Dilian Francisca Toro, la baronesa de la política

Dilian Francisca Toro, la baronesa de la política

Conversamos con la baronesa electoral más potente del Partido de la U.

Dilian

En menos de tres décadas, pasó de ser concejala de su pueblo (Guacarí) a Presidenta del Senado.

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Camilo Grald

Por: Alejandro Aguirre
27 de junio 2019 , 11:17 a.m.

A sus 60 años, Dilian Francisca Toro se acostumbró a que sus íntimos le digan “Pachita”, sus funcionarios la llamen “La Mona” y sus enemigos políticos se refieran a ella como Dilian, a secas. Su nombre, dice, significa “luz” y asegura no tener tocayas a la vista. El Francisca le vino por su abuela.

En menos de tres décadas, pasó de ser concejala sin funciones, alcaldesa obligada, gobernadora popular, senadora y presidenta de la corporación, reumatóloga famosa a política sin libertad. Ha sido investigada por paramilitarismo y lavado de activos. Pasó más de un año detenida en la Escuela de Estudios Superiores de la Policía, donde se hizo una persona más espiritual y mucho menos temerosa.

Tiene más de 14 investigaciones en curso, según la Procuraduría, pero asegura que saldrá bien librada. Investigaciones que van desde nóminas paralelas en su periodo como Gobernadora, hasta acusaciones por irregularidades en programas de alimentación escolar. No es poco.

Nació en Guacarí, un minúsculo pueblo del Valle del Cauca –de 35.000 habitantes– famoso por su Festival Latinoamericano de Danza Folclórica. Dilian es nieta de un gamonal conservador, Hernán Toro, que fue varias veces alcalde, e hija de un educador y fundador del mejor colegio de la región.

Aprendió a cantar y a tocar la guitarra y dice que interpreta Honores a Popayán, una tonada de punteo exigente. Ahora solo canta en la iglesia. Reza el rosario junto con sus escoltas y su chofer dos veces al día, además de pasar, obligatoriamente, por una capilla a escuchar la homilía. Su virgen es la de Fátima, que también es su guía. Dice que pide más un cura que un feligrés y asegura que cada evento institucional debe tener una misa, por convicción.

Se toma un jugo verde licuado a diario que incluye manzana, apio, jengibre y cúrcuma y, 30 minutos antes de levantarse, se toma una pastilla para el hipotiroidismo. Nunca pasa desapercibida: el color que escogió para su pelo es rubio casi platinado y siempre está impecablemente vestida.

Vivió en Brasil. Quiso quedarse, pero su padre fue por ella para que se metiera en la política. Trabajadora y explosiva, no delega funciones, prefiere apropiarse. Quiso más la medicina, pero terminó en la política. Se hizo a la idea y dice que es lo mismo: “Un paciente llega con dolores, se examina y se le da un tratamiento individual. En la política es igual: se atiende el problema, le hace un diagnóstico y se le hace un tratamiento colectivo”.

Su marido, Julio César Caicedo –que fue senador–, terminó cediendo la bandera a su mujer. Y ella, con inusual carisma, logró que sus enemigos le dijeran la “Baronesa de la Política”.

Jamás se vio en la política y llegó casi obligada. Sin embargo, hoy Dilian es la fuerza electoral más potente del Partido de la U y la dirigente regional con más votos en el país, luego de los 513.000 que obtuvo para llegar a la Gobernación del Valle del Cauca, hace cuatro años.

Su viejo movimiento, Nueva Generación, que heredó de su esposo, acoge a una decena de alcaldías del Valle que la apoyan. Quiere estudiar cuando termine su periodo de gobernadora, pasar por Inglaterra y así perfeccionar su inglés. Luego, pensar qué hacer porque, dice, aún le queda kilometraje político. “Las embajadas son para terminar la carrera política y a mí no me gustan las embajadas”, se jacta. Tal vez porque en su interior guarda una ilusión: llegar a la Casa de Nariño.

