EL DIA DE LOS TRES PRESIDENTES

EL DIA DE LOS TRES PRESIDENTES

El golpe de cuartel que llevó a la Presidencia al general Gustavo Rojas Pinilla comenzó a gestarse el 7 de agosto de 1946, cuando el liberalismo perdió el poder, después de cinco presidencias. A pesar de que todos admitían que la división liberal representaba un riesgo, fracasó cualquier intento por lograr un acuerdo entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán, los dos candidatos del partido. La figura aparentemente bonachona y ecuánime de Mariano Ospina Pérez, el candidato conservador, hizo que los liberales minimizaran el peligro. Ospina era un dirigente cafetero moderado y ponderado, de quien nadie temía una acción intrépida o arbitraria. De otra parte, la plutocracia liberal no veía con buenos ojos alnegroi Gaitán y es posible que ello mantuviera la candidatura de Turbay hasta el final. Alfonso López Pumarejo máxima autoridad del partido en ese momento fatigado por los tortuosos enredos del hijo del Ejecutivo que le hicieron renunciar un año antes de completar su segundo perío

08 de junio 2003 , 12:00 a.m.

El golpe de cuartel que llevó a la Presidencia al general Gustavo Rojas Pinilla comenzó a gestarse el 7 de agosto de 1946, cuando el liberalismo perdió el poder, después de cinco presidencias. A pesar de que todos admitían que la división liberal representaba un riesgo, fracasó cualquier intento por lograr un acuerdo entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán, los dos candidatos del partido. La figura aparentemente bonachona y ecuánime de Mariano Ospina Pérez, el candidato conservador, hizo que los liberales minimizaran el peligro. Ospina era un dirigente cafetero moderado y ponderado, de quien nadie temía una acción intrépida o arbitraria. De otra parte, la plutocracia liberal no veía con buenos ojos alnegroi Gaitán y es posible que ello mantuviera la candidatura de Turbay hasta el final. Alfonso López Pumarejo máxima autoridad del partido en ese momento fatigado por los tortuosos enredos del hijo del Ejecutivo que le hicieron renunciar un año antes de completar su segundo período, escéptico y flemático por naturaleza, y más allá de la cumbre de su poder intelectual, resolvió no respaldar a ninguno de los candidatos y dejó a sus copartidarios en libertad de votar por cualquiera de los dos.

Había pasado la época de la República Liberal y la Revolución en marcha, y el López que introdujo al país en el siglo XX ya estaba en decadencia. Antes de morir, lloraría al recibir una distinción de la Universidad Nacional, por el arrepentimiento que sentía de haber abandonado las pautas que se trazó en 1936 y haber dejado a la deriva sus reformas, sus ideas y sus seguidores. A lo cual debe sumarse la personalidad del viejo López, que era un jugador a tres bandas, mientras su adversario Laureano Gómez era una fiera enloquecida que lanzaba todos sus golpes directos a la mandíbula. Lo que no alcanzó a ver López es que allí se inició el resquebrajamiento del Partido Liberal, hasta el punto de extinguirse a comienzos del siglo XXI.

La violencia.

Durante el primer año de gobierno de Ospina comenzó a funcionar la brutalidad aberrante de la violencia política, como la califica Monseñor Germán Guzmán en el libro que escribió en compañía de Orlando Fals y Eduardo Umaña. En noviembre de 1946, Ospina ya había decretado el estado de sitio para la zona de Bogotá y varios departamentos del sur, pues llegaban informaciones de más de 60 poblaciones por donde comenzaba a correr un caudaloso río de sangre.

Esa violencia que en el fondo era una verdadera guerra civil siguió creciendo en los años subsiguientes, hasta llegar a extremos increíbles, que no tienen comparación con los de cualquier época de la historia de Colombia. Bajo el amparo de gobernadores, alcaldes y policía, que eran cómplices o se hacían los ciegos, aparecieron las bandas de pájaros y chulavitas , equivalentes a los sicarios de los que hoy se hacen llamar Auc, cuya misión era la de impedir que los liberales pudieran votar. Se inició con el retiro de las cédulas, luego el desplazamiento de zonas de reconocimientos liberales, la obligación de abjurar del partido y, finalmente, como en los aludes causados por desprendimiento de los glaciares del Hucarán, el ajusticiamiento .

