Aleida no envejece

Aleida no envejece

BOCAS habló con Aleida, el personaje que creó el caricaturista Vladdo, para celebrar sus 20 años. 

Aleida

Vladdo entrevistó a su invención favorita –a quien, dice, todavía no descifra muy bien–, para lo cual decidió ser un poco más infidente de lo normal.

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Vladdo

Por: VLADDO
30 de mayo 2019 , 06:00 a.m.

Al contrario de lo que muchos podrían suponer, para mí es una tarea un poco complicada hablar con Aleida. A pesar de que nos conocemos tan bien y de que sostenemos largas conversaciones a distintas horas del día o de la noche, nunca logro descifrarla del todo, lo cual le pone a nuestra particular relación un toque de misterio que no deja de ser interesante.

Aleida debutó hace veinte años en un rincón de la revista Semana, desde el cual se ha convertido en confidente, cómplice e intérprete de muchas mujeres y, por qué negarlo, de no pocos hombres. Durante algunos meses, antes de salir en la revista –y muy fiel a su estilo– hacía apariciones esporádicas e impredecibles en mi página de internet, donde empezó a ganarse la simpatía del público.

Ahora, cuando el Museo de Arte Moderno de Bogotá le rinde un homenaje por estas dos décadas de pensamientos en voz alta, sostuvimos un nuevo diálogo que comparto a continuación con los lectores de BOCAS, en un acto de infidencia que Aleida sabrá entender.

Aleida

Aleida, el inteligente e íntimo personaje que creó el caricaturista y diseñador Vladdo, acaba de cumplir 20 años.

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Vladdo

¿Qué edad tiene?
A las mujeres no se les pregunta la edad ni a los hombres los centímetros.

Puedo preguntar, ¿a qué edad perdió la virginidad?
No entiendo por qué los hombres siempre están interesados en reducirlo todo a cifras o fechas. Además, la virginidad es una falsa virtud a la cual se le ha dado una importancia exagerada. De hecho es un concepto medieval, impregnado de machismo y religión, alrededor del cual no deberíamos estar discutiendo en pleno siglo XXI.

¿Qué estudió?
Economía; una carrera muy útil para entender la sociedad en su contexto y que ayuda a formar criterio, cualidad por cierto muy escasa en estos tiempos.

¿Qué ha sido lo más difícil de compartir públicamente sus reflexiones?

En un principio, el principal reto era sintonizarme principalmente con las lectoras, sin importar su edad, ocupación, religión, zona de origen, profesión, etcétera... No quería que me vieran como una extraterrestre desconectada de la realidad ni como una sabelotodo dedicada a dar cátedra sobre la vida o el amor. Por fortuna, desde el inicio hicimos clic, lo que me ha permitido acompañarlas semana a semana todos estos años.

¿Ha cambiado mucho el mundo para las mujeres desde la primera vez que usted empezó a salir, en Semana, en 1999?
En algunos aspectos, el mundo ha tenido una especie de ‘revolcón’ en estos 20 años; han sido muchas las cosas que antes nos parecían “anormales” y que hoy son cotidianas.

¿Como cuáles?
Bueno, para empezar, los avances en inclusión han permitido que muchas mujeres hayan salido del clóset y que no sean vistas como bichos raros. No solo eso: muchas mujeres de la comunidad LGBT han ocupado cargos muy destacados en la política y, pese a que todavía sigue habiendo trogloditas sueltos, en general ellas ahora son bien aceptadas por la sociedad. El caso de las ministras Gina Parody y Cecilia Álvarez, por ejemplo, me pareció muy significativo, pues fueron muy valientes al enfrentarse a los prejuicios y la doble moral del procurador Ordóñez y de algunos sectores retardatarios del país. El hecho de que mujeres como ellas hablen abiertamente de sus preferencias sexuales puede ser de gran ayuda para muchos jóvenes que aún no se atreven a salir del clóset, por temor a ser estigmatizados.