DE UN MOMENTO A OTRO, ME COMENZÓ A DAR UN CALOR INUSUAL: SENTÍA MUCHO CALOR, SUDABA Y LA SEÑORA ME PUSO LA MANO EN LA CABEZA Y ME DIJO QUE ERA EL ESPÍRITU SANTO

Su nombre no es nada común. ¿Cuál es la historia de su nombre?
Mi mamá me cuenta que a mi papá le gustó el nombre Dilian por una película inglesa. Su nombre es de origen inglés y significa “Luz”. Y el Francisca es por mi abuela. Es un nombre raro, y solo lo he escuchado a una niña indígena del Valle.

¿Cómo fue su infancia en Guacarí?
Normal. Mi papá era el rector y fundador de la Escuela Normal y durante 35 años fue rector. Mi mamá, en cambio, era de casa, pero le gustaba mucho el trabajo social. Mi padre se pasó la vida dando becas, ayudando a los demás. Terminé mi bachillerato –quinto y sexto– en el Liceo Femenino de Buga para luego pensar en estudiar medicina.

¿Por qué medicina?
Me gustaba. De lunes a viernes, en la Universidad Libre, en Cali. Y los fines de semana, en Guacarí. Yo era la única que estudiaba esto, y en sexto semestre comencé a atender pacientes en la casa. Cuando iba a terminar mi carrera, mi abuelo me incluyó de suplente en unas elecciones y terminé siendo concejala electa, sin funciones. Al terminar medicina, me fui cinco años a especializarme en reumatología a Río de Janeiro. Yo andaba feliz en Brasil: estaba enamorada y me quería quedar, pero mi papá no quería y fue a buscarme meses antes de terminar la especialización. Le dije a mi novio, que era separado y tenía un hijo, que esperáramos. La idea en mi casa era que yo fuera alcaldesa de Guacarí. Y no volví a Brasil.

¿Quería ser alcaldesa?
No. Nunca. Yo pensaba: “Cinco años de estudio para meterme en la política. No”. Sin embargo, llegué en enero de 1992, las elecciones fueron en marzo y me posesioné en junio de ese año. Allí, la verdad, comenzó mi carrera política. Pero yo monté mi consultorio en Cali e iba tres veces a la semana, de 2:00 a 8:00 p.m., no quería dejar mi carrera. Al salir, el gobernador Germán Villegas me llamó y me ofreció la Secretaría de Salud departamental, pero yo no quería porque me iba a subespecializar. Y fue Carlos Holguín Sardi quien me convenció de aceptar porque se iba a implementar la Ley 100. Fue un reto. Guacarí fue el primer municipio del país que implementó el régimen subsidiado.

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Dilian Francisca Toro estuvo detenida –durante más de un año– por lavado de activos.

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Luego llegó la idea de ser Gobernadora, pero no le alcanzó. ¿Qué pasó?
Cuando apostamos por la Gobernación, la campaña la hice embarazada, tuve amenaza de aborto, perdí un bebé porque los que venían eran mellizos, me accidenté. Fue difícil. Vi cómo las mujeres mismas hacemos el machismo. Muchas mujeres se me arrimaban y me decían: “Yo no voy a votar por usted; usted debe ir a cuidar su bebé”. Mi mamá misma me dijo que iba a ir al Señor de los Milagros para que yo no ganara porque tenía que ir a cuidar el bebé. Y perdí la Gobernación.

Usted es muy espiritual y devota de la Virgen de Fátima. ¿Quién le enseñó a rezar el rosario?
Uno de pueblo, de familia católica y de misa los domingos, era imposible no ser espiritual. Cuando terminé medicina, me especialicé en Brasil e iba cada 8 días a misa. Yo rezo el rosario por iniciativa propia y lo hago todos los días. Obviamente, mi mayor espiritualidad llegó cuando estuve en la Escuela de Estudios Superiores [detenida], una época de mucha reflexión. Tengo la necesidad de escuchar la homilía.

