Las tormentas de Charlotte

Las tormentas de Charlotte 

BOCAS conversó con la diva del cine francés. 

Charlotte

Charlotte Gainsbourg es hija del cantautor francés Serge Gainsbourg y de la modelo Jane Birkin.

Foto:

Cortesía Amy Troost

Por: CAROLINA NISO
19 de octubre 2018 , 10:21 a.m.

Charlotte tenía solo 12 años cuando Serge Gainsbourg, su padre, le preguntó a su exesposa si podría cantar con su hija Lemon Incest (Incesto limón), una canción que aún hoy sigue causando estupor por la manera como, en el video, presentó la provocativa relación entre padre e hija.

Acostumbrado a cantar con las mujeres más importantes de su vida, entre ellas Jane Birkin y su segunda esposa, Bambou, al viejo Gainsbourg le pareció absolutamente natural hacer algo “artístico” con la niña que, obviamente, fue interpretado por la crítica como una alusión directa al incesto. Fue así como el polémico y genial cantante, compositor, actor y director de cine francés, le abrió las puertas a su hija en la escena musical y en el mundo artístico.

Desde entonces, todo ha sido revoluciones y tormentas en la vida de Charlotte. Un año después, cuando solo tenía 13 años, la famosa actriz Catherine Deneuve la propuso para la película Paroles et musique del director francés Élie Chouraqui. Había dos papeles infantiles. Su madre, Jane, decidió dejarle una nota que decía: “Están buscando una niña de tu edad, si quieres ve a esta dirección”. Charlotte decidió intentarlo y fue sola. Presentó diferentes pruebas con otras niñas de su edad. Deseaba ganar porque era una cuestión de orgullo. Al final obtuvo el papel y esa fue la primera victoria de su vida.

A sus 14, Claude Miller le ofreció un rol en L’Effrontée, actuación que le valió un César en 1985. Desde entonces, ha sido nominada y recompensada con premios y aplausos de la crítica, siendo la trilogía de Lars von Trier la que le ha dado la mayor satisfacción profesional y reconocimiento: Anticristo, Melancolía y Ninfómana, esta última, con la cual obtuvo el premio a mejor actriz europea.

Y del cine a la música y de la música al cine. Por eso, ella se confiesa: “Sentimos que tenemos más derecho a hacer algo cuando hemos luchado por ello. Por eso a veces es complicado sentirme legítima en la música o en el cine. Era demasiado fácil continuar haciendo películas y música, porque me lo ha ofrecido la vida. Así que espero que el hecho de haber continuado hasta ahora, no haya sido solo suerte”.

Su más reciente álbum musical, Rest, es una catarsis. Un disco donde ella hace un homenaje a su padre, su hermana y sus hijos. El premio a la Mejor artista femenina en las Victorias de la Música 2018, que acaba de conseguir, es un homenaje a su familia. Hace unos años, la muerte temprana de su hermana, la fotógrafa Kate Barry, la primera hija de su madre, Jane Birkin, y el compositor británico John Barry le cambió la vida para siempre. Por eso Charlotte quiso hablar de los suyos en los textos de las canciones que escribió para el disco.

Charlotte

Este año (2018) ganó el Premio a la Mejor artista femenina de la música en Francia.

Foto:

Cortesía Amy Troost

La agitada vida de Charlotte Gainsbourg, una mujer delgada, de rostro fuerte y agudo (que tantas veces ha explotado la firma Saint Laurent), transcurre entre Paris y Nueva York. Fue precisamente la desaparición de su hermana Kate la que la llevó a buscar un escape a su dolor en la Gran Manzana. Allí disfruta del anonimato, una ciudad donde puede estar con sus hijos, donde sale a cenar sin problemas y donde poco le importa si la ven empapada por la lluvia.

En París vive su compañero y padre de sus tres hijos, el también actor y director francés Yvan Attal, a quien conoció hace veintisiete años después de la muerte de su padre, Serge Gainsbourg. A pesar de la distancia, sostienen una sana relación sentimental y artística –han realizado varias películas juntos–, al punto que constituyen una de las parejas más queridas del cine francés.

