Todo eso que significa llamarse Cerati

Todo eso que significa llamarse Cerati

BOCAS entrevistó al cantante Benito Cerati. 

Benito

Hace rato dejó de ser “el hijo de Cerati” para convertirse en una de las más sugestivas figuras del rock alternativo contemporáneo en Latinoamérica.

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Pablo Stubrin

Por: TOMÁS ELIASCHEV
20 de diciembre 2018 , 05:05 a.m.

Para los antiguos mayas, los cenotes eran ventanas al inframundo, lugares de sacrificio humano y de renacimiento de la vida. Estos ‘hoyos en la tierra’ se formaron durante millones de años y están repletos de aguas cristalinas que conforman un enorme laberinto de ríos subterráneos que se conectan con el mar. La belleza natural y el misterio milenario de la península de Yucatán son el marco que eligió Benito Cerati para filmar el video de “Jesús”, el último corte de difusión de Unisex, el flamante disco de su banda, Zero Kill.

Cerati siempre se fascinó por la cultura maya. Pero cuando estuvo en las pirámides y en los cenotes percibió algo más. “Sentí una conexión muy fuerte, es como viajar al espacio. No lo puedo explicar. No soy de ponerme a llorar ante un lugar. Pero al estar ahí se me caían las lágrimas. Sentí que volvía a casa. Me pareció clave grabar un video en México, en un lugar súpermilenario como un cenote”, recuerda el cantante, guitarrista y compositor.

Amable y con un bajo perfil, inversamente proporcional a la talla del apellido que porta, eligió hacerse de abajo, lejos del jet set. Está un poco asustado pero no se nota. Acaban de robar su casa. Benito vive en un moderno y despojado loft, sin cuadros en las paredes, ubicado en una zona muy transitada del tradicional barrio de Belgrano. “Se llevaron mi computadora donde tenía algunas grabaciones para mi próximo disco. No sé cómo entraron, o si sabían que era mi casa, por suerte yo no estaba. Pero no quiero ir por todos los medios hablando sobre lo que me pasó y pidiendo que maten a estos ‘negros de mierda’ como dicen muchos. A mí no me dan bronca los ladrones que tienen que robar para sobrevivir. Siento bronca contra los que están arriba y tienen todas las riquezas: hacen que muchos necesiten salir a robar”, razona. De cada situación personal, el músico hace una reflexión política. Se tomó en serio aquel lema feminista que asegura que lo personal es político.

Benito

Benito Cerati es el líder de la banda Zero Kill.

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Pablo Stubrin

Afortunadamente, los escruchadores (como se conoce en el lunfardo porteño a quienes ingresan a domicilios vacíos a robar) no se llevaron el tesoro más preciado de Cerati. Su colección de discos compactos y de vinilo, varios de los cuales son herencia paterna, quedó intacta.

Su pelo blanco estilo animé se lleva bien con su rostro anguloso aún muy juvenil, le da aire de mago. Su andar es sigiloso, sus movimientos elegantes. Es de huesos largos y contextura delgada. De aspecto cambiante y mirada intensa que se potencia cuando lanza alguno de sus comentarios filosos. Está en permanente transformación y no se ata a ningún dogma. Le gusta discutir pero siempre con una risa sutil y afable. Sabe que mostrar sus fragilidades no es debilidad sino todo lo contrario. En los últimos tiempos, la prensa local le presta mucha atención. A veces, más por las opiniones que dispara en su cuenta de Twitter –que algunos catalogan como controversiales– que por su prolífica y ascendente carrera musical. Es un camino que se remonta a la panza de su madre.

El joven Cerati lidera un grupo de rock alternativo que escapa a los encorsetamientos estilísticos, con múltiples influencias. Se nota que nació en un hogar que tuvo mucho que ver con la experimentación musical que florecía en esa década. Cuando vino al mundo, el 26 de noviembre de 1993 en Santiago de Chile, su padre Gustavo ya era una de las figuras más importantes de la música latinoamericana contemporánea. Su madre, Cecilia Amenábar, fue modelo, conductora televisiva, cantante, actriz, directora y DJ.