Aleida

Hoy, cuando el Museo de Arte Moderno de Bogotá le rinde un homenaje, Aleida reflexiona sobre el rol de la mujer en estas últimas décadas.

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Vladdo

¿Y qué me dice de Claudia López y Angélica Lozano?
Esas dos mujeres son fuera de serie, a las que, en cierto modo, les ha tocado vivir situaciones más duras, porque no provienen de “familias bien”; no son de la alta sociedad. Son mujeres echadas pa’lante, hechas a pulso, que han demostrado gran madurez política, independencia y una honestidad a toda prueba. De hecho, en el caso de Claudia López suele cometerse una injusticia cuando pierde los estribos, cosa que le puede pasar a cualquier persona. Si ella levanta la voz en una discusión, de inmediato la tildan de “vieja histérica” o de “señora conflictiva”. Incluso las mismas mujeres la ponen contra la pared, como si cometiera un crimen. Pero si el que grita es un Vargas Lleras o un Petro, entonces dicen que es un hombre con carácter, un señor vehemente. En estos casos, a las mujeres nos cobran más duro. Esa es una asignatura que tenemos pendiente como sociedad.

¿Y qué opina de Marta Lucía Ramírez?
Siguiente pregunta, amigo periodista…

¿No cree que en algunos aspectos nuestra sociedad es más abierta hoy que hace 20 años?
Sí; a eso me estaba refiriendo al comienzo. A pesar de tantas trabas y de tanta falsa moral, hay políticas que se han abierto paso en este tiempo. Hasta no hace mucho, solo eran aceptables aquellas familias conformadas por un hombre, una mujer y unos hijos, pero ahora es cada vez más común ver hogares donde hay dos mamás o dos papás, con hijos o sin hijos, y no pasa nada. Y también vemos por la calle parejas de hombres o de mujeres andando juntos, tomados de la mano, sin que nadie se escandalice por eso. Por supuesto, no faltan los desadaptados que atacan a una pareja en un centro comercial por el simple hecho de ser gais, pero la buena noticia es que hoy, ante incidentes de esos, la sociedad
reacciona de inmediato y los rechaza de manera contundente. En eso sí que hemos avanzado, afortunadamente.

¿Está de acuerdo con la adopción igualitaria?
¡Obvio! Cómo no va a estar alguien de acuerdo con que un niño abandonado en un orfanato o en un albergue del Bienestar Familiar sea adoptado por una pareja de hombres o de mujeres que estén dispuestos a darle una vida llena de cariño… Esas familias de papá, mamá y niños, como las que quieren el exprocurador o la Iglesia católica, o los cristianos, se veían muy lindas en series de televisión como la familia Ingalls, pero hoy la vida es otra cosa. Eso no quiere decir que sea mejor ni peor que aquel esquema familiar tradicional; simplemente es diferente. Y esa diferencia es la que debemos respetar todos. Por otra parte, hay que ver las cifras de la violencia, el abuso y el maltrato de los cuales son víctimas los niños en muchos de esos hogares tradicionales. Además, ese cuento de que un niño criado por homosexuales automáticamente terminará convertido en gay es muy traído de los cabellos. Si el mundo funcionara así, no habría gais en el mundo, puesto que las parejas heterosexuales solo tendrían hijos heterosexuales. Pero no, no es así y los ejemplos los vemos por todas partes.

¿Usted es consciente de que hay muchas personas que, al ver sus posturas tan firmes en defensa de los homosexuales, se preguntan si usted es lesbiana…?
Claro, esa es una cuestión inevitable en esta sociedad que, a pesar de los avances de los que hablábamos hace un momento, sigue siendo muy mojigata en varios aspectos.

Aleida

Aleida también habló sobre la adopción igualitaria, los celos, las redes sociales y la falta de claridad de los hombres.