Charlotte es una mujer sencilla, tímida, dulce, natural, sin maquillaje, que ama vestirse de jeans y que ríe espontáneamente en medio de nuestra conversación. Una artista sincera, eso sí.

Ninfómana, de Lars von Trier, es sin duda la película por la que más se le recuerda. ¿Cuál es la historia más fuerte que evoca de ese rodaje que cualquiera imagina complicado?
Me sentía avergonzada físicamente porque mi hija acababa de nacer y yo grababa mientras estaba amamantando y por lo general soy plana. Allí tenía senos y me daba vergüenza porque no eran mis formas originales. Recuerdo a Jeremy Bell, este actor increíble en la escena sadomasoquista, que dijo en una entrevista que yo no era muy amable ni muy abierta. Y es cierto: no podía ni mirarlo a los ojos. Es que hubo tal situación de sumisión, y estaba tan avergonzada, que no podía tener ninguna relación con él fuera del rodaje. Fue complicado no tener demasiada complicidad, excepto una verdadera química en el momento de grabar. Fue muy fuerte.

Y de toda la película, ¿cuál fue la escena más difícil?
Las escenas de conversación con el actor que interpretó a Seligman, el sueco Stellan Skarsgård. Con él hicimos estas escenas durante quizás una semana. Al final del rodaje, teníamos tanto texto que tuvimos que ponerlo delante de nosotros. Era imposible aprender todo eso. Con él tuve una gran complicidad porque estábamos en la misma dificultad. Era como una obra de teatro frente a la cámara. Estábamos en una pequeña habitación y teníamos que pasar toda esta información, de modo que incluso para Lars era muy complicado saber cómo filmarnos.

¿Cómo logró ponerse en el lugar de una mujer adicta al sexo?
Tuve el escenario con suficiente antelación para prepararme. Fue precisamente mi coach quien habló con una ninfómana que estaba sufriendo. Yo imaginaba que una ninfómana era la historia de alguien que buscaba el placer, pero en realidad es todo lo contrario, es un dolor de todas las maneras posibles.

¿Cómo se prepara para hacer sus roles y cómo logra separar su vida personal del personaje?
Me encantan los personajes completamente diferentes. El desafío es transformarme en alguien que no soy. Yo soy tímida y tengo una vida tranquila, pero cuando veo la parte oscura de estos personajes me convierto en otra persona. Primero, debo estar interesada en el proyecto y en el personaje para querer interpretarlo. Incluso el rol de una ninfómana, adicta al sexo, era yo. No lo soy por supuesto, pero con Lars tienes que estar realmente allí y debes poder hacerlo. Él necesita creerlo.

Recientemente usted compartió escena con Marion Cotillard en la película Los fantasmas de Ismael. Dos celebridades de una misma generación…
Es una actriz a la que admiro. Nunca me encuentro con actores o actrices fuera del set. Recuerdo haber visto la película La vie en rose y luego, al encontramos por azar en un concierto, aún sin conocernos, pude felicitarla por ese papel. Después, durante el rodaje de la película, fue un verdadero descubrimiento y un placer ser cómplices, porque es cierto que somos casi de la misma generación y tenemos mucho que compartir.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Jim Carrey en la película polaco americana Dark crimes?
Él es alguien muy particular. Aproveché esta relación con un artista realmente único. Su carrera es increíble. Sabíamos que no era un tema nuevo porque se trata de un actor dramático. Tiene un espectro para actuar que es una locura. Mi película favorita que he visto de él es Eternal sunshine of spotless mind, en la que precisamente vemos la inmensidad del actor porque hay un lado trágico dramático y al mismo tiempo está la locura y la comedia. Es realmente un actor excepcional. En Dark Crimes él es un detective que busca resolver un crimen.

Charlotte

Recordada por su papel en Ninfómana -dirigida por el danés Lars von Trier, en la que interpreta a una mujer adicta al sexo-.

