EL JEFE DE LA ACTUACIÓN

EL JEFE DE LA ACTUACIÓN

BOCAS entrevistó a Al Pacino, la gran leyenda del cine y el teatro.

al pacino

"Recuerdo que a los 12 o 13 años hice una obra y un tipo se me acercó después y me dijo: 'Oye, tú eres el próximo Marlon Brando'. Lo miré y le pregunté: '¿Quién es Marlon Brando?'”.

Foto:

Cortesía Netflix

Por: Por: Mario Amaya. 
24 de diciembre 2019 , 10:48 a.m.

AL PACINO ES UNA LEYENDA. ES CONSIDERADO UNO DE LOS ACTORES –TANTO DEL TEATRO COMO DEL CINE– MÁS GRANDES DE TODOS LOS TIEMPOS. SIN EMBARGO, ES TAN SENCILLO Y JOVIAL QUE PARECE MÁS EL VIEJO VECINO DE LA ESQUINA DE LA CUADRA QUE UN FENÓMENO DE LA ACTUACIÓN MUNDIAL. A SUS 79 AÑOS, SE MANTIENE TAN VIGENTE COMO SIEMPRE. “EL JEFE” HABLÓ CON BOCAS DE SUS TIEMPOS DIFÍCILES EN EL BRONX; DE CUANDO FUE MENSAJERO; DE SUS PRIMEROS DÍAS EN EL TEATRO; DE LA MUERTE DE SU MADRE; DE SU ABUELO SICILIANO; DE LA CRISIS EXISTENCIAL QUE TUVO A MEDIADOS DE LOS AÑOS OCHENTA; DE SU RELACIÓN CON ROBERT DE NIRO Y MARTIN SCORSESE Y, CON MUCHO HUMOR, DE LA VEJEZ.

Alfredo James Pacino es una leyenda viviente. A sus 79 años de edad, y con una carrera superlativa que hace rato completó más de medio siglo, es de los pocos actores que han sido magistrales tanto en el teatro como en el cine. Por eso, biblias de la cinematografía como el IMDB (Internet Movie Data Base) y encuestas de fanáticos del cine en varias partes del mundo, lo han catalogado, a la par con Marlon Brando, como el mejor actor de cine de la historia. “Por su estilo de actuación intenso y explosivo”, han dicho.

Su interpretación como Frank Slade, un teniente coronel retirado e invidente en Scent of a Woman, le otorgó en 1993 el Premio de la Academia como mejor actor, el único que ha ganado hasta el momento. ¿Solo uno? Sí. Una completa curiosidad para quien se ha comprometido a fondo con todos sus personajes, al tiempo que ha dominado la pantalla a su gusto.

Pero todo esto dista mucho de sus comienzos. Pacino creció en la pobreza del Bronx, en Nueva York. Fue un niño que sufrió el abandono de su padre, criado por una madre trabajadora y por sus abuelos. “Crecí en una familia con tres mujeres y mi abuelo. Mi madre, mi tía y mi abuela, y todas tenían sus reglas de juego. Y fue una época dura en el sur del Bronx, de donde vengo, porque éramos muy pobres, pero tuve mucha suerte, porque cuando las cosas se pusieron calientes, pude salir de allí. Salí a las calles y viví muchas aventuras. Fue difícil para mí crecer, más cuando mi abuela y mi madre eran relativamente jóvenes. Mi madre me tuvo muy joven y sé que no fue fácil para ella sacarnos adelante. Y de igual forma, se fue de este mundo muy joven, de 43. Pero le debo mucho a ese período de mi vida. Les debo mucho a ellas y a mi abuelo”, comenta al recordar su infancia.

Nacido el 25 de abril de 1940 en East Harlem, Nueva York, Al Pacino fue criado por su madre, Rose, y sus abuelos maternos, Kate y Frank Gerardi, en el Bronx (a donde se mudaron), después de que su padre, Salvatore, un vendedor de seguros y restaurador, abandonó a la familia cuando Pacino tenía dos años de edad.

Fue su madre quien lo alentó a hacer teatro y quien le impregnó el cariño por el cine. En su escuela, a sus 12 y 13 años, Al se metió en cuanta obra de teatro pudo. Luego, en su adolescencia, se matriculó en la escuela de interpretación neoyorquina High School for Performing Arts. Así alivió la soledad y la timidez representando escenas de The Lost Weekend.

