FMI: UN NUEVO ACUERDO I

FMI: UN NUEVO ACUERDO I

Se acaba de firmar un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y la opinión pública en Colombia empieza el año 2003 con una justificada expectativa: será que va a producirse la anhelada recuperación económica después de una década entera de lamentable comportamiento económico? o, por el contrario, vamos a continuar en caída libre hacia una situación de empantanamiento de nuestro sistema productivo?

18 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Se acaba de firmar un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y la opinión pública en Colombia empieza el año 2003 con una justificada expectativa: será que va a producirse la anhelada recuperación económica después de una década entera de lamentable comportamiento económico? o, por el contrario, vamos a continuar en caída libre hacia una situación de empantanamiento de nuestro sistema productivo?.

Cada vez que se anuncia un acuerdo de esta naturaleza con el Fondo surgen las explicables voces de optimismo en el sentido de que el consabido ajuste económico negociado con la entidad internacional va a corregir lo que ha estado mal en nuestro sistema y a sentar las bases de una nueva prosperidad por todos angustiosamente esperada.

Por lo general se producen en los medios expresiones de conformidad y natural complacencia porque, al parecer, se encontró finalmente la ruta que va a llevarnos a un puerto seguro y a la solución de todos los problemas que vienen quebrantándonos hace tanto tiempo.

El Fondo Monetario después de todo es la entidad en la que el grueso de los países del mundo ha depositado su confianza como instrumento de revisión y análisis de la salud económica de los distintos miembros de la comunidad internacional. Pero el Fondo no es infalible ni puede asegurarse que su tarea se cumpla siempre dentro de las normas de objetividad y equilibrio que sustentaron su constitución y regulan su existencia. Al fin y al cabo el Fondo no solo es un cuerpo técnico sino también un cuerpo eminentemente político sometido a las complejas fuerzas que regulan la vida entre naciones y gobiernos.

En estos artículos que hemos preparado sobre esta sensible materia nos proponemos varias cosas. Primero y como antesala a un juicio crítico sobre el alcance del acuerdo entre Colombia y el Fondo queremos dar un vistazo sobre los principios que rigen la entidad y los antecedentes que llevaron a un grupo amplio de países del mundo a establecer los objetivos y políticas que hoy le dan a las decisiones del Fondo Monetario Internacional ese inefable sabor inquisitorial y dramático que todos temen. Para el común de las gentes, el Fondo en el campo monetario significa lo que en el siglo xv representaba tomas de Torquemada en el religioso. Pero una breve incursión en los orígenes del Fondo nos permite entender que esta no es una entidad fanática e inflexible con los mismos vicios que llevaron al papa Alejandro VI a frenar los excesos del fraile dominicano en Castilla y León. El Fondo responde, desde luego, a intereses económicos y financieros de grandes países, pero también tiene que responder sin vacilaciones a los grandes intereses del conjunto de países más pobres en vías de desarrollo. el balance final de su actitud lo definirá la manera como estos últimos articulen y defiendan sus propias aspiraciones.

En segundo lugar parece indispensable investigar la reciente experiencia colombiana sobre la forma como ha encausado su política macroeconómica dentro de la sabiduría convencional que ha guiado al Fondo Monetario en la época reciente de la globalización. A nuestro juicio esta no ha sido una experiencia saludable. El Fondo se ha equivocado y con él se ha equivocado un gran número de funcionarios públicos colombianos que tenían la obligación de contradecir al Fondo cuando éste trataba de imponer una estrategia universal que ha resultado flaca, contradictoria y profundamente lesiva de los grandes intereses de la población.

Vale la pena, por lo tanto, mirar el caso colombiano dentro de esos antecedentes que guiaron la creación del Fondo Monetario, tanto en cuanto lo que ha ocurrido en todos estos años de la crisis, como en cuanto a lo que ahora se ha propuesto para devolver la solvencia y el equilibrio a una economía nacional profundamente debilitada por una estrategia que fue mal inspirada y peor ejecutada a lo largo de toda una década.

Nos proponemos mirar hacia atrás los arreglos sucesivos de Colombia con el FMI identificando los vacios y las equivocaciones que produjeron la crisis y a ver el alcance de las rectificaciones del propio Fondo y de los funcionarios colombianos que las aceptaron y patrocinaron. Y examinar lo que ahora se propone en el acuerdo de mediados de enero.

La conclusión no es buena y lleva a un sentimiento involuntario e indeseable de frustración y desesperanza. El presidente Uribe está haciendo un esfuerzo colosal para reorientar el tema de la seguridad y de la paz. En esto un inmenso número de colombianos lo estamos acompañando convencidos de que una solución en este campo es absolutamente indispensable para una solución económica y social duradera, pero al mismo tiempo miramos con aflicción que sin un viraje robusto en el campo del manejo económico esta solución es solo un espejismo.

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