Foto:

Cortesía Collier Schorr

¿Qué película le ha dado más satisfacción a nivel profesional y artístico hasta la fecha?
Las películas de Lars von Trier, sin dudarlo. No sé cuál de las tres, porque la primera, Anticristo, fue el descubrimiento. La segunda, Melancolía, para mí es la película más bella. Y la tercera, Ninfómana, ha sido como un amor verdadero. Él confió en mí por tercera vez. Fue la confirmación, algo muy satisfactorio.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar en Hollywood?
Aquí me emociono luchando por un papel. Cuando estás en Estados Unidos, tienes que pelear. No soy yo quien elige. A finales de este año saldré en una película de ciencia ficción americana que se llama I think we are alone now (Creo que ahora estamos solos). Tengo un papel muy pequeño, solo rodé dos días, pero fue una gran oportunidad poder trabajar con la directora Reed Morano.

¿Qué piensa de la situación de las mujeres en la industria del cine y del movimiento “Yo también” (Me too)?
Es complicado porque el movimiento ha evolucionado. Al principio fue una crisis y escuchábamos cosas extremas. En Estados Unidos parecía que era como una venganza. No podía creer cuando un periodista danés me llamó de inmediato y me preguntó: “¿Lars von Trier se portó mal con usted?”. Lo encontré tan exagerado, en realidad, porque como francesa, en mi cultura, tal vez no es tan embarazoso que te coqueteen, ni tan vergonzoso que las palabras no sean correctas. Sin embargo, debemos vivir en un tiempo y entender que esas palabras o actos pueden dañar a las mujeres. Y luego me di cuenta de que este movimiento es bueno y justificado. Escuché todos los mensajes y tuve que educarme a mí misma a través de mi hija de 15 años que entendió el discurso primero que yo. Esto nos abre los ojos a todos, las cosas están cambiando, hay que perseguir la igualdad, por ejemplo, no es para nada normal que no nos paguen lo mismo.

Volviendo a la música, ¿qué significó para usted el premio a Mejor artista femenina en las Victorias de la Música 2018?

Es muy importante porque no me lo esperaba. Escuché: “Vas a ser nominada”, pero yo pensaba que era el álbum y luego como esto tardó, me dije: “No es verdad”, y después el hecho de que fuera como artista, fue sorprendente para mí. Siempre me ha costado considerarme como cantante porque no tengo una voz de cantante y siempre me he dicho: “¿Verdaderamente tengo un lugar en la música?”. Tenía mi lugar gracias a mi padre y después gracias al dúo de música electrónica francesa Air y a Beck con quienes hice unos álbumes previos. Esta vez fue con SebastiAn, un productor de música electrónica francés y por primera vez tuve la impresión de ir adelante. Haber sido recompensada por esto es enorme. Estoy orgullosa. Le dediqué este momento a mi familia.

Rest es una catarsis para usted.
Así es, la muerte repentina de mi hermana me dio una vuelta. Yo tenía a mi hermana en la cabeza todo el tiempo y quería hablar de ella. Había comenzado a escribir textos y esto giraba también alrededor de mi padre, que había muerto antes. Necesitaba hablar, sentía placer de escribir aun cuando jamás estuve segura de si era lo suficientemente buena. Me juzgaba mucho y es verdad que cuando tuve que sufrir ese drama, pensé que resultaba tan fuerte que no tenía importancia si el texto era bueno o no. Dejé de juzgarme. Y dejé de lado la pregunta constante: “¿Acaso es lo bastante bueno como lo que haría mi padre?”. Todos esos juicios que me bloqueaban hasta entonces, desaparecieron.

¿Por qué escribió las canciones en francés y en inglés en este último álbum?
No intenté evitar el francés o tratar de escribir en inglés. Por fin, me abandoné a lo que venía y fluyó más fácilmente en francés. Tengo la impresión de que el lenguaje de la verdad es el francés y el lenguaje de la música y del ritmo es el inglés.

¿Por qué invitó a sus hijos Ben de 20 años, Alice de 15 y Joe de 6 a hacer parte de los vídeoclips de su último álbum?
Creo que el hecho de haber participado en películas y en la música muy joven, son testimonios de vida, como instantes en un álbum de fotos. Fue una suerte increíble haber comenzado a cantar con mi padre, por eso cuando quise hacer los clips de mi álbum, me parecía evidente hacerlo con mis niños.