Luego, tras abandonar el colegio cuando tenía 17 años, fue elegido para actuar en la obra Creditors de August Strindberg, dirigido por Charlie Laughton, quien lo convenció de que podía ser un actor de verdad. Pacino pasó a entrenar con Herbert Berghof y luego en el legendario Actors Studio bajo la batuta de Lee Strasberg, adquiriendo la intensidad de actuación del método que lo impulsó al estrellato.

“Me acuerdo que tenía unos 16 años cuando abandoné la escuela para ponerme a deambular por el vecindario, a veces durmiendo en los escenarios de pequeños teatros, pasando de producción a producción. Se me había metido en la cabeza que esto de andar haciendo obras teatrales podía sacarme de ese aburrimiento que tenía de la vida. Recuerdo estar sentado en la parte de atrás todas las noches, viendo las obras, y me pagaban por limpiar los escenarios y así es como vivía. Ese ambiente me alimentó y quería estar allí; creo que ahí es donde aprendí todo. Fue cuando conocí en un bar, a mis 17 años, a Charlie Laughton, el hombre que prácticamente le dio un nuevo giro a mi destino al llevarme a la escuela de teatro de Herbert Berghof. Gran amigo y gran maestro. Él me enseñó mucho de lo que sé hacer hoy”.

MI MADRE HABÍA MUERTO Y YO ESTABA SOLO Y SIN CASA, EN REALIDAD NO TENÍA HOGAR. ASÍ QUE SOLÍA DORMIR EN EL ESCENARIO DEL TEATRO DONDE A VECES INTERPRETABA ALGÚN PAPEL EN LA NOCHE, LO CUAL ERA DIVERTIDO

En 1969, debutó en Broadway en la obra Does the Tiger Wear a Necktie?, actuación con a que consiguió ganar el premio Tony. En ese mismo año, inició su carrera en el cine con Me, Natalie, una película dirigida por Fred Coe.

Pronto se convirtió en un suceso, gracias a una interpretación icónica: The Godfather (1972), por la que recibió una nominación al Óscar a mejor actor de reparto. El papel de Michael Corleone fue uno de los más buscados de la época: Robert Redford, Warren Beatty, Jack Nicholson, Ryan O’Neal, Robert De Niro y muchos otros actores buscaron conseguir ese rol, pero el propio director Francis Ford Coppola quiso a Pacino en el papel.

También fue nominado al Óscar como mejor actor principal por Serpico (1973), El Padrino 2 (1974), Dog Day Afternoon (1975) y And Justice for All (1979).

En 1983, Pacino asumió otro papel icónico –un gánster vicioso– con el cual consolidó esta película en una obra de culto ultraviolenta: Scarface. “Tengo tantos recuerdos de esa época, porque fue cuando la gente realmente comenzó a verme con ojos diferentes en todas partes, tal vez con algo de temor de que de alguna forma yo pudiera ser como los personajes que interpretaba, algo que obviamente nunca fue así”.

También apareció en muchas otras producciones de diferentes temáticas como Sea of Love (1989), The Godfather: Part III (1990) y Dick Tracy (1990), para entrar en modo romántico con Frankie y Johnny (1991). En 1993, finalmente ganó el Premio de la Academia a Mejor Actor por su increíble actuación en Scent of a Woman (1992).

En los siguientes años, Pacino se sentiría más cómodo con la actuación y las películas como un negocio, logrando grandes papeles en películas como Carlito’s Way (1993), al igual que el épico drama criminal Heat (1995) que coprotagonizó con Robert De Niro. Durante este período, apareció en City Hall (1996), Donnie Brasco (1997), The Devil’s Advocate (1997), The Insider (1999) y Any Given Sunday (1999).

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"Yo siento a Bob [Robert de Niro] como un hermano y confío en él. Y hoy tengo que agradecer a Bob por obtener esta parte en El irlandés, ya que esta fue su idea".

Foto:

Cortesía Netflix

En el siglo XXI, Pacino protagonizó una serie de éxitos de taquilla teatrales, incluyendo Ocean’s Thirteen (2007), pero su elección en papeles de televisión como en la miniserie de HBO Angels in America (2003) y su retrato sensible de Jack Kevorkian en la película de televisión You Don’t Know Jack (2010) y Paterno (2017), recuerdan las elecciones más audaces que tuvo al comienzo de su carrera. Cada proyecto televisivo le valió un premio Emmy a mejor actor principal en una miniserie o una película.