¿Es verdad que de su casa a la Gobernación lee el rosario y que su chofer le contesta la plegaria?
[Risas]. Claro. El escolta y el chofer rezan conmigo el rosario, y me contestan. Y si no rezan, yo les digo: “¡Quiubo, quiubo, contesten!”. Cuando se me olvida rezarlo, ellos mismos se acuerdan. Ya nos hemos acostumbrado. También soy muy creyente de la Virgen de Fátima. Voy cada lunes, pero voy a 6:00 de la mañana. Hago el consejo de Gobierno a las 5.30 de la mañana, pero a partir del martes. Los jueves voy al Santísimo, que siempre lo exponen.

¿Y en esas correrías por los municipios quién pide más: el feligrés o el cura?
¡El cura! Una vez en el cumpleaños de Sevilla, me dijeron que el padre quería que fuera a desayunar a la Casa Cural. Me invito a desayunar y me comí una arepa muy rica, y mientras me la iba comiendo me iba hablando el padre: “Mire, Gobernadora, es que estamos pintando la iglesia, necesitamos ayuda”. Yo le dije que ahora no tenía, pero que luego le ayudaba. Pues me costó 5 millones de pesos la arepa. Luego le dije que era la arepa más cara que me había comido en mi vida.

¿Por qué dejó el canto y la guitarra si tenía futuro musical?
Yo aún canto, y canto música colombiana. Cuando estaba en el colegio, mi abuelo, que era el alcalde, contrató a Lizandro Varela, un profesor de música colombiana famoso, para que nos enseñara a todos los muchachos de Guacarí. Nos enseñó guitarra, bandola, tiple y conformamos una estudiantina. Yo era la cantante y tocaba la guitarra. El grupo salía a cantar a las casas, pero mi papá no me dejaba. Muchos de mis compañeros musicales hicieron carrera. Imagínese, yo tocaba Honores a Popayán, que es una interpretación de mucho punteo. Ahora solo canto en la iglesia.

Cuando era presidenta del Congreso de la República, le tocó poner la banda presidencial al hoy senador Álvaro Uribe. ¿Qué pasó ese día que terminó poniéndosela al revés?
Yo había hecho un ensayo previo. Al momento del acto, el señor de la casa militar me dice: ‘Yo se la paso y como se la pase, se la pone al Presidente’. Así lo hice. Lo que pasa es que el militar me la pasó mal. Entonces, Lina Moreno –esposa de Uribe– fue quien me dijo: “Dilian, Dilian, el escudo está atrás”. Yo lo tomé con gracia y se la quité y se la volví a poner.

¿Es cierto que usted es una mujer que casi no delega?
Yo sí delego, pero evalúo, que es diferente. Lo que pasa es que si uno delega y deja hacer las cosas como quieren, tal vez fallan las cosas; por eso toca evaluar. Cuando delego, estoy pendiente de cómo lo hicieron.

A MI YA ME HABÍAN ABIERTO UNA INVESTIGACIÓN POR PARAPOLÍTICA. ENTONCES, ME AMENAZARON, Y QUE IBAN A CONTAR QUE ME HABÍAN DADO PLATA EN LA CAMPAÑA

Pero cuando no salen las cosas, usted explota…
Yo soy brava, lo acepto. Pero no soy de mal genio. Lo que pasa es que no admito que se hagan las cosas mal. Yo, por lo general, soy explosiva, pero al rato estoy otra vez bien, y ni me acuerdo. Soy sin rencores.

Usted tiene parentesco con Carlos Abadía, investigado por el Proceso 8.000, y también con su hijo, Juan Carlos, exgobernador del Valle, suspendido. ¿Cómo está esa relación política y familiar hoy?
¿Uno acaso elige la familia? Hay una relación buena. Es decir, hubo una época de muchas dificultades que no nos volvimos ni siquiera, hablar, pero es familia. No nos mantenemos juntos, pero somos amigos; además, porque él es primo-hermano de mi papá. Y eran hijos de hermanas muy cercanas. A Juan Carlos, que era muy niño, yo lo recogía para ir a Buga y jugar tenis. Sí debo decir que nunca acompañé a Juan Carlos a sus campañas políticas, pero tengo una buena relación.