Las muertes violentas de liberales adquirieron formas demoníacas, con ayuda de la policía uniformada o de civil: corte de franela, corte de corbata, corte francés, corte de mica, corte de oreja, emasculación, profanación de cadáveres, picar para tamal, bocachiquiar, decapitación de mujeres embarazadas para extraerles el feto y reemplazarlo por un gallo vivo o muerto, crímenes sexuales con niñas menores. Todo esto y las diversas formas de torturas para que cante , constituye un verdadero tratado de tanatomanía , como lo afirma Monseñor Guzmán. Toda esta vesania recibió un nuevo impulso con el asesinato de Gaitán, el 9 de abril de 1948.

La reacción liberal fue débil inicialmente, pero luego dio forma a las guerrillas que comenzaron a crearse en los Llanos, Tolima, Valle y las regiones más afectadas. A pesar de toda esta persecución, los liberales ganaron por amplio margen las elecciones de mitaca celebradas el 5 de junio de 1949. Laureano Gómez, exiliado voluntariamente en España desde el famoso Bogotazo , regresó el 10 de junio y declaró: Ahora van a ver cómo se ganan unas elecciones .

La zozobra del país repercutió en el Congreso. Alvaro Gómez Hurtado repartió pitos entre los representantes conservadores, que armaban tremendas silbatinas para impedir a los liberales que hablasen. El 8 de septiembre, el representante conservador Carlos del Castillo asesinó de un certero balazo en el pecho al liberal Gustavo Jiménez, quien estaba hablando, y de paso hirió mortalmente a Jorge Soto del Corral, una de las eminencias liberales. En la limpieza posterior del salón se dijo que habían encontrado 48 vainillas de revólver y pistola. Una semana más tarde, Lucio Pabón Núñez relató que lanzó un cenicero en una sesión del Senado, para evitar que el liberal Camilo Mejía Duque disparara contra el conservador José María Villarreal, pero erró el tiro y le dio en la frente a Gabriel Sanín Echeverri, privándolo del sentido.

Cuando Ospina se enteró de que iban a notificarle un juicio en el Congreso, el 9 de noviembre decretó el estado de sitio, clausuró el Congreso (que no se volvió a abrir sino en 1958), prohibió toda manifestación y adoptó drásticas medidas de policía, además de fortalecer una censura previa en todos los medios.

Laureano había sido lanzado como candidato y los liberales habían escogido a Darío Echandía. El 21 de noviembre, la Policía disparó contra una manifestación liberal que marchaba hacia el sur a la altura de la plazoleta de Bavaria, haciendo uso de las medidas adoptadas el 9 del mismo mes. Una de las balas mató instantáneamente a Vicente Echandía, hermano de Darío, y al día siguiente el candidato liberal se retiró de la contienda. El 27 de noviembre Laureano fue elegido Presidente, sin opositor y al año siguiente tuvo que tomar posesión ante la Corte Suprema, por la clausura del Congreso. Carlos Lleras Restrepo, director provisional del liberalismo, les ordenó a sus seguidores que suspendieran toda relación, inclusive el saludo, a los conservadores. Es decir, un liberal debía dejar de saludar a su esposa si era conservadora.

El primer año de gobierno de Gómez culminó con un severo derrame cerebral, que lo imposibilitó para seguir en el poder. Aquí se presentó el problema de su reemplazo, porque el Designado en propiedad era Eduardo Santos, ex presidente liberal. Como Ospina había cerrado el Congreso, no se pudo elegir Designado. Sin embargo, un decreto fue suficiente para subsanar el problema y a Gómez lo sustituyó el candidato que él mismo había escogido, Roberto Urdaneta Arbeláez, un clubman de centro, con una sordera que le impedía oír lo que no le convenía.

