El poder de los pequeños cambios

El poder de los pequeños cambios

El veredicto de Nina. Mayo - Junio del 2020.

Nina García

Nina García

Foto:

Cortesia Nina García

Por: NINA GARCÍA
31 de mayo 2020 , 05:00 a.m.

Escribir este artículo se ha convertido en los últimos meses en una profesión de riesgo. La realidad es tan cambiante, tan líquida (como diría el filósofo Zygmunt Bauman), que lo que hoy escribo puede que caduque en cuestión de horas. Todo aquello que pensábamos que era sólido: nuestra salud, trabajo, relaciones sociales y viajes, se ha evaporado en un abrir y cerrar de ojos.

La pandemia del coronavirus equivale a un terremoto de dimensiones incalculables que ha hecho tambalear nuestro presente, dejando en pie solo aquello que era esencial y que posiblemente no habíamos valorado como se merecía: la labor de nuestros profesionales de la salud; la de nuestros cuerpos de seguridad; la de los empleados de los mercados que nos garantizan durante todo un año alimentos para llenar nuestra despensa; la de los agricultores; la de las personas que trabajan en factorías de primera necesidad; la de los conductores del transporte público; la de los limpiadores que ponen en peligro su vida para que la ciudadanía no se infecte; la de los profesores que se preocupan por nuestros hijos y que ahora intentan no perder el pulso del curso escolar detrás de una pantalla de ordenador conectados a través del internet; la de los periodistas que nos informan y nos alejan de las noticias falsas que se distribuyen como pólvora en las redes sociales. La lista podría seguir y seguir. A todos ellos, cuando termine (porque sé que esta pesadilla terminará), deberemos agradecerles su labor. Espero y deseo que la sociedad y nuestros líderes políticos hayan aprendido de esta lección y que no volvamos a caer en los mismos errores. Mi madre siempre decía que “estar prevenido equivale por dos”. Esto significa invertir en salud, en investigación, en revertir el cambio climático (cuyas consecuencias a largo plazo pueden ser más duras que las del coronavirus) y en aplicar políticas sociales que permitan disponer de un colchón económico en caso de una emergencia nacional.

El coronavirus también ha hecho tambalear nuestro sistema de valores y que cambiemos el orden de los elementos en nuestra escala de valor. Lo que antes dábamos por seguro, empezando por la salud individual y colectiva, ha vuelto a ser prioritario. Esta pandemia nos ha puesto frente a un espejo y nos ha observado con un microscopio. Desde nuestro confinamiento hemos empezado a analizarnos y nos ha hecho reflexionar sobre si nuestro estilo de vida requiere cambios fundamentales. ¿Podemos seguir consumiendo los recursos de nuestro planeta Tierra con el mismo ritmo? ¿Tenemos que buscar un mejor equilibrio entre trabajo y familia? ¿Dónde se encuentra la felicidad? ¿Tiene sentido que continuemos siguiendo a determinados influencers que nos llevan hacia lo más banal, y no hayamos escuchado a personas como Bill Gates, que nos avisó del advenimiento de una pandemia global desde hace unos años?

Como si un científico social nos viera desde un microscopio, la crisis del coronavirus también nos ha mostrado lo peor y lo mejor de nuestra sociedad. He visto en mis redes sociales y he escuchado en boca de mis amigos a través de mi celular iniciativas que me han emocionado. En el mundo de la moda, mi industria, he visto cómo ateliers se convirtieron en pequeñas factorías creando mascarillas y trajes protectores. He visto cómo laboratorios que producían perfumes empezaron a producir los tan necesitados geles antibacteriales. También he sido testigo de cómo la comunidad se organiza para ayudar a los abuelos que no pueden ir al supermercado a comprar alimentos; jóvenes que dejan en la puerta de sus vecinos bolsas llenas de productos de primera necesidad; profesores que de manera gratuita usan las plataformas digitales para continuar esparciendo la semilla de la sabiduría, y ciudadanos que envían libros a los hospitales para que los enfermos puedan leer en su larga recuperación.

El virus nos ha enseñado que sí, que somos extremadamente frágiles, y nos ha hecho ver cómo una partícula diminuta ha forzado al mundo a pararse por completo produciendo nubarrones de una crisis económica de más envergadura que la del año 1929. Sin embargo, la crisis del coronavirus también me ha demostrado, una vez más, el gran poder de resiliencia, fortaleza y adaptabilidad del ser humano. Somos más fuertes cuando más unidos estamos, somos más saludables cuando entendemos que la salud de mi vecino empieza con mi propia salud. Somos más fuertes cada vez que seguimos las instrucciones de nuestros científicos y organismos internacionales, cada vez que nos quedamos en casa, cada vez que respetamos la distancia social exigida, cada vez que nos paramos a pensar en qué podemos mejorar. Cada vez que actuamos de esta manera y reflexionamos sobre cómo ser la mejor versión de nosotros mismos ponemos en práctica algo en lo que siempre he creído: que los pequeños cambios, si son aplicados por el conjunto de la sociedad, son extremadamente poderosos. Ganar el futuro no es una utopía, construir un mejor mañana no es un logro imposible y para eso no se necesitan superhéroes, sino ciudadanos responsables y solidarios.

Descarga la app El Tiempo

Noticias de Colombia y el mundo al instante: Personaliza, descubre e infórmate.

CONOCE MÁS
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.