Hoy, este actor neoyorquino puede verse en Netflix interpretando a Jimmy Hoffa –el histórico líder del sindicato de trabajadores de Estados Unidos– en la última película de Martin Scorsese, El irlandés.

Aunque nunca se casó, Al Pacino tiene una hija, Julie Marie, de 30 años de edad, que tuvo con la profesora de actuación Jan Tarrant, y un par de gemelos, Anton James y Olivia Rose, de 18 años de edad, que tuvo con su ex novia Beverly D’Angelo. Recientemente tuvo una relación de 10 años con la actriz argentina Lucila Polak Solá, que es 36 años menor que él.

Energético, simpático, amable y siempre con unas ganas de hablar –que contrasta con otras épocas donde era conocido por su hermetismo–, BOCAS conversó con este célebre actor sobre su vida y obra, en una nublada tarde, en el bar de un lujoso hotel de Beverly Hills, California.

NO SÉ POR QUÉ DIABLOS NO ESTUVE EN EL ELENCO DE GOODFELLAS. SEGURAMENTE MARTY (SCORSESE) ME VEÍA DEMASIADO MALO PARA SU GUSTO EN ESA ÉPOCA

Usted tuvo grandes profesores de actuación como Lee Strasberg o Stella Adler. ¿Fue con ellos cuando se enamoró de la actuación y cuando se dio cuenta de que realmente podía vivir de actuar?
Cuando era niño, solo era un niño... No sé si me enamoré de esto, pero me di cuenta de que podía hacerlo. Me di cuenta de que era una forma de llamar la atención y salir de ciertas clases en la escuela porque nunca me gustó la escuela. Así que me la pasaba en las obras de teatro de la escuela y pensé que sería un actor porque sonaba como algo viable. Recuerdo que a los 12 o 13 años hice una obra y un tipo se me acercó después y me dijo: “Oye, tú eres el próximo Marlon Brando”. Lo miré y le pregunté: “¿Quién es Marlon Brando?”. [Risas]. Entonces comenzó a darme un sermón y así fue la cosa. Tras eso fui al Performing Arts con una ayuda financiera y recuerdo que me encantaron las cosas que aprendí, pero la gente sentía que yo era demasiado joven, tenía 15 años.

¿Mal estudiante?
Me encantaba el inglés, pero, de resto, nulo. Recuerdo haber entrado a la clase de español y la maestra les estaba hablando en español a los estudiantes, quienes ya tenían dos años de español y se suponía que debía hablar español con ellos. No sabía de qué estaba hablando, era un caos total. Entonces comencé a ayudar a la enfermera de la escuela porque era mucho más divertido e interesante [risas]. Pero tuve que salir de la escuela, tuve que ir a trabajar, tuve que dejar la escuela para ir a trabajar porque mi madre estaba enferma. Así que yo vivía en el área de Greenwich Village cuando tenía 16, ya tenía una habitación allí. Estaba enviando dinero, haciendo trabajos ocasionales, para mantenerme a mí mismo y a mi madre, durante un par de años. Pero luego conocí a Charlie Laughton, mi querido amigo que luego falleció. Charlie, que fue mi mentor, ya era mayor. Él me presentó todo un mundo, especialmente la literatura. Fue entonces cuando comenzó mi lectura.

¿Qué pasó entonces?

Fue cuando comencé a ir al estudio Berghof y no sabía que iba a hacer algo espectacular en términos de un cambio en mi vida. Era un mensajero en la ciudad, era un mensajero en bicicleta. Así es como aprendí a conocer bien Manhattan, recorriéndola en bicicleta 11 horas al día. Así que, unos años más tarde, fui y conocí al tipo que era el despachador allí. Su nombre era Frank Biancamano. Entré a una audición que supe por un periódico de clasificados. Hice una audición para él. Era algo llamado la Galería del Actor y era un tipo de cosa completamente diferente a lo que yo pensaba. Yo estaba allí trabajando y en ese momento no tenía hogar. Mi madre había muerto y yo estaba solo y sin casa; en realidad no tenía hogar. Así que solía dormir en el escenario del teatro donde a veces interpretaba algún papel en la noche, lo cual era divertido.

