LAS PORRAS TAURINAS

LAS PORRAS TAURINAS

Los domingos de toros caminan presurosos por la carrera séptima de Bogotá, llevan en su cabeza una boina roja con borla negra, visten pantalón negro, camisa blanca y bufanda roja o vasca (cachucha) terracota, pantalón gris, camisa blanca, saco blanco y bufanda terracota o cachucha negra y saco rojo o cachucha negra y chaleco verde, casi todos tercian sobre sus hombros una bota marcada con tres zetas.

26 de enero 2003 , 12:00 a.m.

Los domingos de toros caminan presurosos por la carrera séptima de Bogotá, llevan en su cabeza una boina roja con borla negra, visten pantalón negro, camisa blanca y bufanda roja o vasca (cachucha) terracota, pantalón gris, camisa blanca, saco blanco y bufanda terracota o cachucha negra y saco rojo o cachucha negra y chaleco verde, casi todos tercian sobre sus hombros una bota marcada con tres zetas.

En la calle, desfilando hacia la Plaza, producen risas y causan hilaridad, parecieran pertenecer a una comparsa o a un grupo de teatro callejero. Dentro de la Plaza de Toros le dan colorido a los tendidos y son su voz cantante.

Hacen parte de las once Porras, Peñas o Asociaciones Taurinas de Bogotá, algunas de las cuales nacieron antes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Desde esa época año tras año compran sus entradas desde mayo. Son unos 500 hombres y mujeres que se reunieron para ir a toros y para hablar de toros antes, durante y después de cada corrida. Se supone que son quienes más saben porque no han capado tarde de toros.

Toda una tradición.

Durante más de seis décadas han ejercido el liderazgo de las broncas en contra del Presidente de la Plaza por sus decisiones equivocadas; en contra de las ganaderías por el poco juego de sus toros; en contra de las empresas por contratar toreros mediocres y, en fin, en contra de cualquier situación anómala. Protestas respetuosas, pero en fin protestas. Hacen parte del respetable (público) que tiene voz y voto en la Plaza. Y, también, son quienes más se emocionan ante las buenas actuaciones. De hecho otorgan 11 trofeos: a la mejor vara, al par de banderillas más extraordinario, al subalterno de mejor desempeño, a la faena más honda, al toro de mejor juego.

Se acostumbraron a ver los toros en grupo y como grupo actúan de manera coordinada. Si uno chifla todos los demás lo siguen. Si uno grita los otros potencian esa voz. En casos extremos se levantan de las gradas y le dan la espalda al ruedo. En otras oportunidades despliegan pancartas con leyendas como presidencia equivocada; malo ganadero. Si la corrida es un petardo se ponen de pie, sacan las boletas de sus bolsillos y gritan durante minutos: pagamos y exigimos.

Gilberto Mejía, miembro de las Boinas Rojas y Presidente de Fedetaurinas, organización que reúne a todas las asociaciones, asegura que aún cuando en toros nadie tiene la verdad revelada, su papel en la Plaza es el de servir de organizadores de la afición. Aficionados que, en su mayoría, comenzaron como él, a ver a toros sentados en la rodilla de sus padres.

Costumbre que se repite y que va ya por la tercera generación, porque son muchos los aficionados de las Porras que llevan ahora a sus nietos.

Para Carlos Humberto Barajas, Presidente de la Peña La Giralda, padre de dos jóvenes novilleros, su contribución ha sido importante. Hemos ayudado a instaurar en la Plaza un ambiente de crítica con tolerancia, muy distinto a la que se vive en los estadios. Hemos conformado un público educado. En la Plaza nuestro comportamiento es comparable con el de los asistentes a una misa: respetuoso y solemne.

Después de cada corrida se reúnen en los condumios, en donde analizan toro por toro, torero por torero. Todo aquello que merezca estudio vuelve a ser visto con interés de principiantes y con la misma emoción o mayor de la que vivieron en la Plaza.

Preparación.

Con anticipación de un mes se preparan para la temporada y el día de la primera corrida es una fecha tan importante como la de un gran acontecimiento familiar. La última corrida es vivida con tristeza porque saben que solo doce mes después volverán a sentarse en esas gradas, a calarse sus vascas y a llenar sus botas con un buen vino.

Con el fin de que la nostalgia no los amodorre, los porristas, peñistas, o asociados a las agremiaciones taurinas de Bogotá, las más numerosas del país, mantienen durante 10 meses contacto: organizan charlas, estudian el reglamento taurino, ven videos de tardes extraordinarias, van a tientas y se pasan escritos o comentarios que aviven esa afición que corre por sus venas.

En estos últimos años Fedetaurinos ha conseguido hacer un Festival Taurino fuera de la temporada, entrar a los sorteos de los toros previos a las corridas y visitar las ganaderías para observar y valorar los encierros de cada tarde.

Los porristas son, sin duda, la algarabía y la alegría de la tardes de toros en la Santamaría.

FOTO/Milton Díaz EL TIEMPO.

1- La bota es un elemento indispensable para las porras que asisten a la Santamaría.

2- En Bogotá existen 11 peñas, algunas de ellas tienen más de 50 años de historia. Ir vestidos de forma similar es una de sus características.

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