Benito creció sabiendo que antes de nacer había colaborado para hacer una canción hermosa que cantaron juntos su padre y su madre: “Te llevo para que me lleves”. Al final de este tema –que fue parte del primer disco solista de Gustavo Cerati, Amor amarillo– se escuchan los latidos del bebé que estaba por venir al mundo. A los dos años, una multitud lo aclamó cuando fue a saludar a su padre al escenario durante un concierto de Soda Stereo en su ciudad natal.

En 1997, cruzaron la cordillera de los Andes y se establecieron en la residencial zona norte del gran Buenos Aires. En el subsuelo del fondo de la casa a donde se mudaron, Gustavo instaló un estudio con todo lo necesario para hacer su música sin salir de casa, al que llamó la Casa Submarina. En esos tiempos, el niño se escapaba para meter mano cada vez que podía y hacer sus propias creaciones manejando a la perfección micrófonos, teclas y perillas del estudio. También operaba su teclado Casio y una cámara filmadora con naturalidad. El mundo de Benito estaba repleto de arte y sonidos novedosos.

Su madre cuenta orgullosa que a los cuatro años había aprendido a leer. A los cinco grabó su primer disco casero: Cohete. A los seis, su padre compuso la canción “Babel”. “Río Babel”, sugirió el pequeño Benito. Así quedó. El tema aparece en Bocanada, uno de los discos solistas más experimentales de Gustavo, grabado en su estudio casero y en los míticos estudios Abbey Road de Londres. De esos tiempos data el fanatismo de Benito por David Bowie, a quien conoció primero como el rey Jareth de la película Laberinto.

Benito

Nació en Chile hace 25 años y compone desde niño.

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Pablo Stubrin

En el 2006 dejó su marca en la canción “Adiós”, del disco Ahí vamos, cuya autoría comparte con su papá. Aportó una frase clave: “Poder decir adiós es crecer”. Sus 16 fueron intensos: Benito sumó sus palabras en cuatro temas de Fuerza natural. Además, con su hermana Lisa, tres años menor, grabaron un disco homenaje a Michael Jackson, en cuya portada aparecen los dos vestidos como el autor de Thriller. Ese año 2009 debutó en vivo con su banda, Entre-paréntesis. A cargo del sonido estuvo su padre, que siempre produjo sus discos caseros. Sus padres estimularon su carrera pero sin presionarlo.

Al año siguiente, cuando Benito tenía 17, sobrevino la desgracia. En mayo de 2010, Gustavo tuvo un accidente cardiovascular luego de un show en Caracas, Venezuela, y quedó en estado vegetativo. El 4 de septiembre de 2014 murió físicamente. La tristeza no frenó la carrera musical del joven, que creó su propia banda, Zero Kill. “Estoy en permanente mutación”, dice Benito, que le tocó enfrentar a los fantasmas de la soledad. “Por primera vez me siento que soy parte de un proyecto colectivo”, se confiesa.

BOCAS entrevistó a Benito Cerati poco después de su regreso de Chile, donde brindó algunos conciertos. A punto de cumplir 25 y con un disco nuevo bajo el brazo se lo nota entusiasmado porque percibe que cada vez más gente de distintos lugares se interesa más por su arte que por su apellido. Si algo tiene claro Benito es que su amor por “la maravilla de la música” es compatible con su voluntad por “humanizar al artista” y permanecer lo más lejos posible del lugar de la superestrella inalcanzable.

Viví una adolescencia bastante especial. Rara. En el colegio no lo supieron manejar bien. Ni tuvieron mucho tacto. Salí eyectado.

Empezó a hacer música de muy chico. ¿Recuerda qué era lo que quería lograr en ese entonces?
Lo que más quería tener era una discografía, poder reversionar mis temas en vivo, hacer mezclas. Tener distintos discos con distintos approachs [acercamientos], distintos mensajes, distintos géneros. Hoy puedo decir que hago eso que quería hacer de chico. Mi primer disco es muy distinto al segundo y el segundo es muy distinto al tercero. Obviamente tienen una marca en común. Pero siempre trato de buscar algo distinto. Me gustaría hacer un disco de punk, de música clásica... También me gusta la cumbia.

Desde muy chico jugaba en el estudio de música de su padre, y sus padres dijeron en varios reportajes que era increíble su precocidad. ¿Qué le gustaba hacer en su infancia además de música?
Escribía, leía, jugaba, mi hermana Lisa era mi supercompañera. Aún lo es.