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Vladdo

Pero, bueno, ya que estamos en el tema, ¿qué les dice a esas personas que creen que usted es gay o que directamente la etiquetan como lesbiana?
Habría que invitarlas a pensar un poco. ¿Acaso se necesita ser negro o indígena para oponerse al racismo que todavía se ve en este país? ¿Toca ser un niño para rechazar el abuso infantil o la pederastia? ¿O es requisito ser un perro callejero para defender a los animales abandonados o maltratados? Pensar eso sería tan ridículo como pretender que solo los árboles o los helechos tienen derecho a defender el medio ambiente. Y si insiste con la pregunta, le respondo con mucho gusto: no, no soy lesbiana. Pero, si lo fuera, ¿qué? ¿Cuál sería el problema? Conozco muchos homosexuales que son mejores personas que cualquier Ordóñez o que una Viviane; personas que son alegres, responsables, sinceras y, lo más importante, personas tolerantes, que no andan tratando de imponerles a los demás un modelo de vida.

Claro que ha habido personajes que no sólo la defienden, sino que incluso la elogian, ¿no?
Sí, por fortuna hay mucha gente generosa, incluso algunos famosos. Una vez Florence Thomas escribió en una columna que le gustaba mi “manera de emitir sentencias breves y contundentes que sintetizan sentimientos”. Viniendo de ella, que es una mujer tan especial, ese elogio vale por dos. Y en otra oportunidad, al finalizar una entrevista que le hice a Belisario Betancur, el expresidente, víctima de un ataque de cursilería, me echó los perros delante de Dalita y de todo el mundo. Él fue siempre muy cariñoso conmigo.

¿Y está saliendo con alguien?
No salgo actualmente con nadie; pero estar sola no necesariamente es lo mismo que estar disponible.

¿Qué añora de 1999?
¡Mmm…! A pesar de que uno se va adaptando a las nuevas tendencias y a las modas que llegan, en algunos aspectos todo era más tranquilo en esa época, cuando no había redes sociales ni WhatsApp ni cosas de esas. Era otro ritmo de vida, sin el vértigo de la tecnología, ni la ansiedad de la inmediatez. No dependíamos de los celulares como ocurre hoy; la gente interactuaba más con las personas que con sus dispositivos electrónicos, pues aunque estos aparatos han sido muy útiles, sobre todo en asuntos de trabajo y profesionales, han generado grandes vacíos en las relaciones sociales y familiares. Y, la verdad, no sé si valga la pena sacrificar la vida personal en beneficio del éxito profesional. En años recientes hemos visto a muchos ejecutivos y hombres de negocios que, en la cúspide de su carrera, se dan cuenta de que hay cosas más importantes que la plata, el triunfo o la fama y deciden dar un giro de 180 grados y dejarlo todo para dedicarse a sus seres queridos, a su familia, decisión que es muy valiente y muy diciente.

Pero, a pesar de lo que dice, usted está presente y es muy activa en las redes sociales…
Tengo cuentas en las redes, es cierto, pero no soy tan activa como algunos esperarían. Tengo una relación de amor y odio con las redes sociales porque a la larga no sé si tienen más desventajas que ventajas. De entrada, uno puede perder demasiado tiempo mirando cosas supuestamente muy interesantes de gente que a uno no le interesa en absoluto, y no creo que eso valga la pena. ¿No sería mejor dedicar ese rato a la lectura de un libro o a tomarse un café con una amiga? Por otra parte, la vida real le pone a uno pruebas que solo puede superar o manejar con gente de carne y hueso y no con unos “ciberamigos” que nunca van a hacer nada por uno, así tengan las mejores intenciones. De poco sirve tener miles de “amigos” en Facebook o estar en veinte grupos de WhatsApp si cuando te botan del trabajo o terminas con tu novio, tienes que llegar a llorar sola en tu casa, porque no tienes con quién darte un abrazo. Ahí no hay red social que valga... Y, como si todo lo anterior fuera poco, las redes sociales se han convertido en vehículos de odio y en herramientas aprovechadas por políticos sin escrúpulos para diseminar mentiras, distorsionar la realidad y manipular la política. Ahí está el caso de Donald Trump, que es el mejor ejemplo del peor uso de las redes sociales.

