El foco en el #MeToo

El foco en el #MeToo

El veredicto de Nina - Octubre de 2018.

Por: NINA GARCÍA
21 de octubre 2018 , 05:00 a.m.

Todo pasa muy rápido y las prisas del día a día nos impiden reflexionar sobre el ahora. Hoy, mientras escribo estas líneas, a bordo de un avión que despegó de París hace exactamente tres horas y que aterrizará en Nueva York en cinco, me decido a reflexionar sobre lo que he visto en las últimas semanas.

Terminó la París Fashion Week poniendo el punto final a un ciclo de cuatro semanas que se inició en Nueva York, en donde los diseñadores presentaron sus propuestas para el próximo verano. Los creadores de moda son auténticos faros que nos pueden iluminar, como si fuéramos barcos perdidos en medio de una niebla espesa, sobre nuestro día a día y sobre la situación socio-política que estamos viviendo. El calendario a veces nos puede dar pistas para entender esta realidad. Por ejemplo, el fin de las semanas de la moda coincide con el primer año de una exclusiva publicada por el New York Times y que puso al magnate Harvey Weinstein en el ojo de un huracán de consecuencias trascendentales.

El #MeToo cumple un año y el eco de este movimiento ha resonado más allá del mundo del cine o el de la política (especialmente en los últimos días con la confirmación del juez Kavanaugh en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos), sino que también lo ha hecho en mi mundo: el de la moda. Y es que si hay una tendencia que me gustaría subrayar en las colecciones que he visto en los últimos días, más allá del claro revisionismo de los años ochenta y noventa, es la manera en que los diseñadores han tratado el tema del #MeToo en sus propuestas.

Seguramente haya sido en el casting de los shows donde se ha visto claramente un cambio, ya que la mayoría de las casas abrazaron la diversidad sin dudarlo ni un segundo. A la fluidez de género (muchos diseñadores mezclaron propuestas masculinas y femeninas) se le puede sumar una diversidad de tallas como también diversidad racial. Yo solamente espero y deseo que esta tendencia continúe haciendo acto de presencia en las próximas semanas de la moda. El mundo es diverso y nuestra industria tiene que abrazar esta realidad sin ningún tipo de titubeo.

¿Cómo se traduce este movimiento #MeToo en una colección? Dos diseñadores: Demna Gvasalia (para Balenciaga) y Clare Waight Keller (para Givenchy) nos pueden dar interesantes pistas que se podrían englobar en el concepto de la sastrería. Y es que si algo hemos aprendido después de ver las propuestas de estas dos casas históricas francesas para el próximo verano es que un buen abrigo (fueron realmente excepcionales los que vimos en Balenciaga con sus hombros más rectos, más radicales) y un buen pantalón de talle alto con una chaqueta metida en él, puede convertirse en la mejor de las armaduras, como vimos en una excepcional colección de Givenchy con toques boyish que estuvo inspirada en la fotógrafa suiza de los años treinta, Annemarie Schwarzenbach.

¿Puede la historia ayudarnos en esta lucha para la plena igualdad? Para Sarah Burton, la diseñadora de Alexander McQueen, la respuesta es un SÍ en mayúsculas. A los pantalones que se inspiraron en una de las primeras colecciones del ya fallecido diseñador, que muestran un poco más de lo habitual, habría que sumarse unos vestidos que vistos de cerca, juegan con el folclore y los contrastes entre dulzura y transgresión.

La historia es también uno de los temas favoritos de Alessandro Michele, el director creativo de Gucci. Esta marca cambió por una vez Milán por París. El teatro Palace de la capital de la luz se llenó de unos fantasmas que parecían salidos del
macroproyecto de Walter Benjamin sobre los bulevares de París, pero se llenarán de vida cuando aparezcan repleto de likes en los posts de Instagram.

Para Miuccia Prada, otro de los faros de mi industria, el empoderamiento de la mujer no solamente se trasladó en una colaboración que esta casa italiana realizó con reconocidas arquitectas internacionales, sino que lo hizo con una colección que jugaba abiertamente con el concepto de la colegiala, que evidentemente ponía el foco en el deseo de liberalización y fantasía.

Hablando de fantasía, Raf Simons, el belga afincado en Nueva York, nos avisó con la banda sonora de su desfile que estamos rodeados por tiburones (¿Los acosadores sexuales?). Dos películas: Jaws y El graduado fueron el eje temático de una colección que establece un diálogo directo con la de Prada. Les aconsejo que las vean una seguida de la otra y verán cómo se susurran al oído.

Lo contrario de la fantasía es la realidad y hablando de playas, Karl Lagerfeld decidió invitar a Pamela Anderson al Grand Palais de París, que fue transformado por arte de magia en una playa (espero sin tiburones). Lo que hizo de esta colección muy especial fue que estuvo pensada para todas las edades y esto, señores y señoras, también se llama inclusión. Algo similar se pudo ver al otro lado del canal de la Mancha. En la que fue la primera colección del italiano Riccardo Tisci para Burberry. Tisci pensó una colección para todos los públicos e hizo bien en preguntarse por qué dotar Burberry de una sola identidad. Vivimos en un mundo atomizado y el italiano lo entendió a la perfección: hay que abrazar el cambio. Como diría el filósofo Bauman, vivimos en una sociedad líquida. No hay que tener miedo al cambio. Este es el gran aprendizaje de estas semanas llenas de moda. ¡Nos leemos en un mes!


NINA GARCÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 79 - OCTUBRE 2018

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