Sus incursiones en la Casa Submarina ya son míticas. Grabó un disco con pistas de música electrónica y sus propias letras.
No recuerdo casi nada. Eso fue un inicio lúdico juvenil y hoy lo veo como eso, la maravilla de la música entrando por primera vez en mi vida. Admiro mi pasado como niño, tenía mucha libertad.

Además de su vocación musical siempre le gustó escribir.
Es cierto. Cuando estaba en el secundario, una vez al año escribía las obras de teatro del colegio, cada vez que se hacía un acto de fin de curso. Generalmente eran comedias. Hacía humor absurdo, como el que hizo Diego Capussoto. Tenía un humor reparticular. También escribía cuentos. En la época en que estudiaba Antropología hice un intento de escribir una novela pero no lo terminé. Era sobre una familia que iba a unas ruinas mayas y veían visiones del pasado.

Cuando era adolescente, no se relacionaba mucho con sus compañeros.
Vivía dentro de mi burbuja. Hice el secundario en un colegio con sistema Waldorf. Fue polémico. Viví una adolescencia bastante especial. Rara. En el colegio no lo supieron manejar bien. Ni tuvieron mucho tacto. Salí eyectado. Esa gente que vive en esta zona acomodada de la ciudad no me representa para nada. Terminé metiéndome a estudiar Antropología en la Universidad de Buenos Aires (UBA) para ver otra cosa.

¿Cómo fue esa experiencia?
Fue muy importante para mí entrar en contacto con las distintas realidades de cada persona que conocí. A su vez, la facultad es otro micromundo, aunque por supuesto hay mucha más variedad que en un colegio privado. Estudiar Antropología me regustó. Fue el puntapié que me permitió entender por qué estoy haciendo música. Antes hacía música por hacerla, porque a mí me hacía mejor el poder decir algo y exorcizar demonios. Después entendí el mundo y lo que pasa. Es mucho más importante solucionar algunas cosas en términos sociales o humanos que el hecho de que una banda saque un disco. Me estoy revisando todo el tiempo. En la facultad entendí que el patriarcado surge durante el Neolítico. Son milenios de incurrir en un error.

Benito

Con un bajo perfil, inversamente proporcional a la talla del apellido que porta, eligió hacerse desde abajo, lejos del jet set.

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Pablo Stubrin

Cuando hablan de usted se suele omitir quién era su madre, como si sólo existiera su padre.
¡Hasta han llegado a decir que Soda Stereo se separó por culpa de mi mamá, como se dijo en su momento de Yoko Ono y Los Beatles! Por ese motivo, mi madre fue blanco de muchas agresiones por parte de fans.

¿Y cómo era su padre respecto al machismo?
Mi papá se crió en una época que era mucho más machista, obviamente algo de eso mamó. La verdad que nadie es un ángel. Mi viejo fue una persona muy avanzada para la época. Si lo vas a analizar, algo vas a encontrar. No era muy propenso a preparar la comida, aunque a veces sí. Y aunque era supermoderno tenía cosas del machismo arraigadas.

Sus dos abuelas son muy importantes para usted.
Sí. Cada una a su manera son figuras refuertes, superluchadoras. Lamentablemente, mi abuela materna (Cecilia Granella) murió de cáncer en el 2015. A mi otra abuela (Lilian Clark) la veo todos los domingos cuando vamos a comer a su casa en familia. Estamos de acuerdo todos en todo. Se informa y entiende. Va aggiornándose. Cuando le dije “te voy a presentar a mi pareja”, me preguntó si era hombre o mujer. “Es hombre, escribe poemas”, le dije. Era un chico que había conocido en la facultad. Él estudiaba la carrera de Letras. Mi abuela escribe poemas. “Tráelo, así compartimos”, me dijo. Al final no se conocieron porque corté al rato. Después conoció a otro. Estuvo todo bien.

¿Quiere tener hijos?
No sé. Pero sí sé que tengo muchísima esperanza en las generaciones que vienen. Ellos no quieren ser incluidos, quieren romper todo.

¿Cómo se lleva con su primer y segundo nombre, Saturnino?
¡No tengo segundo nombre! [se ríe]. ¡Pero con mi primero, rebién! Me encanta.