El 6 de septiembre de 2006, usted era la presidenta del Senado. ¿Por qué ese día terminó en el corregimiento La Mesa, para asistir a la entrega del jefe paramilitar Jorge 40, quien se había escapado de la zona de Santa Fe de Ralito? ¿Por qué fue a esa cita? Fue muy extraño para algunos.
Eso de extraño lo dijo una vez Ernesto Báez, el exparamilitar. Pero no fue raro. Lo que pasa es que un día llegó una carta a la Presidencia del Senado y al Comisionado de Paz firmada por Jorge 40, y esta decía que quería entregarse, con una comisión del Senado porque él quería hablar primero de temas con el presidente Uribe.

No le parece extraño que alguien se escape y luego diga que se quiere entregar, y más un delincuente…
Claro. Sabíamos que era un bandido. Por eso, yo le envié esa carta al Presidente. Yo no fui a escondidas. Yo fui con el Comisionado de Paz y con la autorización del Gobierno. El Presidente me dijo: “Si se va a entregar y lo va a hacer con ustedes, pues démosle permiso”. Usted cree que iba motu proprio, no. Fui autorizada porque era presidenta del Congreso y se hizo una comisión y en esa comisión iba yo.

¿Y cómo fue ese encuentro?
Usted puede ver –porque eso quedó grabado– que le extendí la mano y no más. ¿Sabe una cosa? Con ese poder que tenía ese hombre, yo me imaginaba un hombre grande, imponente; pero era un hombre pequeño. Usaba cachucha y llegó pálido, nervioso y se sentó con nosotros. Nos dijo que lo que quería era darle un mensaje al presidente Uribe de que se iba a entregar y pidió que el Estado ocupara el lugar de ellos. Luego fuimos a la estación de Policía de Valledupar, se entregó y allí lo detuvieron. Fue una facilitación.

En julio de 2008, la Corte Suprema de Justicia le abrió a usted investigación por el escándalo de la parapolítica, por testimonios que presuntamente la vinculaban a estos grupos, entre ellos el Bloque Calima, que operaba en el Valle. ¿Cómo es esa historia?
Rocío Arias, en una declaración, dice que un señor, que había trabajado con ella en Tumaco, le había dicho que a mí me habían apoyado los paramilitares en Tumaco. Cuando a ella la llaman a que amplíe la denuncia, Arias dice que el señor que le dijo está muerto. Allí, entonces, me comenzaron a investigar, pero esa investigación la cerró la Corte porque no encontró nada. Lo que sí pasó fue que hubo falsos testigos, como Nodier Giraldo, “Cabezón”, que, tras muchos años, apenas hace poco lo condenaron. Otra cosa fue cuando Éver Veloza, “HH”, dijo que yo nunca había tenido vínculos con nadie. Incluso, dijo que le habían mandado pagar para vincularme a mí. Eso me salvó, y la Corte me cerró esa investigación el año pasado.

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Hace cuatro años obtuvo 513.000 votos  para llegar a la Gobernación del Valle. 

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Camilo Grald

Años después, la Corte Suprema de Justicia le abrió investigación por presunto lavado de activos provenientes del narcotráfico para el capo del Cartel de Cali Víctor Patiño Fómeque. La acusación era fuerte: haber comprado, de forma irregular, varios predios ubicados en el Valle del Cauca.
La historia es que yo tengo una sociedad familiar con mi esposo y mi cuñado. Se vendían y se compraban fincas, pero el representante era mi marido. Yo no sé ver un certificado de tradición y, en una de esas transacciones, se necesitaba autorizar la compra de una finca para adquirirla. Yo no sabía qué finca era. El que sabía era mi marido. La compramos con crédito, incluso, y el estudio de títulos lo hizo el banco que me iba a prestar la plata. Eso fue en 2005. Una parte de esa finca se vendió a Manuelita y la otra parte al Ingenio Providencia. Tres años después de haberla comprado, a mi marido lo empiezan a llamar, a extorsionarlo, a decirle que esa finca es de un narcotraficante, de Víctor Patiño Fómeque, y que le iban a enviar el notario para que entregara la finca. Nosotros dijimos que no, y lo denunciamos porque la compramos de buena fe. La última llamada que se hizo fue de Estados Unidos, y decían que el notario estaba listo y que si no entregábamos la finca me iba a hacer escándalo.