¿No era agobiante sentirse solo en esa situación?
No, porque ya sentía que pertenecía a un grupo de artistas en ese círculo. Recuerdo estar con Charlie y reunirme con un grupo de personas con las que me quedé, que eran actores y artistas. Y de repente me pregunté a dónde iba yo con esto, pero sabía que era algo que me llamaba. Y luego hice esta obra llamada Los acreedores, de August Strindberg, y fue un catalizador. En resumen, ese fue el momento en que me di cuenta de que este trabajo me iba a salvar la vida, y así fue. Y descubrí que esto es lo que quería hacer, pasara lo que pasara, fuera lo que fuera, no lo pensé dos veces. Solo pensé en poder participar en este tipo de cosas. Y me siento afortunado por seguir mi instinto.

Los nombres Al Pacino y Robert De Niro se han mencionado en la misma frase a lo largo de los años muchas veces, definiendo una generación de actores. ¿Puede hablar de su relación con él?
Por supuesto, lo conocí cuando era joven; estábamos en nuestros veinte, mediando los veinte. Y allí estaba, lo conocí en la calle 14. Estaba viviendo en la calle 14, entre las avenidas B y C, con mi maravillosa novia, que era Jill Clayburgh, quien ya falleció. Estuvimos muy unidos, estuvimos juntos muchos años y ella conocía a Robert por Sarah Lawrence y trabajaron juntos en películas con Brian de Palma. Y lo conocí en la calle y me lo presentaron. Nunca lo olvidaré. Y pensé que cuando lo conocí era un tipo interesante. Y hasta le dije a ella: “Quién es este tipo? Es un tipo interesante”. Él transpiraba una especie de actitud, ni siquiera lo entendía, pero lo sentí. Y ella dijo, “Oh, él es un gran actor, trabajé con él”. Y algo sucedió en el curso de nuestras vidas que nos unió, probablemente fue porque vivíamos una vida parecida al mismo tiempo, como desconocidos hasta el año 69 o 70, supongo. Pero yo estaba en teatro, y eso era algo diferente. Y luego nuestras carreras comenzaron a ser paralelas y nos comparaban entre sí, y había muchas cosas sobre todo eso. Y nos encontraríamos de vez en cuando en el curso de nuestros trabajos.

¿No sintieron competencia?
No, nunca. Probablemente era un poco diferente en ese entonces cuando te hacías famoso, no era algo de lo que se hablaba mucho o de fácil acceso. La fama nos tomó por sorpresa, por así decirlo, es que te sucede cuando te colocan en esa posición. Y hay un período de ajuste. Y Bob y yo nos veíamos ocasionalmente y hablábamos de eso, de lo que nos estaba pasando. Y creo que eso nos dio un tipo de vínculo que hemos mantenido en todo momento. Yo siento a Bob como un hermano y confío en él. Y hoy tengo que agradecer a Bob por obtener esta parte en El irlandés, ya que esta fue su idea, todo este proyecto fue idea suya. Él atrapó a Marty (Scorsese) y me atrapó con él, con quien nunca había trabajado antes. Así que ese es el tipo de cosas que tenemos y el tipo de persona que es.

¿Nunca había trabajado con Scorsese?
¿Puedes creerlo? [Risas]. No sé por qué diablos no estuve en el elenco de Goodfellas, seguramente Marty [Scorsese] me veía demasiado malo para su gusto en esa época [Risas].

¿Por qué cree que la gente siente esa fascinación por este tipo de películas de la mafia?
Bueno, hay varios factores, pienso. Hay periodos en nuestro mundo donde las cosas han sido turbias, ya sabes, la historia de los italoamericanos en este país es muy interesante. Pero toma generaciones antes de que salgan a relucir las cosas. En todos los grupos étnicos, y ciertamente con los italoamericanos, en algún momento cierto tipo de cosas se ponen de moda. En los años 70, antes de que llegara Richard Conte, estuvo Ben Gazzara. Richard Conte fue el primero en abrirse paso. Aquí, los que éramos más jóvenes siempre pensamos en cambiar nuestro apellido, no queríamos terminar repitiendo y deletreando nuestro apellido a todo el mundo. Igual que si eras judío: Bernie Schwartz se convirtió en Tony Curtis [Risas]. Eso fue algo real que todos y lo aceptamos en esa época. Esa era la locura del mundo, y cómo cambiaba, pero es un lugar diferente ahora. Hubo un momento en que no pensabas en actuar si tenías una vocal al final de tu nombre; era una locura.