¿Cómo creó su banda, Zero Kill?
En el 2011 empecé a cranear los demos de lo que sería el disco Triptour, que finalmente salió en el 2013. Era algo más solitario, era un proyecto solista. Ese disco incluye un par de canciones que compuse más de chico, como “Corazón centrífugo” y “This song is missing”. Las compuse cuando tenía 12 o 13 años. Luego vino Alien Head, que es el disco donde se empezó a ver algo más de “banda”. Unisex es el primer disco que es realmente un trabajo en equipo y no algo que surge puramente desde mí.

¿Y cómo es esa construcción colectiva?
Estoy en un proyecto musical de un grupo de gente con una idea y concepto de las cosas, con un rango, dentro de un espectro. Hablamos mucho cómo vamos a comunicar. Los dos primeros discos yo tenía una idea, y eso era lo que se hacía. Ahora nos tenemos en cuenta entre todos. Obviamente, yo soy el que tiene la primera iniciativa, pero ahora es más horizontal. Si bien yo tengo la idea general, me dejo bañar por todo lo que tienen para ofrecer los demás chicos de la banda. Todo el equipo está muy entusiasmado. Para muchos de nosotros es el primer proyecto grande que estamos haciendo. Es muy distinto a los otros dos en que estaba Tweety (González) como productor, lo cual fue genial, pero ahora esto es distinto. Somos gente que está arrancando con nuestras carreras artísticas. Es otra energía, otro entusiasmo.

Alguien que ve la cultura LGTB puede decir que está todo reaceptado, todo rebién, que todo es relindo. Y no es así. Ni en la L ni en la G ni en la T ni la B está todo bien. 

¿Qué es lo más importante a la hora de armar un equipo?
Estar rodeado de buenas personas. Eso está bueno, eso es lo mejor, más que el virtuosismo y la perfección. Estamos todos aprendiendo, eso humaniza. Cuando veo bandas en vivo, me gusta que se equivoquen, que se puedan reír de eso. Siento más empatía. No me gusta esa cosa de tocar igual que en el disco. En la grabación del último disco dejamos algunos errores y conversaciones. Me gusta que todo sea más relajado.

En el video de “We can’t getalong” se lo ve participando de la marcha de Orgullo de Lesbianas, Gays, Trans y Bisexuales.
Sí, eso fue en Buenos Aires. También participé en la que se hace en México DF. En esa época no era tan crítico, me divertí como si fuera una fiesta más. Dije: “ ¡Guau qué maravilla!”. Precisamente, esta canción refleja una época en que me agarró una especie de adolescencia tardía, un momento rejodón, sanísimo, pero rejodón [Ríe]. Me pregunto por qué estamos festejando cuando hay un montón de cosas para hacer. Está buenísimo estar orgulloso de quién es uno, pero falta mucho. Dentro de nuestra comunidad también hay mucho para hacer. No es toda la libertad que parece, que se ve desde afuera. Alguien que ve la cultura LGTB puede decir que está todo reaceptado, todo rebién, que todo es relindo. Y no es así. Ni en la L ni en la G ni en la T ni la B está todo bien. Las trans mueren, los bisexuales están invisibilizados, las lesbianas cosificadas, los gays son recontramachistas entre ellos y con las mujeres también. Los abusos, las violaciones, el maltrato son inadmisibles. Que le quiten los derechos a la gente es inadmisible.

¿Qué quiere decir con el concepto de Unisex?
Tengo en la cabeza la idea de un lugar utópico en el que no hay divisiones, donde no existan nombres para nombrar a los géneros. Ahora hay muchas divisiones, quinientos mil géneros. Unisex me representa un montón. Es la primera vez que estoy comunicando algo cien por ciento mío. Sin miedos. Sin trabas. Antes me pesaban mucho las opiniones que la gente tenía sobre mi persona. Había gente que quería direccionar mi carrera hacia otro lado simplemente porque no me animaba a decir qué es lo quería yo. Este es el primer disco que me encuentra al mando, valorando las cosas por mi propia cuenta. Todavía me falta algo más de confianza, pero me encuentro más en sintonía conmigo mismo. Unisex muestra al verdadero Benito que siempre estuvo adentro pero que sólo yo conocía. Para afuera mostraba otra cosa.

