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EL PLAN B DE CUSCO

EL PLAN B DE CUSCO

Es extraño que en el país no se haya producido todavía una discusión pública sobre el plan B para solucionar el conflicto armado colombiano que surgió en la cumbre presidencial del Grupo de Río, celebrada hace poco en la histórica ciudad peruana de Cusco.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
07 de junio 2003 , 12:00 a. m.

Es extraño que en el país no se haya producido todavía una discusión pública sobre el plan B para solucionar el conflicto armado colombiano que surgió en la cumbre presidencial del Grupo de Río, celebrada hace poco en la histórica ciudad peruana de Cusco.

Hasta el día en que los presidentes de los países miembros del Grupo firmaron el Consenso de Cusco , las Naciones Unidas venían trabajando discretamente en la búsqueda de un diálogo entre el Gobierno Nacional y la guerrilla, en atención al pedido de buenos oficios del presidente Alvaro Uribe al secretario general de la ONU, Kofi Annan. Con aquella firma, ese pedido cambió en forma inesperada y esencial.

El apoyo del Grupo a Colombia, que antes se limitaba a las exhortaciones a la paz, no habría pasado de ser otra manifestación de buena voluntad entre países amigos, si no fuera por esta breve frase contenida en el Consenso : "Si este proceso no tiene el éxito deseado, el Grupo de Río, junto al Secretario General de la ONU y en coordinación con el gobierno de Colombia, buscará en una nueva consulta otras alternativas de solución".

Sólo una voz, la del presidente venezolano Hugo Chávez, se levantó para llamar la atención sobre lo que podría entrañar esa frase. Sus palabras no tuvieron mucho eco, pero ello no significa que deban pasar inadvertidas. Al fin y al cabo, Chávez participó en la reunión del Grupo y en su propio seno expresó reservas sobre las alternativas de las que se habló en la antigua capital del imperio inca.

El diario El Universal de México entrevistó al presidente Uribe después de la cumbre y le preguntó cuáles serían las tan mentadas alternativas. "Se verá en su momento", se limitó a responder el mandatario. Por lo tanto, cualquier ejercicio de imaginarlas es aventurado. Pero no faltan señales de lo que nuestro Presidente puede tener en mente. Es conocida su vieja idea de pedir cascos azules para Colombia. También su insinuación, en medio de la crisis de Irak, de que nuestro país amerita un despliegue militar como el dispuesto por Estados Unidos y Gran Bretaña en el Golfo Pérsico. Si a esto se agrega el plan B de Cusco, es fácil deducir que estamos ante un cambio de mucho alcance en la política internacional colombiana.

Lo que este cambio podría involucrar es nada menos que el abandono de un principio sostenido desde siempre por nuestra Cancillería, que además es pilar del derecho internacional: el de la no intervención, que está en la base misma de las relaciones entre Estados soberanos y se halla consagrado expresamente en las Cartas de la ONU y de la OEA.

Es cierto que no siempre aquel principio ha sido respetado por las grandes potencias y en especial por Estados Unidos. Pero su existencia, así solo se cumpla por vía de excepción, es mil veces preferible a su abolición. Más aún si esta última ocurre por iniciativa de uno de los países que han sufrido en carne propia (como ocurrió aquí hace un siglo), las dolorosas consecuencias de la intervención extranjera.

leovil@eltiempo.com.co

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