¿Alguna vez le dijo a su familia que quería ser actor?
¡Claro que lo hice! Y mi madre decía: “¿Vas a ser actor?”. “¿Que qué?“ Entonces a eso es a lo que iba, la conexión con el apellido italiano. Pero al mismo tiempo, mis maestros para mí fueron muy alentadores: mi madre, mi abuela, y mi abuelo que no participó particularmente, pero es por eso que estoy aquí. Mi abuelo era siciliano y es por eso que estoy aquí. Era un verdadero neoyorquino; llegó a América cuando tenía cuatro años. Así que era un chico de Nueva York, era muy inteligente, muy divertido y por eso estoy aquí. Pero al mismo tiempo, volvamos a los italianos y las vocales [Risas]. Creo que cuando llegaron los años 70, fue de alguna manera un avance porque antes de eso fueron Ben Gazzara, Tony Franciosa, actores maravillosos y fantásticos que se convirtieron en estrellas. Luego, por supuesto, estaba Dustin Hoffman, que usaba su nombre, era judío y nació y no era lo que llamarías una estrella de cine convencional. E hizo esa gran película que es El Graduado. Es asombroso. Y luego apareció El Padrino, creo que tuvo mucho que ver porque yo estaba en Broadway y ya había ganado un Tony. Pero realmente era El Padrino y ese mundo, cosa de Francis Coppola comenzó a ser algo accesible y estar de moda. Y luego vinieron estas personas como De Niro y Stallone, Travolta. Fue este período de eso, fue un momento muy interesante. Y estábamos todos juntos. Y especialmente Bob [De Niro] y yo estábamos juntos. Y creo que eso es lo que sucedió aquí.

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"Me encontré con un obispo el otro día y le ofrecí disculpas por The Devil’s Advocate [El abogado del diablo] y él dijo: 'Tranquilo, hijo, estás perdonado'. Así que fui absuelto".

Foto:

Cortesía Netflix

¿Cuál ha sido el punto más alto y el más bajo de su carrera?
Es interesante, porque donde está la carrera, luego está la vida misma. Y no sé, tendría que sentarme y reflexionar y deprimirme mucho. ¿Quieres eso ahora? [Risas]. La carrera es un poco más fácil, creo. Probablemente la gente recordará que paré de actuar por un tiempo, como cuatro años, a mediados de los ochenta, que es mucho tiempo para que un hombre más joven deje de actuar. Pero lo hice. Ese tipo de cosas simplemente suceden, ¿verdad? Y pensé, no sé lo que estoy haciendo aquí ahora, por qué estoy haciendo esto, y no tenía familia ni nada y realmente me alejé de actuar. Y recuerdo que en ese momento conocí a Diane Keaton, estuve con ella durante cinco años y fue genial. Ella me dijo: “Tienes que volver, tienes que hacer cosas”. Bueno, antes que nada, no podía permitirme el lujo de no hacerlo, tenía que regresar, el dinero no llega en árboles. Estaba quedándome sin entradas. ¿Y qué más sabía yo hacer? ¡Tenía que seguir actuando! [Risas].

¿Por qué se alejó de la actuación?
No lo sé. Tal vez podría decir que me preguntaba un poco dónde estaba parado; alguna clase de crisis existencial. Tuve un par de películas que no funcionaron. Recuerdo que me sentí mal por una película que había hecho porque no estaba terminada y me desanimó un poco. No la terminaron, la abandonaron. Recuerdo que eso me molestó. Entonces, solo dije, descansaré de esto por un tiempo. Y creo que regresé porque esto es lo que hago bien. Pero me dije a mí mismo que creo que también volví porque necesitaba el dinero, francamente.

¿Recuerda la primera vez que estuvo en una sala de cine y vio una película que lo haya realmente impresionado?