Desde el principio, Alvaro Gómez se perfiló como un nuevo hijo del Ejecutivo , pero no en el sentido comercial y de beneficio propio, como López Michelsen, sino en el sentido político. Formó una llave con Jorge Leyva, su candidato para suceder a Laureano, y los dos formaron el eje de la violencia política que siguió en aumento y llegó al extremo de los incendios del 6 de septiembre de 1952 en EL TIEMPO y El Espectador y las casas de Alfonso López y Lleras Restrepo. Además, desde El Siglo comenzó a agitarse la consigna de que los colombianos se tienen que acostumbrar a ver a los conservadores en el poder por lo menos hasta el 2000 . Como el tableteo de las frases de Laureano, la consigna era repetida todos los días.

Y en octubre de 1951, Laureano convocó a una Asamblea Constituyente ANAC y presentó un proyecto fascista para crear un Estado Autoritario Conservador y Católico, como lo califica el historiador James Henderson. De corte netamente corporativista, el proyecto contenía esperpentos tales como darles un voto doble a los casados y sencillo a los solteros, equiparar cualquier crítica al gobierno con el delito de traición a la patria y establecía un Senado corporativo.

División conservadora.

A medida que avanzaba el gobierno de Gómez/Urdaneta, se iba acentuando una división conservadora, que se declaró abiertamente cuando propusieron la candidatura de Ospina y este la aceptó, para reemplazar a Laureano. Mientras tanto, diversos sectores liberales comenzaron a coquetear con militares, como los generales Régulo Gaitán, Miguel Sanjuán y Rafael Sánchez Amaya, para instigarlos a deponer a Gómez y Urdaneta, pero ninguno quiso hacerlo. Los rumores de golpe se iban incrementando cada día. Desde agosto de 1952, López Pumarejo había decretado el cese total de actividades del Partido Liberal.

Cuando se inició el gobierno de Ospina, Rojas Pinilla era coronel. Ospina lo ascendió a general. Al iniciarse el gobierno de Gómez, el militar tuvo una actitud que no le gustó a Gómez y la solución inicial que se les ocurrió fue la de sacarlo del país. Lo enviaron a Washington como agregado militar, primero, y luego como delegado ante la Junta Interamericana de Defensa. Posteriormente lo encargaron de una misión en Guatemala, pero hacia fines de 1952 regresó al país y encajó en el cuadro conspirativo que se desarrollaba a gran velocidad. Quizás para apaciguarlo, el 26 de noviembre de 1952 Urdaneta lo ascendió al grado de Teniente General, el máximo de la jerarquía en ese momento, y lo convirtió en el Comandante General de las Fuerzas Armadas. Por los mismos días, Urdaneta expidió un decreto convocando a la ANAC para que se instalara en el Capitolio el 15 de junio de 1953.

El distanciamiento entre Rojas y los Gómez era ya evidente. El 17 de abril lo comisionaron para que representara al gobierno en el vuelo inaugural de Avianca para la ruta a Frankfurt. Rojas llegó al aeropuerto y alcanzó a entregar su equipaje cuando un grupo de altos oficiales lo rodeó en el momento en que se disponía a abordar la nave y le dijo que lo iban a retirar del Ejército mientras estaba en Alemania. Desistió de viajar, pero comenzó sus propias maniobras.

El 22 de mayo ofreció en la Escuela Militar de Cadetes un banquete en honor de Urdaneta, al cual asistieron los altos mandos de las cuatro armas militares, todo el cuerpo diplomático y muchas personalidades. El discurso de Rojas fue una adhesión estricta a las instituciones que representaba Urdaneta y terminó por entregarle como regalo su propio bastón de mando. No faltó analista que dijera que en ese momento se había dado el verdadero golpe.

El 31 de mayo se inició la zarzuela, cuyas interioridades jamás se llegaron a conocer. Ese día llegó de Nueva York el industrial antioqueño Felipe Echavarría y el 5 de junio fue arrestado por un grupo de uniformados que decía pertenecer a los servicios secretos del Ejército, acusado de haber traído en su equipaje fusiles y granadas para una conspiración, aunque nada de esto fue encontrado. Echavarría se quejó de haber sufrido increíbles torturas, incluyendo un fingido fusilamiento para que confesara que estaba encargado de dar muerte a Rojas. Como lo negó todo, terminaron por sentarlo en un bloque de hielo, según se dijo.

