UN AVIÓN CON ALGO MÁS

UN AVIÓN CON ALGO MÁS

Por qué un ministro de Estado alquila un avión privado para sus desplazamientos? Por qué el avión llevaba un solo tripulante? Puede una dependencia oficial -un ministerio- contratar un servicio de transporte aéreo con un particular? Si el avión estaba en préstamo, quién certifica las condiciones de seguridad de la aeronave? Escogieron ese avión por razones de austeridad? En una nave comercial, todos los ocupantes tendrían derecho a una indemnización. En este caso, quién va a pagar? El próximo accidente será el del vetusto Fokker presidencial? Dios no lo permita.

19 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Por qué un ministro de Estado alquila un avión privado para sus desplazamientos? Por qué el avión llevaba un solo tripulante? Puede una dependencia oficial -un ministerio- contratar un servicio de transporte aéreo con un particular? Si el avión estaba en préstamo, quién certifica las condiciones de seguridad de la aeronave? Escogieron ese avión por razones de austeridad? En una nave comercial, todos los ocupantes tendrían derecho a una indemnización. En este caso, quién va a pagar? El próximo accidente será el del vetusto Fokker presidencial? Dios no lo permita.

Las anteriores no son inquietudes mías sino de un lector que de seguro comparten otros más. Y que de alguna forma -aunque no totalmente- quedan absueltas con la noticia de que al tener que reforzar sus medidas de seguridad por el desafío que le han planteado las Farc, el Jefe del Estado finalmente ha decidido cambiar el avión presidencial, sujetándose a criterios de seguridad y austeridad.

Sin embargo, en estas materias, lo barato sale caro. En este sentido -explican los entendidos-, el avión presidencial debe tener un dispositivo infrarrojo, independientemente de muy buenos equipos electrónicos, mantenimiento adecuado, entrenamiento constante de pilotos, mecánicos, ingenieros e inspectores de calidad. Y debe tener asimismo excelentes y seguros sistemas de comunicación.

El FAC 001, adquirido de segunda durante la época de Misael Pastrana -hace ya la friolera de más de 30 años-, su hijo, Andrés Pastrana, quiso a última hora cambiarlo por un Boeing 757, que tenía varias limitantes. Comenzando por el hecho de que no reunía las especificaciones técnicas ni de seguridad requeridas, ni tampoco podía aterrizar en todos los aeropuertos del país. Y lo obvio era, como finalmente ocurrió, que tal decisión recayera en manos del nuevo Gobierno.

Aunque inicialmente Uribe dijo que no cambiaría el avión -por razones de costos-, hoy es un hecho que necesita hacerlo. En general, los ministros solo utilizan el Fokker-28 cuando van con el Presidente, lo cual constituye otro problema si no viajan con él, pues apelan a lo que pueden: líneas comerciales, ceñidos a itinerarios fijos, o aviones inseguros, como en el que iba el ministro Juan Luis Londoño, que no solamente no son turbohélice sino que ni siquiera están presurizados.

El Gobierno, según se ha dicho, no quiere un avión grande sino uno que sea rápido y con una autonomía de vuelo que eventualmente permita determinados periplos al exterior sin tanta escala técnica. Comprar un avión de 120-160 sillas en configuración comercial normal, como los A-319 o los A-320 de Airbus, o los Boeing 737, de segunda, al reconfigurarlo para clase VIP (con unas 50-60 sillas) y colocarle el sistema de contramedidas electrónicas, puede costar entre 25 y 30 millones de dólares. Si es nuevo valdría cerca de 50 millones.

Es más. Aparte del FAC 001, entiendo que el único avión oficial aceptable que existe lo tiene el Ministerio de Defensa: un pequeño jet Cessna Citation, que permite desplazamientos veloces, aunque sin mucha autonomía de vuelo. Y aunque personajes como el Comandante de las Fuerzas Militares y el del Ejército, el Director de la Policía, el Fiscal y el Procurador recurren con frecuencia a aeronaves como los Superking, presumiblemente seguras, estas no dejan de ser frágiles, sobre todo en estado de guerra. No hay que olvidar que en una de ellas el general Mora tuvo que aterrizar de barrigazo en Bogotá hace pocos años por un problema técnico.

El avión presidencial debe tener capacidad de aterrizar en los principales aeropuertos del país. Ya desde allí sus pasajeros pueden hacer un transbordo a otro medio de transporte, aéreo o terrestre, hasta las demás localidades. Y como de la integridad del Jefe del Estado se trata, se le deben adicionar tanques de combustible para que, si es necesario, logre sobrevolar un período lo suficientemente largo que permita asegurar aquella zona que esté bajo sospecha antes de tocar tierra. Cabe recordar que Bush permaneció varias horas en el aire el 11 de septiembre del 2001, por la incertidumbre que existía para aterrizar en Washington en esas circunstancias de vulnerabilidad.

* * * * *.

El cambio de avión no es del todo la solución ideal para la seguridad del Presidente, sus ministros y demás altos funcionarios, sino mucho depende también de la eficacia de los cuerpos de seguridad del Estado. En Colombia nunca han asesinado a un Presidente, al menos desde el siglo antepasado. En cambio, en los poderosos Estados Unidos, sí. Pero está claro que las reglas de juego han variado radicalmente en nuestro país, no apenas para tales funcionarios sino para toda la población.

De ahí la importancia no solo de reforzar la seguridad de los distintos personeros del Estado y de núcleos de concentración colectiva, sino sobre todo de prevenir anunciados ataques. Al igual que identificar a los responsables de recientes atentados terroristas y capturarlos, como por ventura está comenzando a ocurrir.

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