¿Cree que alguno de ellos seguirá el camino del arte?
No sé. Pienso que es complicado para ellos. Yo tuve la suerte de no hacerme preguntas, tenía 12 años y me metieron al medio porque yo lo deseaba, era natural. Mis niños todavía son jóvenes. Mi hijo tuvo tiempo de plantearse preguntas y pienso que mis hijas también lo harán. Creo que tienen ganas, pero van a mirar otras cosas.

Siempre me ha costado considerarme como cantante porque no tengo una voz de cantante y siempre me he dicho: ‘¿Verdaderamente tengo un lugar en la música?’

¿Qué influencias musicales tuvo gracias a sus padres?
Elvis Presley, Bach, Chopin, las Variaciones Goldberg, de Bach, que inspiraban mucho a mi padre. De mi madre recuerdo siempre verla en nuestra casa de campo, escuchando a Georges Brassens, muy francés, música textual en realidad.

Por cierto, ¿cómo vivió su niñez en medio de la celebridad de sus padres?
Tuve una infancia completamente normal junto a mis padres. No tenía la impresión de estar en un medio artístico o algo increíble. No, era natural. Recuerdo a mi padre trabajar por la noche escribiendo mucho al último momento los textos, pero cuando grababa, no lo veíamos porque era en el estudio. En la casa tenía un gran salón con un piano de cola, donde no teníamos el derecho de estar. Fue mucho más tarde, cuando mis padres se separaron, que tuve la impresión de participar más en lo que hacían ellos.

¿Y en qué momento supo que sería actriz?
No siento que haya habido un momento en particular donde haya dicho: “Este es mi camino”. De hecho, realmente no sé cómo considerarme a mí misma. Sé que soy actriz porque hago películas. Creo que es más el lado voluntario de sentirme realmente capaz de asumir un rol.

¿Podría definir su estilo de música?
Tenía ganas de hacer música electrónica, así que gracias a SebastiAn pude probar un sonido nuevo. Tenía una lista de música que me inspiraba de películas de terror, muy dramática, como la música de la película Tiburón, de Steven Spielberg; Rebecca, de Hitchcok, o la película Shining, de Stanley Kubrick, que es una música de cine muy pesada y se la di a SebastiAn, diciendo: “Si pudiéramos hacerlo de esta manera, me gustaría mucho”. Y a él le gustó. Tengo la colaboración de Paul McCartney quien escribió una canción que después se transformó para adaptarla al estilo del álbum. También Guy-Manuel de Homem-Christo, de Daft Punk, contribuyó con una parte de música electrónica que encajó bien. Así que con la colaboración de artistas cambiamos mucho musicalmente lo que había al inicio.

¿Cuáles son los otros proyectos profesionales que tiene para el futuro cercano?
Los conciertos. Hay muchos festivales. Será un nuevo camino porque realmente descubro la escena. De hecho, ya hice dos giras, pero esta es la primera vez que defiendo un álbum que está tan cerca de mi corazón.

¿Por qué escogió la ciudad de Nueva York para cambiar su vida?
Todo está lleno de circunstancias extrañas. Con Yvan siempre nos dijimos que queríamos instalarnos en los Estados Unidos posiblemente por un año. Nos preguntábamos si Los Ángeles o Nueva York. Esto fue hace más de diez años. Habíamos hecho las gestiones en el colegio para los niños y luego nos dijimos que no teníamos el coraje. Y después de la muerte de Kate, era un escape. No busqué un país o una ciudad, era una huida, la más práctica de hecho. Los Ángeles era demasiado lejos y no la conozco muy bien. Europa era demasiado cerca y necesitaba un verdadero cambio. Nueva York era una experiencia que había que hacer, porque es una ciudad fascinante y es evidente tener ganas de vivir esto una vez en la vida. Luego me di cuenta de que la sola afinidad que tenía con esta ciudad todavía era a través de mi hermana Kate, ella venía todo el tiempo a ver a su padre, y cada vez que yo venía lo saludaba. Es otro lazo con ella y no lo pensé hasta que me di cuenta estando aquí.