Recuerdo cuando mi madre solía llevarme al cine. Era solo un bebé, de tres, cuatro o cinco años. Y ya a esa edad iba y veía películas. Y recuerdo que mi madre me llevó a ver The Lost Weekend, con Ray Milland, a las cinco de la tarde. Ella trabajaba y quería estar con su bebé y quería ver una película. Y vi esa película y me sentí tan afectado, de una manera que realmente sentiría después al ver todas las películas a las que mi madre me llevó. No teníamos televisión, así que teníamos acceso solo a estas películas a las que me llevó. Ya en casa, mi madre me ponía a representar todas las partes de la película que veíamos. Interpretaba todos los roles, pude hacerlo a esa edad. Me alegro de que ya no tengo que hacer eso, solo tengo un papel y eso es suficiente [risas]. Recuerdo que interpretaba la parte de Ray Milland cuando buscaba la botella de alcohol que había dejado en algún lugar cuando estaba borracho. Si alguien nos visitaba, mi madre decía: “Hijo, haz la escena de The Lost Weekend”. Y hacía esta escena con tanta intensidad que mis parientes se reían. Y pensaba, esto no es gracioso, ¿por qué se están riendo? Bueno, es porque tenía cinco años [Risas].

¿Habría un papel difícil de interpretar hoy?
¿Un papel difícil? Tal vez si me pusieran a interpretar a Dios. Entonces yo diría: “¿Estás bromeando?” ¡Pero igual estaría listo! [Risas]. Quiero decir que, si interpreté al diablo en su momento, también podría interpretar a Dios. Pero debo decir que es difícil hacer el papel del diablo, mi culpa católica me atrapó. Pero me encontré con un obispo el otro día y le ofrecí disculpas por The Devil’s Advocate (El abogado del diablo) y él dijo: “Tranquilo, hijo, estás perdonado”. [Risas]. Así que fui absuelto. Soy muy afortunado. Puedo asumir roles que son desafiantes. Y creo que eso es enorme. Pueda que mi físico se sienta un poco cansado, pero al mismo tiempo me siento bien con mi energía, la tengo todavía.

¿Cuál es el consejo más útil o valioso que ha obtenido?
Lee Strasberg me dijo: “Mi estimado, simplemente tienes que adaptarte. Simplemente tienes que adaptarte”. Y me tomó un buen tiempo hacerlo. Hay que ajustarse y seguir adelante ante los cambios, porque eso es la vida, un constante cambio.

¿Cambió mucho este negocio en comparación a hace 20 o 30 años?
Diré la verdad, el día que ya no quisiera hacer esto más, no lo haré. Soy la misma persona que ha existido durante 50 años. A veces siento que estoy excusándome porque sigo haciendo esto, pero mientras haya desafíos y tenga la oportunidad, lo sigo haciendo.

¿Cuál es la peor parte de ser una celebridad y cuál es la mejor parte?
Lo peor, especialmente cuando era más joven, que tienes que pasar por un proceso de separación de relaciones, no solo con las mujeres, sino con todo el mundo. Y la mejor parte es una lista interminable [Risas]. Obtienes un reconocimiento inicial, lo que significa también una confianza inicial; la gente quiere hablar contigo; entras en restaurantes y aviones. Obtienes muchas ventajas en esa área. Pero también a veces los autobuses turísticos vienen a mi casa como parte de un paquete para visitantes, y es difícil vivir con ellos, pero eso es parte del juego.

¿Qué es lo bueno de ya casi llegar a los 80 años?

Debería haber muchas cosas buenas, pero en realidad, parece que no. [Risas]. Piensas que tal vez eres un poco más sabio, pero eso no significa nada, es solo ser un poco más sabio. Creo que me siento un poco mejor sobre las cosas, sobre las personas, sobre el mundo, ya que este mundo es increíble.

“¿UN PAPEL DIFÍCIL? TAL VEZ SI ME PUSIERAN A INTERPRETAR A DIOS. ENTONCES YO DIRÍA: “¿ESTÁS BROMEANDO?” ¡PERO IGUAL ESTARÍA LISTO! QUIERO DECIR QUE, SI INTERPRETÉ AL DIABLO EN SU MOMENTO, TAMBIÉN PODRÍA INTERPRETAR A DIOS

POR: MARIO AMAYA
FOTOGRAFÍA CORTESÍA NETFLIX
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 92. DICIEMBRE 2019- FEBRERO 2020

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