¿Plantea romper el binarismo hombre-mujer?
Tengo una mira utópica, lo admito. Podemos tener esa utopía en la cabeza y apuntar a eso. No sé qué va a pasar una vez que no exista más el género, si nos vamos a meter en otro error que va a durar miles de años, pero es un paso que hay que dar. Nosotros no lo vamos a ver. El acto de amor más grande es hacer algo cuyos resultados ni vos ni yo vamos a ver. Es algo totalmente desinteresado, que se hace por otros.

Benito

Al igual que su padre –a quien perdió cuando tenía 17 años–, está en permanente transformación y no se ata a ningún dogma. Es otro diferente. Es otro especial.

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Pablo Stubrin

A su pesar se convirtió en un referente político. Sus opiniones tienen mucha repercusión en las redes y en los medios. ¿Cómo lo lleva?
Jamás podría tener ese rol. No espero ser líder de opinión ni líder de un género ni referente de nada. Hay mucho somnífero en la gente al dejar que otro piense en su lugar. Algunos dicen ‘soy fan y todo lo que piensa mi ídolo está bien’. O todo lo que pasa en este programa de televisión es verdad y no quiero pensar más. Estamos en una época en donde cada persona debería ser referente de sí misma. Puedo estar equivocado. Se espera de un artista que sea lo más imparcial posible. ‘Hacé música y no jodas.’ Hace diez años pensaba de cierta forma y si lo comunicaba me decían ‘qué carajo estás diciendo, ¡Raro!’. De repente todo el mundo piensa lo que yo pensaba antes. Estoy propenso a mutar. No creo que tenga la verdad de nada. Simplemente siento que hay ciertas cosas que no están siendo valoradas o visibilizadas, que está bueno que estén presentes de alguna forma. Los otros discos eran mucho más individualistas. Era más una banda que salía a tocar y un público que lo iba a ver. Este disco me agarra en un momento en donde creo que los artistas nos tenemos que humanizar. Por beneficio del artista y del público hay que romper con la cuestión jerárquica. Cuando le das poder al artista por sobre el público pasan cosas heavys [pesadas] de abusos de poder.

¿Cómo logra zafarse de esa dinámica?
Cuando toco en vivo, cuando muestro canciones, trabajo desde mí la conciencia de que lo único que estoy haciendo es música. No mucho más que eso. Hago la mía conociendo a gente a través de mi música.

¿Por eso prefiere los escenarios chicos?
Claro, me gustan más los escenarios chicos, puedo escuchar lo que la gente dice. Está bueno charlar, que el show lo haga el público. Tengo para decir ciertas cosas y en un momento se me termina la data. Me agrada poder bajar del escenario y ni siquiera pisar el camarín, ir a tomar una birra con el público.

Cuando era más joven era menos sociable.
Siempre fui así internamente, sólo que antes tenía mucho miedo y no me animaba a hacer lo que realmente quería. Si una persona se me acercaba, me preguntaba “¿por qué se me acerca, qué quiere de mí?”. Cuando era más chico tenía poca confianza en el mundo. Eso me hacía lucir como si yo fuera elitista. Pero en realidad era una cosa de inseguridad mía. La verdad, que por dentro estaba aburrido. Tenía ganas de ser lo que soy ahora.

En este camino ha tenido encuentros con estrellas internacionales.
Sí. Hay dos que recuerdo especialmente. Una vez compartí un asado con Chris Martin, de Coldplay. Y en otra oportunidad pude conocer a Shirley Manson, la cantante de Garbage, con quien tocamos en el Festival Primavera Cero, en Montevideo. Fue el primer show de Zero Kill en Uruguay. Fuimos la banda soporte de Garbage pero no la vimos ahí. Nos la cruzamos en el barco, cruzando el Río de la Plata para volver a Buenos Aires.

¿Y cómo fue el encuentro con Charly García, con quien compartió un homenaje a su padre en 2014 en el que tocaron “Vampiro”? Es uno de sus principales referentes musicales.
Fue difícil para mí. Él era y es un gran ídolo para mí. Cuando toqué con él sentí siempre que estaba dando un examen. No es culpa de él. Es más mi culpa [Ríe]. De todas formas, sé que me tiene cariño y que le gusta lo que hago. Y eso está bueno.