¿Es verdad que usted quiere crear un museo en la residencia de su padre en la calle Verneuil en París?
Recientemente hice una entrevista, creo que para el diario El Parisino, donde hablé de esto y ahora el gobierno y la ciudad de París se comprometerán a ayudarme. Compré la casa hace 27 años porque mi hermanito medio era demasiado pequeño y mis mediohermanos mayores, Natasha y Paul, no estaban interesados en ese momento, así que lo hice por mi lado. Pero si eventualmente quieren unirse al proyecto, sería un placer. Ahora quiero comprar el apartamento de al lado porque la casa en sí es muy pequeña para poder reunir todo y hacer posible que lo visiten. Es un proyecto completo para montar.

Usted ha sido la imagen de diferentes marcas francesas, entre ellas Saint Laurent. ¿Cómo se siente en el mundo de la moda?
Pasar de algo popular a algo muy chic y de alta gama y poder tener ambas caras es un placer. Pero, en realidad, lo que me gusta es el hecho de no saber demasiado, de no ir a todos los desfiles. Me atrae la estética, pero también me gusta ser libre. Lo que sí me apasionan son los jeans. Tal vez algún día pueda hacer algo como diseñadora porque en ellos hay poesía, mientras más viejos son, más muestran las marcas del tiempo. Los jeans son hermosos y únicos.

¿Cuál era su sueño cuando era niña?
Un sueño que tenía como muchos niños con padres separados es que los padres vuelvan a estar juntos. Es un sueño real y muy ingenuo que los niños tienen. Entonces fantaseé con la reagrupación de mis padres durante mucho tiempo.

Charlotte

Es una de las actrices más célebres de esta época en Francia, cuenta con cincuenta y cinco películas producidas en su país y fuera de él.

Foto:

Cortesía Amy Troost

¿Cuál es su sueño por cumplir ahora?
Me gustaría frenar el tiempo porque es complicado envejecer con la profesión de actriz, cantante y modelo. Quiero asumir mi edad y, al mismo tiempo, quiero disfrutar tanto como sea posible el mayor tiempo posible. Es difícil asumir la imagen de uno porque vivimos precisamente retocando fotos, eliminando las marcas del tiempo y cuando de repente vemos una imagen donde se ve la edad que tenemos, no lo aceptamos. No tengo Snapchat ni Instagram, no entiendo esta relación con las fotos, con los selfis, con uno mismo. No comprendo y, sin embargo, hago un trabajo en el que estamos en el ego, en la autoimagen. Y a veces me dicen: “¿Por qué haces este trabajo si no quieres verte en una película?”. Es verdad que es una contradicción real el placer de estar en una cosa falsa, que es imaginaria, porque no estoy en la realidad. Por eso en mi vida privada me divierto al guardar una imagen secreta.

¿En qué radica el éxito de su amor con Yvan?
Creo que es el riesgo, pero no es la clave del éxito, porque nunca estamos seguros. A Yvan lo conocí cuando tenía 18 y viví con él a los 19 años. Hoy me doy cuenta de que era muy joven. Crecimos juntos. Tengo 47 años, espero que estemos juntos por mucho más tiempo. Él es un poco mayor que yo, siempre ha estado un paso adelante de mí.

¿Cómo maneja la vida familiar entre viajes?
No es fácil. Tenemos un hijo de 20 años, Ben, que vive independiente. Después, nuestra hija de 15 años y mi niña de 6 años, que no pueden irse conmigo a los rodajes porque estudian aquí. Yvan estaba en una obra de teatro en París, pero por exceso de fatiga debió parar y quedarse en Francia. Nunca he sacrificado un proyecto, quiero hacer las películas y los conciertos, y sé que dejo solas a mis hijas. No estoy segura de hacerlo bien, pero precisamente como mujer, y a mi edad, me digo que es ahora o nunca. Debo aprovechar los años de trabajo que tengo por delante.

POR CAROLINA NISO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 78 - SEPTIEMBRE 2018

Charlotte

Las tormentas de Charlotte.

Foto:

Revista BOCAS

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