En eso estamos de acuerdo. Y ya que habla de política, ¿cómo ve el panorama en Colombia?
Prefiero no hablar de eso; no solo porque me parece aburrido, sino porque luego cada quien interpreta a su acomodo lo que uno dice. En este caso, más que nunca, uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice.

Está bien, cambiemos de tema. ¿Usted sigue la actualidad?
Claro, trato de enterarme de lo que pasa en el país y el mundo donde vivo. A veces veo noticieros y siempre leo periódicos de Colombia y de otros países. Me interesan mucho las páginas de opinión.

Aleida

Aleida.

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Vladdo

¿A qué columnistas no lee?
La verdad es que no tengo vetos; trato de leer todas las columnas, así algunas veces me toque pasarlas con Alka-Seltzer. Es importante analizar diferentes puntos de vista y conocer la mayor diversidad posible de opiniones. Es la única manera de sacar conclusiones argumentadas.

Entonces, le pregunto al revés: ¿qué columnistas no se pierde?
Trato de leer siempre a Antonio Caballero, a María Jimena Duzán, a Ricardo Silva Romero, a Florence Thomas, a Héctor Abad, a Patricia Lara, a Juan Esteban Constaín, a Cecilia Orozco, a Humberto de la Calle… Lástima que Juan Gabriel Vásquez ya casi nunca escribe columnas. Pero son tantos que me voy a meter en un lío con los que no alcancé a mencionar.

¿Por qué le da a uno la impresión de que usted es enemiga del matrimonio?
No, no, no… Aquí hay que hacer una aclaración: yo no soy enemiga del matrimonio, sino de los matrimonios malos y de las relaciones malas en general. No tiene sentido permanecer en una relación por simple inercia, por falta de plata, por miedo al qué dirán o por temor a la soledad.

¿Qué es para usted una buena relación de pareja?

Una buena relación es aquella en la que uno puede ser uno mismo; donde no tiene que pedir permiso para hacer nada; en la que uno no se siente asfixiado ni controlado; donde está con alguien a quien ama, pero que también respeta y admira; alguien que no le corta a uno las alas, sino que le ayuda a volar. En una buena relación también es importante que haya compromiso y pasión, complicidad y solidaridad; y que nadie pretenda moldear al otro a sus gustos ni a sus intereses. Son muchos factores y por eso son tan complejas las relaciones de pareja.

¿Es difícil mantener una relación estable?
Creo que eso de “estable” es un concepto sobrevalorado. Una relación donde los dos se aburren todo el tiempo, pero por una u otra razón no se atreven a separarse, puede ser una relación “estable”; al igual que una en la que cada quien va por su lado sin interesarse por la vida del otro. Y así puede haber decenas de ejemplos. Sin embargo, esas relaciones por muy “estables” que puedan ser no son sanas ni provechosas ni mucho menos interesantes. De hecho, las relaciones deben ser dinámicas, activas, intensas, con puntos altos y bajos. Las mejores relaciones no son aquellas donde no se presentan crisis sino donde saben resolverlas. No se trata de que no haya inconvenientes sino de tener la capacidad de superarlos y aprender de los errores para seguir adelante. No siempre hay que evitar los conflictos, pero sí es indispensable plantear las discrepancias sin ofender al otro. En las discusiones de pareja no debe haber vencedores ni vencidos. No se trata de cerrar caminos sino de buscar salidas.

Aleida

Aleida.

