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UNOS EXTRAÑOS EN BAGDAD

UNOS EXTRAÑOS EN BAGDAD

Rodeada de espejos en oro macizo y tapetes persas, la coronel Vanesa Peeden parece no estar satisfecha. Todo esto es muy kitch y nada funciona , dice mientras arrincona unos sillones de terciopelo rojo que sobrevivieron a los bombardeos. Los tubos y los grifos se rompen cada día. Pero frente a lo que se ve afuera, aquí vivimos como unos reyes .

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de junio 2003 , 12:00 a. m.

Rodeada de espejos en oro macizo y tapetes persas, la coronel Vanesa Peeden parece no estar satisfecha. Todo esto es muy kitch y nada funciona , dice mientras arrincona unos sillones de terciopelo rojo que sobrevivieron a los bombardeos. Los tubos y los grifos se rompen cada día. Pero frente a lo que se ve afuera, aquí vivimos como unos reyes .

Tras esas puertas de hierro macizo que protegen lo que hasta hace un mes fue el Palacio Republicano de Saddam Hussein, está Bagdad, una ciudad que entre sus 45 grados de temperatura, se asfixia por el desbordamiento de las basuras, los trancones de más de tres horas en las calles, las quejas de los padres de familia que no tienen cómo darle a sus hijos una botella de agua fría porque todavía no hay luz. Pero es el tema de seguridad el que encabeza el listado de los males.

Ya no se habla de saqueos, ni de vandalismo. Al fin y al cabo ya todo en Bagdad fue robado. Ahora se denuncian secuestros, violaciones de mujeres, atracos a mano armada a plena luz del día. Las niñas, en específico, van al colegio dos horas diarias pues le temen a los carros con vidrios polarizados donde, según dicen, ocurren las violaciones.

Antes teníamos a Saddam, pero vivíamos tranquilos , dice sin atisbo de duda, Rima Al Juburi, una ama de casa de 35 años. Esta supuesta liberación no tiene sentido. La gente no está viendo resultados ni organización entre los mandos americanos .

Y sin embargo dentro de un palacio que Saddam sólo usó para recibir a los mandatarios extranjeros y que es hoy la sede de la Oficina para la Reconstrucción y la Asistencia Humanitaria (Orha), el centro del poder de los E.U. en Irak, todo parece moverse muy rápido.

Hay agua potable, refrigeradores con bebidas heladas, cafetería, gimnasio, dos salones adecuados como iglesias -la una católica y la otra musulmana- y una peluquería que tras las cortinas de seda rosada -otro recuerdo del mal gusto de Saddam-, ofrecen por un dólar el servicio de barbería y corte. Finalmente es allí donde viven mil americanos, entre militares y civiles.

Dormidos en laureles.

Hace unas semanas renunció a la administración del Orha el general retirado Jay Garner y fue reemplazado por el británico Paul Bremer, diplomático de carrera. Según se rumora Garner fue reemplazado porque se paralizó en su trono. No fue el único. La sensación generalizada de los mismos estadounidenses es que la presión en la olla va en aumento y que los altos mandos no están reaccionando como deberían.

La soldado Shannon Holm, una adolescente de 20 años que mata sus ocho horas de guardia depilándose las cejas bajo la sombra de un puente, va directo al grano. Me metí de voluntaria al Ejército por plata -3.000 dólares mensuales- y porque no sabía qué estudiar. Pensé que esto iba a ser una buena experiencia. Pero no tengo nada qué hacer. Siento que liberar a los iraquíes fue bueno, pero creo que los superiores no saben cómo proceder en este país con tantas tensiones .

En otro de los puntos cardinales de Bagdad, los hoteles Palestina y Sheraton, protegidos por tanques americanos luego de que un centenar de iraquíes intentó tomarse la recepción a la fuerza, el sargento Robert Kloene responde con la misma dosis de frustración. Dice que aunque le gusta ver cómo poco a poco la ciudad se calma, aún no sabe cómo manejar situaciones humanas extremas. Los iraquíes me preguntan por sus prisioneros de la guerra del Golfo Pérsico de 1991. Llegan ingenieros eléctricos y civiles que buscan empleo. Niños huérfanos, madres con bebés heridos. Siento que hay que priorizar cosas humanas para que la gente nos empiece a creer .

No será fácil. Lo primero que salta a la vista cuando se habla con las tropas estadounidenses que viven en Bagdad, es que no salen de su propia burbuja de aire y que poco o nada le interesa ver más allá de las narices de sus tanquetas blindadas.

El soldado Michael Kelly a quien le asignaron el patrullaje del hospital San Rafael, lleva dos meses en el país y no sabe, por ejemplo, que a sólo una hora y media de allí está Babilonia, la cuna de la primera civilización.

No es fácil leer de historia bajo estos calores de infierno. Además para hablar con ellos hay que tener traductor del árabe al inglés. Eso complica el acercamiento , explica mientras se toma el tercero de los seis litros de agua que consume al día. Vine porque a mis 31 años pensé que esta podría ser la última oportunidad para ser parte de la historia. Si Bagdad se transforma en algo mejor, estaré muy orgulloso de contárselo a mis hijos remata.

Mientras todo esto sucede, los comerciantes de esta capital de cinco millones de habitantes se frotan las manos. Semanalmente les vendo a los americanos 50 aires acondicionados a 450 dólares cada uno. También compran abanicos de techo, neveras y máquinas de lavar ropa cuenta Wassem Hassan, el gerente de una tienda de electrodomésticos que decidió sacar su mercancía a las aceras para que los soldados las vieran cuando patrullan con sus tanques.

Las licoreras tampoco se quejan. Una de ellas, ubicada en el exclusivo sector de Manzour, aumentó sus ventas de cerveza en 75 por ciento, cifra nada despreciable en un país musulmán donde el licor está parcialmente restringido.

La economía iraquí está bastante dolarizada en el futuro. En pequeños salones tipo Louis XV iluminados por lámparas Baccarat, los iraquíes hablan de negocios con decenas de americanos que a diario llegan a Bagdad.

Hay mucho por invertir y reconstruir en este país abatido por tres guerras confiesa un hombre de Georgia, quien pide omitir su nombre. Es una pequeña mina de oro que puede llegar lejos siempre y cuando haya democracia y paz .

Lo que nadie puede explicar es por qué en un país que es el segundo en reservas petroleras en el mundo, los carros iraquíes deben hacer filas de un día para poder llenar sus tanques.

En Bagdad, se dice que el problema es que las refinerias están funcionando a media marcha. Pero queda tiempo.

Los oficiales de Orha calculan que como mínimo se quedarán dos años en estas tierras lejanas. Habrá que esperar entonces.

FOTO/Alejandra de Vengoechea.

A diario mujeres y niños llegan a los palacios donde están los soldadosde E.U. en busca de água y comida.

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