El viernes 12 de junio Rojas viajó a su casa de campo en Melgar, Enrique Gómez Hurtado visitó al ministro de Defensa, Lucio Pabón, para decirle que su padre ordenaba poner en libertad a Echavarría y Alvaro Gómez se presentó ante Urdaneta para decirle que Laureano exigía que se condenase a todos los que habían participado en las torturas y que se diese de baja a Rojas Urdaneta estaba recluido en la casa privada, sufriendo o fingiendo una gripa severa, pero recibió a Alvaro, oyó la orden y dijo que no lo haría. El sábado 13, Laureano en persona se presentó al Palacio a las 9:30 de la mañana, reasumió el mando y citó a Consejo de Ministros. Cuando estos se reunieron volvió sobre el asunto de las torturas y le pidió a Pabón que firmara con él el decreto para la baja de Rojas. Pabón dijo que no lo haría y se retiró del salón. Laureano encargó del Ministerio de Defensa a Jorge Leyva (Ministro de Obras) y así se firmó el retiro de Rojas de las Fuerzas Armadas.

Los pandeyucas.

Los periodistas que llamábamos a la oficina de prensa de Palacio no recibíamos ninguna información. Cuando preguntábamos qué estaba pasando nos decían que nada, que todo era normal, pero el ruido de fondo era una enorme algarabía de voces discutiendo y algunos gritando. Un poco después de las 10 de la mañana recibí una llamada de un alto militar amigo, para informarme que se había iniciado un golpe contra Gómez, pero no quiso agregar ningún detalle. Después se vino a saber que Rojas había dejado todo dispuesto para que le enviasen un avión tan pronto como se presentase una situación anormal. En ese mismo avión, al borde del mediodía, Rojas viajó a Bogotá y estuvo toda la tarde y las primeras horas de la noche tratando de convencer a Urdaneta para que asumiera el poder, pero el Designado se negó. Hacia media tarde llegaron a Palacio Ospina y el dirigente conservador Gilberto Alzate, a quienes se atribuyó el hecho de que todos los ministros civiles fueran conservadores. Lo que nadie sabía hasta ese momento era que el propio Rojas era conservador.

Cuando se cansó de insistirle a Urdaneta y se dio cuenta de que no lo podría convencer, Rojas compuso una breve alocución en que anunciaba que asumía el mando a nombre del binomio Pueblo-Fuerzas Armadas. Esto ocurrió a las 10 de la noche. Los liberales gritaron alborozados se cayeron los godos .

Eduardo Santos envió un mensaje desde París diciendo que era el mejor camino para restaurar la democracia. Y el episodio de Echavarría quedó en suspenso, cuando un médico certificó que padecía de algunas alteraciones mentales. Esto parece confirmarlo un libro de 278 páginas, publicado en 1974 por el propio Echavarría, que tiene datos muy oscuros y hasta contradictorios, titulado Historia de una monstruosa farsa.

Laureano desapareció por completo, como ya lo había hecho el 9 de abril, y salió del país hacia España tres días más tarde. Nadie podía explicar sus actividades del 13 de junio después de las 12 del día, pero la versión más creíble fue que se dirigió a la casa de su consuegro, el padre de la esposa de Alvaro, a preparar y degustar pandeyucas, que era un panecillo de su preferencia. El médico Hernando Martínez Rueda, el mejor poeta satírico que produjo Colombia en el siglo XX, compuso una Balada del pandeyuca, al cual pertenecen los siguientes versos.

Cuando el gobierno se desnuca.

Hay que jalarle al pandeyuca.

Un japonés hace harakiri,.

Bebe cianuro un alemán;.

Cleopatra se mete en el seno.

Una serpiente coral,.

Petronio se corta las venas,.

Nerón se clava un puñal.

Aquí comemos pandeyuca,.

No nos pensamos suicidar.

El 15 de junio se reunió la ANAC, en la misma fecha en que había sido convocada por Urdaneta desde diciembre anterior, declaró vacante la Presidencia y legitimó (o eligió ) a Rojas Pinilla para completar el período. En 1954 se volvió a reunir y reeligió a Rojas por otro período de cuatro años. Todos los miembros de la corporación eran conservadores escogidos por Laureano para reformar la Constitución, cosa que jamás se hizo.

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