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Y en todo este panorama, ¿qué papel juega el sexo?
Cuando se trata de un affaire, de una aventura, el sexo –por razones obvias– es la base de todo, pero ese es otro tema. En el caso de las parejas ya establecidas, las relaciones sexuales –a pesar de que son fundamentales– no pueden ser el eje de la relación. El sexo, así sea fantástico, no debe ser un fin, sino una manifestación más de compañía y de confianza, de placer y de entrega; es uno de los muchos puntos de encuentro de la pareja. Lastimosamente, en algunas relaciones deterioradas la cama se usa para disimular los problemas de fondo y en otras, convierten las relaciones íntimas en pulsos de poder, llegando incluso a la abstinencia sexual a modo de venganza. Craso error.

¿Usted es celosa?
Sería mentirosa si lo negara del todo; pero lo cierto es que sentir celos es algo completamente inútil, es una pérdida de tiempo y un desgaste innecesario. Cuando a uno le quieren poner cuernos, se los ponen en el momento que uno menos se lo imagina y con la persona de la que uno menos desconfía.

¿Qué cualidad le parece imprescindible en un hombre?
¡Uf! No es tan fácil escoger una sola, pero una que es básica es la inteligencia. Qué pereza salir con un tipo cerrado de entendederas. Así sea el más churro, no voy con alguien así ni hasta la esquina de mi casa. Otra cosa que me parece importantísima es que sea alguien seguro de sí mismo; eso sí, sin llegar a la soberbia. No hay nada más desesperante que un tipo vacilante o pusilánime. Tampoco se trata de que sea un superhombre, ni tiene que ser infalible. De hecho, aun en situaciones difíciles, no espero a alguien que solucione mágicamente mis problemas ni que tenga la palabra perfecta para toda ocasión. Es suficiente tener la certeza de que hay alguien al lado, saber que hay una mano tendida que sirve de soporte.

¿Y qué la saca corriendo de una relación?
Cada relación es tan distinta… Hay cosas que uno perdona en unos casos y no tolera en otros. Sin embargo, probablemente lo que más me choca es la falta de claridad. Algunos hombres, que se las dan de machitos, son unas verdaderas gallinas a la hora de hablar de sentimientos. Por ejemplo, cuando se desenamoran se hacen los idiotas y creen que uno no se da cuenta. Y cuando uno los confronta dan toda clase de rodeos antes de aceptar que están interesados en otra persona o que simplemente se aburrieron con uno.

Aleida

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Vladdo

¿Cuántas historias de amor ha tenido en serio?
Ustedes y su obsesión con las cuentas, como si el único propósito de la vida fuera romper récords. ¿Cuál es la diferencia entre haber tenido cinco o diez parejas? ¿A quién le importa? Cuando me enamoro de verdad empiezo desde cero; cada historia es una primera vez.

¿Y cuántas aventuras?
Ya que insiste con las cifras, le confieso que preferiría llevar la cuenta en desventuras, que no han sido pocas, aunque prefiero no hablar de ninguna.

¿Usted es rencorosa?
Yo perdono pero no olvido, porque si uno olvida no aprende de los errores ni de las malas experiencias, que en muchos casos dejan grandes lecciones de vida.

Después de tantos años divorciada, ¿se casaría otra vez?
No lo descarto. El matrimonio en sí mismo no es malo, ese no es el problema; lo que es complicado es la convivencia, estar obligado a compartir siempre un mismo espacio, caer en la monotonía, vivir en la inercia. El amor termina donde comienza la rutina.

Hoy, ¿de qué edad prefiere a los hombres?
Otra vez usted y sus números... Mire, hay que entender que más allá de los datos de la cédula, es más importante la edad mental. Hay unos hombres supuestamente adultos que actúan como adolescentes, otros que no buscan una pareja sino una mamá, y otros que lo que necesitan en realidad no es una novia sino un psiquiatra.

¿Cómo es una cita perfecta?
Aquella a la cual uno llega con expectativa, la disfruta con intensidad y de donde sale con ganas.

POR VLADDO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 85 - MAYO - JUNIO 2019

Aleida

Aleida no envejece.

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Revista BOCAS

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