Y el escándalo surgió porque usted terminó detenida.
A mi ya me habían abierto una investigación por parapolítica. Entonces, me amenazaron, y que iban a contar que me habían dado plata en la campaña, que lo contarían en la emisora La W. Efectivamente, eso salió en la emisora, pero no el tema de la finca, sino que ellos me habían dado plata en la campaña. Pero la investigación avanzaba como un proceso de extorsión. Allí, como eso fue público, la Corte me abrió un proceso. Comienza a investigar lo de la finca y nunca se supo de quién era el predio, incluso se les preguntó a varios narcotraficantes, y nadie sabía. Al parecer, sí hubo una alteración en unas escrituras. Entonces, investigan la finca y, según la Corte, cuando me llamó a indagatoria, dice que como yo era socia de la finca y que el predio se había comprado a sabiendas de que era de un narcotraficante, me investigan por lavado de activos. Nunca me imaginé que me iban a llamar a indagatoria. Mi esposo se sentó dos días seguidos a explicarme papel por papel que era lo que había hecho y qué había comprado. ¿Si existiera una irregularidad, usted cree que el Ingenio Providencia habría comprado la finca? Sin embargo, me detuvieron.

¿Cómo fue esa detención?
Me llaman a indagatoria, me presento y a los 15 días, la Corte dice que me va a detener. Estoy en el apartamento, llamé a los del CTI y me voy con ellos. Voy al búnker de la Fiscalía y luego me llevan a la Escuela de Estudios Superiores de la Policía, donde estuve un año, demostrando mi inocencia. Pero solo me precluyeron el año pasado, después de 11 años.

¿Cómo fue esa primera noche detenida?
Yo decía que el día que me detuvieran por esto, yo prefería morirme. Pero Dios no le da a uno una cruz tan pesada que uno no pueda soportar. Y llegué allá, y me recibió el padre que hoy es General (Silverio Suárez) con una nevera pequeña. Ese señor me llevó todo, hasta comida. Me acuerdo que estaba Bernardo Moreno, quien me ayudó a instalarme. Pero soy una persona que siempre creí en mi inocencia. Yo me decía: “Yo voy a salir de aquí porque soy inocente”. Nunca pensé que me iba a quedar allá. “Yo salgo de aquí”, decía. Pero mientras tanto, debo acostumbrarme. Y esa misma anoche hice agenda: hacer ejercicios a las 6:00 de la mañana, estudiar inglés y otras cosas. Yo me especialicé en Finanzias Públicas y Gobierno allí. Era una vida de horario y disciplina, porque es la única manera de soportarlo.

¿Cuál fue su momento más difícil en la cárcel?
La llegada de mi hijo a la Escuela Superior. Estaba de intercambio en Alemania. Él llegó a los tres o cuatro días de mi detención. Llegó al aeropuerto y su papá fue por él. La primera palabra de él fue: “¡Papá, papá…! Mi mamá está entre rejas”. Mi esposo le dijo que no, que la estaban cuidando bien, en un lugar bonito, que era cierto. Me vio en el cuarto, y eso fue el momento más difícil, con mi niño.

¿Y su momento de mayor alegría?
Cuando me dijeron que iba a salir, porque no me lo imaginaba. La justicia es así, cojea pero llega. Lo que pasa aquí es que a uno lo declaran culpable y uno tiene que demostrar su inocencia. Eso es fregado. Yo no sabía por qué mi abogado había apelado la condena al vicefiscal, pero llega la Fiscalía a notificarme. Y esa notificación era la libertad. Casi me muero, pero me demoré tres días en salir por tanto papeleo. Desde el primer día comencé a recoger todo. Yo entré el 24 de julio de 2012 y salí el primero de agosto de 2013.

