JUAN LUIS LONDOÑO

JUAN LUIS LONDOÑO

Claro que fue un hombre excepcional en Colombia. Estudioso, disciplinado, dinámico y con su morral de honestos valores al hombro, este compatriota brilló con luz propia donde quiera lo ubicó la vida: en la universidad, en la empresa privada, en el gobierno.

21 de febrero 2003 , 12:00 a.m.

Claro que fue un hombre excepcional en Colombia. Estudioso, disciplinado, dinámico y con su morral de honestos valores al hombro, este compatriota brilló con luz propia donde quiera lo ubicó la vida: en la universidad, en la empresa privada, en el gobierno.

Un hombre así en Colombia, qué porcentaje representa? Brillantemente preparado y apasionado por el servicio en este país donde tanto inepto y ladrón busca el poder solo para enriquecerse, no era extraordinario?.

Y precisamente teníamos que perderlo a él! Así es la vida, señores, y dan ganas de llorar.

Pero, de otra parte, con la mejor de las intenciones, cuánto daño le hizo este genio tierno y creativo al país. Cuánto, por ejemplo, a la medicina colombiana. Con su engendro mimado de la ley 100, en apenas un lustro acabó con una de las mejores medicinas del mundo, supuestamente para revolucionar la salud de los colombianos.

La revolucionó pero al revés. En Harvard -esa Meca académica del capitalismo- Londoño afinó su visión del mundo como un gigantesco tablero de Excel que diseña la realidad y la predice.

En Harvard Londoño aprendió economía neoliberal y él, que sinceramente amaba a los pobres, ayudó a empobrecernos a todos aplicando aquí ese inefable evangelio a la salud: inspirado en la economicista medicina gringa convirtió, por ley, la salud de los colombianos en un fabuloso negocio.

Su ecuación era impecable: asegurándonos a todos y sacrificando a los trabajadores de la salud, se garantizaría la salud del resto de la población. Perfecto en el Excel. Y el resultado? Ya lo conocemos, una década después: miseria de los trabajadores de la salud, quiebra de clínicas y hospitales, agonía del ISS, y enriquecimiento sin precedentes de las aseguradoras privadas, sin mejoría sustancial de la salud.

La platica no le llegó a los pobres, sino a las poderosas manos del capital financiero. Ingenuidad? Cálculo? Pero lo peor fue el daño causado a la calidad de la medicina: a Hipócrates lo desplazó el Dios Mercado de los neoliberales.

Ay, Juan Luis, Juan Luis, qué te hicimos?.

* Médico psiquiatra

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