En el tema “Jesús” canta “estuve atado a vos, como escamas en tu piel siempre a tu lado tan ciego”. ¿Cómo se lleva con la figura de Jesús?
Es una balada que habla sobre mi desligamiento personal de esta cosa sumisa de rezar y pedir perdón. Me duró mucho esto de rezar antes de que despegue un avión. La familia de mi mamá es de ir a la iglesia los domingos, la familia de mi padre iba cada tanto porque había que ir. Me gusta mucho todo lo que sean leyendas o historias. Va más allá de la religión o las instituciones. En ese sentido me atrae la Biblia, aunque a veces pareciera que le echan la culpa de todo a la mujer. Se nota que fue escrita por hombres.

No espero ser líder de opinión ni líder de un género ni referente de nada. Hay mucho somnífero en la gente al dejar que otro piense en su lugar.

¿Qué otro tipo de leyendas le atrae?
Tengo una fascinación con la cultura japonesa y las leyendas feudales. Una de mis películas favoritas es La princesa Mononoke de Hayao Miyazaki.

Usted renunció a la Iglesia católica, ¿cómo fue esa experiencia?
Con unos amigos queríamos hacer eso desde hacía un tiempo. Fue un poco después de que el Senado rechazara la legalización del aborto; los argumentos de los senadores que se oponían eran un desastre. Había una senadora que dijo que ni había leído el proyecto, otra que hablaba de las perritas. ¿Qué hay que hacer para que te elijan senador? ¡Es increíble! En la habitación en donde estaba viendo el debate por la televisión había gente más preparada que muchos de los senadores. Cuando vi en Facebook un evento de “apostasía colectiva” me pregunté “¿dónde se hace?, ¡yo quiero apostatar!” Estuvo muy bien. Ya no tengo que pedirle perdón a nadie. Mi familia me preguntó cómo hacer para apostatar.

Algunos le reprochan sus opiniones y las contraponen con las que supuestamente tenía su padre. ¿Qué es lo que más le molesta que le digan respecto a su padre?
Hay algo que me irrita. Todo el tiempo aparece gente que está totalmente en contra de lo que mi familia piensa y que pone: “Yo al papá lo amaba, pero este es un boludo”. ¡Si mi papá pensaba igual que yo! Era una persona superinclusiva y considerada. No defendía el status quo. Lo hacen hablar como Chirolita porque está muerto. Lo ajustan a lo que ellos piensan. Que hagan lo que quieran, si quieren amarlo que lo hagan, pero sepan que pensaba como pienso yo en muchas cosas. Me dicen “de qué te quejas si ya tenés la vida resuelta”. Proyectan su narcisismo. Es cierto, tengo algunas cosas materiales resueltas. No por eso dejo de pensar en el otro. El comienzo de Soda Stereo era superpolítico. Por ejemplo, cuando cantaba “el régimen se acabó” en “Dietético”, recién terminada la dictadura. Tenía un subtexto político claro. Que lo quieran obviar y hacer como que no existió el Gustavo que se pintaba los labios es otra cosa. Esa historia no queda. Queda el macho que tocaba la guitarra. Es lo único que importa. Si mi padre no hubiera muerto lo seguirían bastardeando. Es lo mismo que pasó con Federico Moura, de Virus. Mi viejo era repopular pero hasta el día que murió tenía detractores. Cuando hacía música electrónica iban dos personas a verlo. Recuerdo que cuando yo era chico tocaron en el teatro Gran Rex, donde hicieron una versión electrónica de “Pulsar”. Yo estaba fascinado. Algunos se paraban y se iban. Admiro mucho de mi padre eso que tenía de estar buscando siempre cosas nuevas. Todo el tiempo abría puertas y se fascinaba con lo que descubría.

¿Qué planes tiene para el futuro próximo?
En el 2019 saldremos de gira por todo el continente. Volvemos a Chile, México y Estados Unidos. Vamos a ir por primera vez a Puerto Rico y Perú. Tal vez vayamos a Colombia. El plan es estar en todos lados. En agosto seguro vamos a Barcelona. Para ese entonces va a salir el onceavo video del disco. Cada tema tiene su video. Es lo último que va a pasar en el mundo Unisex. Veremos qué sigue después. Estoy abierto a seguir mutando.

POR TOMÁS ELIASCHEV
FOTOGRAFÍA PABLO STUBRIN
EDICIÓN 81 - DICIEMBRE 2018

Benito

Todo eso que significa llamarse Cerati.

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Revista BOCAS

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