero más famoso del mundo y este man no se quiere hacer la foto contigo!”. ¡Ja!

Alexis García contó que usted es tan solidario con la gente que una vez en Bogotá se bajó del bus en el que iba Atlético Nacional, yendo a el Campín a un partido, a socorrer a una señora que estaban atracando.
¡Esa solidaridad, mmm…! Yo creo que cualquiera. Bueno no sé, cosas que aprende uno en el barrio y que a veces es como que uno se monta en la película. Yo no sé cómo, pero vi que uno tenía un cuchillo y fue el primero que ¡táquete!, le metí su patada. Y el otro que ya llevaba algo y que salió a correr, pues yo era muy rápido, y lo alcancé y entonces le metí la zancadilla. Al caer quedó desarmado y le dije: “Devuélvame lo de la señora”. ¿Y qué iba a hacer?, ya estaba todo el equipo abajo.

¿Es cierto que tiene una cábala o superstición desde hace años? ¿Es cierto que sólo usa calzoncillos azules? ¿Por qué?
El cuento es así: por allá en el 88 o en el 89, nosotros [Atlético Nacional] no le podíamos ganar a Millonarios. Entonces, la mujer de Luis Carlos Perea nos dijo que había una señora que nos arreglaba ese asunto. Allá fuimos Perea, Alexis [García] y yo. La señora prendió un círculo de fuego, nos metió ahí y a mi me había dicho antes: “Lléveme unos calzoncillos azules y una correa”. Y lo hice y santo remedio. Empezamos con una rachita muy buena. Millos no nos volvió a ganar y decidí no volvérmelos a quitar. Recurrimos a la brujería para ganarle a Millonarios. Luego mi abuelita dijo: “Pero los debe usar al revés”. Y desde entonces los uso al revés. Sólo me pongo calzoncillos azules. Es el mejor regalo que me pueden dar.

Defínase.

Yo soy René Higuita, un ser humano perfectamente imperfecto.


POR MAURICIO SILVA GUZMÁN
FOTOGRAFÍA PABLO SALGADO 
REVISTA BOCAS 
EDICIÓN 88 . AGOSTO - SEPTIEMBRE DEL 2019

RENE HIGUITA

Soy René Higuita

Foto:

Revista BOCAS

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.