Algo para recordar de esa experiencia…
Me pasó una cosa singular, 15 días antes de salir. Resulta que allá estaba recluida también Piedad Zuccardi, y su habitación estaba frente a mi cuarto. Una noche me llamó y me dijo que estaba su hermana, que era cristiana. Me dijo que oráramos y nos metimos a mi cuarto. Conmigo estaba mi hijo, mi mamá, mi hermana, una prima, mi cuñada. Todas mujeres. Piedad y su hermana entraron. La señora comenzó a rezar, era pastora y cantaba entre las oraciones. De un momento a otro, me comenzó a dar un calor inusual: sentía mucho calor, sudaba y la señora me puso la mano en la cabeza y me dijo que era el Espíritu Santo. Yo estaba mojada, emparamada, como si me hubieran echado un balde de agua, con esas piyamas gruesas que uno usa en Bogotá. Incluso, mi hijo me decía: “Mamá, mamá, qué te pasa”. Parecía que me quemaban. Y a los 15 días salí de allí.

Según la Procuraduría, usted tiene 14 procesos en curso, que datan desde el 2014. ¿Por qué tantas investigaciones?
Sí. A mí me abren proceso por todo.

EL ESCOLTA Y EL CHOFER REZAN CONMIGO EL ROSARIO, Y ME CONTESTAN. Y SI NO REZAN, YO LES DIGO: ‘¡QUIUBO, QUIUBO, CONTESTEN!’.

Pero la Procuraduría habla de una presunta nómina paralela. ¿Le parece poco?
Yo con eso no tengo problema, y como he sido investigada, yo ya sé cómo son las investigaciones, y sé a qué me tengo que someter. Y como servidor público, todas las investigaciones que me hagan, solo es salir a demostrar la verdad. ¿Lo de la nómina paralela? Yo no tengo nómina paralela. Tengo personal en planta, otras en funcionamiento. Lo que pasa es que tenemos en planta personas que suplen otras funciones y tenemos que contratar. Por ejemplo, tengo mi proyecto de Plan de Desarrollo, y necesitamos cumplir una meta y contrato para hacer mi proyecto de inversión que no puedo hacer con la gente de planta.

Hay una investigación por la reestructuración laboral que hizo del Hospital Universitario del Valle; al parecer, violó derechos laborales.
Pero el Ministerio nos cerró eso. Por ser presidenta de la junta me investigaron, pero ya está encima el abogado de eso.

Otra acusación es que hubo una irregularidad en el programa de Alimentación Escolar del Valle y paquete nutricionales. Esa vez hubo intoxicación de niños…
Eso fue en el primer año. Cuando llegué, quería implementar la alimentación escolar, hicimos el convenio, pero resulta que un día, a los tres meses de implementarse, hubo, al parecer, una intoxicación en la población de El Cerrito, y me abrieron un proceso, también al operador.

¿Quién va a heredar su caudal electoral?
[Risas]. Aquí hay una organización política, y hay una gente que representa el partido, como yo, que represento al partido, soy del Partido de la U. Yo ahora no me puedo meter en política, pero puedo decirle que lo único que yo quiero es que trabajen por el Valle.

¿Qué viene después del 31 de diciembre, el fin de su periodo como Gobernadora?
He pensado en irme a Inglaterra a estudiar. Quiero perfeccionar mi inglés e ir a una Escuela en Oxford, que tiene estudios en políticas públicas y quiero ir a explorar. Pero el lío es que uno tiene marido, hijo y no es tan fácil salir. Claro que mi esposo ha sido solidario, que es muy importante. Esperemos a ver.

¿Y cuál sería el escenario político?
No sé. Quiero terminar bien todos los proyectos y salir bien.

¿No le suena algo diferente, digamos, una embajada?
No. Una embajada es cuando uno va a terminar su carrera política, y yo no quiero terminar.

Entonces, digamos que quiere ser Presidenta de Colombia.
[Silencio]. No. Vea, por ahora, quiero terminar. Yo siempre quise ser Gobernadora y lo logré. Voy a esperar a terminar. Y la política da muchas vueltas, es dinámica. Hay que esperar hasta el primero de enero. Lo que sí sé es que voy a descansar, pero tal vez solo ocho días.

POR ALEJANDRO AGUIRRE
FOTOGRAFÍA CAMILO GRALD
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 86 . JUNIO - JULIO DEL 2019

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